28 octubre 2009
Disertación acerca del lechón asado
El año 1571 Michel Eyquen, habiendo renunciado al cargo de Consejero del Parlamento, toma una de las más trascendentales decisiones en la historia del pensamiento: recluirse en el castillo de Montaigne con el propósito de entregarse ya para siempre a la lectura y meditación, como un camino que lo conduce hacia sí mismo, a lo largo y hondo de una drástica clausura que se prolongará veintiún años. En 1572, caballero de la Orden de San Miguel, gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, inicia la composición sistemática en una prosa cuidadosamente descuidada (1) de una numerosa serie de textos; “un habla simple e ingenua, tal en el papel cual en la boca; un habla suculenta y nerviosa, corta y apretada; no tanto delicada como vehemente y brusca; más bien difícil que aburridora; alejada de la afectación, desarreglada, descosida y audaz; cada trozo forma un cuerpo; no pedantesco, no frailesco, no abogadesco” que llamará, para siempre, Ensayos. La palabra es nueva, pero vieja la cosa, apunta ya Bacon.
Edmund Gosse ha declarado que el ensayo es “un escrito de moderada extensión, generalmente en prosa, que de un modo subjetivo y fácil trata de un asunto cualquiera”. Este Proteo de los géneros literarios se caracteriza por la presencia explícita del autor, al punto que Michel, ya sin el apellido paterno Eyquen, sino de Montaigne, en nota del autor al lector advierte que se podrá encontrar con rasgos de su condición y humor, “porque es a mí mismo a quien pinto (…) yo mismo soy el asunto de mi libro”. Tan personal es su ejercicio, que tiene de sus apetencias y rechazos, siendo trasunto fiel de su paladar, y sus ideas “sufren todos los síntomas de los fenómenos alérgicos”, donde no se descarta aun el recurso de voces obscenas. Su carácter es incidental, indiferente incluso a todo plan riguroso, así que Guez de Balzac denuncia que en Montaigne cada frase podía ser un principio o un final, sabiendo el autor lo que estaba diciendo, pero no lo que iba a decir; algo como apuntes para un desarrollo ulterior. Desenfado, llaneza, una conversación junto al fuego, su carácter informal exige una pluma madura.
Entonces el periódico se convierte en un medio ideal para la práctica del ensayo, lo que comporta ciertos mortales riesgos, dado que el autor “en el ardor de la invención prodigará sus pensamientos en un exuberante desorden y el apremio de la publicación no tolerará que el juicio los revise o los modere”, según se queja el doctor Johnson. Con The Tatler (1709) y The Spectator (publicación diaria entre 1711-12), Addison y Steele dan inicio a la gallarda tradición de los ensayistas en los periódicos. The Rambler, de Samuel Johnson (también mantiene el Idler), aparece dos veces por semana entre 1750-52.
Descartes, Pascal, el cáustico Voltaire, Rousseau… Pero tal vez Francia es almáciga, y la patria donde se aclimata el ensayo como originario sea Inglaterra: Swift, Coleridge, Hazzlit, De Quincy, Rushkin, Stevenson, Wilde, Woolf…, por no fatigar al lector, son una morosa lista que ilustra el aserto.
Habitualmente en Le Monde, The New York Times como en los más grandes diarios contemporáneos, se hallan ensayos que comprometen la crónica, la literatura, la ciencia o la historia. En Colombia, a falta de escritores, no hay más ensayistas en la prensa, que nuestros columnistas domésticos son los llamados de opinión igualmente doméstica, panfletistas, o bien literatos agotados en sus mezquinas y flebles consideraciones capillescas, el chisme gremial, sin cosa honorable que proponer.
Stanislas Valois Aragon
Charles Lamb. Bioy Casares anota que, generación tras generación, la relación de los lectores con Lamb es una suerte de amistad personal, ya que bien lo admiran, pero más lo quieren. Estuvo recluido en un manicomio entre 1795-96; debió, no obstante, hacerse cargo de su hermana Mary, compañera de faenas literarias, su coautora, desde que en 1976 apuñaló a su madre en un ataque de locura. “Un muy triste par de fenómenos”, destila Carlyle, y Swinburne, en uno de tres sonetos motivados por el menosprecio de que hace objeto a Lamb pide a éste que lo perdone por mezclar el más dulce nombre del idioma inglés con palabras amargas, llamando al primero “esa víbora muerta”. Lamb acompañó al desdichado Hazlitt hasta el momento de su muerte (Stevenson ha dicho: “Todos nosotros somos personas admirables, pero no escribimos como Hazlitt”).
El ensayo de Lamb que reproduzco es una memorable muestra de la prosa ensayística de todos los tiempos.
Charles Lamb
Disertación acerca del lechón asado
La humanidad, dice un manuscrito chino que mi amigo M.(2) tuvo la suficiente gentileza de leerme y explicarme, durante los primeros sesenta mil siglos comió carne cruda, arrancándola o mordiéndola del animal vivo, precisamente como aún hoy hacen en Abisinia. No oscuramente alude a este período su grande Confucio en el segundo capítulo de sus Mudanzas mundanas, donde nombra una especie de edad de oro con el término de Cho-Fang, literalmente, la festividad del cocinero. El manuscrito prosigue diciendo que el arte de asar, o más bien de tostar (que yo tengo por su hermano mayor) fue accidentalmente descubierto de la siguiente manera.
El porquerizo Ho-ti, habiendo ido una mañana al bosque, siguiendo su costumbre, a recoger bellotas para sus cerdos, dejó su cabaña al cuidado del hijo mayor; Bo-bo, un muchachote bobalicón, a quien, gustándole jugar con fuego, se le escaparon unas chispas sobre un montón de paja que, ardiendo con rapidez, extendió el incendio sobre la pobre morada de ellos, hasta reducirla a cenizas. Junto con la cabaña (una mísera construcción antediluviana, podéis pensar), lo cual era de mucha mayor importancia, pereció una cría de cerdos recién paridos, nueve por lo menos. Los cerdos de la China han sido considerados un lujo en todo Oriente desde los más remotos períodos de que tengamos noticia. Bo-bo sentía la mayor consternación posible, como podéis imaginar, no tanto por la vivienda, que su padre y él podían fácilmente volver a levantar en algún momento con algunas ramas secas y el trabajo de una o dos hora, como por la pérdida de los cerdos. Mientras pensaba qué podía decirle a su padre, y se retorcía las manos sobre los restos humeantes de una de esas víctimas prematuras, un olor asaltó su nariz, diferente de cualquier perfume que antes hubiera sentido. ¿De dónde podía venir? No de la cabaña quemada…; ya antes había sentido eses olor, y por cierto, éste no era en absoluto el primer accidente del mismo género que había ocurrido por la negligencia del desventurado joven incendiario. Mucho menos se asemejaba al de cualquier hierba, maleza o flor conocida. Al mismo tiempo una humedad precursora inundó su labio inferior. No sabía qué pensar. Lo primero que hizo fue agacharse para tocar el lechoncito, por si presentaba alguna señal de vida. Se quemó los dedos, y para refrescarlos se los llevó a la boca, a su tonta manera.
Algunas pizcas de la piel chamuscada se habían desprendido adhiriéndose a sus dedos, y por primera vez en su vida (en la vida del mundo, en verdad, porque antes que él ningún hombre lo había conocido) probó… ¡chicharrón! Otra vez tocó y manoseo el lechón. Ya no lo quemó tanto, pero siguió chupándose los dedos por una especie de hábito. Al fin se hizo la luz en su lento entendimiento: era el lechón lo que olía así, y el lechón lo que tenía gusto tan delicioso; y rindiéndose al recién nacido placer, se echó a arrancar puñados enteros de la piel chamuscada con la carne más cercana a ella, y se estaba dando un atracón en su bestial manera cuando su progenitor entró en medio de los cabrios humeantes, armado con retribuyente garrote, y descubriendo lo que había pasado, empezó a derramar golpes sobre los hombros del joven Borbón, golpes tupidos como piedras de granizo, a los cuales Bo-bo no hacía más caso que si hubieran sido moscas. El cosquilleante placer que sentía en sus regiones inferiores lo volvía enteramente calloso a cualquier inconveniente que pudiera sentir en esas lejanas comarcas. Su padre podía pegarle, pero no podía privarlo de su lechón, hasta que hubo acabado totalmente con él; entonces, una vez que comprendió un poco mejor su situación, dió lugar a algo como el diálogo siguiente:
─ Malvado tunante, ¿qué has estado devorando? No te alcanza con haberme quemado tres casas con tus juegos de perro, y haberme ahorcado, sino que tienes que comer fuego, y no sé qué… ¿qué tenías allí, te pregunto?
─ ¡Oh, padre, el lechón, el lechón, ven a probar qué rico sabe el lechón!
Los oídos de Ho-ti temblaron de horror. Maldijo a su hijo, y se maldijo a sí mismo por haber engendrado un hijo que comió lechón quemado.
Bo-bo, cuyo olfato estaba maravillosamente agudizado desde la mañana, pronto sacó a relucir otro lechón, y partiéndolo justamente en dos, puso por la fuerza la mitad inferior en los puños de Ho-ti, sin cesar de gritar:
─ Cómelo, cómelo, come el lechón quemado, padre, pruébalo solamente; ¡oh, Señor! ─Y mientras profería tan bárbaras exclamaciones, seguía atracándose como si quisiera ahogarse.
Ho-ti sintió temblar todas sus articulaciones mientras empuñaba la cosa abominable, vacilando entre matar o no a su hijo por ser un joven monstruo tan inhumano, cuando el chicharrón le chamuscó los dedos, como había hecho con los de su hijo, y aplicándoles el mismo remedio, él, a su vez, probó el su sabor, el cual ─imaginad las muecas de todo género que haría para disimular─ no le resultó del todo desagradable. En conclusión (porque el manuscrito es aquí un poco tedioso), padre e hijo se sentaron a comer, y no lo dejaron hasta haber rematado todo lo que restaba de la cría.
Bo-bo recibió la orden estricta de no dejar escapar el secreto, porque con seguridad los vecinos los habrían apedreado por eser un par de abominables infelices, que podían pensar en mejorar la carne que Dios les había enviado. Sin embargo, extrañas historias corrieron. Se observó que la cabaña de Ho-ti se quemaba ahora con más frecuencia que nunca. Nada más que incendios de ahora en adelante. Algunos estallarían en pleno día, otros de noche. Con la misma frecuencia que paría la puerca, la casa de Ho-ti estaba en llamas; y Ho-ti mismo, que era lo más notable, en vez de castigar a su hijo, parecía volverse más indulgente con él que nunca. Al fin los observaron, se descubrió el terrible misterio, y padre e hijo fueron emplazados a presentarse en Pekín, entonces insignificante ciudad de tribunales. Se dieron testimonio, se preparé en la isla el mismo detestable alimento, y ya estaba a punto de pronunciarse el veredicto, cuando el presidente del jurado rogó que parte del lechón quemado, por lo cual se acusaba a los reos, se llevara al palco del jurado. Él mismo lo tocó, y todos ellos lo tocaron, y quemándose los dedos, como antes le había pasado a Bo-bo y a su padre, e indicándoles la naturaleza el mismo remedio a todos ellos, contra toda la evidencia de los hechos, y las instrucciones más claras que un juez había dado ─para sorpresa del tribunal entero, vecinos, extranjeros, relatores y todos los presentes─, sin dejar elpalco, sin ninguna clase de consulta, llegaron a un simultáneo veredicto de Inocente.
El juez, que era hombre sagaz, hizo la vista gorda ante la manifiesta iniquidad de la decisión; y, una vez disuelto el tribunal, fue secretamente y compró todos los lechones que podían conseguirse por amos o por dinero.
A los pocos días se observó en la ciudad que se incendiaba la casa de su señoría. La cosa salió volando, y entonces no se vieron más que incendios en todas direcciones. Combustible y lechones se hicieron enormemente caros en todo el distrito. Una y todas las compañías de seguro clausuraron la empresa. La gente construyó más y más frágil cada día, hasta que llegó a temerse que la misma ciencia de la arquitectura no tardara mucho no tardara mucho tiempo en perderse para el mundo. Así continuó esta costumbre de incendiar casas, hasta que, con el tiempo, surgió un sabio, como nuestro Locke, que hizo el descubrimiento de que la carne de cerdo, o de cualquier otro animal, por cierto, podía cocinarse (quemarse, como decían ellos), sin necesidad de consumir toda una casa para guisarla. Entonces empezó la forma rudimentaria de una parrilla. Asar colgando el lechón encima del fuego, o al asador, llegó un siglo o dos después, no recuerdo en qué dinastía. De tan lenta manera, concluye el manuscrito, las artes más útiles, y aparentemente las más obvias, se abren paso entre la humanidad.
Sin dar fe ciega al relato precedente, debe convenirse que si un digno pretexto para experimento tan peligroso como incendiar casas (especialmente en esos tiempos) podría asignarse en favor de cualquier objeto culinario, ese pretexto y excusa se hallarían en el LECHÓN ASADO.
De todas las delicadezazas en el mundus edibilis(3), mantendré que sea la más delicada: princeps obsoniorum(4).
No hablo de vuestros puercos crecidos, cosas entre el lechón y el cerdo, sino de un joven y tierno mamón, de edad menor a una luna, ignorante todavía de la pocilga, sin mancha original del amor inmunditiae(5), el desliz hereditario de su primer antepasado, que, sin embargo, manifiesta ─su voz todavía no chapurreada, sino algo entre un atiplado pueril, y un rezongo─ leve presagio, o proeludium(6), de un gruñido.
Debe asarse. No ignoro que nuestros antepasados los comían hervidos o cocidos, pero ¡qué sacrificio del tegumento exterior!
No hay sabor comparable, sostengo, al del quebradizo, tostado, bien cuidado, a punto, chicharrón, como se lo llama; hasta los mismos dientes están invitados a su parte del placer en este banquete, al vencer la recatada y frágil resistencia con la untuosidad adhesiva. ¡Oh, no la llaméis gordura, sino una indefinible melosidad que tiende a ello, el tierno florecer de la gordura, gordura segada en el capullo, tomada en el retoño, en la primera inocencia, la crema y quintaesencia del todavía puro alimento del lechoncito; la carne magra, no magra, sino una especie de maná animal, o, más bien, gordura y pulpa (si debe ser así), combinadas e inseparables de tal manera, que juntas llegan a un solo ambrosiano resultado, o sustancia común!
Contempladlo, mientras se está haciendo; parece más bien un calor más refrescante que abrasador, al cual es tan pasivo.¡Qué uniformemente gira encima del fuego! Ahora estáa punto. Para ver la extrema sensibilidad de esa tierna edad, él ha agotado las lágrimas de sus bonitos ojos, radiantes jaleas, estrellas fugaces.
¡Vedlo en el plato, su segunda cuna, qué dócil yace! ¿Hubierais tolerado que este inocente creciera hasta llegar a la grosería e indocilidad que tan a menudo acompañan a la marranería más madura? Uno de cada diez no hubiera demostrado ser glotón, puerco, obstinado, desagradable animal, revolcándose en todo género de asquerosa vida; felizmente, lo arrebatan de esos pecados,
Ere sin could blight, or sorrow fade
death came with timely care(7).
Su memoria es odorífera; ningún patán lo maldice, mientras su estómago medio rechaza el tocino rancio; ningún cargador de carbón lo mete en humeantes salchichas; él tiene un bello sepulcro en el estómago agradecido del juicioso Epicuro, y con tal tumba podría estar contento de morir.
Él es el mejor de los sabores. El ananás es admirable. Pero a la verdad que es demasiado trascendente, un placer, sino pecaminoso, tan semejante al pecado, que realmente la persona de conciencia delicada haría bien en detenerse; demasiado embriagador para el gusto humano, hiere y excoria los labios de quien se le acerca; como los besos de los amantes, muerde; es un placer que bordea el dolor por la fuerza y locura de su goce; pero se detiene en el paladar, no entra en el apetito, y el hambre más vulgar lo baratearía sin escrúpulo por una chuleta de cordero.
El lechón ─dejadme decir su alabanza─ no provoca menos el apetito de lo que satisface la escrupulosidad del paladar severo. El hombre robusto puede saciarse con él, y el canijo no se resiste a sus suaves jugos.
A diferencia de los mezclados caracteres de los hombres, manojos de virtudes y vicios inexplicablemente entretejidos, y que no pueden desembrollarse sin peligro, él es… bueno de un extremo al otro. No hay parte en él que sea mejor o peor que otra. Puede servirse, en cuanto sus escasos medios lo permiten, de cualquier manera. Es el menos envidioso de banquetes. Es la comida de todo prójimo.
Yo soy uno de esos que libremente y de buena gana ceden una parte de las cosas buenas que les tocan en esta vida (pocas mías son de esta clase) a un amigo. Afirmo tener interés tan grande en los placeres de mi amigo, suis goces y decorosas satisfacciones, como en los míos propios. “Presentes ─digo a menudo─ hacen querer ausentes.” Liebres, faisanes, perdices, becardones, pollos de corral, (esa “rural volatería domesticada”), capones, avefrías, pulpa, barricas de ostras, todo lo reparto tan libremente como lo recibo. Me agrada gustarlas, por decirlo así, con la lengua de mi amigo. Pero en alguna parte debe acabar. Uno no “daría todo”, como Lear. Yo me detengo en el lechón. Me parece una ingratitud al Dador de todos los buenos sabores, extradomiciliar, o enviar afuera, con desprecio (so pretexto de amistad o no sé qué) una bendición tan particularmente adaptada, predestinada puedo decir, a mi paladar individual. Indica una falta de sensibilidad.
Recuerdo una muestra de esta especie de conciencia en la escuela. Mi anciana y buena tía, que nunca se separaba de mí al final de un día feriado sin henchirme el bolsillo con un dulce, o alguna cosa agradable, me había despedido esa mañana con un humeante bizcocho con pasas, recién sacado del horno. En el camino a la escuela (estaba sobre el London Bridge), un viejo mendigo encanecido me saludó (a esta altura del día no me cabía duda que era un impostor). Yo no tenía monedas para confortarlo,y en la vanidad del desinterés, y hasta en la fachenda de la caridad, cosas de buen escolar, le regalé…¡el bizcocho entero! Seguí caminado un poco, apoyado, como se está en tales ocasiones, en la dulce serenidad de quien se siente satisfecho de sí; pero antes de que hubiera alcanzado el final del puente volvieron mis mejores sentimientos y me deshice en lágrimas, pensando qué ingrato había sido con mi buena tía, al ir a regalar su buen presente a un extraño a quien nunca había visto, y que podía ser un hombre malo, que yo supiera; y después pensé en el placer que estaría sintiendo mi tía al pensar que yo ─yo mismo y no otro─ comería su lindo bizcocho, y qué le iba a decir la próxima vez que la viera, qué perverso fui al separarme de su excelente regalo…, y el olor del aromático bizcocho volvió a mi memoria, y el placer y la curiosidad que había experimentado al verlo hacer, y la alegría de ella cuando lo metió en el horno, y qué desilusionada se sentiría de que al cabo yo no hubiera tenido nunca en la boca ni un pedacito; y yo culpé a mi impertinente genio de limosnero, y la hipocresía de bondad fuera de lugar, y sobre todo quise no volver a ver nunca el rostro de ese insidioso, inútil, viejo impostor cano.
Nuestros antepasados fueron refinados en su método de sacrificar a esas tiernas víctimas. Leemos de lechones azotados hasta causarles la muerte por una especie de postración nerviosa, como oímos de cualquier otra costumbre pasada de moda. La edad de la disciplina ha desparecido, o sería curioso inquirir (desde un punto de vista meramente filosófico), qué efecto podría tener este procedimiento para enternecer y dulcificar una sustancia naturalmente tan suave y dulce como la carne de los lechoncitos. Se asemeja a hacer más delicada una violeta. Si embargo, debemos ser prudentes, en tanto que condenamos la inhumanidad, en punto de censurar la sabiduría de lapráctica. Podría darle un gusto…
Recuerdo una hipótesis, argüída por los estudiantes jóvenes, cuando yo estaba en St. Omer, y sostenida con mucha ciencia y agudeza de ambas partes, “de si, suponiendo que el sabor de un lechón muerto por flagelación (per flagellationem extremam) requintaba un deleite más extremo al paladar de un hombre que cualquier posible sufrimiento que podamos concebir en el animal, ¿justificaría ello al hombre para emplear ese método de matar al animal?” Olvidé la decisión.
Debe considerase su salsa. Decididamente, unas migas de pan, picadas con su hígado y sesos, y el condimento de salvia dulce. Pero destierre, querida señora cocinera, se lo ruego, la tribu entera de la cebolla. Ase sus puercos enteros a su gusto, aderécelos con chalotes, rellénelos con ristras del fétido y nefando ajo; usted no puede envenenarlos, o hacerlos más fuertes de lo que son; pero tenga usted en cuenta que se trata de un ser endeble, de una flor.
NOTAS:
1) En esta presentación sigo el estudio preliminar a cargo de Esequiel Martínez Estrada para Montaigne, Ensayos, Clasicos Jackson, Vol. XIII, Tercera edición, Buenos Aires, 1953. En cuanto a Lamb y su Disertación acerca del lechón asado, vid. Ensayistas ingleses, Estudio preliminar Adolfo Bioy Casares, Clásicos Jackson, Vol. XV, Tercera edición, México, 1968.
(2) Thomas Manning (N. del T.)
(3) Mundo comestible (N. de S. Valois Aragon).
(4)Primera entre las viandas (Ídem).
(5) Gusto de la porquería (Ídem).
(6) Ensayo, prueba (Ídem).
(7) Antes de que el pecado lo pudiera agostar, o la pena marchitar, / vino la muerte con oportuna ansiedad... (N. del T.)
19 octubre 2009
Calígula
Un sangriento tirano es una construcción de todo un pueblo. Toda nación labra el verdugo a su medida. La bacanal de todos los excesos, abusos y exterminio perpetrada por la feroz avaricia de los líderes degenerados de siempre cuenta puntualmente con el apoyo de los pueblos. Es esta la reflexión a que me conduce el espectáculo macabro promovido por el Tercer Reich, uno de los más recientes episodios para una historia universal de la infamia. Resultan inaceptables la explicación y/o justificación local de la mortandad (derrota de Alemania en la Primera Guerra, la oratoria de un canciller, antisemitismo o anticomunismo, la crisis del 29). ¿Cómo pudo un pintor fracasado a los hombres de más refinada mente del siglo, compatriotas de Leibniz, Schiller, Kant, Schopenhauer, Göethe, Hölderlin, Nietzsche, echarles el cuento chino que Juana De Arco a los franceses, esto es, que había venido al mundo para salvar su nación? Vamos, a otro perro con ese hueso.
Te voy a contar otra historia, la de un hombre “querido de las provincias y de los ejércitos, que le habían visto niño; querido de los habitantes de Roma (…), aunque seguía en traje de duelo el cortejo fúnebre de Tiberio, continuó su marcha entre altares adornados con flores, con víctimas preparadas ya, antorchas encendidas y acompañándole alegres aclamaciones de una inmensa multitud, que había salido a su encuentro y le prodigaba los nombres más tiernos, llamándole su estrella, su hijo, su niño, su discípulo”: esta breva en dulce se llama Calígula, a quien te voy a presentar en esta velada.
Digo, pues, si no es que la avaricia denunciada por Cátulo en la figura de Mamurra, favorito de César, algo tiene en común contigo, mon semblable, mon frère. ¡Promueves la insurrección para venir luego a cortar la cabeza a tus camaradas, mi Robespierre! Por ello el tirano es un lugar común en todo tiempo, en todos los pueblos, hoy aquí, mañana allá, de nuevo aquí; el sátrapa te representa, materializa un profundo instinto de tánatos en ti. Ello es que para prevenir la entronización de Big Brother, debes vigilarte en tus tics, tu desprecio hacia el color o el traje del otro. ¿Cómo fiarme de quien dice que su tierra es el mejor vividero del mundo, que pone su equipo de fútbol por encima del respeto a la integridad personal de otro hombre, que tiene los bienes materiales como único valor para tasar la amistad o el talento? Así, hermano Lobo, construyes el tejido de la red de miserias de este mundo, de que haces una trampa mortal. Es así que llevas una vida de servilismo abyecto, aspirando al imperio del mundo.
Dejaré a los autores de nuestro Boom pintarte al terrateniente, al general del absolutismo latinoamericano, que bien los conoces y tienes por paradigmas de habilidad, descaro impune, crimen consentido, cohonestado y aun ensalzado. ¿No es acaso cierto que sólo proyectándote “un vencedor” sin importar las reglas del juego sufres el trabajo y se infla tu autoestima? Desde nuestra miseria financias el saqueo de la oligarquía que codicias. Los expoliadores son pocos, millones quienes los entronizan.
Quiero presentarte en esta entrega de Imaginería el modelo romano del ejercicio del poder. De allí siguen copiando nuestros dictadorzuelos el cliché secular. Si los conoces, te refrescaré un poco la memoria de estos príncipes, de Julio César a Nerón: seis instancias de las Vidas de los doce césares (habremos de demorarnos en Calígula), las más representativas del principado, zafarrancho del poder. Ojalá no te esté conduciendo ante una monstruosa galería de seis espejos.
Stanislas Valois Aragon
Julio César (1)
LII (…) tan desarregladas eran sus costumbres y tan notoria la infamia de sus adulterios, que Curión, padre, le llama en un discurso “marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos.” LIV (…) siendo procónsul en España recibió cantidades de los aliados, mendigadas por él mismo, como auxilio para pagar sus deudas, y que entregó al pillaje muchas ciudades de Lusitania, aunque no le opusieron resistencia, abriéndole las puertas a su llegada. En la Galia saqueó las capillas y los templos de los dioses, repletos de ricas ofrendas; y destruyó algunas ciudades, antes por rapiña que en castigo de delitos; esta conducta le proporcionó mucho oro, que hizo vender en Italia y en las provincias al precio de tres mil sestercios la libra. Durante su primer consulado robó en el Capitolio tres mil libras de peso de oro, sustituyéndolas con igual cantidad de bronce dorado. Vendió alianzas y reinos, obteniendo así solamente de Ptolomeo, en su nombre y el de Pompeyo, cerca de seis mil talentos. Por lo demás, solamente a costa de sacrilegios y evidentísimas rapiñas pudo subvenir a los enormes gastos de la guerra civil, de sus triunfos, y de los espectáculos.
Augusto
XCIV (... ) que la nodiza de Augusto, habiéndole colocado una noche en su cuna, que estaba en una habitación del piso bajo, no le encontró a la mañana siguiente; y que después de haberle buscado durante largo rato, concluyó por hallarle en lo más elevado de una torre, vuelta la cara hacia el sol saliente. Apenas comenzaba a hablar, cuando importunándole el ruido que hacían unas ranas en la casa de campo de su abuelo, les mandó callar, y dícese que desde entonces no cantan en esos lugares. IX (...) tuvo que sostener cinco guerras civiles, las de Módena, Filipos, Perusa, Sicilia y Accio. X. La causa principal de todas estas guerras fué la obligación que se impuso de vengar la muerte de su tío. Así, pues, desde que regresó de Apolonia decidió atacar a Bruto y Casio repentinamente, aprovechando que nada temían (...) Para asegurar mejor la ejecución de sus designios, quiso reemplazar un tribuno del pueblo, que acababa de morir, y se presentó como candidato, auque era patricio y no fuese aún senador. XIII (...) No fue moderado en la victoria, y mandó a Roma la cabeza de Bruto, para que la arrojaran a los pies de la estatua de César, aumentando con sangrientos ultrajes los castigos que impuso a los prisioneros más ilustres. Refiérese que contestó a uno de éstos, que le suplicaba le concediese sepultura, "que aquel favor pertenecía a los buitres"; a otros, padre e hijo, que le pedían la vida, les mandó la jugasen a la suerte o combatiesen, prometiendo otorgar gracia al vencedor ; y habiéndose arrojado el padre ante la espada del hijo, éste, al verle muerto, se quitó la vida, complaciéndose Octavio en verles morir. Tomada Perusa, fue cruel con sus habitantes, contestando a cuantos pedían gracia o trataban de justificarse: "Es necesario morir". Algunos autores escriben que entre los dos órdenes eligió trescientos de los rendidos, y que los hizo inmolar en los idus de marzo, como las víctimas de los sacrificios, delante del altar elevado a Julio César. Otros pretenden que él sólo excitó esta guerra para obligar a sus enemigos secretos y a aquellos a quienes retenía el temor, más aun que la voluntad, a que se descubriesen al fin, dándoles por jefe a L. Antonio, y con el objeto de que sus bienes confiscados después de su derrota sirviesen para dar a los veteranos las recompensas que les había ofrecido. XXVII (...) Un día que arengaba a los soldados en presencia de los habitantes de los campos vecinos, vio a un caballero romano, llamado Pinario, que tomaba algunas notas furtivamente, y sospechando fuese espía, le hizo matar a golpes en el acto. Tedio Afer, cónsul designado, ridiculizó con un chiste un acto suyo; Octavio le dirigió tan tremendas amenazas, que aquel desgraciado se dio la muerte. LXVIII (...) Sex. Pompeyo le acusó de afeminado (...) Lucio, el hermano de Marco Antonio, pretendía que después de haber entrgado a César la flor de su juventud, la vendió otra vez en España a A. Hircio por trescientos mil sestercios, añadiendo que acostumbraba a quemarse el vello de las piernas con cáscara de nuez ardiente, con objeto de que estuviesen más suaves (...) que sus amigos le buscaban mujeres casadas y doncellas núbiles a las que desnudaba para examinarlas. XCIX. El día de su muerte (...) Cuando entraron sus amigo, les dijo: "¿Os parece que he representado bien la farsa de la vida?"
Tiberio
XXXIV (…) Abolió (…) el uso de besarse todos los días. XXXVI (…) Repartió la juventud hebrea, so pretexto de servicio militar, en las provincias más insalubres. Expulsó de Roma el resto de esta nación y a todos los que formaban parte de estas sectas, bajo pena de perpetua esclavitud si regresaban. XLIV. Se dice que llevó la obscenidad más lejos aun y hasta excesos tan difíciles de creer como de referir. Dícese que había enseñado a niños de tierna edad, a los que llamaba sus pececillos, a que jugasen entre sus piernas en el baño, exicitándole con la lengua y los dientes, y también, que, a guisa de seno, ofrecía sus partes a niños grandecitos, pero en lactancia aún, género de placer al que su inclinación y edad le llevaban principalmente. LII (…) habiendo llegado algo tarde los enviados de Troya a darle el pésame por esta pérdida (la muerte de Druso), les dijo burlándose, y como quien solamente conserva vago recuerdo, “que él también se lo daba por la muerte de un ciudadano tan excelente como Héctor” LVII (…) un bromista, al ver pasar un cortejo fúnebre, encargó en alta voz al muerto que dijese a Augusto “que todavía no habían pagado los legados que hizo al pueblo romano”. Tiberio mandó prenderlo, le pagó lo que se le debía y lo mandó al suplicio, recomendándole que le dijese la verdad a Augusto. LXI (…) se obligaba a vivir a los que querían morir, porque consideraba la muerte como pena ligera, que habiéndose suicidado un acusado llamado Carvilio, exclamó cuando lo supo: “Ese Carvilio se me ha escapado”
Calígula
XIII (…) querido de las provincias y de los ejércitos, que le habían visto niño; querido de los habitantes de Roma (…) acompañándole alegres aclamaciones de una inmensa multitud, que (…) le prodigaba los nombres más tiernos, llamándole su estrella, su hijo, su niño, su discípulo. XXII. Hasta aquí he hablado de un príncipe; ahora hablaré de un monstruo (…) Mandó traer de Grecia las estatuas de dioses más famosas por la excelencia del trabajo y el respeto de los pueblos, entre ellas Júpiter Olímpico, y quitándole la cabeza la sustituyó con la suya (…) En este templo veíase su estatua de oro, que se le parecía mucho, y que todos los días vestían como él (…) De día celebraba conversaciones secretas con Júpiter Capitolino, hablándole algunas veces al oído y presentándole en seguida el suyo, y otras en alta voz y hasta con tono arrogante. Oyósele en cierta ocasión decirle con amenaza: “pruébame tu poder o teme el mío.” XXIV Tuvo comercio criminal y continuo con todas sus hermanas, y a la mesa las hacía sentar consigo en el mismo lecho, mientras que su esposa ocupaba otro. XXV (…) Habiendo asistido a las bodas de C. Pisón y de Livia Orestila, mandó que la llevasen en el acto a su casa, la repudió poco después, y dos años más adelante la desterró, so pretexto de que en este tiempo había vuelto a hacer vida común con su primer marido. Otros dicen que estando sentado en la comida de bodas enfrente de Pisón, le dijo: “No estreches tanto a mi esposa”. XXVII. He aquí los principales rasgos de su barbarie. Como estaban muy caros los animales para el mantenimiento de las fieras destinadas a los espectáculos, designó algunos condenados para que les sirvieran de alimento (…) los hacía aserrar por la mitad del cuerpo (…) El autor de una poesía fue quemado por orden suya en el anfiteatro por un verso equívoco. Un caballero romano, expuesto a las fieras, gritó que era inocente; hízole sacar, le cortó la lengua y volvió a mandarle al suplicio. XXIX. Habiéndole reconvenido su abuela Antonia, no se limitó a no atenderla, sino que le dijo: “Recuerda que todo me está permitido, y contra todos”. XXX (…) “Que me odien con tal de que me teman”. XXXI. Oyósele lamentar más de una vez que no hubiese ocurrido en su reinado ninguna calamidad pública, mientras que el de Augusto se distinguía por la derrota de Varo, y el de Tiberio por la caída del anfiteatro de Fidena. Al suyo, decía, le amenazaba el olvido por demasiado feliz y frecuentemente deseaba sangrientas derrotas, hambres, pestes, vastos incendios y terremotos. XXXII(…) Durante una comida pública en Roma, habiendo arrancado de un lecho un esclavo una hoja de plata mandó en el acto al verdugo que le cortase las manos, se las colgase al cuello y lo pasease así por todas las mesas con un cartel que dijese la causa del castigo. XXXIV (…) También quiso destruir los poemas de Homero, y preguntaba: “¿por qué no habría de poder hacer yo lo que hizo Platón, que lo desterró de la república que organizó?” Poco faltó para que hiciese desaparecer de todas las bibliotecas las obras y retratos de Virgilio y Tito Livio, dicendo: “que el uno carecía de ingenio y de saber, y el otro era historiador locuaz e inexacto”. LIII (…) de tal manera despreciaba la elegancia y adornos de estilo, que reprochaba a las obras de Séneca, el escritor en boga entonces, ser “meras tiradas teatrales” y como “arena sin cimientos”. XXXVI (…) no respetó a ninguna mujer distinguida. Lo más frecuente era que las invitase a comer con sus esposos, hacíalas pasar y repasar delante de él, las examinaba con la minuciosa atención de un mercader de esclavas, y si alguna bajaba la cabeza por pudor se la levantaba con la mano. En seguida llevaba a la que le agradaba más a una habitación inmediata, y volviendo después a la sala del festín, con las recientes señales del deleite, elogiaba o criticaba en alta voz lo que había encontrado de agradable o defectuoso en la persona de cada una y sus relaciones con él. XXXIX. Habiendo anunciado una venta en subasta, hizo exponer y vender lo sobrante del material de todos los espectáculos, fijó él mismo los precios, y tanto los hizo subir, que algunos ciudadanos obligados a comprar viéndose arruinados, se abrieron las venas. Cosa sabida es que viendo a Aponio Saturnino dormitando en un banco, dijo al pregonero que aquel antiguo pretor le hacía señas con la cabeza de que continuaba pujando, y no cesó de subir el precio hasta que le hizo adjudicar, sin saberlo él, trece gladiadores en nueve millones de sestercios (…) No hubo fraude ni artificio que no emplease en la venta de aquellos muebles (el moviliario de la antigua corte), censurando a unos compradores su avaricia, preguntando a otros “sino se avergonzaban de ser más ricos que él”. XL. Hizo pagar impuestos nuevos y desconocidos hasta entonces (…) impuso (…) a las cortesanas el precio de una de sus visitas, y añadió a este artículo de la ley, que igual cantidad se exigiría a todos aquellos hombres y mujeres que habían vivido de la prostitución: hasta al matrimonio se le impuso contribución. XLI (…) Para hacer dinero de todo, estableció un lupanar en su propio palacio: construyéronse gabinetes y los amueblaron según la dignidad del sitio; constantemente los ocupaban matronas y jóvenes de nacimiento libre y los nomenclatores iban a las plazas públicas y a los alrededores de los templos a invitar al placer a los jóvenes y a los ancianos. A su entrada les prestaban a enorme interés una cantidad y se tomaban ostensiblemente sus nombres como para honrarles por contribuir al aumento de las rentas del César. L. Era alto, tenía la tez lívida y el cuerpo mal proporcionado, las piernas y el cuello muy delgado, los ojos hundidos, deprimidas las sienes, ancha y abultada la frente, escasos cabellos, enteramente calva la parte superior de la cabeza y el cuerpo velludo (…) Su semblante era naturalmente horrible y repugnante, y procuraba hacerlo más espantoso aun, estudiando delante de un espejo todas las fisonomías que podían infundir terror. (…) Excitábale especialmente el insomnio y nunca podía dormir más de tres horas, y éstas ni siquiera con tranquilidad, porque lo turbaban extraños ensueños, entre otros aquél en que le hablaba el mar. Así, pues, la mayor parte de las noches, cansado de velar, se sentaba en el lecho o paseaba por vastas galerías esperando e invocando la luz del día. LIII (…) Tenía palabra abundante y fácil, sobre todo cuando peroraba contra alguno. La cólera le inspiraba ampliamente ideas y palabras, respondiendo a su apasionamiento su pronunciación y su voz; no podía permanecer quieto, y su palabra llegaba hasta los escuchas más lejanos. Cuando tenía que hablar en público decía con acento amenazador: “que iba a lanzar los dardos de sus vigilias”. LII (…) Por calzado, llevaba sandalias, coturno, o botines de corredor, y algunas veces zueco de mujer. Con mucha frecuencia se presentaba con barba de oro llevando en la mano un rayo, un tridente o un caduceo, insignias de los dioses, y algunas veces se vestía también de Venus. Hasta antes de su expedición a Germania, llevaba con asiduidad los ornamentos triunfales y no era cosa rara verle la coraza de Alejandro Magno, que había mandado sacar del sepulcro de este príncipe. LIV. Practicó otras artes muy diferentes con increíble ardor. Sucesivamente gladiador, auriga, cantor y bailarín, esgrimió en la arena con armas de combate, y guió carros en diversos circos. Tan apasionado era por el canto y el baile, que en el espectáculo no podía dominarse y cantaba delante de todo el mundo con el actor trágico que estaba en escena (…) Una vez hizo llamar a palacio a media noche a tres consulares, que llegaron sobrecogidos de terror. Hízoles colocarse en su teatro, y de pronto se lanzó al escenario con gran estrépito, al ruido de flautas y de sandalias sonoras, con el manto flotante y la túnica de los actores; en seguida ejecutó una danza acompañada de canto y desapareció. Este hombre, que había aprendido tantas cosas, no sabía nadar. LV (…) besaba en pleno teatro al payaso Mnester, y si mientras bailaba este histrión alguien hacía el ruido más ligero, mandaba llevar a su presencia al perturbador y lo azotaba por su mano. Un día mandó un centurión para que dijese a un caballero romano que provocaba un desorden que partiese en el acto para Ostia y llevase de su parte una carta al rey Ptolomeo, en Mauritania. En la carta no decía más que: “no hagas bien ni mal al que te envío”. (…) Quería de tal modo a un caballo llamado Incitatus, que la víspera de las carreras del circo mandaba soldados a imponer silencio en todo el vecindario para que nadie turbara el descanso de aquel animal. Mandó a construirle una caballeriza de mármol, un pesebre de marfil, mantas de púrpura y collares de perla: dióle casa completa, con esclavos, muebles, en fin todo lo necesario para que aquellos a quienes en su nombre invitaba a comer con él recibiesen magnífico trato, y hasta se dice que le destinaba el consulado. LVII. Muchos prodigios anunciaron su muerte. En Olimpia, la estatua de Júpiter que había mandado quitar y trasladar a Roma, lanzó tal carcajada cuando la tocaron, que cayeron las máquinas, y los obreros huyeron a la carrera. LVI. Estas extravagancias y horrores hicieron concebir a algunos ciudadanos el proyecto de matarlo. Descubriéronse dos conjuraciones, y mientras otros conspiradores vacilaban por falta de ocasión, dos romanos se comunicaron su designio y lo ejecutaron, favorecidos ocultamente por sus libertos más poderosos y por los prefectos del pretorio, señalados ya, aunque injustamente, como cómplices de una conspiración, sabían que desde entonces eran sospechosos y se les odiaba. En efecto, Calígula les había reconvenido en particular con suma acritud, y desenvainando en seguida la espada, les había dicho “que estaba pronto a darse la muerte si creían que la merecía”; y desde entonces no había cesado de acusarles sucesivamente y de excitar contra ellos el odio y las sospechas. Convínose en atacarle al mediodía, a la salida del espectáculo de los juegos palatinos. Casio Querea, tribuno de una cohorte pretoriana, pidió descargar el primer golpe. Calígula insultaba sin cesar su vejez y nunca le dirigía más que palabras ultrajantes, tratándole de cobarde y afeminado. Si se presentaba a pedirle la consigna, le contestaba Príapo o Venus; si el tribuno tenía que darle gracias por algo, le presentaba la mano a besar con movimientos obscenos. LVIII. El nueve de las calendas de febrero, cerca de la hora séptima, encontrándose en duda acerca de si se levantaría para comer, porque tenía el estómago cargado con la comida de la víspera, sus amigos lo decidieron a hacerlo, y salió. Tenía que pasar por una bóveda donde ensayaban entonces niños pertenecientes a las primeras familias del Asia y que él había hecho venir para desempeñar algunos papeles en los teatros de Roma. Detúvose a verlos y exhortarlos a trabajar bien, y si su jefe no se hubiera quejado del frío, hubiera retrocedido para mandar que comenzase el espectáculo. No convienen todos acerca de lo que sucedió después: dicen unos que mientras hablaba con aquellos niños, Querea, colocado a su espalda, le hirió violentamente en el cuello con la espada, gritando: “herid!”, y que en el acto el tribuno Cornelio Sabino, otro conjurado, le atravesó el pecho. Pretenden otros que Sabino, después de separar a todo el mundo por medio de centuriones que pertenecían a la conjuración había preguntado a Calígula la consigna, según costumbre, y que habiéndole dicho este Júpiter, exclamó Querea: “recibe una prueba de su cólera;” y le descargó un golpe en la mandíbula en el momento en que volvía la cabeza hacia él. Derribado al suelo y replegándose sobre sí mismo, gritó que vivía aún, pero los demás conjurados le dieron treinta puñaladas. La consigna de estos era “¡Repite!” y hasta hubo uno que le hundió el hierro en los órganos genitales. Al primer ruido acudieron a socorrerlo sus porteros con sus bastones, así como también los soldados de la guardia germánica, que mataron a muchos de los asesinos, y hasta a dos senadores ajenos al crimen. LIX. Calígula vivió veintinueve años y fue emperador durante tres años, diez meses y ocho días. (…) Su esposa Cesonia pereció al mismo tiempo que él, asesinada por un centurión, y a su hija la estrellaron contra una pared.
Claudio
III (…) su madre Antonia le llamaba ordinariamente ”sobra de hombre, aborto informe de la naturaleza”: y cuando quería hablar de un imbécil, decía: “Es más estúpido que mi hijo Claudio”. V (…) renunciando entonces a la esperanza de las dignidades, tomó el partido de retirarse, viviendo unas veces en sus jardines o en una casa de campo inmediata a Roma, y otras en su retiro de la Campania, en compañía de los hombres más abyectos, añadiendo así a su antigua reputación de imbécil, la vergonzosa fama de jugador y borracho. VIII (…) Si llegaba algo tarde a la cena, se le recibía con disgusto y lo dejaban dar vueltas alrededor de la mesa buscando puesto. Si se dormía después de la comida, cosa que le ocurría con frecuencia, lanzábanle huesos de aceitunas y dátiles: o bien se divertían los bufones en despertarle como a los esclavos, con una palmeta o un látigo. También solían ponerle, cuando roncaba, sandalias en las manos para que despertando bruscamente se frotase la cara con ellas. XV (…) créese que en otro asunto dio por escrito esta sentencia: opino como aquellos que han dicho la verdad (…) Un ciudadano, para excusar la ausencia de un testigo citado por el mismo Claudio en una provincia del Imperio, se limitó a decir que le era imposible comparecer, manteniendo oculta por mucho tiempo la razón; y después de dejar que el emperador le dirigiese muchas preguntas acerca de ella, concluyó por contestar: “Ha muerto, y creo que esto le estaba permitido”. XXXVIII. En cuanto a su estupidez, tuvo hasta la de querer hablar de ella, y aseguró en algunos pobres discursos, que había sido una astucia que imaginó en tiempos de Calígula, para librarse de él y conseguir la jerarquía que ambicionaba. Más no convenció a nadie, y poco después apareció un libro en griego, titulado La curación de los imbéciles, en el que se demostraba que nadie sabría fingir la imbecilidad. XVI (…) en un solo día publicó veinte edictos, entre los que había uno que advertía “embrear bien los toneles, atendiendo a que habría mucho vino aquel año”; y otro que indicaba “el jugo del tejo como remedio eficaz contra la mordedura de víbora”. XXXII (…) asegúrase que meditaba un edicto “para permitir eructar y ventosear en su mesa”. XXXIX. Asombraba especialmente por sus inconsecuencias y distracciones (…) Poco tiempo después de la ejecución de Mesalina, preguntó, al sentarse a la mesa. “por qué no acudía la emperatriz”. Con frecuencia ordenaba convidar a comer o a jugar a los dados con él a ciudadanos que había mandado matar el día anterior; y cansado de esperar, enviaba mensajeros a reprenderles su pereza. XLI. En su juventud trató de escribir su historia, exhortándole Titio Livio y ayudándole Sulpicio Flavo. Comenzó ante numeroso auditorio la lectura de su trabajo, pero, cuando empezó a recitar, un espectador muy corpulento rompió el banco en que se sentaba y toda la asamblea comenzó a reír. En vano se procuró restablecer el silencio; Claudio no podía contener la risa que le asaltaba a cada instante por el recuerdo, y de esta manera se generalizaba la hilaridad (…) Compuso también ocho libros de memorias sobre su vida, en los que se nota menos ingenio que elegancia. XXV (…) Hizo decapitar con hacha en el campo de Esquilino a los que habían usurpado el título de ciudadano romano (…) Expulsó de Roma a los judíos, que a instigación de un tal Cresto, provocaban turbulencias. XXIX. Gobernado como ya he dicho, por sus libertos y esposas, vivió más como esclavo que como príncipe. XXX (…) tenía varios defectos naturales: una risa desagradable; una cólera más desagradable aun, que le hacía echar espuma por la boca abierta y las narices húmedas. XXXI (…) algunos dolores de estómago, tan agudos, que pensó algunas veces, según se dice, en darse la muerte. XXXIII (…) dispuesto a comer y beber a cualquier hora y en cualquier paraje que fuese. Un día que estaba juzgando en el Foro de Augusto, llegó a él el olor de un festín que preparaban cerca de allí para los sacerdotes salios en el templo de Marte. En el acto abandonó el tribunal, marchó a casa de aquellos sacerdotes y se sentó a la mesa con ellos (…) amó apasionadamente a las mujeres; pero no tuvo nunca comercio con los hombres. XXXV. Pero los rasgos más salientes de su carácter eran la desconfianza y el miedo (…) durante una sedición, persuadido Camilo de que podía asustar a Claudio, sin emplear actos de hostilidad, le escribió una carta injuriosa y amenazadora, en la que le mandaba renunciar al Imperio y entregarse a la vida ociosa del particular, y Claudio deliberó en presencia de los principales ciudadanos si obedecería. XXXVI (…) Habían apresado cerca de él (…) un hombre armado con un puñal; en el acto convocó al Senado por medio de los pregoneros, lloró, lanzó gritos, se lamentó de su mala suerte, que le exponía a continuos peligros, y durante mucho tiempo no quiso presentarse en público.
Nerón
XX (…) en cuanto fue emperador, hizo venir al palacio a Terpnum, el mejor citarista de la época, sentándole a su lado, durante muchos días, después de la comida de la tarde, para oírle cantar hasta muy avanzada la noche. Poco a poco dióse a meditar sobre este arte y a ejercitarse en él, no omitiendo ninguna precaución de las que emplean ordinariamente los artista de este género para conservar o amplificar la voz, como la de acostarse sobre la espalda, con el pecho cubierto con una hoja de plomo; tomar lavativas y vomitivos, y abstenerse de frutas y de alimentos reputados contrarios. Contento en fin de sus progresos (aunque tenía la voz débil y sorda), quiso presentarse en la escena, y no cesó de repetir a sus cortesanos este proverbio griego: “La música no es nada si se la tiene oculta.” (…) y comiendo en la orquesta, en presencia de numeroso público, decía en griego: “que ofrecería algunos sones delicados cuando hubiese bebido algo”. (…) y habiéndole rogado un día algunos de ellos (diputados) que cantase en la mesa y prodigado toda clase de elogios, exclamó: “que solamente los griegos sabían escuchar y eran dignos de su voz”. XXIII. No estaba permitido cuando cantaba salir del teatro, ni siquiera por los motivos más imperiosos: así es que algunas mujeres dieron a luz en el espectáculo, y muchos espectadores, cansados de oír y aplaudir saltaron furtivamente por encima de las murallas de la ciudad, cuyas puertas estaban cerradas, o se fingieron muertos para que los sacasen. XXV (…) tenía constantemente a su lado su maestro de declamación que le advertía cuidarse del pecho y tener un pañuelo delante de la boca; en fin, muchas veces reguló su amistad o su odio por las mayores o menores alabanzas que le tributaban. XLI (…) salía preguntando a todos “ si conocían un artista más grande que él”. XXXIII (…) Celoso de Británico, que tenía mejor voz que él, y temiendo, por otra parte, que el recuerdo de su padre le atrajese algún día mucho favor popular, resolvió deshacerse de él por el veneno. Una célebre envenenadora, llamada Locusta, proporcionó a Nerón una bebida, cuyo efecto burló su impaciencia porque no produjo a Británico más que una diarrea. Hizo traer a aquella mujer, la azotó por su mano, reconviniéndola porque había preparado una medicina en vez de un tósigo; y como ella se excusase con la necesidad de ocultar el crimen: “sin duda, contestó irónicamente, temo la ley Julia”(3); la obligó a preparar en su palacio y delante de él mismo el veneno más activo y más rápido que le fuese posible. Ensayólo en un cabrito, que vivió aún cinco horas; pero lo hizo fortalecer y concentrar más, después de lo cual se lo dió a un cochinillo, que murió en el acto. Entonces mandó llevar el veneno al comedor y darlo a Británico que comía en su mesa. El joven cayó en cuanto lo probó; Nerón dijo que era un ataque de epilepsia, enfermedad que padecía, y a la mañana siguiente le hizo sepultar de prisa y sin ninguna ceremonia, en medio de una lluvia torrencial. XXXV (…) No hubo lazos que no rompiera con el crimen. XXXIV (…) Imaginó, en fin, una nave sumergible construída de manera que Agripina pereciese ahogada o aplastada en su cámara. Fingió, pues, reconciliarse con ella, y la invitó por medio de tiernísima carta a venir a Baia para celebrar con él las fiestas de Minerva; cuidó de prolongar el festín para que los capitanes de las naves tuviesen tiempo de romper, según órdenes recibidas, y como por choque fortuito, la galera liburnesa que había traído a Agripina, y cuando ésta quiso retirarse a Bauli, le ofreció en vez de su nave averiada la que había construído para su pérdida. Acompañóla alegremente hasta ella, le besó los pechos al separarse y veló una parte de la noche esperando con ansiedad el resultado de aquella maquinación. Cuando se enteró de lo ocurrido y que Agripina se había salvado a nado, no supo ya qué hacer; pero muy pronto llegó L. Agerino, liberto de su madre, presentándose regocijado a decirle que Agripina estaba a salvo. Nerón arrojó un puñal a su lado sin que el liberto lo observase, y mandó que le prendiesen y le encadenasen como asesino enviado por aquella; en seguida mandó matar a su madre, y dijo que se había suicidado al ver descubierto su crimen. Añádense circunstancias atroces y se citan testigos: que acudió a ver el cadáver; que lo tocó por todas partes; que alabó algunas formas; que criticó otras, y sintiendo sed durante el examen, hizo que le sirvieran de beber. XXXV (…) Obligó a su preceptor Séneca a darse la muerte. XXXVIII(…) Desagradándole, decía, el mal gusto de los edificios antiguos, la angostura e irregularidad de las calles, hizo prender fuego a la ciudad, y tan descaradamente, que algunos consulares, sorprendiendo en sus casas esclavos de su cámara con estopas y antorchas, no se atrevieron a detenerlos. Los graneros inmediatos a la Casa de oro, y cuyo terreno deseaba, fueron incendiados y batidos con máquina de guerra, porque estaban construídos con piedra de sillería. Estos estragos duraron seis días y siete noches, y el pueblo no tuvo otro refugio que los monumentos y las sepulturas. Además de infinito número de casas de renta, consumió el fuego las moradas de los antiguos generales, adornadas aún con los despojos del enemigo; los templos consagrados a los dioses por los reyes de Roma o construídos durante las guerras púnicas, y las de la Galia; en fin, todo lo que la antigüedad había dejado de curioso y memorable. Nerón contempló el incendio desde lo alto de la torre de Mecenas “encantado, decía, de la hermosura de las llamas”, y cantó, en traje de teatro, La toma de Troya. Tampoco dejó escapar esta ocasión de pillaje y robo: habíase comprometido a hacer retirar gratuitamente los cadáveres y escombros, y no permitió a nadie que se acercase a aquellos restos que había hecho suyos. XXVIII (…) Hizo castrar a un joven llamado Esporo, y hasta intentó cambiarlo en mujer, lo adornó un día con velo nupcial, le constituyó una dote, y haciéndosele llevar con toda la pompa del matrimonio y numeroso cortejo, lo trató como su esposa, lo que ocasionó que dijese alguien satíricamente: “que hubiese sido gran fortuna para el género humano que su padre Domiciano se hubiera casado con una mujer como aquella.” (…) Es cosa averiguada que quiso tener relaciones con su madre, disuadiéndole de ello los enemigos de Agripina, por temor de que mujer tan imperiosa y violenta tomase sobre él, por aquel género de favor, absoluto imperio (...) y se asegura que antes de este tiempo, siempre que paseaba en litera con su madre, satisfacía su pasión incestuosa, como lo demostraban las manchas de su ropa. XXIX. Después de haber prostituído casi todas las partes de su cuerpo, imaginó como supremo placer cubrirse con piel de fiera y lanzarse desde una jaula sobre los órganos sexuales de hombres y mujeres atados a postes; y cuando había satisfecho todos sus deseos, se entregaba, para terminar, a su liberto Doriforo, a quien servía de mujer, como Esporo le servía a él mismo; y en estos casos imitaba la voz y los gemidos de una doncella que sufre violencia. XLIII (…) salió de la sala del festín apoyado en los hombros de sus amigos, y diciendo “que en cuanto se encontrase en la Galia se presentaría sin armas ante las legiones rebeldes; que se limitaría a llorar delante de ellas; que un inmediato arrepentimiento le atraería a los sediciosos, y que a la mañana siguiente en medio de la alegría general, entonaría un canto de victoria, que iba a componer en el momento”. XLV (…) La indignación fue general y no hubo ultraje que no se prodigara al emperador. Sobre la cabeza de una estatua suya colocaron un moño de mujer con esta inscripción griega: “Llegó al fin la hora de combate” (…) Al cuello de otra estatua suya ataron un saco, y escribieron en él estas palabras: ”Yo nada he hecho, pero tú mereces el saco ”(2) . En las columnas escribían: “sus cantos han despertado a los galos”. XLVII (…) pidió que lo llevasen al gladiador Espículo u otro cualquiera para recibir la muerte, y no encontrando a nadie que quisiese matarlo, exclamó: “¿acaso no tengo amigos ni enemigos?”. XLIX (…) pedía que alguno le diese, matándose valor para morir. (…) y mandó que abriesen una fosa delante de él, a la medida de su cuerpo, que la rodeasen con algunos pedazos de mármol, si se encontraban, y que llevasen agua y leña para tributar los últimos honores a su cadáver, llorando a cada orden que daba, y repitiendo sin cesar: “¡Qué artista va a perecer conmigo!”
LVII. Murió a los treinta y siete años de edad.
NOTAS:
(1) Todos los fragmentos reproducidos en esta edición han sido tomados de Suetonio, Vida de los doce Césares; Los Clásicos, Grolier- Jackson, México, Sexta edición, 1973; Estudio preliminar y traducción revisada por José Luis Romero.
(2) Contra los envenenadores y asesinos. (N. del E.)
(3) Suplicio de los parricidas. (N. del E.)
16 septiembre 2009
De vuelta al drama
Bernard-Marie Koltès
De vuelta al drama
Tenía un pie puesto en la cloaca y otro en la más bella poesía francesa, dice el comentarista madrileño Haro Tecglen del “mejor autor teatral de las últimas décadas del siglo pasado”, Bernard-Marie Koltès, nacido en Metz, 1948, virtualmente fulminado por el sida a los 41 años de edad. Escribió una escena de Roberto Zucco al informársele cuantos días de vida le restaban.
¿El drama que le ocupa?: la irrupción del tercer mundo en la sociedad industrializada occidental, según Heiner Müller. Hay una impotencia del desamparo fatal en el acorralado negro Alboury de Combat de nègre et de chiens sin esclusas, sin válvula de escape salvo, acaso, las palabras.
En el teatro de Koltès el escenario es hostil, inamovible, y la acción misma se congela. Sólo el diálogo, escueto como el escenario, nos va hundiendo cada vez más en el inexorable drama de la consumición del acto y de la esperanza.
Que toma el pulso de la realidad de su tiempo, es un hecho que lo acerca y distancia, paradójicamente, de los autores decimonónicos hasta el célebre isabelino. Koltès ha repudiado en Beckett y Genet lo abstracto, lo ambiguo, lo metateatral de los espacios. Y en general, el teatro no es para él (declara ir al teatro dos o tres veces al año), una farsa. “Como escritor, las experiencias teatrales no me sirven”.
Decir hoy que el arte se ha banalizado es un aserto trivial. De bufones se viene abajo el tinglado. Esto, diría Salomón, también es vanidad y aflicción de espíritu. Por eso no vamos más al teatro.
Me permito transcribir de escenicas.univalle.edu.co/douglas/zucco.htm una sinopsis de Roberto Zucco, así como el comentario de Koltès:
Roberto Zucco es la obra de un asesino, de un enfant criminal. La obra se compone de 15 escenas en su mayoría muy cortas, con momentos precisos, casi físicos, corporales, suscitando una poética fractal. La composición dramatúrgica está habitada por elementos que fascinan en la composición de un drama, puesto que se encuentran “leitmotiv”, palabras, temas, objetos, pequeños acontecimientos. De esa manera la muerte es un móvil que está presente en casi todas las escenas, y eso desde el principio. Cada escena sugiere el peligro, cada escena es verdaderamente sugestiva.
“En febrero de este año, vi en un afiche en el metro, el aviso de la búsqueda del asesino de un policía. Estaba fascinado por la foto de la cara. Poco después, veo por televisión al mismo muchacho, quien, apenas encarcelado, se escapó de las manos de la policía, subió al techo de la prisión y desafió al mundo. […] Su nombre era Roberto Succo (sic): había matado a sus padres, a la edad de quince años, luego volvió ‘razonable’ (sic) hasta la edad de veinticinco, cuando bruscamente desvaría de nuevo. […] Es la primera vez que me inspiro de (sic) una página amarillista, pero eso no era una página amarillista. Succo (sic) tiene un trayectorio (sic) de una pureza increíble”. B-M K.
La originalidad de su visión salta a cada instante, matizada por una franca exposición que desenmascara la parodia humana:
“Nunca me gustaron las historias de amor. Casi no dicen nada. No creo en la relación amorosa en sí misma.(…) En realidad las relaciones que establecen los seres humanos entre sí son cínicas aunque teñidas de afectividad. Eso es lo que complica todo y al mismo tiempo proporciona argumentos que permitirían seguir escribiendo durante toda la vida. Lo verdaderamente interesante es captar la variación que existe entre cinismo y afectividad, entender cual es el juego de proporciones. No hay nada más cínico que las películas sentimentales; yo prefiero el cinismo manifiesto.”
No deseo extenderme demasiado en esta ocasión. Antes de obsequiarles con fragmentos seleccionados de Combate de negro y de perros, les brindo esta cariñosa declaración de amor a cargo de Eduardo Haro Tecglen.
“Me encanta perderme por los cementerios de París. Yo paseaba una fría mañana de invierno por el de Montmartre, en la falda de la colina y con el Sacré Coeur de majestuoso decorado, a la búsqueda de la tumba de Louis Jouvet. Atareado como estaba en este menester, no me di cuenta de que estaba pisando una lápida de mármol gris. Era su tumba. El corazón me dio un vuelco del que todavía no me he repuesto. Por esa razón secuestré el nombre de su personaje para presentarme ante vosotros”, declara Eduardo Haro Tecglen.
Stanislas Valois Aragon
Combate de negro y de perros
PERSONAJES
HORN: sesenta años; capataz.
ALBOURY: un negro que ha entrado misteriosamente en el campamento.
LÉONE: una mujer que Horn ha llevado allí.
CAL: alrededor de los treinta; ingeniero.
ESPACIOS
EL CAMPAMENTO, rodeado de empalizadas y torres de control, donde viven los encargados y donde está almacenado el material:
─ una mata de buganvillas; una camioneta aparcada debajo de un árbol
─ una galería, con mesa y mecedoras, whisky
─ la puerta entreabierta de uno de los bungalows.
La OBRA: un río la atraviesa; un puente inacabado; a lo lejos, un lago.
I
Detrás de las buganvillas, al atardecer.
HORN:
Ya me pareció ver, de lejos, a alguien detrás del árbol.
ALBOURY:
Soy Alboury, señor; vengo a buscar el cuerpo; su madre había ido a la obra a tapar con ramas el cuerpo, y nada, señor, su madre no encontró nada; y se pondrá a dar vueltas toda la noche por el pueblo, gritando, si no le dan el cuerpo. Una noche espantosa, señor, no podrá dormir nadie por culpa de los gritos de la vieja; por eso estoy aquí.
HORN:
¿A usted, quién le ha enviado: el pueblo o la policía?
ALBOURY:
Yo soy Alboury y he venido a buscar el cuerpo de mi hermano, señor.
HORN:
Algo espantoso, si, una maldita caída, un maldito camión que iba a toda marcha; al conductor lo sancionarán. Los obreros son imprudentes, a pesar de las órdenes estrictas que reciben. Mañana tendrá usted su cuerpo; deben de habérselo llevado a la enfermería para arreglarlo un poco y presentarlo más correctamente a la familia. Expréseles mi más sentido pésame. Reciba usted mi más sentido pésame. ¡Qué desgracia!
ALBOURY:
Desgracia sí, desgracia no. Si no hubiera sido obrero, señor, la familia habría enterrado la calabaza en la tierra, diciendo: una boca menos para mantener. Porque es una boca menos que mantener, ya que van a cerrar la obra y, dentro de poco, habría dejado de ser obrero, señor; así que pronto habría sido una boca más que mantener, así que es una desgracia por poco tiempo, señor.
HORN:
A usted, no le había visto nunca por aquí. Venga a tomar un whisky, no se quede ahí, detrás del árbol, apenas puedo verle. Venga y siéntese a la mesa, hombre. Aquí, en la obra, las relaciones con la policía y las autoridades locales son excelentes, y me enorgullezco de ello.
ALBOURY:
Desde que empezó la obra, en el pueblo se habla mucho de usted. Por eso me dije: ésta es la ocasión de ver al blanco de cerca. Aún me quedan muchas cosas que aprender, señor, y le dije a mi alma: ve corriendo a mis oídos y escucha, ve corriendo hasta mis ojos y no te pierdas nada de lo que vas a ver.
HORN:
Sea como sea, se expresa usted admirablemente en francés; aparte del inglés y otras lenguas, claro está; todos ustedes tienen un don admirable para las lenguas, aquí. ¿Es usted acaso funcionario?, porque tiene toda la talla de un funcionario. Además, sabe más cosas de las que dice. Y, al fin y al cabo, todos son cumplidos.
ALBOURY:
Son útiles, para empezar.
HORN:
Qué raro. El pueblo suele enviarnos una delegación y las cosas se arreglan en seguida. Suelen ser más aparatosas, pero se acaban pronto: ocho o nueve personas, ocho o nueve hermanos del muerto; tengo por costumbre ser rápido en los tratos. Qué pena me da su hermano; aquí todos se llaman “hermanos”. La familia quiere una indemnización; y se la daremos, cómo no, a quien le corresponda, si no exageran. Ahora bien, a usted no le había visto nunca antes, estoy seguro.
ALBOURY:
Yo sólo he venido por el cuerpo, señor, y no me iré de aquí hasta que lo tenga.
HORN:
El cuerpo, sí, sí, sí; mañana lo tendrá usted. Perdóneme si estoy algo nervioso; tengo muchos quebraderos de cabeza. Acaba de llegar mi mujer; lleva no sé cuántas horas arreglando sus cosas, ni siquiera sé que opina de todo esto. ¡Una mujer aquí, menudo trastorno! No estoy acostumbrado.
ALBOURY:
Es una cosa muy buena, una mujer aquí.
HORN:
Me acabo de casar hace poco; muy muy poco; bueno, está bien, se lo diré: todavía no está consumado del todo, me refiero a las formalidades. Pero da igual, ¡vaya trastorno, señor, eso de casarse! Yo no estoy nada acostumbrado a este tipo de cosas; me dan muchos quebraderos de cabeza, y ver que no sale de la habitación esa me pone nervioso; está ahí está ahí, horas y horas arreglando sus cosas; tomemos un whisky mientras la esperamos, se la presentaré; haremos una fiestecita y así se queda usted también. Venga a la mesa, hombre; ya casi no hay luz, aquí. Es que no tengo la vista muy fina, ¿sabe usted? Venga que le vea.
ALBOURY:
Imposible, señor. Mire los guardias, mírelos, ahí arriba. Vigilan el campamento tanto por dentro como por fuera, me están mirando, señor. Si ven que me siento con usted, desconfiarán de mi; ellos dicen que hay que desconfiar de una cabra viva en la guarida del león. No se enfade por eso que dicen: ser un león es mucho más digno que ser una cabra.
HORN:
Y sin embargo, le han dejado entrar. Se necesita un permiso, por regla general, o ser representante de una autoridad; lo saben perfectamente.
ALBOURY:
Lo que saben es que no se puede dejar a la vieja gritando toda la noche y aún mañana ; que hay que calmarla, que al pueblo no se le puede dejar en vela, y que hay que complacer a la madre devolviéndole el cuerpo. Ellos saben perfectamente por qué estoy aquí.
HORN:
Ya haremos que se lo entreguen mañana. Es que ahora tengo la cabeza a punto de estallar, necesito un whisky. ¡Que tontería que un viejo como yo se haya liado con una mujer! ¿verdad, señor?
ALBOURY:
Las mujeres no son ninguna tontería. Además, ellas siempre dicen que en las ollas viejas es donde se hace el mejor caldo. No se enfade por eso que dice. Es su manera de hablar, y eso a usted le dignifica.
HORN:
¿Casarse también?
ALBOURY:
Casarse sobre todo. Hay que pagarles lo que valen y atarlas bien atadas en seguida.
HORN:
Pero, ¡qué inteligente es usted! Me parece que está punto de salir. Venga, venga, charlemos un rato. Mire, ahí están los vasos. No iremos a quedarnos detrás del árbol este a oscuras. Vamos, venga conmigo.
ALBOURY:
No puedo, señor. Mis ojos no soportan la luz tan grande; pestañean y se enturbian; no están acostumbrados a esas luces fuertes que ponen ustedes de noche.
HORN:
Venga, venga y la verá.
ALBOURY:
Ya la veré de lejos.
HORN:
Me estalla la cabeza, señor mío. Pero, ¿qué puede estar arreglando tantas horas? Voy a ir a que me diga qué opina de todo esto. ¿Sabe usted ya la sorpresa? ¡Cuántos quebraderos de cabeza! Voy a hacer un castillo de fuegos artificiales esta noche; quédese; es una locura que me ha costado una fortuna. Y además tenemos que hablar del asunto. Si: muy buenas, las relaciones con las autoridades; me las he metido a todas en el bolsillo. Cuando pienso que está detrás de esa puerta, ahí, y que todavía no sé lo que opina… y si es usted un funcionario de la policía, pues mucho mejor; ¡me encanta tener trato con ellos! África debe provocarle una impresión brutal a una mujer que no ha salido nunca de París. Lo del castillo de fuegos, le va a dejar con la boca abierta. Y veremos qué se ha hecho de ese dichoso cadáver. (Sale.)
IV
HORN:
(Yendo hacia Alboury, debajo del árbol). No llevaba el casco, me acabo de enterar ahora mismo. ¿Qué le decía yo de la imprudencia de los obreros?; ya me lo imaginaba. Sin casco: eso nos libra de toda responsabilidad.
ALBOURY:
Que me den el cuerpo sin el casco, señor, que me lo den tal como está.
HORN:
Pero yo venía a decirle: le ruego que tome una decisión. O se larga o se queda, pero no ahí, escondido en la oscuridad, detrás del árbol. Es exasperante notar que hay alguien. Si quiere usted venir con nosotros a la mesa, pues venga usted, no le digo que no; pero si no quiere, váyase por favor; le atenderé mañana por la mañana en la oficina y examinaremos el caso. Ahora que lo pienso, prefiero que se vaya. Que conste que yo no le he dicho en ningún momento que no quiera servirle un vaso de whisky; no le he dicho eso ni mucho menos. Entonces, ¿en qué quedamos?, ¿se niega usted a tomar un whisky con nosotros?, ¿no quiere ir al despacho mañana por la mañana? Entonces, ¿qué?, decídase, señor mío.
ALBOURY:
Estoy esperando a llevarme el cuerpo, eso es todo lo que quiero; y le digo: si tengo el cuerpo de mi hermano, me voy.
HORN:
¡Y dale con el cuerpo! No llevaba casco, su cuerpo; hay testigos; pasó por la obra sin casco. No sacarán ni un céntimo, dígales eso, señor.
ALBOURY:
Se lo diré al llevarles el cuerpo, sin casco, sin un céntimo.
HORN:
Piense un poco en mi mujer, señor. Los ruidos, las sombras, los gritos, todo es tan espantoso aquí para el que acaba de llegar. Mañana ya se habrá acostumbrado, ¡pero esta noche! Acaba de llegar, y si además de eso, detrás del árbol ella ve, o entrevé o intuye a alguien… ¿No se da usted cuenta? Se horrorizará. ¿Quiere usted aterrorizar a mi mujer, señor mío?
ALBOURY:
No, eso no es lo que yo quiero; lo que quiero es devolver el cuerpo a la familia.
HORN:
Dígales esto, señor: que le entregaré a la familia ciento cincuenta dólares. A usted le daré doscientos, para usted; mañana se los daré. Es mucho. Pero es con toda probabilidad el último muerto que tendremos en la obra; ya está, ¿vale? Bueno, venga, lárguese.
ALBOURY:
Eso mismo les diré: ciento cincuenta dólares; y me llevaré el cuerpo.
HORN:
Dígales eso, sí, dígaselo, que es lo que les interesa. Ciento cincuenta dólares les taparán la boca. En cuanto a lo demás, créame, no les interesa ni lo más mínimo. ¡Tanto cuerpo y tanto cuerpo, ja!
ALBOURY:
A mí sí que me interesa.
HORN:
Haré que lo saquen de aquí.
ALBOURY:
No pienso irme.
HORN:
¿No ve que va asustar a mi mujer, señor?
ALBOURY:
Su mujer no tendrá miedo de mí.
HORN:
Claro que sí: ¡una sombra, alguien! Mire que al final voy a hacer que le disparen los guardias, ¡eh! Sí, eso es lo que voy a hacer.
ALBOURY:
El escorpión, cuando lo matan siempre vuelve.
HORN:
Señor, que se está pasando de la raya; ¿qué está diciendo? Hasta ahora, me he estado comportando como Dios manda. ¿Me he pasado yo de la raya?... Tiene que admitir que es usted especialmente difícil; es imposible negociar con usted. Haga un pequeño esfuerzo por su parte. Ea, pues, quédese, quédese, ya que parece que lo está deseando. (En voz baja.) Yo ya sé que los del misterio están hechos una furia. Pero compréndame usted, yo no intervengo en las decisiones de las altas esferas: un insignificante capataz no toma ninguna decisión; no tengo ninguna responsabilidad. Además tienen que entenderlo: los del gobierno sólo mandan y mandan y no pagan; hace ya meses que no pagan. La empresa no puede mantener las obras en marcha cuando el gobierno no paga; ¿lo entiende o no? Sé perfectamente que hay para quejarse: puentes inacabados, carreteras que no conducen a ninguna parte. Pero, ¿qué puedo hacer yo, eh? Y tanto dinero, tanto dinero, ¿a dónde ha ido a parar? Si el país es rico, ¿por qué los Bancos del Estado están vacíos? No le estoy diciendo nada de esto para agobiarle, pero ya me explicará a mí, señor.
ALBOURY:
Lo que dicen por ahí es que el palacio de gobierno se ha convertido en un antro de vicio; que traen champán de Francia y mujeres carísimas; que beben y follan todo el día y toda la noche, en los despachos de los ministerios, por eso están los bancos vacíos, eso es lo que me han dicho, señor.
HORN:
¿Qué follan?, ¡vaya, vaya…! (Ríe.) Se está burlando de los ministros de su propio país, ¡vaya, vaya…! ¡Me cae simpático usted, hombre! No me gustan los funcionarios, y mirándolo bien, no tiene usted pinta de funcionario. (En voz baja.) Entonces, si es así como usted dice, ¿cuándo piensan movilizarse los jóvenes?, ¿cuándo van a decidirse, con tantas ideas progresistas que están trayendo de Europa, a sustituir toda esa podredumbre, a tomar las riendas, a poner orden? ¿Llegaremos a ver algún día cómo se acaban los puentes y las carreteras? Quíteme la venda de los ojos, déme alguna esperanza.
ALBOURY:
Y también dicen que lo que traen de Europa es una pasión mortal: el coche, señor; que sólo piensan en eso; que juegan con él noche y día; que hasta morirían en él; que se han olvidado de todo lo demás; ése es el regreso de Europa; eso es lo que me han dicho.
HORN:
Los coches, sí; hasta Mercedes y todo; no hago más que verlos, cada día, conduciendo como locos; qué pena me da. (Se ríe.) Así, que ni en los jóvenes ve esperanza alguna, me cae usted realmente bien. Estoy convencido que vamos a entendernos.
ALBOURY:
Yo estoy esperando a que me devuelvan a mi hermano; por eso estoy aquí.
HORN:
A ver, explíquese. ¿Por qué insiste tanto en recuperarlo? ¿Cómo se llamaba ese hombre, que ahora no caigo?
ALBOURY:
Nouofia era su nombre conocido; y tenía otro secreto.
HORN:
Pero, vamos a ver, ¿qué le importa a usted su cuerpo? Es la primera vez que veo algo semejante; y eso que creía conocer bien a los africanos, con ese escaso valor que dan a la vida y a la muerte. Tendré que suponer, sin duda, que tiene usted una sensibilidad especial; pero bueno, no será el amor lo que le hace ser tan testarudo, ¿eh? ¡Eso del amor es cosa de europeos!, ¿eh?
ALBOURY:
No, no es el amor.
HORN:
Lo sabía, lo sabía. Ya he tenido tiempo de comprobar esa insensibilidad de ustedes. Y sepa que a muchos europeos les extraña; pero yo no la censuro; ahora bien, sepa que los asiáticos son aún peores. Bueno, a ver, por qué se pone usted tan testarudo por algo tan insignificante, ¿eh? Ya le he dicho que voy a indemnizarles.
ALBOURY:
A menudo, la gente insignificante quiere algo insignificante, muy simple; pero esa cosa insignificante, la quieren; nada les hará cambiar de idea; y hasta se dejarían matar por ella; e incluso cuando los hubieran matado, incluso muertos, seguirían queriéndola.
HORN:
¿Quién era él, Alboury, y usted, quién es usted?
ALBOURY:
Hace ya mucho tiempo, le dije a mi hermano: estoy sintiendo frío; él me dijo: porque hay una nubecita entre el sol y tú; le pregunté: ¿es posible que por esa nubecita yo me esté helando mientras que a mi alrededor, tan cerca de mí, la gente suda y el sol los abraza? Mi hermano me respondió: yo también me estoy helando; y así nos dimos calor el uno al otro.
Luego le dije a mi hermano: entonces, ¿cuándo desaparecerá esa nube, para que el sol también pueda calentarnos a nosotros?; me dijo: no desaparecerá, es una nubecita que nos seguirá siempre por todas partes, entre el sol y nosotros; y yo notaba que nos seguía por todas partes, y que, rodeados de gentes que se reían desnudos bajo el calor, mi hermano y yo nos helábamos y nos calentábamos el uno al otro.
Entonces mi hermano y yo, bajo la nubecita que nos privaba de calor, nos acostumbramos el uno al otro a fuerza de calentarnos. Si me picaba la espalda, ahí estaba mi hermano para rascármela; y yo le rascaba la suya cuando le picaba a él; cuando me ponía nervioso le mordía las uñas de las manos, y él mientras dormía me chupaba el dedo gordo de la mano.
Las mujeres que tuvimos se aferraron a nosotros y también se pusieron a tiritar; pero nos calentábamos al estar tan acurrucados bajo la nubecita, nos acostumbrábamos unos a otros, y el escalofrío de uno de los hombres repercutía de un extremo al otro del grupo. Llegaron las madres a unirse a nosotros, y las madres de las madres y sus hijos y nuestros hijos, una innumerable familia que ni los muertos se dejaba arrancar, sino que los manteníamos bien aferrados en medio de todos nosotros, por culpa del frío bajo la nube.
La nubecita subía a lo alto, a lo alto hacia el sol, privando de calor a una familia, cada vez más numerosa, cada vez más acostumbrado cada cual a cada cual, una familia innumerable hecha de cuerpos muertos, vivos y por nacer, indispensables cada cual a cada cual a medida que veíamos retroceder los límites de las tierras aún calientes bajo el sol.
Por lo tanto, vengo a reclamar el cuerpo de mi hermano que nos han arrancado, porque su ausencia ha roto esa proximidad que nos permite conservar el calor, porque, incluso muerto, necesitamos su calor para calentarnos, y él necesita el nuestro para conservar el suyo.
HORN:
Es difícil que podamos entendernos, señor. (Se miran.) Creo que, por mucho que nos esforcemos siempre será difícil convivir. (Silencio.)
ALBOURY:
Me han dicho que en América, los negros salen por la mañana y los blancos por la tarde.
HORN:
¿Eso le han dicho?
ALBOURY:
Si es verdad, señor, es una idea muy buena.
HORN:
Y usted, ¿lo cree así?
ALBOURY:
Sí.
HORN:
Pues no, es una idea malísima. Al contario, hay que cooperar, señor Alboury, hay que obligar a la gente a cooperar. Eso es lo que yo pienso.
¿Sabe una cosa, mi querido señor Alboury?, le voy a dejar ahora mismo con la boca abierta. Tengo un fabuloso proyecto personal que todavía no he revelado a nadie. Usted será el primero. Ya me dirá luego lo que le parece. Es sobre esos famosos tres mil millones de seres humanos que dan tanto que hablar: yo he calculado que metiéndolos a todos en casas de cuarenta pisos ─cuya arquitectura tendría que definirse, ahora bien, cuarenta pisos nada más, lo que ni siquiera llegaría a la Tour Montparnasse, señor mío─ en apartamentos de planta mediana, me salen cuentas razonables; que todas esas casas constituyan una ciudad, y digo bien: una sola, cuyas calles medirían diez metros de ancho, lo cual es más que correcto. Pues bien, esta ciudad, señor, ocuparía la mitad de Francia, ni un quilómetro cuadrado más. Todo el resto sería libre, completamente libre, puede usted comprobar los cálculos, los he hecho una y mil veces, son absolutamente exactos. ¿Le parece estúpido mi proyecto? Sólo se tendría que elegir el emplazamiento de esta única ciudad, y el problema quedaría resuelto. Se acabaron los conflictos, se acabaron los países ricos y los países pobres, todo el mundo bajo la misma insignia y las reservas para todo el mundo. Ya ve usted, Alboury, yo también soy un poco comunista, a mi manera.
Francia me parece ideal: es un país cálido, con muchas aguas, sin desproporción en el clima, la flora, la fauna, los riesgos de enfermedad; ideal, Francia. Podría construirse, por supuesto, en la parte sur, la más soleada. Ahora que a mi me encantan los inviernos, esos buenos inviernos de verdad tan secos; usted no sabe lo que es un buen invierno seco de verdad, señor. Así pues, lo mejor sería construir esa ciudad a lo largo, de los Vosgos a los Pirineos, siguiendo los Alpes; los amantes del invierno irían a la región del antiguo Estrasburgo y los que no soportan la nieve, los tísicos y los frioleros se dirigirían hacia las zonas resultantes de haber arrasado Marsella y Bayona. El último conflicto de esta humanidad sería un debate teórico entre los encantos del invierno alsaciano y los de la primavera de la Costa Azul. En cuanto al resto del mundo, señor mío, sería la reserva. África libre, señor; se explotaría sus riquezas, su subsuelo, la tierra, la energía solar, sin molestar a nadie. Y África sola bastaría para alimentar a mi ciudad generación tras generación, antes de que se tuviera que meter las narices en Asia y en América. Se aprovecharía al máximo la técnica. Se lleva a un mínimo estricto de obreros, por turnos, bien organizado, una especie de servicio cívico; y ellos traen el petróleo, el oro, el uranio, el café, los plátanos, todo lo que usted quiera, ¡sin que ningún africano tenga por qué aguantar la invasión extranjera, ya que han dejado de estar allí! Sí, Francia sería hermosa, estaría abierta a los pueblos del mundo entero, todos los pueblos mezclados deambulando por las calles; ¡y África sería bella, generosa, estaría vacía sin sufrimiento amamantando al mundo! ¿Se está tomando a risa mi proyecto? Pues es una idea mucho más fraternal que la suya, señor mío. Así quiero creerlo, señor, y así seguiré haciéndolo.
Se miran; se levanta el viento.
V
En la galería
CAL:
(Al ver a Léone, grita:) ¡Horn! (Bebe.)
LÉONE:
(Con la flor en la mano.) ¿Cómo se llaman estas flores?
CAL:
¡Horn!
LÉONE:
¿Sabe usted dónde podría encontrar algo de beber?
CAL:
¡Horn! (Bebe.) ¡Qué coño estará haciendo!
LÉONE:
No lo llame, no se moleste, ya encontraré algo yo solita. (Se aleja.)
CAL:
(Parándola) ¿Con estos zapatos piensas andar por aquí?
LÉONE:
¿Mis zapatos?
CAL:
Siéntate. ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Te doy miedo?
LÉONE:
No. (Silencio. Ladridos del perro, a lo lejos.)
CAL:
En París no tienen ni idea de lo que son unos zapatos; en París no tienen idea de nada, y se inventan modas de cualquier cosa.
LÉONE:
¡Vaya, hombre!, lo único que me compro, y me dices eso. ¡Qué jetas, con lo que te clavan por dos tiritas de cuero! Y eso que son Saint-Laurent, de la boutique África. Ah, y carísimos, ¿eh? Uf, una locura.
CAL:
Tienen que ser cerrados y sujetar el tobillo. Con unos buenos zapatos uno aguanta lo que le echen, los zapatos son lo más importante. (Bebe.)
LÉONE:
Ya.
CAL:
¿No será el sudor lo que te molesta? Pues vaya una tontería; una buena capa de sudor te reseca las plantas y luego con otra y otra y otra se te hace una costra y te sirve de protección. Ah, y si lo que te molesta es el olor, pues nada, el olor despierta el instinto. Mirándolo bien, sólo conoces a las personas cuando conoces su olor; además es muy práctico, te das cuenta de qué van, todo resulta más fácil, es el instinto y se acabó.
LÉONE:
Sí, claro. (Silencio.)
CAL:
Tómate una copa, ¿por qué no bebes algo?
LÉONE:
¿Whisky? ¡Huy, qué va!, no puedo, las pastillas. Y que no tengo tanta sed.
CAL:
Aquí hay que beber, con o sin sed; si no te secas. (Bebe; silencio.)
LÉONE:
Tendría que coserme un botón. Siempre igual: con los ojales no hay tu tía. Demasiado complicado para mí. Paciencia sí que no, nada de nada. Siempre los dejo para el final y al final pues nada, pues eso: un imperdible. Todos los vestidos que me he hecho, hasta los más elegantes, te lo juro ¿eh?, llevan y llevarán para toda la vida un imperdible en el cierre. ¡Ay, qué panoli, ya verás el día que te pinches!
CAL:
A mí también me daba asco el whisky, antes; y bebía leche. Nada más que leche, te lo digo de veras; litros y litros, toneladas de leche, antes de viajar. Pero desde que viajo, ya ves: en la mierda esa de leche en polvo que te dan, en esa leche americana suya, en la leche de soja, te aseguro yo que no ha entrado ni un solo pelo de vaca. Así, a la fuerza te das a la mierda esta de bebida. (Bebe.)
LÉONE:
Ya.
CAL:
Por suerte, la mierda esta la puedes encontrar donde sea; esto sí que no me ha faltado en la vida, en ningún rincón del mundo. Y yo he viajado mucho, no creas que te engaño. ¿Tú has viajado?
LÉONE:
¡Huy, no!, ésta es la primera vez, nada más.
CAL:
Pues yo sí que he viajado, aunque me creas tan joven, créeme, créeme. He estado en Bangkok, en Ispahan, en el Mar Negro, en Marrakech y todo, Tánger, La Reunión, las Islas Caribe, Honolulú y hasta en Vancouver; en Chicutimi, en Brasil, Colombia, Patagonia, en las Baleares, en Guatemala; y al final llegué a la mierda ésta de África, ya ves. Dakar, Adbijan, Lomé, Leopoldville, Johanesburgo, Lagos; de lo peorcito, África, te lo digo yo. Pues nada, por todas partes o whisky o leche de soja; y nada de sorpresas, claro. Y eso que soy joven; bueno, pues te diré que un whisky se parece a un whisky, una construcción a una construcción, una empresa francesa a una empresa francesa; todo la misma mierda.
LÉONE:
Ya.
CAL:
No, no, qué va, esta empresa no es la peor, no me harán decir lo contrario, no, no. Al revés, puede que hasta sea la mejor. Sabe ocuparse de ti, te trata como es debido, te alimenta bien, te da buen alojamiento, en una palabra: es francesa; ya lo verás; no esperes que sea yo quien hable de ella, acuérdate de lo que te digo. (Bebe.) Esta no es como esas empresas italianas de mierda, u holandesas, alemanas, suizas y yo qué sé qué, que ya están invadiendo África, que es ya una auténtica casa de putas. No, la nuestra no es de ésas; no, la nuestra es como Dios manda. (Bebe.) No me gustaría ser italiano o suizo, créeme.
LÉONE:
Huy sí huy no.
CAL:
Bébete esto. (Le ofrece un vaso de whisky.)
LÉONE:
Pero, ¿dónde se ha metido? (Silencio.)
CAL:
(En voz baja.) ¿Por qué has venido aquí?
LÉONE:
(Se sobresalta.) ¿Por qué? Porque quería ver África.
CAL:
¿Ver… qué? (Pausa.) Esto no es África. Es una construcción francesa de obras públicas, baby.
LÉONE:
Pero aun así es…
CAL:
No. ¿Te interesa Horn?
LÉONE:
Nos tenemos que casar, sí.
CAL:
¿Casarse, con Horn?
LÉONE:
Sí, sí, con él.
CAL:
No.
LÉONE:
Pero, ¿por qué no paras ya de decir…? ¿Dónde está pichurrín?
CAL:
¿Pichurrín? (Bebe.) Si Horn no puede casarse, ya lo sabes, ¿verdad? (Silencio.) Supongo que ya te habrá hablado de…
LÉONE:
Sí, sí me hablo de ello.
CAL:
¿Así que te habló de aquello?
LÉONE:
Sí, sí, sí.
CAL:
¡Si que es valiente, Horn! (Bebe.) Quedarse un mes entero él solo con unos cuantos bubús, él solito, aquí; para vigilar el material durante su guerra de mierda… a mí, una putada así no me la hacen. ¿Así que te lo ha contado todo, su trifulca con aquellos granujas, lo de su herida… una herida horrorosa, la de Horn… y todo? (Bebe.) Pues, ¡sí que va lanzado, Horn!
LÉONE:
Sí.
CAL:
No. ¿Qué va a ganar con esto? ¿Sabes tú si tiene algo, sí o no?
LÉONE:
No, no lo sé.
CAL:
(Guiñándole el ojo.) Pero lo que no tiene, eso sí que lo sabes, ¿eh? (Bebe.) Qué mal huele toda esta historia. (La mira.) ¿Qué es lo que le interesa de ti? (Gritos de los guardias; silencio.)
LÉONE:
Tengo tanta sed…
Ella se levanta y ase aleja entre los árboles.
XI
En la obra, al pie del puente inacabado, cerca del río, en penumbra, Alboury y Léone.
LÉONE:
¡Tienes un pelo chulísimo!
ALBOURY:
Dicen que nuestro pelo es negro y muy rizado porque el antepasado de los negros, abandonado por Dios y luego por todos los hombre, se quedó a solas con el diablo, también abandonado por Dios, y entonces, éste le acarició la cabeza en señal de amistad y así fue como se nos quemó el pelo.
LÉONE:
Me encantan las historias del diablo; me encanta cómo las cuentas, tienes unos labios chulísimos; bueno, de hecho, el negro es mi color preferido.
ALBOURY:
Es un buen color para esconderse.
LÉONE:
Huy, ¿eso qué es?
ALBOURY:
El canto de los sapos búfalo; están invocando la lluvia.
LÉONE:
¿Y eso?
ALBOURY:
El graznido de los gavilanes. (Después de una pausa.) También se oye el ruido de un motor.
LÉONE:
Pues no lo oigo.
ALBOURY:
Yo sí.
LÉONE:
Debe de ser el ruido del agua o de cualquier otra cosa; con tantos ruidos es imposible aclararse.
ALBOURY:
(Después de una pausa.) ¿Has oído eso?
LÉONE:
No, ¿qué?
ALBOURY:
Un perro.
LÉONE:
Creo que no oigo nada. (Ladridos de perro, a lo lejos.) Pero si es un perrito faldero, un perrito de nada, se le nota en la voz; es un chucho y está muy lejos; ya ni se le oye. (Ladridos.)
ALBOURY:
Me está buscando.
LÉONE:
Pues que venga. A mi me gustan, les hago caricias, si les quieres no te atacan.
ALBOURY:
Son animales muy malos; en cuanto me ven me persiguen corriendo para morderme.
LÉONE:
¿Te dan miedo?
ALBOURY:
Sí, sí, me dan miedo.
LÉONE:
¡Un perrito de nada que ya ni se oye!
ALBOURY:
Si nosotros damos miedo a las gallinas, ¿por qué los perros no pueden darnos miedo a nosotros?
LÉONE:
Quiero quedarme contigo. ¿Qué quieres que haga yo allí con ellos? Me he despedido del trabajo, lo he mandado todo a paseo; he dejado París, huy huy huy, lo he dejado todo. Precisamente iba buscando a alguien para serle fiel. Y acabo de encontrarlo. Ahora ya estoy atada de pies y manos. (Cierra los ojos.) Creo que tengo un diablo en el cuerpo, Alboury; ignoro como se me ha metido dentro, pero aquí está, lo noto. Me acaricia por dentro, y ya estoy ardiendo y me siento ya toda negra por dentro.
ALBOURY:
Las mujeres hablan tan de prisa; me cuesta entenderlas.
LÉONE:
¿De prisa? ¿A esto le llamas tú de prisa?, cuando hace ya más de una hora que no pienso en nada más, una hora entera pensándomelo, y ¿no podía decir que va en serio, que hasta lo he meditado, que es definitivo? Dime lo que has pensado al verme.
ALBOURY:
He pensado: es una moneda que han dejado caer en la arena; por ahora, no brilla para nadie; yo puedo cogerla y quedármela hasta que la reclamen.
LÉONE:
Quédatela, nadie te la reclamará.
ALBOURY:
El hombre viejo me ha dicho que era suya.
LÉONE:
¿Pichurrín?; ¿así que es pichurrín lo que te estorba? ¡Dios mío!, si no le haría daño ni a una mosca, pobrecito. ¿Qué crees que soy yo para él?, sólo algo que le sirve de compañía, un caprichito, porque tiene dinero y no sabe como gastárselo. Y como yo no tengo, ¡ya ves qué suerte al encontrármelo!, ¡qué chorra tengo!, ¿verdad? ¡La cara que pondría mi madre, si se enterara…!; me diría: ay, qué tunanta eres, esa suerte sólo la tienen las actrices o las prostitutas; y mira por dónde, sin ser ni lo uno ni lo otro, me ha pasado a mí. Y cuando me propuso que fuera a buscarlo a África, sí, le dije, sí, sí, encantada; “Du bist der Teufel selbst, Schelmin!”
¡Si pichurrín es un vejete! ¡Y es tan amable!; no me exige nada, ¿sabes? Por eso me gustan tanto los viejos, normalmente les gusto a ellos. Me sonríen a menudo, por la calle, y yo estoy muy a gusto con ellos, me identifico mucho con ellos, siento sus vibraciones, ¿tú sientes las vibraciones de los viejos, Alboury? A veces, hasta parece que tenga prisa por ser vieja y amable; estaríamos de palique horas y horas, sin pedir nada a nadie, sin tener miedo de nada, sin criticar a nadie, lejos de la crueldad y de la desgracia. Oh, Alboury, ¿por qué los hombres son tan duros? (Leve crujido de una rama.) ¡Qué tranquilo es todo esto, qué delicia! (Crujidos de ramas, gritos indistintos a lo lejos.) ¡Aquí estamos tan bien!
ALBOURY:
Tú, sí; pero yo, no. Esto es un sitio de blancos.
LÉONE:
Un poquito más, venga, un minutito. Me duelen los pies. ¡Qué zapatos más horribles!, parece que me estén serrando los tobillos y los dedos. ¡Huy, es sangre!, ¿verdad? Mira, mira: una auténtica basura, tres trocitos de cuero mal hechos expresamente para trincharte los pies, y encima, la basura esta te vale un ojo de la cara; ¡buf! Huy, huy, así no me siento con ánimos de ir por ahí haciendo quilómetros.
ALBOURY:
Te habré tenido conmigo todo el tiempo que pueda.
(Ruido de la camioneta, cerca.)
LÉONE:
Se acerca.
ALBOURY:
Es el blanco.
LÉONE:
No te hará nada.
ALBOURY:
Me va a matar.
LÉONE:
¡No!
Se esconden; se oye la camioneta parándose, la luz de los faros ilumina el suelo.
XII
Cal, con un fusil en la mano, cubierto de un barro negruzco.
HORN:
(Surgiendo de la oscuridad.) ¡Cal!
CAL:
¿Jefe? (Ríe, corre hacia él.) ¡Ah, jefe, qué contento estoy de verte!
HORN:
(Con cara de asco.) ¿De dónde sales?
CAL:
De la mierda, jefe.
HORN:
Por Dios, no te acerques, me vas a hacer vomitar.
CAL:
Fuiste tú, jefe, quien me dijo que me las arreglara para encontrarlo.
HORN:
¿Y qué?, ¿lo has encontrado?
CAL:
Nada, jefe, nada. (Llora.)
HORN:
¿Y para no encontrar nada te has llenado de mierda? (Se ríe.) Dios mío, qué imbécil llegas a ser.
CAL:
No te metas conmigo, jefe. Fue idea tuya, y yo siempre apañándomelas solo. Fue idea tuya y ahora voy a coger el tétanos por tu culpa.
HORN:
Vámonos. Estás como una cuba.
CAL:
No, jefe, que quiero encontrarlo, que tengo que encontrarlo.
HORN:
¿Encontrarlo?, demasiado tarde, imbécil. Vete tú a saber en qué río estará ya flotando. Además, va a empezar a llover. Demasiado tarde. (…)
CAL:
Yo acribillo a balas a un bubú si me escupe, y no me equivoco al hacerlo, joder; porque si a ti no te escupen es gracias a mí, y no por lo que tú digas o dejes de decir, ni porque seas un cabrón. Yo disparo si él escupe, y tú tan tranquilo: porque dos centímetros más arriba y me daba en el pie, diez centímetros más y en el pantalón, y un poco más y en la cara. Y, ¿qué harías tú si yo no hubiera hecho nada?, ¿hablando y hablando con su gargajo en plena cara? Cabrón de mierda.
Porque aquí no paran de escupir, ¿y tú qué haces?: la vista gorda. Abren un ojo y escupen, abren el otro y escupen, escupen andando, corriendo, bebiendo, sentados, estirados, de pie, en cuclillas; entre bocado y bocado, entre sorbo y sorbo, cada minuto del día; los escupitajos acaban cubriendo la arena de la obra y de las pistas, penetran hasta el fondo, se hacen barro, y cuando los pisamos, las botas se nos hunden. Y, ¿de qué está compuesto un escupitajo? Vete tú a saber. De líquido, seguramente, como el cuerpo humano, un noventa por ciento. Pero, ¿de qué más?, ¿de qué, el otro diez por ciento?, ¿lo sabes tú…? El gargajo de bubú nos amenaza en serio.
Se juntan todos los gargajos de todos los negros de todas de todas las tribus de toda África de un solo día, abriendo pozos para que escupieran en ellos, canales, diques, esclusas, presas, acueductos; si se juntaran todos los torrentes de todos los gargajos que escupe la raza negra en todo el continente y que nos escupen a nosotros, se llegarían a cubrir las tierras emergentes del planeta entero con un mar de amenaza para nosotros; y así ya no quedaría nada más que los mares de agua salada mezclados con los mares de gargajos, y los negros como únicos sobrevivientes, nadando en su propio elemento. Lo que es yo, no les dejaría hacer eso, no; yo estoy a favor de la acción, soy un hombre. Cuando hayas acabado de hablar, Horn, cuando te hayas hartado, Horn…
HORN:
Déjame a mí primero. Si no consiguiera convencerlo…
CUADERNO DE NOTAS DE COMBATE DE NEGRO Y DE PERROS
De cómo Alboury se enfrentó con el primer perro
¿Acaso voy a tenerle miedo a un perro?, pensaba. De noche, era como una manchita blanca que corría hacia mí a hacia ti, Nouofia, ladrando como mil diablos. Unas veces, su voz me parecía tan horrible como la de un tigre, otras, delgada como la de un ratón, y no podía decir: es grande me escaparé, ni: es tan pequeño que con sola una patada puede irse a otro barrio como sus antepasados. Además, un perro pequeño puede tener una voz enorme, y un perro grande, con la voz delgadita. Pero la manchita blanca corría sin parar, y yo ya no sabía si tenía que elegir entre huir o enfrentarme con él; me quedaba mirándolo, pensando, porque el viento se había levantado de nuevo y yo ya estaba contigo Nouofia, en mi alma. Entonces, fue demasiado tarde para huir, y al final conocí la talla y la fuerza de mi enemigo.
Cuando lo tuve en frente de mí, cuando su aliento, tan rápido y tan breve, había contrarestado ya en mis oídos el prolongado soplo del viento, cuando por fin, nos miramos de hito en hito, me di cuenta de que era pequeño, como un escorpión, la manchita no había crecido desde que la ví correr del horizonte hasta nosotros. Tenía tanta sangre en los ojos, y el aliento tan agitado, que hasta se me quitaron las ganas de mandarlo a patadas a bailar el vals a otro barrio, insignificante barrio, con sus insignificantes antepasados; me daban ganas de reír al ver que no le quedaba ni un solo pelo por levantársele, y le pregunté: ¿así es como te pones cachondo, Toubab?
Pero iba a abalanzarse sobre mí y apenas tuve tiempo de pensar: ¿me morderá el dedo gordo del pie o preferirá el muslo?, ¿a dónde irás a acabar tus días, perrito?, pensé. Pero me equivoqué al no dar importancia a la fuerza de sus piernas y de su maldad, pues de un salto se me abalanzó a la cabeza, y me la mordió y arañó.
Tumba de obreros
Las mujeres cubren a escondidas los cuerpos de los obreros muertos, con ramas y palmas, para protegerlos del sol y de los buitres. De día, en la actividad de la obra, los camiones los aplastan, y de noche, las mujeres vuelven a poner más ramas. Al cabo de unos días y unas noches, se forman montículos de ramas y de piel mezcladas, que se funden cada vez más con la tierra.
Madre de Nouofia
Cuando le comunicaron la muerte de su hijo, la madre de Nouofia decidió, a pesar de las advertencias que le hicieron, arriesgarse a entrar a allí, para cubrir con ramas el cuerpo y protegerlo de los pájaros. Sin embargo, por precaución, se pintó la cara de blanco para que la muerte, que rondaba por allí, no la reconociera por lo que era.
Cal, sueño de un ingeniero insomne
Hay demasiadas noches, una cada veinticuatro horas, necesariamente; y son larguísimas, demasiado largas, con tantas cosas sin nombre moviéndose en ella, viviendo a sus anchas como nosotros de día, en nuestro elemento natural; a ellos, de noche, escondidos detrás de los árboles, por las paredes, escondidos bajo la hierba, en lo alto de las palmeras, y escondidos, las noches sin luna, detrás por a lo alto y bajo de nada de nada, con la noche les basta. Ahora bien, ¿quién sabe la cantidad y la estatura, la intención y la finalidad de lo que de noche se mueve o se está quieto, pero vive en su elemento natural? Es durante el día cuando hay que estar al acecho, perseguir, atrapar, matar, destripar, exterminar, convertir en polvo todo lo que se puede reconocer como una amenaza posible.
Desperdicio del dinero por parte de los antiguos colonos, según Horn
Los compañeros, los viejos, ésos sí que hacían con su dinero lo que les daba la gana, dios santo; ¡ellos sí sabían gastárselo! Me acuerdo de uno rechonchete, que quería comprar el piano del cabaré; y saca todo el dinero; pero como la puerta era demasiado pequeña y el piano no cabía, va y manda serrar el piano en dos, se lleva los trozos y los arroja todos al mar. O aquél que tenía una mujer que le ponía los cuernos y a la que encantaban los trapitos; va un día y le compra todos los vestidos de mujer fina al único vendedor que pasa por allí cada seis meses; hace una bola enorme con la ropa y le prende fuego en medio de la plaza; ¡hala, ahora vístete como puedas! También me acuerdo de otro que, cuatro meses al año, se emborrachaba y pagaba las borracheras al que quisiera, hasta que se cepillaba todo el dinero. Al final hasta se cepilló a sí mismo, porque ganaba demasiado. Así, sí sólo así vale la pena gastarse los cuartos.
Sobre los africanos, por Horn
Por cierto, ¿quién acabará quedándose con África: los rusos o los americanos?, nadie lo sabe, pero, ¿a quién le interesa? Seguro que a los africanos, claro. Y tienen toda la razón del mundo. Los africanos tienen la mente sana, el cráneo virgen, todo lo que a nosotros nos falta. Me explico: ¿qué les hace reír a ellos y qué a nosotros? Porque en mi opinión, lo que nos hace reír es lo que permite medir el grado de salud mental. Y, ¿qué es lo que se necesita en Europa para hacernos reír?: juegos de palabras, segundas intenciones, alusiones, cosas complicadísimas que ni yo mismo acabo de entender… Mientras que los africanos, sólo con que tres gotitas de lluvia les mojen la espalda, se mueren de risa; como si les hicieran cosquillas, si. Y si llueve fuerte, se destornillan, se mean de la risa y se tiran al suelo. A eso le llamo yo una mente lúcida, sana; virgen. En París, cuando llueve, ya ves… Por lo menos, he aprendido de ellos esos placeres. El mío es mirarlo por la mañana, en la orilla del río, mientras se lavan; cuando están enjabonados de pies a cabeza, blancos y llenos de pompas se tiran al agua, y cuando el agua les aclara, y les veo salir tan risueños a mí también se me escapa la risa y me da gusto; y me pregunto: ¿quién ganará y quién perderá África?, nadie lo sabe. Pero ellos no sufrirán nunca. Seguirán muriéndose de risa, ahí, en cuclillas, tomando el sol, esperando. Yo también he aprendido de ellos el placer de pasarme horas y horas sin hacer nada, sin pensar en nada, con la mirada perdida…
Tomado de: Combate de negro y de perros
Traducción: Sergi Belbel, Departamento de Dramaturgia, Centro Dramático Nacional, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, Ministerio de Cultura, Madrid, Artes Gráficas Luis Pérez, 1990.
Obra
Coco (théâtre)
Combat de nègre et de chiens (théâtre)
Dans la solitude de champs de coton (théâtre)
Des voix sourdes (théâtre)
L'héritage (théâtre)
La fuite à cheval, très loin dans la ville (roman)
La marche (théâtre)
La nuit juste avant les fôrets (théâtre)
La nuit pedue (film)
Le conte d'hiver de William Shakespeare (traducción)
Le retour au désert (théâtre)
Les amertumes (théâtre)
Procès ivre (théâtre)
Prologue (roman)
Quai ouest (théâtre)
Roberto Zucco (théâtre)
Sallinger (théâtre)
Tabataba (théâtre)
Une part de ma vie (entretiens)
03 agosto 2009
Poesía y delito (III): Sade
El príncipe de los libertinos, Donatien-Alphonse François, marquis de Sade, seigneur de La Coste et de Saumane, coseigneur de Mazan, lieutenant général aux provinces de Bresse, Bugey, Valmorey et Gex, Mestre de camp cavalerie, consumiría treinta de sus años en la cárcel, describiendo una romería difícil de emular, que inicia a los veintitrés de edad, cinco meses después de su ventajoso matrimonio el 17 de mayo de 1763 con Renée-Pelagie Cordier de Lunay de Montreuil (tendrían dos niños y una niña). Fueron quince los días de este primer arresto en el torreón de Vicennes, pero nada avala la presunción de que sean sus primeros desmanes la causa. Todo parece indicar que desde el internado en Harcourt, como pupilo de los jesuitas, se inicia en la sodomía y el recurso de la violencia aplicada a los placeres sensuales. Se afirma que, adolescente, afinaba la puntería disparando a los obreros en los tejados.
Luego de Vicennes, y siempre pagando “delitos sexuales”, orgías y crímenes como las del convento benedictino Saint-Marie-des-Bois (véase más abajo fragmentos de Justine), Sade estuvo sucesivamente encarcelado en Saumur, Pierre-Encise; condenado a la pena capital por el parlamento de Provence y ejecutado simbólicamente en la Place de Précheurs en Aix el 12 de septiembre de 1772; refugiado en Chambéry en octubre, es arrestado por disposición del rey de Sardaigne el 8 de diciembre, acatando una demanda de la presidenta de Montreuil, suegra del marqués, y recluido en la fortaleza de Miolans, de donde se fuga el primero de mayo del año siguiente; escándalos durante su estada en La Coste; recluido de nuevo en Vicennes (febrero de 1777) gracias a una lettre de cachet obtenida por su suegra; en junio del 78, transferido a Aix-en-Provence, se lo libera por inconsistencias en el proceso que se le sigue por envenenamiento de una prostituta a quien había hecho ingerir una importante dosis del afrodisíaco anís de cantárida, pero aún pesa la lettre de cachet, de modo que es conducido fuera de Aix escoltado por la policía, bien que consigue escapar y se esconde en La Coste, donde es de nuevo arrestado el 26 de agosto de este año, para ser traído de nuevo a Vicennes, donde permanecerá preso durante seis años (8 de septiembre de 1778 - 29 de febrero de 1784); en 1789, pocos días antes del célebre 14 de julio, armado de una varilla de hierro azota los ventanales de su celda y arenga a los ciudadanos, gritando que los reclusos están siendo degollados por los guardias, de modo que es trasladado al convento Charenton-Saint-Maurice; tras la toma de la Bastilla, liberado el 2 de abril de 1790 según una resolución que deroga las lettres de cachet; en buenas migas con la Revolución, se desempeña como secretario de cierta sección administrativa, de que llega a ser presidente; en agosto de 1793 se niega a votar una moción sobre la pena de muerte, pues el famoso pervertido, responsable de la infernal belleza salpicada de sangre de su obra y aun su vida, está horrorizado ante la idea del frío ajusticiamiento por la guillotina, de modo que acusado de morigerar en el cargo, es destituido, señalado su escrúplo como traición a la Revolución, es arrestado el 5 de diciembre de 1793; prisión en los claustros de Madelonettes, Carmes, Saint-Lazare y Picpus; su nombre figura en el acta de sentenciados a la guillotina de Fouquier-Tinville (8 thermidor), mas el ujier del Tribunal revolucionario no logra localizarlo entre los reclusos en las diferentes prisiones, se salva así milagrosamente de que le corten el pescuezo; vuelve a quedar en libertad el 13 de octubre de 1794; arrestado el 6 de marzo de 1801, como autor de las escandalosas novelas Justine y Juliette, en Sainte-Pélagie y Bicêtre; finalmente, Charenton, donde, merced a la aquiescencia de de Coulmier, director del centro, el otrora marqués de Sade, hasta 1808 organiza con los locos internos representaciones teatrales a las que asiste lo más granado de la sociedad parisiense. Murió el 6 de diciembre de 1814. Ningún nombre fue escrito en la lápida de su tumba. Alguien ha dicho que Sade fue apresado bajo todos los regímenes que le tocó en suerte vivir. A propósito, un supuesto epitafío de su autoría reza:
El despotismo, con su horrible mueca
en todo momento le hizo la guerra.
Bajo los reyes, ese monstruo odioso
se apoderó de su vida entera;
bajo el Terror reaparece
y pone a Sade al borde del abismo;
bajo el Consulado revive:
Sade vuelve a ser la víctima.
En diversas ocasiones Sade se libró de la cárcel mediante indultos concedidos por el rey, bien que en cierta ocasión Luis XV le responda: "Señor, el perdón que me pedís se lo debo a vuestro rango y a vuestra calidad de príncipe de la sangre, pero lo concedería más de buen grado al hombre que os hiciese lo mismo".
Permítaseme transcribir aquí la que, presumiblemente, es la única descripción de la persona del marqués que hemos conservado:
"A mi izquierda se sentó un anciano de cabeza baja y mirada de fuego. La cabellera blanca que le coronaba prestaba a su rostro un aire venerable que imponía respeto. Me habló varias veces con una elocuencia tan calurosa y una inteligencia tan variada que me inspiró mucha simpatía. Cuando nos levantamos de la mesa, pregunté a mi vecino de la derecha el nombre de este cordial caballero y me respondió que era el marqués de S***. Al oírlo me alejé de él con tanto terror como si me hubiera mordido la serpiente más venenosa. Sabía que este detestable anciano era el autor de una novela monstruosa en que estaban publicados todos los delirios del crimen en nombre del amor. Había leído este libro infame, que me había dejado la misma impresión de repugnancia producida por una ejecución en la place de Grève, pero ignoraba que un día vería a su creador admitido a la mesa del director de una institución pública."
La orgía de la creación literaria: “De una fecundidad poco común, Sade ha escrito doce novelas, extensas en su mayoría, sesenta cuentos, veinte obras de teatro, amén de numerosos opúsculos. Alrededor de una cuarta parte de sus manuscritos fue destruida por la policía du Consulat et de l’Empire”(1). Realizada en buena parte en prisión, la obra del marqués de Sade es de una profundidad filosófica, de una belleza poética y una complejidad sicológica que colocan al autor entre los más grandes de los grandes en la historia de la literatura y aun del pensamiento universal. Por su feroz defensa a ultranza de la libertad (del libertinaje si se quiere), Sade escribió contra todos los regímenes, contra toda mordaza, contra toda policía y en fin toda autoridad o imposición familiar, estatal, social, moral o religiosa. Su ariete acomete con formidables arrestos contra el dogma cristiano y las leyes o costumbres de su país, blancos predilectos de sus irresistibles embates. Sostenidos por un dominio absoluto de la lengua, una perfección formal y una cultura de una solidez excepcional, sus períodos se desgranan como una melodía serena que sin embargo conducen la ardiente lava de un volcán en arrasadora actividad. Los banquetes de los sentidos a que se libró, son casi juegos de niño ante el escándalo y la revuelta conceptual de sus propuestas. Paradójicamente, no es una obra de tan descarada obscenidad como La filosofía en el tocador con mucho, lo más peligroso de su extensa producción. El asolador discurso misógino de Gernande es mucho más mortificante; los rotundos golpes de este demoledor del cristianismo; la exposición de despiadadas orgías de los monjes en el convento benedictino de Saint-Marie-des-Bois; las disquisiciones de una “lógica infernal” que justifica el asesinato de niños o el incesto así como otras intrépidas incidencias o indecencias en Justine (expuestas con increíbles eufemismos: así, llama "altares de Cipris" a la vagina, "antro oscuro" al ano, al semen "incienso") hacen de Sade el terrorista por antonomasia más perturbador de todos los tiempos. Su tío paterno, el abad Sade d’Ebreuil, historiador “sólido y elegante”, se encargó de la primera instrucción del marqués, autor de una biografía que le ha reportado juicios como “Por la abundancia de sus materiales y la amplitud de su visión, por la agudeza de sus reflexiones atinentes a la sicología individual o colectiva, por las tonalidades tenebrosas e inquietantes con que exhibe el cuadro de crímenes de la reina, el autor de Isabelle de Bavière merece ocupar un lugar entre los mejores historiadores que precedieron el período romántico.”(2)
Stanislas Valois Aragon
Justine
(Fragmentos)
¿No dirán que la Virtud por hermosa que sea, se convierte, sin embargo, en el peor partido que se puede tomar cuando se halla demasiado débil contra el vicio y que en un siglo completamente corrompido lo más seguro es hacer como los demás?
(…) que era posible hallar en una misma sensaciones físicas de suficiente aguda voluptuosidad para ahogar todas las nociones morales cuyo choque pudiera ser doloroso; que era tanto más esencial poner en práctica ese procedimiento por cuanto la sabiduría verdadera consistía muchísimo más en duplicar la suma de placeres que en multiplicar la de sus penas y que no había nada, a fin de cuentas, que no debiera hacer para debilitar en ella su sensibilidad, de la cual se aprovecharían los demás, mientras que a ella únicamente le reportaría sinsabores.
(…) ─ Bueno, no tienes más que quedarte aquí, prestar atención a mis consejos, disponer de un gran fondo de complacencia y de sumisión para mis prácticas, ser limpia y ahorradora, sincera conmigo, amable con tus compañeras, tramposa con los hombres, y antes de diez años te encontrarás en situación de retirarte en un tercer piso, con una cómoda, un gran espejo y una criada; y el arte que habrás adquirido en mi casa te procurará el resto.
(…) siente que, nacida para el crimen, por lo menos debe llegar a cometerlo en grande y renunciar a languidecer en un estado subalterno que, haciéndole cometer las mismas faltas, envileciéndola igualmente, no le reporta, ni mucho menos, el mismo beneficio.
(…) Lo que menos halaga a los hombres, de lo que menos caso hacen, lo que desprecian más soberanamente, es la sensatez en las personas de su sexo; en esta tierra, hija mía, sólo se estima aquello que da beneficio o deleite. ¿Y qué provecho podemos sacar de la virtud de la mujer? Son sus desórdenes los que nos sirven y nos divierten.
(…) Los bastardos, los huérfanos, los niños mal formados deberían ser condenados a muerte desde su nacimiento.
(…)Tras haberme endilgado un largo discurso sobre lo inofensivo del robo, y hasta sobre su utilidad en el mundo, puesto que restablece en él una especie de equilibrio perdido a causa de la desigualdad de las riquezas; sobre la rareza de los castigos, ya que, como está probado, de cada veinte ladrones sólo se agarra un par; tras haberme demostrado, con una erudición de la que no creía capaz el señor De Harpin, que el robo era un honor en Grecia, que varias naciones todavía lo aceptan, lo fomentan y lo recompensan como una acción audaz que demuestra a la vez valor y destreza (dos virtudes esenciales en toda nación guerrera).
(…) El proceso de una infeliz sin valimiento ni protección está pronto hecho en un país donde se cree que la virtud es incompatible con la miseria, donde el infortunio es una prueba completa contra el acusado.
(…) la suerte de los demás no nos incumbe cuando está en juego la nuestra.
(…) Créeme, deja tranquila la justicia de Dios, sus castigos o sus recompensas futuras y otras necedades por el estilo que sólo sirven para hacernos morir de hambre. ¡Oh, Teresa!, la dureza de los ricos justifica la mala conducta de los pobres; que su bolsa se abra a nuestras necesidades, que la humanidad reine en sus corazones, y entonces las virtudes podrán establecerse en el nuestro; pero en tanto que nuestro infortunio, nuestra paciencia en soportarlo, nuestra buena fe, nuestra servidumbre sólo sirvan para aumentar nuestras cadenas, nuestros crímenes serán obra de ellos, y seríamos muy necios de no emplearlos como un medio, cuando pueden hacer menos pesado el yugo que nos pone su crueldad. La Naturaleza nos ha hecho nacer a todos iguales, Teresa; si la suerte se complace en desbaratar ese primer plan de las leyes generales, nos corresponde a nosotros corregir los caprichos y reparar, mediante nuestras artimañas, las usurpaciones del más fuerte. Me gusta oír a esa gente rica, a esos nobles, a esos magistrados, a esos sacerdotes; me gusta verlos predicar la virtud. Es muy fácil protegerse contra el robo, cuando se posee tres veces más de lo que se necesita para vivir; es fácil no pensar en el crimen cuando uno está rodeado de aduladores o de esclavos para quienes nuestra voluntad es ley; es penoso, en verdad, ser parco y sobrio cuando a cada hora uno está rodeado de suculentos manjares; no les cuesta ser sinceros cuando el mentir no ofrece para ellos ningún interés… Pero a nosotros, Teresa, a quienes esa bárbara Providencia, a la que tú, en tu locura, has convertido en ídolo, nos ha condenado a arrastrarnos en la humillación como la serpiente se arrastra por la hierba; nosotros, los desgraciados porque somos débiles; nosotros cuyos labios sólo beben hiel y cuyos pies sólo pisan espinas, ¿quieres que prescindamos del crimen cuando su mano es la única que nos abre la puerta de la vida, nos mantiene en ella, nos protege y nos impide perderla? ¿Quieres que, perpetuamente sometidos y degradados, mientras que esa clase que nos domina cuenta con los favores de la fortuna, nos reservemos solamente la pena, el abatimiento y el dolor, la necesidad y las lágrimas, la deshonra y el cadalso? ¡No, no, Teresa, no! O esa Providencia que tú reverencias sólo merece nuestro desprecio, o bien no son ésos sus designios. Conócela mejor, hija mía, convéncete de que desde el momento en que nos coloca en una situación en que el mal se nos hace necesario, es que este mal sirve a sus leyes tanto como el bien, y ella gana con ambos.
(...) El tercero me hizo subir sobre dos sillas separadas, y sentándose él debajo, excitado por la Dubois, que se había colocado entre sus piernas,me hizo inclinar hasta que su boca se encontró situada perpendicularmente debajo del templo de la Naturaleza. No puede usted imaginarse, señora, lo que el obsceno mortal se atrevió a desear; me fue preciso, con ganas o sin ellas, satisfacer una necesidad menor... ¡Oh, justo cielo! ¡Qué depravación se requiere para que un hombre pueda encontrar placer en tales cosas! Hice lo que él quiso, lo inundé, y mi completa sumisión obtuvo de aquel infame una embriaguez que no hubiera sido lograda sin aquella infamia.
(…) Como usted sabe, querida, cerca de los altares de Cipris, hay un antro oscuro a donde van a retirarse los amores para seducirnos con más energía, tal será el altar donde quemaré mi incienso; allí, no hay ningún inconveniente, Teresa, si los embarazos la asustan; de esta manera no pueden ocurrir, su esbelta cintura no se deformará nunca; esas primicias que le son tan caras serán conservadas intactas, y sea cual fuere el uso que quiera hacer de ellas, podrá ofrecerlas puras. Nada puede delatar a una muchacha a ese respecto, por rudos y multiplicados que sean los ataques; una vez que la abeja ha libado el jugo, el cáliz de la rosa vuelve a cerrarse, y nadie puede imaginar que haya podido entreabrirse. Hay doncellas que han gozado de esta manera durante diez años, y hasta con varios hombres, y más tarde se casaron como si nunca hubieran tenido trato con varón. ¡Cuántos padres, cuántos hermanos han abusado así de sus hijas o de sus hermanas, sin que éstas se hayan vueltos por ello menos dignas de sacrificar después en los altares de Himeneo! ¡A cuántos confesores esta misma ruta no ha servido para satisfacer sus apetitos, sin que los padres sospechasen nada! En una palabra, es el asilo del misterio, es allí donde son atados los amores con los lazos de la prudencia… Hay que decir, además, Teresa, que si ese templo es el más secreto, es al mismo tiempo el más voluptuoso; sólo allá se encuentra lo que es necesario para la felicidad, y la holgura del vecino está lejos de valer los excitantes atractivos de un local al que sólo se llega con esfuerzo, donde el alojamiento es difícil; las mismas mujeres salen ganando de este modo y aquellas cuya razón las impulsa a conocer esta clase de placeres, nunca echan de menos los otros. Pruebe, Teresa, pruebe y ambos quedaremos satisfechos.
(…) Tal es la verdad que debe ahogar los remordimientos en el alma del tirano o del malhechor; que no se limite; que se entregue a todas las lesiones cuyas ideas nacen en él, es únicamente la voz de la Naturaleza que le sugiere esta idea; es la única manera en que ella nos convierte en agente de sus leyes. Cuando sus inspiraciones secretas nos inclinan al mal es que el mal le es necesario, es que ella lo anhela, es que lo exige, es que no siendo completa la suma de los crímenes, no bastando a las leyes del equilibrio, únicas leyes por las cuales se gobierna, exige además éstas como complemento de peso; que no se asuste, pues, que no se detenga aquél cuya alma es llevada al mal; que lo cometa sin temor, en el momento en que sienta el impulso de hacerlo; sólo resistiéndolo ultrajará a la Naturaleza.
(…) ¡Oh, hombre, sólo escuchas a tus pasiones!
(…) Es mediante trucos, brincos y retruécanos que el enviado de Dios se anuncia al Universo; es a la respetable sociedad de obreros, artesanos y mujeres de la vida alegre que el ministro del cielo se acerca para revelar su grandeza; es emborrachándose con unos y acostándose con las otras que el amigo de un Dios, Dios él mismo, viene para someter a sus leyes al pecador empedernido; el ganapán demuestra su misión inventando farsas que pueden satisfacer a su lujuria o a su gula; sea lo que fuere, tiene suerte; algunos tontos secuaces se unen a ese bribón; se forma una secta; los dogmas de esa canalla logran seducir a algunos judíos: esclavos de la fuerza romana abrazaban con alegría una religión que, librándolos de las cadenas, sólo los sujetaba al freno religioso. Su motivo se adivina, su indocilidad se descubre; los sediciosos son detenidos; su jefe perece; pero seguramente de una muerte demasiado dulce para su clase de crimen, y por un defecto imperdonable de reflexión se deja que los discípulos de ese palurdo se dispersen, en vez de degollarlos con él. El fanatismo se apodera de los espíritus, las mujeres gritan, locos se debaten, los imbéciles creen, y aquí tenemos que el más despreciable de los seres, el más torpe de los bribones, el más pesado impostor que nunca haya existido, es convertido en Dios, convertido en hijo de Dios e igual a su padre; todos sus sueños son consagrados, todas sus palabras son dogmas y sus patochadas devienen misterios. El seno de su fabuloso padre se abre para recibirlo, y ese Creador, sencillo en otro tiempo se hace triple para complacer a ese hijo digno de su grandeza.
(…) Cuando Julia ha regresado a su clase, Rodin se dirige a la de los muchachos, de donde regresa con un alumno de quince años, bello como el día; Rodin lo regaña, sin duda más a sus anchas con él, lo mima y lo besa en tanto lo sermonea.
─ Mereces ser castigado, y lo serás…─ le dice.
Tras estas palabras, franquea con aquel chiquillo todos los límites del pudor; pero ahora todo le interesa, nada queda excluido, los velos se levantan, todo se palpa indistintamente; Rodin amenaza, acaricia, besa, insulta; sus dedos impíos tratan de suscitar en aquel muchacho las voluptuosidades que exige para él mismo.
─ Bueno ─le dice el sátiro, viendo su éxito─, hete aquí en el estado que te he prohibido… Apuesto que con dos movimientos más, todo caería sobre mí…
Demasiado seguro de las titilaciones que provoca, el libertino avanza para recoger el homenaje, y su boca es el templo ofrecido al dulce incienso; sus manos excitan los chorros, los atraen, los devoran, él mismo está a punto de estallar pero quiere terminar.
─ ¡Ah, te voy a castigar por esa tontería!─ dice, levantándose.
Toma las dos manos del joven, las aprisiona, se ofrece entero al altar donde quiere sacrificar su furor. Lo entreabre, sus besos lo recorren, su lengua se hunde, desaparece en él. Rodin ebrio de amor y de ferocidad, mezcla las expresiones y los sentimientos de ambos…
─ ¡Ah, bribonzuelo ─exclama─, es preciso que me vengue de la ilusión que me produces!
Rodin toma los vergajos, y fustiga; más excitado sin duda que con la vestal, sus golpes son más fuertes y más numerosos; el niño llora, Rodin se extasía, pero nuevos placeres lo reclaman, desata al niño y vuela hacia otros sacrificios. Una muchachita de trece años sustituye al muchacho, y a ésta otro alumno, y otro; Rodin azota a nueve, cinco muchachos y cuatro jovencitas; el último es un joven de catorce años, de una figura deliciosa; Rodin quiere gozar en él, el escolar se defiende, loco de lujuria lo azota y el infame fuera de sí lanza los chorros espumantes de su llama sobre las partes maltrechas del joven alumno, lo moja de las caderas a los talones. Nuestro corrector, furioso por no haberse contenido por lo menos hasta el fin, desata al muchacho con mal humor y lo manda a clase, asegurándole que no perderá nada con ello.
“(…) Pero los tontos os dicen: el mal no proporciona felicidad; no, cuando se ha convenido en adorar al bien; pero despreciad, envileced lo que llamáis el bien, y sólo adoraréis lo que por tontería habíais llamado el mal; y todos los hombres tendrán el placer de cometerlo, no porque será permitido (esto sería una razón para que atrajera menos), sino porque no lo castigarán las leyes, las cuales, por el temor que inspiran, disminuyen el placer que la Naturaleza ha colocado en el crimen. Vamos a suponer una sociedad en la que se haya convenido que el incesto (admitamos este delito como otro cualquiera), el incesto, digo, sea un crimen; quienes se entreguen a él serán desgraciados, porque la opinión, las leyes, el culto, todo servirá para helar sus placeres; los que desean cometer este mal, y no se atrevan a causa de sus frenos serán igualmente desgraciados; así pues, comprenderás perfectamente que la ley que proscriba el incesto solo habrá hecho desgraciados.
“En una sociedad donde el incesto no sea considerado como un crimen, quienes no deseen cometerlo no serán desgraciados, y los que lo deseen serán felices. Por lo tanto, la sociedad que haya permitido esta acción convendrá mejor a los hombres que aquélla que haya erigido esta misma acción en crimen; (…) y sucede lo mismo con todas las demás acciones torpemente consideradas como criminales; viéndolas desde este punto de vista, causan una multitud de desgraciados; permitiéndolas, nadie se queja, porque quien desea cometer tal acción se entregará a ella tranquilamente, y a quien no le importe, o permanecerá en una especie de indiferencia sin dolor, o se resarcirá del daño que haya podido recibir por una serie de daños con que abrumará a su vez a aquéllos de quienes ha tenido motivo de queja; por lo tanto, en una sociedad criminal, todo el mundo es feliz o bien vive en un estado de preocupación que no tiene nada de penoso; por consiguiente, en eso que se llama la virtud no se encuentra nada que sea bueno, respetable o susceptible de hacer feliz.
(…) Atribuyo la misma importancia (poco más o menos) a un poco de semen mío que fecunda que al que me agrada perder en mis placeres. Tanto caso hago del uno como del otro. Uno es dueño de volver a tomar lo que ha dado; nunca el derecho de disponer de los hijos fue discutido por ningún pueblo de la Tierra. Los persas, los medas, los armenios, los griegos, gozaban de tal derecho en toda su extensión. Las leyes de Licurgo, modelo de legisladores, no solamente dejaban a los padres todos los derechos sobre sus hijos, sino que condenaban a muerte a aquéllos a quienes los padres no querían alimentar o a aquéllos que habían nacido deformes. Una gran parte de los salvajes matan a sus hijos a poco de haber nacido. Casi todas las mujeres de Asia, África y América, se hacen abortar, sin que por ello incurran en reproches. Cook halló esta costumbre en todos los mares del Sur. Rómulo permitió el infanticidio; la ley de las doce tablas lo toleró también y hasta Constantino, los romanos abandonaban o mataban impunemente a sus hijos. Aristóteles aconseja este supuesto crimen; la secta de los estoicos lo consideraba como loable; está en uso todavía en China. Cada día se encuentran en las calles y en los canales de Pekín más de diez mil individuos inmolados o abandonados por sus padres y sea cual sea la edad de un niño, en este sabio imperio, un padre para desembarazarse de él sólo necesita ponerlo en manos de un juez. Según la ley de los partos un hombre podía matar a su hijo, a su hija o a su hermano, incluso hasta la edad núbil; César observó que esto era costumbre general entre los galos; varios pasajes del Pentateuco demuestran que estaba permitido matar a los hijos entre el pueblo elegido por Dios, y el mismo Dios, en fin, lo exigió a Abraham.
“(…) ¡Un monarca puede creerse autorizado a sacrificar veinte o treinta mil de sus súbditos en un solo día por su propia causa, y un padre no puede, cuando lo juzga conveniente, ser dueño de la vida de sus hijos! ¡Qué! ¡Qué inconsecuencia y qué debilidad en aquéllos que están sujetos por tales cadenas! La autoridad del padre sobre sus hijos, la única real, la única que ha servido de base a todas las demás, nos es dictada por la voz de la Naturaleza misma, y el estudio reflexivo de sus operaciones nos ofrece ejemplo de ello en todo instante. El zar Pedro no dudaba de tal derecho; lo usó y dirigió una declaración pública a todos los poderes de su imperio, en la cual decía que según las leyes divinas y humanas, un padre tenía el derecho absoluto de sentenciar a muerte a sus hijos, sin apelación y sin consultar con nadie. Sólo en nuestra bárbara Francia existe una falsa y ridícula piedad que encadena a este derecho.
“No ─dijo Rodin─, no, amigo, nunca comprenderé que un padre que ha querido dar la vida no tenga la libertad de dar la muerte. Es el precio ridículo que concedemos a esta vida lo que nos hace continuamente desvariar sobre la clase de acción que impulsa a un hombre a librarse de su semejante. Creyendo que la existencia es el mayor de los bienes, nos imaginamos estúpidamente cometer un crimen haciendo desaparecer a los que gozan de ella; pero el cese de esta existencia, o su interrupción, no es un mal, del mismo modo que la vida no es un bien; o mejor dicho, si nada muere, si nada se destruye, si nada se pierde en la Naturaleza, si todas las partes descompuestas de un cuerpo cualquiera sólo esperan la disolución, para reaparecer de nuevo bajo formas nuevas, ¿qué importa un crimen y quién puede atreverse a hallar algún mal en ello?
Normas en el convento benedictino de Saint-Marie-des-Bois
“No estar levantadas por la mañana a la hora prescrita, treinta azotes (casi siempre somos castigadas con este suplicio; es muy natural que un episodio de los placeres de esos libertinos se convierta en su castigo preferido). Presentar a causa de un mal entendido o por lo que fuere, en el acto de los placeres, una parte del cuerpo en vez de la deseada, cincuenta azotes; ir mal vestida o mal peinada, veinte azotes; no haber avisado que una se encuentra en la menstruación, sesenta azotes; el día en que el cirujano constata que una ha quedado embarazada, cien azotes; negligencia, imposibilidad o rechazo de las proposiciones lujuriosas, doscientos azotes. ¡Y cuántas veces su infernal maldad nos encuentra en falta sobre eso, sin que tengamos la menor culpa! ¡Cuántas veces uno de ellos pide súbitamente lo que sabe bien se acaba de conceder a otros y no puede ser repetido en seguida! Es preciso sufrir la corrección; nuestras súplicas y quejas nunca son escuchadas; hay que obedecer o ser castigadas; falta de conducta en la habitación o desobediencia a la decana, sesenta azotes; llorar, mostrar pena o remordimientos, la más leve propensión a la religiosidad, doscientos golpes. Si un monje te escoge para gozar contigo la última crisis del placer y no puede lograrlo, sea por culpa de él, cosa que sucede a menudo, o por culpa tuya, trescientos azotes, inmediatamente; la más leve demostración de repugnancia ante las proposiciones de los monjes, sean éstas de la naturaleza que sean, doscientos azotes, un intento de fuga, una rebelión, nueve días de calabozo completamente desnuda, y trescientos azotes diarios; intrigas, malos consejos, chismes, en cuanto son descubiertos, trescientos azotes; proyectos de suicidio, negarse a comer como es debido, doscientos azotes; falta de respeto a los monjes, ciento ochenta azotes”.
(…) ¿Cómo puede entrar en la cabeza de un hombre razonable que la delicadeza tenga algún valor en el placer? (…) amar y gozar son dos cosas diferentes y la prueba de ello es que se ama todos los días sin gozar y que se goza sin amar.
(…) El sistema del amor al prójimo es una quimera que debemos al cristianismo, y no a la Naturaleza; el seguidor del Nazareno, atormentado, desgraciado y, por consiguiente, en un estado de debilidad que debía llamar a gritos a la tolerancia, a la Humanidad, tuvo necesariamente que establecer esa relación fabulosa entre un ser y otro ser; de este modo conservaba su vida.
(…)─ Bueno, el tigre, el leopardo, de quien ese hombre es, si quieres, la imagen, ¿no ha sido, como él, creado por la Naturaleza, y creado para cumplir las intenciones de ésta? El lobo que devora al cordero realiza los designios de esta madre común, como el malhechor que destruye el objeto de su venganza o de su lubricidad.
─ ¡Oh! Por más que diga, padre, nunca admitiré esta destructora lubricidad. ─ Porque teme ser víctima de ella, y esto es egoísmo.
(…) es como estos perversos escritores cuya corrupción es tan peligrosa y activa que, al publicar sus horribles sistemas, sólo tienen por objeto propagar más allá de sus vidas la suma de sus crímenes; no pueden ya cometerlos, pero sus malditos escritos harán perpetrar otros, y esta dulce idea que se llevan a la tumba los consuela de la obligación de renunciar al mal, en el cual la muerte los coloca.
“(…) ¿No sería estúpido si me apiadara del pollo que es degollado para mi cena? Ese individuo situado muy por debajo de mí, sin ninguna relación conmigo, no puede inspirarme ningún sentimiento; así, pues, las relaciones de la esposa con el marido no son distintas a las del pollo conmigo; una y otro son animales domésticos.
“(…) siento demasiado horror por los prejuicios de los hombres, sinceramente odio demasiado su civilización, sus virtudes y sus dioses para sacrificarles mis inclinaciones.
“(…) necesito de una mujer lista, joven e inteligente, que habiendo pasado ella misma por los espinosos senderos de la miseria, conozca mejor que nadie los medios de corromper a las que se encuentran en ellos, una mujer cuyos ojos penetrantes adivinen la adversidad en las buhardillas más tenebrosas y cuyo espíritu sobornador decida sobre las víctimas que ha de sacar de la miseria empleando los medios que yo presento; una mujer de espíritu agudo; en fin, sin escrúpulos y sin piedad, que no descuidando nada para lograr sus propósitos.
(…) ─ ¡Vamos, La Rose ─dice Saint-Florent─, coge a esta perdida y estréchamela!
No comprendí esta expresión; una cruel experiencia me descubrió pronto su sentido. La Rose me cogió y me colocó de espaldas sobre una banqueta que no tenía más de un pie de diámetro; allí, sin otro punto de apoyo, mis piernas caen hacia un lado y mi cabeza y mis brazos hacia el otro; mis cuatro extremidades son atadas al suelo con la mayor sujeción posible; el verdugo que va a estrechar los caminos se arma de una larga aguja, con hilo encerado y, sin preocuparse por la sangre que va a derramar ni por los dolores que va a causarme, el monstruo, delante de sus amigos a quienes divierte este espectáculo, cierra con una costura la entrada del templo del Amor; luego me hace dar la vuelta sobre mi vientre y mis miembros colgantes vuelven a fijarse como antes, y el indecente altar de Sodoma es obstaculizado de la misma manera.
La filosofía en el tocador
(Primer diálogo)
MADAME DE SAINT-ANGE
EL CABALLERO DE MIRVEL
Madame de Saint-Ange — Buen día, hermano. ¿Y el señor Dolmancé?
El Caballero — Llegará a las cuatro en punto. Como comeremos a las siete, tendremos todo el tiempo necesario para charlar.
Madame de Saint-Ange — ¿Sabes, hermano, que estoy un poco arrepentida de mi curiosidad y de los obscenos proyectos que hemos hecho para hoy? Tú eres verdaderamente indulgente, amigo mío; cuando más tengo que ser razonable, más se inflama y se vuelve libertina mi maldita cabeza: me trasmites todo y eso sólo sirve para corromperme... A los veintidós años tendría que ser ya devota y aún no soy sino la más desbordada de las mujeres... No tienes idea de las cosas que concibo y que desearía hacer. Imaginé que limitándome a las mujeres me volvería sabia... que concentrados en mi sexo los deseos no se desatarían hacia el tuyo. Proyectos quiméricos, amigo mío, pues los placeres de los que quería privarme han venido a ofrecerse con mayor ardor a mi espíritu, y he comprendido que cuando se nace para el libertinaje es inútil soñar con imponerse frenos, de inmediato el ardor del deseo los quema. Querido, soy un animal anfibio; todo lo amo, todo me divierte, quiero unir todos los géneros. ¿Pero no crees, hermano, que es una completa extravagancia querer conocer a ese singular Dolmancé, el cual, según dices, nunca ha querido gozar una mujer como lo prescribe el uso y que, sodomita por principio, no sólo es idólatra de su sexo sino que lo cede al nuestro con la especial condición de entregarle los deseados atractivos de los que está acostumbrado a servirse en los hombres? Mira mi extraña fantasía: deseo ser el Ganimedes de este nuevo Júpiter, quiero gozar de sus gustos, de sus excesos, ser la víctima de sus errores. Tú sabes que hasta hoy sólo a ti me he ofrecido de esta manera por complacencia, o a alguno de mis sirvientes, que sólo por interés se prestaron a tratarme de ese modo. Ahora no se trata de complacencia ni de capricho, únicamente me impulsa el deseo... Entre los procedimientos que me han dominado y los que me esclavizarán a esta extraña manía veo una diferencia inconcebible y quiero conocerla. Describe, hermano, a Dolmancé; quiero tenerlo bien grabado en la cabeza antes de verlo llegar. Sabes que sólo estuve con él algunos minutos, al encontrarlo días atrás en una casa.
El Caballero — Dolmancé, hermana, acaba de cumplir treinta y ocho años; es alto, tiene un rostro muy bello, ojos vivos y espirituales, algo un poco duro y maligno se dibuja en sus rasgos a pesar suyo; tiene los dientes más hermosos del mundo, un aspecto y un talle delicados a causa, sin duda, de las maneras femeninas que acostumbra adoptar; posee una extrema elegancia, una bella voz, talento y especialmente mucha filosofía en el espíritu.
Madame de Saint-Ange — Espero que no crea en Dios.
El Caballero — ¿Qué dices? Es el ateo más célebre, el hombre más inmoral... ¡Oh! Dolmancé es la corrupción más íntegra y completa, el individuo más malvado y perverso que pueda existir en el mundo.
Madame de Saint-Ange — ¡Todo esto me enardece! Voy a apasionarme por ese hombre. ¿Y cuáles son sus gustos, hermano?
El Caballero — Las delicias de Sodoma le placen como agente y como paciente; no ama más que hombres en sus placeres y si en ocasiones, no obstante, consiente en hacerlo con mujeres, solo es a condición de que ellas serán complacientes y cambiarán de sexo con él. Le he hablado de ti y le anticipé tus intenciones; él acepta pero te advierte, a su vez, de las cláusulas del negocio. Se negará terminantemente si pretendes comprometerlo en otra cosa: "Lo que consiento hacer con tu hermana es una licencia, dice... una locura de la que sólo se sale raramente y con muchas precauciones."
Madame de Saint-Ange — (¡Salir!... ¡precauciones!...) ¡Amo hasta la locura el lenguaje de esta gente! También nosotras las mujeres tenemos esas palabras exclusivas que prueban, como las de Dolmancé, el horror profundo de que están poseídas por todo aquello que no esté dentro del culto admitido... Di, querido, ¿te ha poseído? ¡Con tu deliciosa figura y tus veinte años creo que se puede cautivar a un hombre semejante!
El Caballero — No te ocultaré mis extravagancias con él. Tienes demasiado espíritu como para desaprobarlas. Amo a las mujeres y me libro a esos raros gustos sólo cuando un hombre amable me cautiva. En tal caso nada hay que no haga. Estoy lejos de esa continencia ridícula que hace creer a nuestros jóvenes frívolos que debe responderse con bastonazos a semejantes proposiciones. ¿Es acaso el hombre dueño de sus gustos? Es preciso compadecer a aquellos que tienen gustos particulares, pero nunca insultarlos: su error es el de la Naturaleza. No eligieron llegar al mundo con inclinaciones diferentes, de la misma manera que nosotros no elegimos nacer derechos o chuecos. Por otra parte, un hombre que dice desearte, ¿dice una cosa desagradable? Por supuesto que no; te hace un cumplido; ¿por qué, entonces, responderle con injurias o insultos? Únicamente los estúpidos pueden pensar así. Un hombre razonable no dirá lo contrario de lo que sostengo. Pero el mundo está poblado de imbéciles que creen que se les falta al respeto si alguien confiesa que los encuentra apropiados para los placeres; pervertidos por las mujeres, celosas siempre de todo lo que tenga apariencia de atentar contra sus derechos, se imaginan ser Quijotes de esos derechos ordinarios, y atacan a quienes no los reconocen.
Madame de Saint-Ange — ¡Ah! ¡Bésame! No serías mi hermano si pensaras de otro modo; pero quiero un poco de detalles y te conjuro a que me los des, tanto sobre el físico como sobre los placeres de ese hombre contigo.
El Caballero — Dolmancé se enteró por uno de mis amigos del soberbio miembro que, como sabes, tengo. Comprometió al marqués de V... a que me invitara a cenar con él. Una vez allí fue necesario exhibir mi miembro. Parecía al principio que el único motivo era la curiosidad, pero pronto un hermoso culo que se me ofrece y del cual se me suplica que goce, me hicieron ver que sólo el placer era el objeto de este examen. Advertí a Dolmancé de todas las dificultades de la empresa y nada lo acobardó. "¡Estoy hecho a prueba de catapultas, me dijo, y no tendrá la gloria de ser el más respetable de los hombres que perforaron el culo que le ofrezco!" El marqués estaba allí moviendo, tocando, besando todo lo que uno y otro sacábamos a luz. Me muestro... quiero al menos algunos preparativos: "No haga eso —dijo el marqués— pues le haría perder la mitad de las sensaciones que Dolmancé espera de usted; él quiere que se lo parta... que se lo desgarre..." "¡Será satisfecho!" dije yo lanzándome ciegamente al abismo... ¿Y puedes creer, hermana, que no tuve ninguna dificultad?... Ni una palabra. Mi verga, enorme como es, desapareció sin que lo sospechara y toqué el fondo de sus entrañas sin que el individuo aparentare sentirlo. Traté a Dolmancé como a un amigo. La excesiva voluptuosidad que sentía, sus espasmos, su conversación deliciosa me hicieron muy pronto feliz y lo inundé. No había terminado de salir cuando Dolmancé se volvió, con los cabellos descompuestos y rojo como una bacante, y me dijo: "¿Ves el estado en que me has puesto, querido caballero?" Mostraba una verga seca y rebelde, muy larga y de por lo menos seis pulgadas de diámetro. "¡Oh, amor mío! Te conjuro a que consientas en servirme de mujer después de haber sido mi amante, para que pueda decir que en tus brazos divinos gusté todos los placeres que quiero con tanta fuerza." No hallando dificultad alguna ni en lo uno ni en lo otro, acepté. Sacándose los pantalones ante mis ojos, el marqués rogaba que fuera con él un hombre mientras era la mujer de su amigo. Lo traté igual que a Dolmancé, quien, devolviéndome centuplicadas todas las sacudidas con que yo colmaba al tercero, muy pronto derrama en el fondo de mi culo ese licor encantador con el que casi simultáneamente yo regaba el de V...
Madame de Saint-Ange — Al encontrarte así entre dos has debido sentir un gran placer. Dicen que es encantador.
El Caballero — Verdaderamente es el mejor lugar, ángel mío. Sin embargo, dígase lo que se diga, esas son extravagancias frente a las cuales prefiero el placer con las mujeres.
Madame de Saint-Ange — Está bien, mi querido; para recompensar tu delicada complacencia ofreceré a tus ardores una jovencita virgen, y más bella que el Amor.
El Caballero — ¡Cómo! ¿Harás venir una mujer a tu casa estando Dolmancé aquí?
Madame de Saint-Ange — Se trata de educarla. Es una jovencita a la que conocí en el convento el otoño pasado, mientras mi marido estaba en las termas. Allí no pudimos, no nos atrevimos a hacer nada porque demasiados ojos estaban fijos sobre nosotras, pero nos prometimos volver a vernos en cuanto fuera posible. Preocupada por este deseo y queriendo satisfacerlo entablé relaciones con su familia. Su padre es un libertino... al cual he cautivado. En resumen, la bella viene y yo la espero; pasaremos juntas dos días... dos días deliciosos; emplearé la mayor parte del tiempo en educarla. Dolmancé y yo introduciremos en esa hermosa cabecita todos los principios del más desenfrenado libertinaje, la envolveremos con nuestros fuegos, la alimentaremos con nuestra filosofía, le inspiraremos nuestros deseos, y como quiero unir algo de práctica a la teoría, como quiero que se demuestre a medida que se expone, te he destinado, hermano, a la cosecha de los mirtos de Citerea, y a Dolmancé la de las rosas de Sodoma. Yo gozaré de dos placeres a la vez, gozaré de esas voluptuosidades criminales y daré lecciones, suscitaré deseos a la dulce inocente que atraeré a nuestras redes. Y bien, hermano, ¿es digno de mi imaginación este proyecto?
El Caballero — Sólo ella pudo concebirlo. Es divino, hermana, y te prometo cumplir a maravilla el papel encantador al que me has destinado. ¡Ah, pícara! Cómo vas a gozar con el placer de educar a esta joven; qué delicias tendrás corrompiéndola, ahogando en su corazón todas las semillas de virtud y de religión que sembraron en él sus institutrices. Verdaderamente, esto es demasiado perverso para mí.
Madame de Saint-Ange — Nada ahorraremos para pervertirla y degradarla, para arrasar con todos los falsos principios de moral con los que hayan podido aturdirla; en dos lecciones quiero volverla tan perversa como yo... tan impía... tan dada a los excesos. Advierte a Dolmancé, ponlo al tanto para que no bien llegue, el veneno de sus inmoralidades circulando junto al qué yo lanzaré en este joven corazón, desarraigue en un instante todas las simientes que hubieran podido germinar sin nosotros.
El Caballero — Imposible encontrar un hombre más adecuado para esta tarea: la irreligión, la impiedad, la inhumanidad y el libertinaje manan de los labios de Dolmancé como en otras épocas la unción mística de los del célebre obispo de Cambrai. Es el seductor más profundo, el hombre más corrompido, el más peligroso... Querida amiga, ¡que tu alumna responda a los cuidados del institutor y te garantizo que muy pronto estará perdida!
Madame de Saint-Ange — Según las aptitudes que le conozco pienso que eso no será largo...
El Caballero — ¿No temes nada de sus padres, hermana? Si esta jovencita se pusiera a charlar cuando vuelva a su casa...
Madame de Saint-Ange — No, ya he seducido al padre... está conmigo. ¿Es necesario que te lo confiese? me he entregado a él para que cierre los ojos. Ignora mis propósitos, pero te aseguro que no se atreverá a profundizar en ellos... Lo tengo en mi poder.
El Caballero — ¡Tus recursos son malignos!
Madame de Saint-Ange — Es preciso, para que sean seguros.
El Caballero — Te ruego que me digas quién es la joven.
Madame de Saint-Ange — Su nombre es Eugenia; hija de un tal Mistival, comerciante de los más ricos de la capital, próximo a los treinta y seis años. La madre tendrá a lo sumo treinta y dos, y la hija quince. Así como Mistival es un libertino su mujer es una devota. En cuanto a Eugenia, sería inútil tratar de pintártela: está más allá de la posibilidad de mis pinceles. De lo que puedes estar convencido es que tanto tú como yo nunca vimos nada más delicioso en el mundo.
El Caballero — Pero, ya que no la puedes pintar, esbózala. Así, sabiendo con quién tendré que enfrentarme, llenaré mi imaginación del ídolo donde deberé sacrificar.
Madame de Saint-Ange — Está bien, mi amigo. Sus cabellos castaños, que apenas pueden encerrarse en las manos, caen hasta debajo de los muslos. Su piel es de una blancura enceguecedora, su nariz un poco aquilina, sus ojos de un negro de ébano ardiente... ¡Oh, es imposible mantener la mirada de esos ojos!... No te imaginas las tonterías que me han hecho hacer... ¡Y si vieras las hermosas cejas que los coronan... los párpados que los cubren!... Su boca es muy pequeña, los dientes muy bellos, ¡y todo tiene una frescura tan grande!... Uno de los mayores atractivos es la manera elegante en que la cabeza se alza sobre sus hombros, y el aire de nobleza que tiene cuando la hace girar... Eugenia aparenta más edad de la que tiene, se le darían diecisiete años. El talle es un modelo de esbeltez y elegancia, su garganta deliciosa... ¡Y posee los senos más hermosos! Apenas podrían llenar una mano, ¡pero son tan dulces... tan frescos... tan blancos!... ¡Veinte veces he perdido la cabeza besándolos! y si vieras de qué modo se animaba bajo mis caricias... ¡de qué modo sus dos grandes ojos pintaban el estado de su alma!... Querido mío, aún no conozco el resto, pero si es preciso juzgar por eso, nunca el Olimpo tuvo una divinidad que la igualase... La oigo llegar... déjanos, sal por el jardín para no encontrarla y sé puntual a la cita.
El Caballero — Lo que has pintado responde por mi exactitud... ¡Oh, cielos! salir... dejarte en el estado en que me encuentro... ¡Adiós!... un beso... un solo beso, hermana, para conservar mi ansia hasta entonces. (Ella lo besa, toca su verga a través del pantalón, y el joven sale precipitadamente).
NOTAS:
(1)Dictionnaire des auteurs, Laffont-Bompiani, 1952, traducción Leo Castillo.
(2)Ib., traducción Leo Castillo.
04 junio 2009
Jean Genet, poesía y delito (II)
Jean Genet, delincuencia y probidad
La barrera entre crimen y santidad es sorprendentemente frágil. Habría que definir mejor esta frontera que se desdibuja hasta desaparecer. La autoridad que se arroga un concilio o cónclave es tan arbitraria en este terreno, que bien arduo resulta decidir la proporción de la cuota de aciertos y flagrantes desmanes. Del crimen mismo ha echado mano la Iglesia a la hora de imponer sus criterios, de blindar sus dogmas. En muchos casos los criminales social, judicialmente condenados, están revestidos de tales resplandores de bondad, que de ninguna manera cerraremos filas contra ellos. Los magnates del Medievo han impuesto la aureola avalada por el catolicismo a sus favoritos. Príncipes, herederos de grandes fortunas cebados en la opulencia lucrada del despojo, cantera del santoral venerado sobre palanquines y en hornacinas en las catedrales y las más humildes parroquias de nuestras aldeas por la feligresía miserable de siempre. El viático para alcanzar el cielo sólo puede ser sufragado por las cortes palaciegas, concedido a sus cortesanos. La santidad no está al alcance del pueblo raso, nunca lo estuvo. La opulencia, el boato del Vaticano es ya una advertencia. Así, las reliquias consagradas, milagrosas, deben haber hecho carrera y ser promovidas siempre por el lobby santificador sin excepción, respaldadas siempre por el irresistible argumento de la hacienda. De más está agregar que el aparato legal que rige a seglares es fiel copia de este esquema. Nuetras leyes juzgan y condenan por este mismo rasero. La humildad es ya estimada como indicio de culpa. La riqueza es infalible atenuante de cualquier reprobación.
Nuestro comediante y mártir, Jean Genet, declara no haber delinquido por rebeldía. Entre otras razones, lo hizo para comer, como lo haría un gato callejero, un perro abandonado, cualquier desheredado de los dioses dispensadores de la gloria en la tierra. El poeta, el comediante condenado a cadena perpetua viene a rebelársenos de una sensibilidad casi morbosa, de una impudicia inocente, de una solidaridad ejemplar. Haberse conocido y asumido sin reserva, tenaz camino de iniciación en la comprensión de los hombres, de su fornida debilidad, su ruda poesía.
La represión espiritual opera de la manera más brutal que quepa concebirse. Es explícita y agrede aun el cuerpo. Hablo desde un tiempo y lugar en que habría de presuponerse cierta tolerancia de maneras, contemporizar. Espejismo. Mientras en la historia del hombre medie el vil criterio mercantil de valores, se hablará de réprobos, serán sometidos a triste exclusión de pulmones que osen respirar con libertad. Toca contener el aliento, convenir en la zalema: no es ésta ciertamente la historia de Jean Genet, valiente.
Estimo que vale la pena desafiar a los espantapájaros. Es absolutamente lícito resistir. Morir en la exclusión, no codiciar la consagración contemporánea, ni aun la posteridad. Groucho Marx decía algo a este respecto: “¿Por qué debo hacer algo por la posteridad?, ¿qué ha hecho la posteridad por mí?”
Amigos, ajústense el cinturón de seguridad: estamos ante un hombre libre. Genet no transige. Desnudo ha dicho: “Heme aquí. Soy un hombre, el hombre”. Quisiera azuzar a los poetas de mi tiempo, y a los que vendrán, contra los gendarmes de la obsecuencia. Desobedece, te digo, si desde las profundidades de tu alma ilustrada, un llamado superior te reclama. Renuncia al premio, desecha los reflectores de la escena bufa, siempre que a cambio se te exija la castración: tus pelotas son lo único que vale ante los exquisitos, los agudos, las exigentes conciencias éticas y estéticas de todos los tiempos.
Respira, poeta de tan profundas fidelidades. Aquí celebro a Genet. Es un honor tenerlo en este espacio. Si bien puedes en otra parte saber acerca de él, me permitiré una reseña suya.
Jean Genet, hijo de una prostituta, de padre desconocido, vino a este mundo en el número 22 de la Rue d'Assas (aquí ciertamente estaba la maternidad de beneficencia) el 19 de diciembre de 1910. A los siete meses y diecisiete días de nacido, fue abandonado por su madre. Pupilo de la Asistencia Pública bajo el número 192.102. Dos días después la custodia del niño recayó en la familia conformada por Eugenie y Charles Regnier, de Alligny-en-Morvan. Aquí fue bautizado, católicamente educado, llegando a cantar en una coral hasta ser “niño del coro.”
Su precoz carrera delincuencial se inicia a los diez años. Sorprendido entonces en flagrancia es enviado a una Maison de correction. Su adolescencia será una larga historia de procesos por robo y prostitución homosexual. El poeta del robo, de la homosexualidad, del crimen y de la traición responde:
─ ¿Alguna vez ha sentido interés por las mujeres?
─ Sí, me han interesado cuatro: la Virgen María, Juana de Arco, María Antonieta y Madame Curie.
─ Nos referimos a un interés sexual.
─ No, jamás.(...) Estoy consciente de que ahora la homosexualidad es vista favorablemente en los círculos seudoartísticos. (...) En mi infancia estaba consciente de que me atraían los niños. (...) Lo único que me quedaba era convertirme en santo, sólo eso; en otras palabras, en una negación del hombre.1
A los dieciséis años de edad (2 de septiembre de 1926) es recluido en la penitenciaría de Mettray, y ya no saldrá de prisión hasta la mayoría de edad. Lleva una vida de vagabundo en Francia y España. En 1942 cae de nuevo en prisión, esta vez en Fresne, donde escribe el bello y potente poema (260 versos) Le Condamné à mort. En prisión escribe Notre-Dame des Fleurs (1946).
Jean, que ha estado entrando y saliendo de la cárcel, pagando penas por distintos delitos, llega a ser condenado a cadena perpetua. Así ha escrito y publicado varios libros. Su renombre literario es irrefragable. El 15 de febrero de 1943 ha sido presentado a Cocteau, que lo declara “el más grande escritor de la modernidad”.
El artículo de Cocteau y el concurso prestado por prestigiosas figuras intelectuales de la época, entre los que se cuentan Sartre y Picasso, inciden en las altas esferas, al punto que su condena es conmutada en 1946 por el mismo Vincent Auriol, presidentede Francia. Antes su pena había sido reducida a cuatro meses, al cabo de los cuales, sin embargo, en lugar de ser puesto en libertad, se lo encierra en el tétrico campo de Tourelles, antesala de los campos de concentración.
De modo que durante la ocupación nazi, Genet es un convicto recurrente que, en prisión, ha estado escribiendo una de las más suntuosas literaturas de nuestro tiempo. Les Bonnes (1947) lo coloca en la vanguardia del mejor teatro de entonces, el movimiento llamado teatro del absurdo. Le journal du voleur, novela autobiográfica, es de 1949. Habría que agregar otras, pero me abstendré de fatigar al lector con ello. En 1983 le fue concedido el Grand Prix de Lettres.
Genet es un hombre tenazmente comprometido con la causa de minorías que batallan por igualdad de derechos, un combatiente. Al lado de Marguerite Duras, reaccionando contra las condiciones inhumanas de los trabajadores inmigrantes, ocupan la sede de la CNPF(10 de enero de 1979). Genet recibe de los Estados Unidos una solicitud de apoyo a la demanda de libertad de ciertos miembros de los Black Panthers, movimiento por la igualdad de derechos de la población negra, que se hallan bajo arresto. El poeta no se limita a firmar la solicitud: decide viajar a batallar en el lugar de los hechos. Los gringos le niegan la visa de entrada. El 1 de marzo de 1970, Jean entra clandestinamente desde Canadá. Permanece en los Estados Unidos un par de meses. El 1 de mayo, en el campus de la Universidad de Yale, los estudiantes y el movimiento rebelde escuchan de sus labios el que puede ser su más importante discurso. Las autoridades lo buscan como sabuesos azuzados por el hambre o el odio. El 3 de mayo abandona el país.
De vuelta en Francia, participa activamente en jornadas de protesta en defensa de los inmigrantes magrebís.
En estos días en que el poder judío a varias escalas devenga una diarrea de reconocimientos (y divisas oh, sí) por publicaciones, discos y películas que recrean el manoseado “holocausto”, acaso convenga retrotraernos a ciertos días de 1982, días en que el pueblo de Israel no es justamente la víctima. Genet nos ha legado un macabro testimonio de la masacre de que fue objeto la población de refugiados palestinos en Líbano. Se trata de Cuatro horas en Sabra y Chatila, un documento producido in situ. Jean Genet viajó los días 16 y 17 de ese tenebroso septiembre al lugar de los hechos, con que fue uno de los primeros (y pocos) occidentales que vieron el horror del cobarde genocidio.
El 12 de marzo de 1964 es encontrado el cadáver del joven equilibrista Abdallah Betanga. Se había abierto las venas. Tenía 26 años. Genet lo había conocido en 1956, y debió vender los derechos de Les rêves interdits para cubrir el costo de los cursos del acróbata. Poco después del entierro, moralmente derribado por el impacto, Jean informa que ha quemado sus manuscritos, que abandona la literatura.
En 1974 conoció en Tanger al que será su último amante, Mohamed El-Katrani.
En 1965 Bernard Frechtman, su agente literario americano y él tienen enfrentamientos. En marzo de 1967 Frechtman, este amigo de confianza del poeta, se suicida luego de una crisis depresiva prolongada.
Tildado inicialmente de pornógrafo, nuestro autor celebra “ces humeurs bouleversantes, le sang, le sperme et les larmes”. Y agrega: “Sans doute, l’une des fonctiones de l’art est elle de substituer a la foi religieuse l’efficace de la beauté. Au mons cette beauté doit-elle avoir la puissance d’un poème, c’est-à-dire d’un crime”.2
"Ahora creo que si mis libros estimulan a los lectores sexualmente es porque están mal escritos: la emoción poética debería ser tan fuerte que ningún lector sintiera un estímulo sexual. En cuanto a que mis libros son pornográficos, no los rechazo por ello. Sólo respondo que me faltó gracia."4
El 25 de abril de 1986 en Larache (Marruecos) fue sepultado Jean Genet.
“En la vida del hombre sólo existen algunos destellos. Todo lo demás es grisura.”3
Stanislas Valois Aragón
El condenado a muerte
A Maurice Pilorge
asesino de veinte años
(Fragmento)
El viento arrastrando un corazón sobre el adoquinado de los patios
un ángel que solloza colgado de un árbol
la columna de azur que ciñe el mármol
hacen abrir en mi noche salidas de emergencia.
Un pajarillo que muere y el sabor a ceniza
el recuerdo de una mirada dormida sobre el muro
y ese puño adolorido que amenaza el cielo
hacen que se incline tu rostro en el cuenco de mi mano.
Ese rostro más rígido y más leve que una máscara
pesa más en mi mano que en los dedos del reducidor
la joya que se embolsilla; él se ahoga en llanto.
Sombrío y fiero, lleva un ramo verde como casco.
Tu rostro es adusto: el de un pastor griego.
Se queda temblando entre la palma de mis manos.
Tu boca es la de una muerta, tus ojos, rosas
y tu nariz es acaso el pico de un arcángel.
El hielo destellante de un pudor malévolo
que recubre tus cabellos claros de astros acerados
corona tu frente de espinas de rosal
¿qué gran pena lo ha fundado si tu rostro canta?
Dime qué loco infortunio hace relumbrar tu mirada
de una desesperación tan grande que el dolor feroz,
perturbador, él mismo, ¿¡personalmente!? adorna tu redonda boca
no obstante tus lágrimas heladas, con una sonrisa de duelo.
No cantes esta noche los “Costauds de la Lune”.
Seas antes, rapazuelo de oro, princesa de una torre
soñando melancólico con nuestro pobre amor
o el obtuso rubio que vela en la gavia.
Él baja hacia el anochecer a cantar en el puente
entre los marineros de rodillas, el habitual
“L’Ave Marie stella”. Cada navegante con su verga
que palpita en su mano de pícaro.
Para ensartarte bello zopenco aventurero
se enristran bajo su pantalón los fornidos marineros.
Amor mío, amor mío, robarás tú las llaves
que me abrirán ese cielo en que vibran los mástiles.
Tal tú diseminas, regio, el blanco sortilegio,
esta nieve sobre mi página en mi callada prisión:
los terrores, la muerte entre las violetas
¡la muerte con sus cantos de gallo! sus amantes fantasmas.
Con pies afelpados pasa un guardia que merodea.
Yace en mis ojos hundidos tu recuerdo
hasta podría escaparse por los techos
dicen que Guyana es tierra caliente.
¡Oh el acogedor presidio imposible, remoto!
Oh, el cielo de la Belle, el mar y las palmeras
los amaneceres transparentes, las noches de locura y de calma
oh, el pelo al rape y la piel suavísima.
Soñemos juntos, Amor, con algún amante rudo
enorme como el Universo, envuelto en sombras.
Nos enredará desnudos en esos albergues sombríos
entre sus muslos dorados, sobre su vientre irresistible.
Un chulo deslumbrador consumado en un arcángel
cachondo ante los ramos de claveles y jazmines
que sostendrán tus manos claras
sobre el venerado flanco que tu beso turba.
¡Mi mueca triste! ¡Amargura que colma
mi desdichado corazón! ¡Mis amores aromados
ya me dejan! ¡Adiós cojones adorados!
¡Por encima de mi voz entrecortada partes pinga insolente!
¡Rapaz, no cantes, compón tu aire forajido!
Sé la viuda de radiante cuello
si no temes al niño armónico
muerto en mí mucho antes que el hacha me decapite.
Venerable muchacho coronado de lilas
inclínate en mi cama, deja que mi rabo alcance
a restallar en tu broncínea mejilla. Escucha relatarte
a tu amante el asesino su gesta en mil destellos.
Canta que tenía tu cuerpo y tu rostro,
tu corazón que no abrirían las espuelas
de un macizo caballero. ¡Tener tus redondas rodillas!
Tu cuello fresco, tu mano suave, ¡ay chaval, tener tus años!
Traducción Leo Castillo
El diario de un ladrón
Hacia lo que se denomina el mal, por amor, corrí una aventura que me condujo a la cárcel. (…) Los juegos eróticos descubren un mundo innominable que es revelado por el lenguaje nocturno de los amantes. Semejante lenguaje no se escribe. Se susurra, de noche, al oído, con voz ronca. Al amanecer, se olvida. Negando las virtudes de vuestro mundo, los criminales aceptan, desesperadamente, organizar un universo prohibido. Aceptan vivir en él. Su atmósfera es nauseabunda: saben respirarla. Pero ─ los criminales están lejos de vosotros ─ como en el amor, se separan y me separan del mundo y de sus leyes. El suyo huele a sudor, a semen y a sangre. Ofrece, en fin, la abnegación a mi alma sedienta y a mi cuerpo. Porque posee estas condiciones de erotismo es por lo que me encarnicé en el mal. Mi aventura, en ningún momento impuesta por la rebeldía ni por la reivindicación, no será, hasta este día, más que un prolongado apareamiento, recargado, complicado con un pesado ceremonial erótico (ceremonias figurativas que llevan a presidio y lo anuncian). Si es la sanción y, para mí, también la justificación del crimen más inmundo, será el signo del más extremo envilecimiento. Este punto definitivo al que conduce la reprobación de los hombres apareciósele como el lugar ideal de la más pura armonía amorosa, es decir, la más turbia, donde se celebran ilustres bodas de ceniza. (…) Ofrecía pues, a los presidiarios, mi ternura, quise llamarlos con nombres encantadores, designar sus crímenes, por pudor, con la más sutil metáfora (bajo cuyo velo no habría ignorado la suntuosa musculatura del asesino, la violencia de su sexo). (…) Y cada flor me produce una tristeza tan solemne que todas deben significar la pesadumbre, la muerte. Busqué, pues, el amor en función del presidio. Cada una de mis pasiones me hizo esperarlo, entreverlo; me ofrece criminales, me ofrece a ellos o me invita al crimen. (…) Los más hermosos son los que se ven adornados con mi ternura, aunque no olvido a los contrahechos, a los descoyuntados.
Ha sido necesario, me digo, que el crimen vacile mucho tiempo antes de conseguir el perfecto éxito que son Pilorgue o Ange Soleil. Para rematarlos (¡la palabra es cruel!) fue necesario el concurso de coincidencias numerosas: a la belleza de su rostro, a la fuerza y elegancia de su cuerpo debían sumarse su gusto por el crimen, las circunstancias que hacen al criminal, el valor moral capaz de aceptar un destino tal, el castigo, en fin, la crueldad de éste, la cualidad intrínseca que permite al criminal resplandecer en él, todo esto dominado por oscuras regiones. El héroe combate contra la noche y la vence, pero conserva algunos jirones de ella. La misma vacilación, la misma cristalización de dichas preside el éxito de un policía puro. A ambos los amo. Pero si amo su crimen es por lo que conlleva de castigo, “de pena” (pues no puedo suponer que no la han entrevisto). Uno de ellos, el antiguo boxeador Ledoux, contestó, sonriendo, a los inspectores: “Antes de cometerlos es cuando habría podido lamentar mis crímenes”) en la cual quiero acompañarlos para que, de todas maneras, se vean colmados mis amores.
En este diario no quiero camuflar las demás razones que me hicieron ladrón, siendo la más simple la necesidad de comer; sin embargo, en mi elección no intervinieron jamás la rebeldía, la amargura, la cólera ni ningún otro sentimiento parecido. Con un cuidado maníaco, “un cuidado celosos”, preparé mi aventura como se prepara un lecho, una habitación para el amor: el crimen me ha encelado.
LLAMO VIOLENCIA a una audacia en reposo enamorada de los peligros. Se la distingue en una mirada, una forma de caminar, una sonrisa, y es en vosotros en quienes produce oleajes. Os desconcierta. Esta violencia es una calma que os agita. A veces se habla de “un tío con facha”. Los rasgos delicados de Pilorgue eran de una violencia extremada. Su delicadeza era más que nada violenta. Violencia del dibujo de la mano única de Stilitano, inmóvil, sencillamente apoyada en la mesa, que volvía inquietante y peligrosos el reposo. He trabajado con ladrones y rufianes cuya autoridad me arrastraba, pero pocos se mostraron verdaderamente audaces cuando el que más lo fue ─ Guy ─ carecía de violencia. Stilitano, Pilorgue, Michaelis eran cobardes. Y Java. Emanaba de ellos, aún en reposo, inmóviles y sonrientes, por los ojos, por las narices, la boca, el hueco de la mano, la bragueta henchida, por el brutal montículo de la pantorrilla bajo la sábana o la tela, una cólera radiante y sombría, visible en forma de vaho.
Pero casi siempre, nada la pone de manifiesto sino la ausencia de signos habituales. El rostro de René es encantador al principio. La curva cóncava de la nariz le da un aspecto travieso, pero la palidez plomiza de la cara es inquietante. Los ojos son duros, los gestos calmosos y seguros. En los meaderos golpea tranquilamente a los maricas, los cachea, los desvalija; a veces, como golpe de gracia, les da con el tacón en la jeta. No me gusta, pero su calma me subyuga. Actúa, en la más turbadora oscuridad, al lado de los meaderos del césped, de los bosquecillos, bajo los árboles de los Campos Elíseos, junto a las estaciones, en la puerta Maillot, en el Bosque de Bolonia (siempre de noche) con una seriedad desprovista de romanticismo. Cuando vuelve, a la dos o a las tres de la mañana, lo noto aprovisionado de aventuras. Cada parte de su cuerpo, participó en ellas: sus brazos, sus piernas, su nuca. Pero él, ignorante de estas maravillas, me las cuenta en lenguaje concreto. Va sacando del bolsillo las sortijas, las alianzas, los relojes, botín de la noche. Los mete en un vaso grande que pronto estará lleno. No le extrañan ni los maricas ni sus costumbres: éstas no existen sino para facilitarle los golpes.
(…) Ahora que estoy escribiendo, pienso en mis amantes. Querría verlos embadurnados con mi vaselina, con esta suave materia, un poco mentolada. Querría que sus músculos estuvieran inmersos en esta delicada transparencia sin la cual sus más caros atributos son menos hermosos.
Cuando se pierde un miembro, me dicen, el que queda se hace más fuerte. Esperaba yo que el vigor de su brazo cortado se hubiera acumulado en el sexo de Stilitano. Imaginé durante largo tiempo un miembro sólido, aporreador, capaz de la peor de las desfachateces, aunque al principio me intrigase lo que de él me permitía conocer Stilitano: el pliegue único, pero curiosamente preciso, sobre la pierna izquierda de su pantalón de tela azul. Quizá este detalle hubiera obsesionado menos mi imaginación si a cada momento Stilitano no se hubiera llevado la mano izquierda ahí, y si no hubiera pellizcado delicadamente, con las uñas, el tejido, igual que las señoras cuando hacen una reverencia, marcando el plegue. No creo que perdiera nunca la sangre fría, pero frente a mí estaba especialmente tranquilo. Con ligera sonrisa impertinente, pero con negligencia, miraba cómo le adoraba yo. Sé que me amará.
Antes de que franquera, con la cesta en la mano, la puerta de nuestro hotel, yo estaba tan conmovido que besé a Salvador en la calle, pero él me apartó:
─ ¡Estás loco! ¡Van a tomarnos por mariconas!1
Hablaba bastante bien el francés, que había aprendido en el campo, en Parpiñán, adonde iba a vendimiar. Ofendido, me aparté de él. Tenía la cara violeta, del color de los repollos que se recogen en invierno. Salvador no sonrió. Estaba escandalizado. “ No merecía la pena ─ debió de pensar ─ que me levantara tan temprano para mendigar por la nieve. Jean no sabe comportarse.” Tenía el pelo hirsuto y mojado. Tras la vidriera había rostros que nos contemplaban, pues el bajo del hotel estaba ocupado por la gran sala de un café que daba a la calle, y que había que atravesar para subir a las habitaciones. Salvador se limpió la cara con la mano y entró. Yo vacilé. Entré a mi vez. Tenía veinte años. Puesto que posee la limpidez de una lágrima, ¿por qué no iba yo a beberme con el mismo fervor la gota que oscila en el borde de la nariz? Ya estaba lo bastante entrenado en rehabilitar lo innoble para hacerlo. Si no hubiera temido indignar a Salvador lo habría hecho en el café. Él, sin embargo, sorbió, y adiviné que se tragaba los mocos. Con la cesta al brazo, por entre los mendigos y los maleantes, se dirigió hacia la cocina. Iba delante de mí.
─ ¿Qué te pasa? ─ dije.
─ Te estás haciendo notar.
─ Y ¿qué hay de malo en ello?
─ No hay que besarse así, en la calle. Esta noche, si quieres…
Dijo todo con una mueca sin gracia y el mismo desdén. Yo sólo había querido testimoniarle mi gratitud, reconfortarlo con mi pobre ternura.
─ Pero, ¿qué te has creído?
Alguien lo empujó sin pedir perdón y me separó de él. No lo seguí hasta la cocina. Me acerqué a un banco donde había un sitio libre cerca de la estufa. Poco me preocupaba saber cómo, aunque loco por la belleza vigorosa, podría enamorarme de este mendigo piojoso y feo, maltratado por los menos osados, prendarme de sus nalgas angulosas… ¿y si, por desgracia, tuviera un sexo magnífico?
(…) No formábamos bandas peor o mejor organizadas, pero en aquel gran desorden sucio, en el centro de un barrio que apestaba a aceite, a orina y a mierda, algunos hombres perdidos se ponían en manos de otro de otro más hábil. Tanta miseria centelleaba con la juventud de muchos de nosotros, y con ese brillo más misterioso de algunos que relumbraban de verdad, chavales cuyo cuerpo, mirada y gestos están cargados de un magnetismo que nos convierten en objetos suyos. Y de este modo fui fulminado por uno de ellos. Para hablar mejor de Stilitano, el manco, esperaré algunas páginas. Sépase ante todo que no lo adornaba ninguna virtud cristiana. Todo su fulgor, su poderío le dimanaban de entre las piernas. Su verga, y lo que la completa, todo el aparato era tan hermoso que no puedo llamarlo más que un órgano generador. Estaba muerto, creíais, pues se alteraba raramente, y lentamente: velaba. Elaboraba en la noche de una bragueta bien abotonada, aun cuando lo fuese por una sola mano, esa luminosidad en la que resplandecerá su portador.
Mis amores con Salvador duraron seis meses. No fueron los más embriagadores pero sí los más fecundos. Había logrado amar el cuerpo enclenque, el rostro gris, la barba rala y ridículamente dispuesta. Salvador miraba por mí, pero por la noche, a la luz de una vela, buscaba yo en las costuras de su pantalón los piojos, nuestros familiares. Los piojos eran nuestros inquilinos. Daban a nuestra ropa una animación, una presencia que, al desaparecer, la dejaban como muerta. Nos gustaba saber ─ y sentir ─ pulular a los bichos traslúcidos que, sin estar domesticados, eran tan nuestros que el piojo de otro que no fuéramos nosotros dos nos daba asco. Nos los quitábamos, pero con la esperanza de que, en el día, las liendres se hubieran abierto. Con nuestras uñas los aplastábamos sin asco y sin odio. No tirábamos el cadáver ─ o despojo ─ al vertedero, lo dejábamos caer, sangriento de nuestra sangre, en nuestra desaliñada ropa interior. (…) Habiendo llegado a ser tan útiles para el conocimiento de nuestra insignificancia como las joyas para el conocimiento de eso que se llama triunfo, los piojos eran valiosos. Eran a un tiempo nuestra vergüenza y nuestra honra. He vivido mucho tiempo en una habitación sin más ventanas que un montante que daba al corredor, en la que, por la noche, cinco caritas, sonrientes o crispadas por el anquilosamiento de una postura incómoda, empapadas de sudor, buscaban a esos insectos de cuya virtud participábamos. Estaba bien que yo fuese el amante del más pobre y del más feo en el fondo de tanta miseria.
(…) Que los mendigos cultiven las llagas es también, para ellos, el medio de conseguir algo de dinero ─ lo justo para vivir ─ pero si a ello los condujo una apatía dentro de la miseria, el orgullo que se necesario para mantenerse por fuera del desprecio, lo despanzurra. Adentrándose más en la abyección, el orgullo será más fuerte (si ese mendigo soy yo mismo) cuando posea la ciencia ─ fuerza o flaqueza ─ de aprovecharme de un destino tal. Es preciso, a medida que esta lepra me va ganando, que la gane yo a ella y que yo gane. Así pues, ¿me iré haciendo cada vez más innoble, cada vez más objeto de asco, hasta el punto final que es aún no sé qué pero que debe ser recogido por una búsqueda estética tanto como moral? La lepra, a la que comparo nuestro estado, provocará, dicen, una irritación de los sentidos; el enfermo se rasca: se encela. En el erotismo solitario la lepra se consuela y canta su dolor. La miseria se encumbraba. Paseábamos por España una magnificencia secreta, sin arrogancia. Nuestros gestos eran cada vez más humildes, cada vez más apagados, a medida que era más intensa la brasa de humildad que nos hacía vivir. Así se desarrollaba mi talento al dar un sentido sublime a tan pobre apariencia. (No hablo aún de talento literario.) Ello me habrá sido una disciplina muy útil, que me permite todavía sonreír tiernamente a los más humildes entre los detritos, ya sean humanos o materiales, y hasta las vomitadoras, hasta la saliva que dejo corre sobre el rostro de mi madre, hasta a vuestros excrementos. Conservaré dentro de mí mismo la idea de mí mismo mendigando.
Me quise semejante a esa mujer que, ocultándose de la gente, conservó en su casa a su hija, una especie de monstruo horrendo, deforme, que gruñía y andaba a cuatro patas, estúpido y blanco. Al dar a luz, su desesperación fue tal, sin duda, que se convirtió en la esencia misma de su vida. Decidió amar a ese monstruo, amar la fealdad salida de su vientre, en el que se había elaborado, y erigirla devotamente. Fue dentro de sí misma donde dispuso un altar en que conservaba la idea del monstruo. Con cuidados piadosos, manos suaves a pesar de los callos de las faenas cotidianas, con el encarnizamiento voluntarioso de los desesperados, se opuso al mundo, opuso al mundo el monstruo que adquirió las proporciones del mundo y de su potencia. A partir del monstruo se fueron ordenando nuevos principios, combatidos sin tregua por las fuerzas del mundo, que venían a chocar con ella pero se paraban en las paredes de su morada, donde estaba encerrada su hija.2
Pero, como había que robar a veces, conocíamos también las bellezas claras, terrestres, de la audacia. Antes de dormirnos, el jefe, el jinete, nos daba consejos. Con documentación falsa, por ejemplo, íbamos a diferentes consulados a fin de ser repatriados. El cónsul, enternecido o aburrido por nuestras lamentaciones y nuestra miseria, nuestra mugre, nos daba un billete de ferrocarril para un puesto fronterizo. Nuestro jefe lo revendía en la estación de Barcelona. Nos indicaba también los robos que se podían cometer también en las iglesias ─ a lo que no se atrevían los españoles ─ o en los chalés elegantes: era, en fin, él mismo quien nos llevaba a los marineros ingleses u holandeses a quienes nos debíamos prostituir por unas cuantas pesetas.
Así robábamos a veces y cada robo nos daba un respiro momentáneo. Una vela de armas precede a cada expedición nocturna. El nerviosismo provocado por el miedo, por la angustia, a veces, facilita un estado vecino de las disposiciones religiosas. Tengo, entonces, tendencia a interpretar el menor accidente. Las cosas se convierten en señal de suerte. Quiero encantar a las potencias desconocidas de las que me parece depender el éxito de la aventura. Ahora bien, intento encantarlas por medio de actos morales, por medio de la caridad en primer lugar: doy más y mejor a los mendigos, cedo mi asiento a los ancianos, les cedo el paso, ayudo a los ciegos a cruzar las calles, etcétera. Así es como si reconociera que el robo es presidido por un dios a quien agradan las acciones morales. Estas tentativas para lanzar una red azarosa en la que se deja capturar el dios del que no sé nada me agotan, me sacan de quicio, favorecen más eses estado religioso. Comunican al acto de robar la gravedad de un acto ritual. Este se llevará a cabo verdaderamente en el corazón de las tinieblas, a las cuales se añade el que tenga lugar de preferencia de noche, mientras la gente duerme, en un lugar cerrado, y estando quizá uno mismo enmascarado de negro. El hecho de andar de puntillas, el silencio, la invisibilidad que necesitamos incluso en pleno día, las manos a tientas que organizan en la sombra gestos de una complicación, de una precaución insólita ─ girar la simple empuñadura de una puerta necesita una multitud de movimientos, cada uno de los cuales tiene el destello de la faceta de una joya ─ (al descubrir el oro me parece que lo he des; los negros me rodean; con sus lanzas envenenadas amenazan mi cuerpo indefenso, pero, como la virtud del oro actúa, un gran vigor me derriba o me exalta, las lanzas se bajan, los negros me reconocen y soy de la tribu), la prudencia, la voz susurrada, el oído atento, la presencia invisible y nerviosa del cómplice y la comprensión de su menor seña, todo nos recoge en nosotros mismos, nos apiña, hace de nosotros una bola de presencia que tan bien describen las palabras de Guy:
─ “Se siente uno vivir.”
Cuatro horas en Sabra y Chatila
Para mí, como para el resto de la población que quedaba, deambular por Chatila y Sabra se parecía al juego de la pídola. Un niño muerto puede a veces bloquearuna calle, son tan estrechas, tan angostas,y los muertos tan cuantiosos. Su olor es sin duda familiar a los ancianos: a mí
no me incomodaba. Pero cuántas moscas. Si levantaba
el pañuelo o el periódico árabe puesto sobre
una cabeza, las molestaba. Enfurecidas por mi gesto,
venían en enjambre al dorso de mi mano y trataban
de alimentarse ahí. El primer cadáver que vi era el de
un hombre de unos cincuenta o sesenta años.
Habría tenido una corona de cabellos blancos si una
herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto
el cráneo. Una parte ennegrecida del cerebro estaba
en el suelo, junto a la cabeza. Todo el cuerpo estaba
tumbado sobre un charco de sangre, negro y coagulado.
El cinturón estaba desabrochado, el pantalón
se sujetaba por un solo botón. Las piernas y los
pies del muerto estaban desnudos, negros, violetas y
malvas: ¿quizá fue sorprendido por la noche o a la
aurora?, ¿huía? Estaba tumbado en una callejuela
inmediatamente a la derecha de la entrada del campamento
de Chatila que está frente a la embajada de
Kuwait. ¿Cómo los israelíes, soldados y oficiales,
pretenden no haber oído nada, no haberse dado
cuenta de nada si ocupaban este edificio desde el
miércoles por la mañana? ¿Es que se masacró en
Chatila entre susurros o en silencio total?
Las fotografías no captan las moscas ni el olor
blanco y espeso de la muerte. Tampoco dicen los saltos
que hay que dar cuando se va de un cadáver a otro.
Si miramos atentamente un muerto, sucede un
fenómeno curioso: la ausencia de vida en un cuerpo
equivale a la ausencia total del cuerpo o más bien a
su huida ininterrumpida. Aunque nos acerquemos,
creemos que no lo tocaremos nunca. Eso si lo contemplamos.
Pero si hacemos un gesto en su dirección,
nos agachamos junto a él, le movemos un
brazo, un dedo, de repente se vuelve presente e incluso amigo.
(...)El cuerpo de un hombre de treinta a treinta
y cinco años estaba tumbado boca abajo. Como
si todo el cuerpo no fuese más que una vejiga con
forma humana, se había hinchado bajo el sol y por
la química de la descomposición hasta inflar el pantalón,
que amenazaba con estallar en las nalgas y en
los muslos. La única parte de su rostro que pude ver
era violeta y negra. Un poco más arriba de la rodilla,
bajo la tela desgarrada, el muslo mostraba un
tajo. Origen del tajo: ¿una bayoneta, un cuchillo, un
puñal? Unas moscas en la herida y otras alrededor.
La cabeza, más grande que una sandía —una sandía
negra. Pregunté su nombre, era musulmán.
—¿Quién es?
—Palestino —me respondió en francés un hombre
de unos cuarenta años—. Vea lo que le han hecho.
Tiró de la manta que cubría los pies y una parte
de las piernas. Las pantorrillas estaban desnudas,
negras e hinchadas. Los pies, calzados con botines
negros desatados, y los tobillos atados fuertemente
con el nudo de una soga —visiblemente resistente—
de aproximadamente tres metros de largo, que
yo colocaba para que la señora S. (americana) pudiese
fotografiar con precisión. Pregunté al hombre de
cuarenta años si podía ver la cara.
—Si quiere véalo, pero usted mismo.
—¿Quiere ayudarme a girarle la cabeza?
—No.
—¿Lo han arrastrado por las calles con esta cuerda?
—No lo sé, señor.
—¿Quién lo ha atado?
—No lo sé.
—¿La gente del comandante Haddad?1
— No lo sé.
—¿Los israelíes?
—No lo sé.
—¿Los kataeb?2
—No lo sé.
—¿Lo conocías?
—Sí.
—¿Lo has visto morir?
—Sí.
—¿Quién lo ha matado?—No lo sé.
sin saber del todo por qué: “Los franceses tienen la
costumbre de emplear la sosa expresión ‘trabajo
sucio’, pues bien, igual que el ejército israelí ha
encargado ‘el trabajo sucio’ a los kataeb, o a la gente
de Haddad, los laboristas han hecho rematar ‘el trabajo
sucio’ al Likud, Begin, Sharon, Shamir”3. Cito
a R., periodista palestino, todavía en Beirut, el
domingo 19 de septiembre.
En medio, cerca de ellas, de todas las víctimas
torturadas, mi espíritu no puede deshacerse de esta
“visión invisible”: ¿cómo era el torturador? ¿quién
era? Lo veo y no lo veo. Me arranca los ojos y su
forma será para siempre la que dibujan las poses,
posturas, gestos grotescos de unos muertos devorados
al sol por nubes de moscas.
Al irse tan rápido (¡los italianos, llegados en
barco con dos días de retraso, salieron en aviones
Hércules!), los marines americanos, los paracas franceses
y los bersaglieri italianos que constituían la
fuerza de interposición de Líbano, un día o treinta y
seis horas antes de su partida oficial, como si huyeran,
en la víspera del asesinato de Bechir Gemayel,
¿se equivocan acaso los palestinos al preguntarse si
americanos, franceses e italianos habían sido advertidos
de que hacía falta largarse para no verse involucrados
en la explosión de los kataeb?4
—Se han ido muy rápido y muy pronto. Israel se
jacta y presume de su eficacia en el combate, de la
preparación de sus compromisos, de su habilidad
para aprovechar las circunstancias. Veamos: la OLP
deja Beirut gloriosamente, en un navío griego, con
una escolta naval. Be c h i r, escondiéndose como
puede, visita a Begin en Israel. La intervención de
los tres ejércitos (americano, francés, italiano) cesa el
lunes. El martes Bechir es asesinado. El [ejército
israelí] Tsahal entra en Beirut Oeste el miércoles por
la mañana. Como viniendo del puerto, los soldados
israelíes suben hacia Beirut la mañana del entierro
de Bechir. Desde el octavo piso de mi casa, con unos
gemelos, los vi llegar en fila india: una sola fila. Me
extrañé de que no pasase nada puesto que un buen
fusil de mira telescópica debería haberlos abatido a
todos. Su ferocidad los precedía.
Los carros tras ellos. Después los jeeps.
Cansados de una tan larga marcha matutina, se
pararon cerca de la embajada de Francia, dejando
que los tanques los precedieran, entrando de lleno
en Hamra9. Los soldados espaciados de diez en diez
metros, se sentaron en la acera, el fusil apuntado al
frente, la espalda apoyada en la pared de la embajada.
El torso muy grande, me parecían boas que
tuviesen dos piernas extendidas ante ellos.
“Israel se había comprometido ante el representante
americano, Habib10, a no poner los pies en
Beirut Oeste y sobre todo a respetar las poblaciones
palestinas de los campamentos de refugiados. Arafat
tiene todavía la carta en la que Reagan le promete lo
mismo. Habib habría prometido a Arafat la liberación
de nueve mil presos en Israel. El jueves empiezan
las matanzas de Chatila y Sabra. ¡El “baño de
sangre” que Israel pretendía evitar aportando orden
a los campamentos !”... me dice un escritor libanés.
“Será muy fácil para Israel librarse de todas las
acusaciones. Ya los corresponsales de todos los periódicos
europeos se ocupan de excusarlos: ninguno
dirá que durante las noches del jueves al viernes ydel viernes al sábado se hablaba hebreo en Chatila.”
salir de Chatila sin ir de un cadáver a otro y este
juego de la oca conduciría fatalmente a este prodigio:
Chatila y Sabra arrasadas por la batalla de las
inmobiliarias con el fin de reconstruir sobre este llanísimo
cementerio— la mujer palestina probablemente
era mayor, puesto que tenía el pelo gris.
Estaba tumbada de espaldas, depositada o dejada
sobre sillares, ladrillos, barras de hierro torcidas, sin
confort. Antes de nada me sorprendí por una extraña
trenza de cuerda y tela que iba de una muñeca a
la otra, manteniendo así los dos brazos abiertos en
horizontal, crucificados. La cara negra e hinchada,
levantada hacia el cielo, mostraba una boca abierta,
negra de moscas, con dientes que me resultaron
muy blancos, una cara que parecía, sin que un músculo
se moviese, o bien hacer muecas o bien sonreír
o proferir un alarido silencioso e ininterrumpido.
Sus medias eran de lana negra; el vestido de flores
rosas y grises, ligeramente remangado o demasiado
corto, no lo sé, dejaba ver lo alto de las pantorrillas
negras e hinchadas, siempre con delicados tintes
semejantes al malva y al violeta de las mejillas. ¿Eran
hematomas o el efecto natural de la putrefacción al sol?
—¿Le han pegado con la culata?
—Mire, señor, mire sus manos.
No me había fijado. Los dedos de las dos manos
estaban desplegados en abanico y los diez estaban cortados
con una cizalla de jardinero. Los soldados, riendo
como niños y cantando alegremente, se habían
divertido descubriendo esta cizalla y utilizándola.
—Mire, señor.
Las puntas de los dedos, las falanges con la uña,
yacían en el polvo. El hombre joven que me mostraba,
con naturalidad, sin ningún énfasis, el supli-
cio de los muertos, recubrió tranquilamente con
una tela la cara y las manos de la mujer palestina, ycon un cartón rugoso sus pierna(...)
—A buscar ayuda. Soy el enterrador. Han bombardeado
el cementerio. Todos los huesos de los
muertos están al descubierto. Hay que ayudarme a
recoger los huesos.
Esta amiga creo que es cristiana. También me dijo:
“Cuando la bomba de vacío —llamada de implosión—
mató a doscientas cincuenta personas, nosotros
sólo teníamos una caja. Los hombres cavaron
una fosa común en el cementerio de la iglesia ortodoxa.
Llenábamos la caja e íbamos a vaciarla. Íbamos
y veníamos bajo las bombas, retirando los
miembros y cuerpos como podíamos”.
Desde hacía tres meses las manos tenían una
doble función: por el día, coger y tocar, por la
noche, ver. Los apagones obligaban a esta educación
de ciego, igual que a la escalada bi o tridiaria del
acantilado de mármol blanco, los ocho pisos de la
escalera. Tuvimos que rellenar de agua todos los
recipientes de la casa. El teléfono fue cortado cuando
los soldados israelíes y las inscripciones hebraicas
entraron en Beirut Oeste. Igualmente lo fueron las
carreteras. Los carros [israelíes] Merkaba, siempre en
movimiento, vigilaban toda la ciudad a la vez que
adivinábamos el espanto de los ocupantes por no
convertirse en blancos fijos. Sin duda temían la actividad
de los morabitun11 y de los fedayines que habían
podido quedarse en Beirut Oeste.
Al día siguiente de la ocupación israelí estábamos
prisioneros, pero me pareció que los invasores eran
más despreciados que temidos, causaban más desagrado
que miedo. Ningún soldado reía o sonreía.
El tiempo aquí no era para tirar arroz ni flores.
Desde que las carreteras estaban cortadas, los
teléfonos mudos, privado de comunicación con el
resto del mundo, por primera vez en la vida me sentípalestino y odié a Israel.
Escuchamos Radio Kataeb, Radio Mo r a b i t u n ,
Radio Ammán, Radio Jerusalén (en francés), Radio
Líbano. Sin duda, todos hacemos lo mismo.
“Estamos unidos a Israel por numerosas vías: nos
traen bombas, carros, soldados, frutas y legumbres,
y se llevan a Palestina a nuestros soldados, a nuestros
hijos... en un continuo vaivén que no cesa, como
dicen ellos, estamos unidos desde Abraham, en sudescendencia,
las mujeres palestinas parecían suficientemente fuertes
como para mantener la resistencia y aceptar las
novedades de una revolución. Ya habían desobedecido
a las costumbres: mirada directa aguantando la
mirada a los hombres, rehusaban el velo, cabellos
visibles y desnudos, voz sin fisuras. La más corta y
prosaica de sus conquistas era parte de un avance
seguro hacia un orden nuevo, por lo tanto desconocido
para ellas, pero donde presentían para ellas
mismas su liberación como un baño y para los hombres
como un orgullo luminoso. Estaban dispuestas
a convertirse a la vez en esposas y madres de héroes
como lo eran ya de sus hombres.
En los bosques de Ashlun, quizá los fedayines
soñaban con chicas, más bien cada uno dibujó sobre
sí mismo —o modeló con gestos— una chica pegada
a él, de ahí la gracia y la fuerza —entre divertidas
risas— de unos fedayines armados. No estábamos
sólo en las lindes de una pre-revolución, sino también
en las de una indistinta sensualidad. El rocío,
congelando cada gesto, le confería su dulzura.
Cada día durante un mes, siempre en Ashlun, veía
una mujer delgada pero fuerte, acuclillada a la fría
intemperie, acuclillada como los indios de los Andes,
o algunos negros africanos, los intocables de Tokio, o
los gitanos en un mercado, lista para partir en caso de
peligro, bajo los árboles, frente al puesto de guardia
—una sólida casa pequeña, construida rápidamente.
Descalza, con un vestido negro galoneado en las
mangas, esperaba. Su expresión era severa pero no de
cólera, agotada pero no cansada. El responsable del
comando preparaba una habitación casi vacía y después
le hacía una señal. Ella entraba en la habitación.
Cerraba la puerta sin llave. Luego salía, sin decir
nada, sin sonreír, y con los pies descalzos regresaba
directamente a Yeras y al campamento de Baqa12. En
la habitación reservada para ella en el puesto de guardia
supe que se quitaba las dos faldas negras, desataba
todas las cartas y sobres que estaban cosidos, hacía
un paquete y golpeaba suavemente la puerta. Entregaba
las cartas al responsable, salía, y se iba sin haber
dicho una palabra. Al día siguiente volvía.
Otras mujeres, mayores que ésta, se reían de
tener por hogar tres piedras ennegrecidas que llamaban:
“nuestra casa”. Con qué voz infantil me mostraban
las tres piedras, y a veces con las brasas encendidas,
me decían riendo: darna 5. Estas mujeres viejas
no eran parte ni de la revolución, ni de la resistencia
palestina: eran la alegría que ya no espera más.
el menor movimiento será un falso movimiento.
¿Era firme la tierra bajo los pies desnudos de estas
octogenarias actrices trágicas sublimemente elegantes?
Cada vez lo era menos. Cuando escaparon de
Hebrón bajo las amenazas israelíes6, la tierra aquí
parecía sólida, cada uno se aligeraba y se movía sensualmente
al son de la lengua árabe. Pasado el tiempo,
esta tierra experimentó lo siguiente: los palestinos
eran cada vez menos soportables, a la vez que
estos mismos palestinos, estos campesinos, descubrían
la movilidad, la marcha, la carrera, el juego de
las ideas redistribuidas casi a diario como naipes, las
armas, montadas, desmontadas, utilizadas. Cada
mujer, a su vez, toma la palabra. Ríen. Recojo la
frase de una de ellas:
—¡Héroes! Vaya broma. He parido y azotado a
cinco o seis que están en el yebel.7 Les he limpiado el
culo mil veces. Sé lo que valen y puedo parir a más.
En el cielo siempre azul el sol continúa su trayecto,
pero todavía hace calor. Estas actrices trágicas,
a la vez recuerdan e imaginan. Con el fin de ser
más expresivas, apuntan con el índice el final de
cada período y acentúan las consonantes enfáticas.
Si un soldado jordano pasase, estaría orgulloso: en el
ritmo de las frases encontraría el ritmo de las danzas
beduinas. Sin frases, un soldado israelí, si viese a
estas diosas, les dispararía sobre el cráneo una ráfaga de metralleta.
Algunas mujeres ancianas, mudas, se esconden rápidamente
tras una puerta en la que hay un trapo
blanco clavado. Algunos fedayines muy jóvenes, a
algunos de los cuales reencontraré en Damasco.
La elección que hacemos de una comunidad concreta,
sin contar la nativa, se opera por la gracia de
una adhesión irracional, no es que la justicia no
intervenga, pero es que esta justicia y la defensa de
toda una comunidad se hace en virtud de una atracción
sentimental, incluso sensible, sensual; soy francés,
pero francamente, sin racionalismos, defiendo a
los palestinos. Tienen el derecho puesto que los
amo. ¿Pero los querría si la injusticia no hiciera deellos un pueblo vagabundo?
demás caras del edificio están acribilladas. Si ninguna
de las cuatro caras tiene fisuras, la bomba soltada
por el avión ha caído en el centro y ha hecho un
pozo de lo que era el hueco de la escalera y el ascensor.
En Beirut Oeste, tras la llegada de los israelíes, S.
me dice: “Había caído la noche y debían de ser las
siete. De pronto un gran ruido de chatarra, de chatarra,
de chatarra. Todo el mundo, mi hermana, mi
cuñado y yo corremos al balcón. Noche muy negra.
De vez en cuando destellos a menos de cien metros.
Sabes que frente a nuestra casa hay una especie de
puesto de mando israelí: cuatro carros, una casa con
centinelas ocupada por soldados y oficiales. La
noche. El ruido de chatarra que se aproxima. Los
destellos: algunas antorchas luminosas. Y 40 ó 50
niños de doce o trece años que golpean cadenciosamente
pequeños bidones de hierro, con piedras, con
martillos o con otras cosas. Gritaban muy fuerte y
acompasados: Lâ ilâh illâ Allah, Lâ Kataib wa lâ
yahud (‘No hay más Dios que Dios, no a los kataeb,
no a los judíos’)”.
H. me dice: “Cuando viniste a Be i rut y a
Damasco en 1928, Damasco estaba destruido. El
general Gouraud y sus tropas, destacamentos de
tiradores marroquíes y argelinos, habían arrasado y
devastado Damasco. ¿A quién acusaba la población
siria?
Yo:
—Los sirios acusaban a Francia de la destrucción
y las masacres de Damasco.
Él:
—Nosotros acusamos a Israel de las masacres de
Chatila y Sabra. No carguemos estos crímenes sobre
la espalda de sus sicarios, los kataeb. Israel es culpable
de haber introducido en los campamentos dos
compañías de kataeb, de haber dado las órdenes, de
haberlos animado tres días y tres noches, de haberlos
pertrechado, de haberles dado de beber y de comer,
de haber iluminado el campamento por la noche”.
De nuevo H., profesor de historia. Me dice: “En
1917 el golpe de Abraham se repitió, o si prefieres,
Dios era ya la prefiguración de lord Balfour16. Dios,
decían y dicen todavía los judíos, ha prometido una
tierra de miel y de leche a Abraham y a sus descendientes,
mientras que este territorio no pertenecía al
dios de los judíos (estas tierras estaban llenas de dioses),
este territorio estaba poblado por los cananeos,
que también tenían sus dioses, y lucharon contra las
tropas de Josué hasta robarles el célebre arca de la
alianza sin la cual los judíos no hubieran obtenido la
victoria. Gran Bretaña en 1917 todavía no poseía
Palestina (esa tierra de miel y leche), puesto que el
tratado que le concedía el Mandato todavía no había
sido firmado”.
—Begin pretende haber venido al país...
—Es el título de una película: Una ausencia tan larga.
de Chatila, era más sensible porque tenían gestos y
poses de las que no se habían preocupado. Muertos
de cualquier forma. Muertos abandonados. No obstante,
en el campamento, a nuestro alrededor, flotaban
todos los afectos, las ternuras, los amores en
busca de palestinos que ya no responderán.
—¿Cómo comunicárselo a los parientes que se
han ido con Arafat confiando en la promesa de
Reagan, de Mitterrand, de Pertini, de no tocar a las
poblaciones civiles de los campamentos?8 ¿Cómo
decir que han dejado masacrar a los niños, a los
ancianos, a las mujeres, y abandonado los cadáveres
sin oraciones? ¿Cómo informarles de que se ignora
dónde están enterrados?
Las masacres no se perpetraron en silencio y en la
oscuridad. Alumbrados por los cohetes luminosos
israelíes, los oídos israelíes estaban, desde el jueves
por la tarde, a la escucha en Chatila. Qué fiestas, qué
juergas han tenido lugar allí donde la muerte parecía
participar de la bacanal de los soldados ebrios de
vino, ebrios de odio, y sin duda ebrios de alborozo
por complacer al ejército israelí, que escuchaba,
miraba, animaba, reprendía. No he visto al ejército
israelí escuchando y mirando. He visto lo que hizo.
Al argumento: “Qué ganaba Israel con asesinar a
Bechir9: entrar en Beirut, restablecer el orden y evitar
el baño de sangre”.
—¿Qué ganaba Israel con la masacre de Chatila?
Respuesta: “¿Qué ganaba con entrar en Líbano?
Bombardear durante dos meses a la población civil:
expulsar y destruir a los palestinos. ¿Qué que quería
ganar en Chatila? Destruir a los palestinos”.
Mata hombres, mata muertos. Derriba Chatila.
No está ausente de la especulación inmobiliaria que
se hará en el terreno: vale cinco millones de francos
antiguos el metro cuadrado de terreno arrasado.Pero ¿cuánto valdrá limpio y saneado?
entraron en el campamento de Chatila en cuanto
supieron de las masacres, y que las hicieron cesar al
momento, es decir, el sábado. ¿Qué hicieron con los
autores de la masacre? ¿Dónde están?
Tras el asesinato de Bechir Gemayel y de veinte
de sus compañeros, tras las masacres, cuando supo
que yo regresaba de Chatila, la señora B., de la alta
burguesía de Beirut, vino a verme. Subió —sin electricidad—
los ocho pisos del inmueble —la encuentro
mayor, elegante pero mayor.
—Antes del asesinato de Bechir, antes de las
masacres, tuvo usted razón al decirme que lo peor
estaba en marcha. Lo he visto.
—Ante todo no me diga lo que vio en Chatila, se
lo ruego. Mis nervios son muy frágiles, no debo fatigarlos
para poder soportar lo peor, que aún no ha
llegado.
Vive sola con su marido (setenta años) y su sirvienta
en un gran apartamento de Ras Beirut. Es
muy elegante. Muy cuidado. Sus muebles tienen
buen estilo, creo que Luis XVI.
—Sabemos que Bechir había ido a Israel. Se
equivocó. Cuando uno es jefe de Estado electo no
frecuenta a esa gente. Estaba segura de que acaecería
una desgracia. Pero no quiero saber nada. No debo
fatigar mis nervios para soportar los golpes que
todavía no han llegado. Bechir tuvo que haber
devuelto aquella carta en la que Begin le llamaba
“querido amigo”.
La alta burguesía, con sus sirvientes mudos, tiene
su propia forma de resistir. La señora B. y su marido
“no creen en absoluto en la metempsícosis”. ¿Qué
pasaría si renaciesen en el cuerpo de un israelí?
El día del asesinato de Bechir es también el día de
la entrada del ejército israelí en Beirut Oeste. Las
explosiones se aproximan al edificio en el que estamos;
al fin, todo el mundo baja a protegerse en un
sótano. Embajadores, médicos, sus mujeres, sus
hijos, un representante de la ONU en Líbano, sus
trabajadores domésticos.
—Carlos, tráeme un cojín.
—Carlos, mis gafas.
—Carlos, un poco de agua.
Los sirvientes, puesto que también hablan francés,
están admitidos en el refugio. Quizá también
hace falta protegerlos: sus heridas, su transporte al
hospital o al cementerio, ¡qué faena!
Hay que saber que Chatila y Sabra son kilómetros
y kilómetros de callejuelas estrechas —las callejuelas
son tan angostas, tan esqueléticas que dos personas
no pueden avanzar a no ser que uno de ellos
se ponga de perfil— obstruidas por escombros, bloques,
ladrillos, harapos multicolores y sucios, y por
la noche, bajo la luz de los cohetes israelíes que
alumbraban el campamento, quince o veinte francotiradores,
aun bien armados, no hubieran logrado
hacer esta carnicería. Los asesinos participaron en
gran número y probablemente también escuadras de
verdugos que abrían cabezas, tullían muslos, cortaban
brazos, manos y dedos, arrastraban, trabados
con una cuerda, a gente agonizando, hombres y
mujeres que vivían aún porque la sangre ha chorreado
abundantemente de sus cuerpos, hasta el punto
de que no he podido saber quién, en el pasillo de
una casa, había dejado ese riachuelo de sangre seca,
desde el fondo del pasillo donde estaba el charco
hasta el umbral donde se perdía en el polvo. ¿Era un
palestino? ¿Era una mujer? ¿Un falangista del que
habían evacuado el cuerpo?
Desde París, sobre todo si se ignora la topografía
de los campamentos de refugiados, se puede dudar
de todo. Se puede permitir a Israel afirmar que los
periodistas de Jerusalén fueron los primeros en darla noticia de las masacres.
entraron en el campamento de Chatila en cuanto
supieron de las masacres, y que las hicieron cesar al
momento, es decir, el sábado. ¿Qué hicieron con los
autores de la masacre? ¿Dónde están?
Tras el asesinato de Bechir Gemayel y de veinte
de sus compañeros, tras las masacres, cuando supo
que yo regresaba de Chatila, la señora B., de la alta
burguesía de Beirut, vino a verme. Subió —sin electricidad—
los ocho pisos del inmueble —la encuentro
mayor, elegante pero mayor.
—Antes del asesinato de Bechir, antes de las
masacres, tuvo usted razón al decirme que lo peor
estaba en marcha. Lo he visto.
—Ante todo no me diga lo que vio en Chatila, se
lo ruego. Mis nervios son muy frágiles, no debo fatigarlos
para poder soportar lo peor, que aún no ha
llegado.
Vive sola con su marido (setenta años) y su sirvienta
en un gran apartamento de Ras Beirut. Es
muy elegante. Muy cuidado. Sus muebles tienen
buen estilo, creo que Luis XVI.
—Sabemos que Bechir había ido a Israel. Se
equivocó. Cuando uno es jefe de Estado electo no
frecuenta a esa gente. Estaba segura de que acaecería
una desgracia. Pero no quiero saber nada. No debo
fatigar mis nervios para soportar los golpes que
todavía no han llegado. Bechir tuvo que haber
devuelto aquella carta en la que Begin le llamaba
“querido amigo”.
La alta burguesía, con sus sirvientes mudos, tiene
su propia forma de resistir. La señora B. y su marido
“no creen en absoluto en la metempsícosis”. ¿Qué
pasaría si renaciesen en el cuerpo de un israelí?
El día del asesinato de Bechir es también el día de
la entrada del ejército israelí en Beirut Oeste. Las
explosiones se aproximan al edificio en el que estamos;
al fin, todo el mundo baja a protegerse en un
sótano. Embajadores, médicos, sus mujeres, sus
hijos, un representante de la ONU en Líbano, sus
trabajadores domésticos.
—Carlos, tráeme un cojín.
—Carlos, mis gafas.
—Carlos, un poco de agua.
Los sirvientes, puesto que también hablan francés,
están admitidos en el refugio. Quizá también
hace falta protegerlos: sus heridas, su transporte al
hospital o al cementerio, ¡qué faena!
Hay que saber que Chatila y Sabra son kilómetros
y kilómetros de callejuelas estrechas —las callejuelas
son tan angostas, tan esqueléticas que dos personas
no pueden avanzar a no ser que uno de ellos
se ponga de perfil— obstruidas por escombros, bloques,
ladrillos, harapos multicolores y sucios, y por
la noche, bajo la luz de los cohetes israelíes que
alumbraban el campamento, quince o veinte francotiradores,
aun bien armados, no hubieran logrado
hacer esta carnicería. Los asesinos participaron en
gran número y probablemente también escuadras de
verdugos que abrían cabezas, tullían muslos, cortaban
brazos, manos y dedos, arrastraban, trabados
con una cuerda, a gente agonizando, hombres y
mujeres que vivían aún porque la sangre ha chorreado
abundantemente de sus cuerpos, hasta el punto
de que no he podido saber quién, en el pasillo de
una casa, había dejado ese riachuelo de sangre seca,
desde el fondo del pasillo donde estaba el charco
hasta el umbral donde se perdía en el polvo. ¿Era un
palestino? ¿Era una mujer? ¿Un falangista del que
habían evacuado el cuerpo?
Desde París, sobre todo si se ignora la topografía
de los campamentos de refugiados, se puede dudar
de todo. Se puede permitir a Israel afirmar que los
periodistas de Jerusalén fueron los primeros
(...)Antes de la guerra de Argelia, en Francia, los árabes
no eran guapos, su aspecto era pesado, arrastrado, el
morro ladeado, pero de repente la victoria los embelleció,
pero ya, un poco antes de que fuera cegadora,
cuando más de medio millón de soldados franceses
se extenuaban y agotaban en los Aurès y en toda
Argelia, un curioso fenómeno se hizo perceptible,
modificando la cara y el cuerpo de los obreros árabes:
algo como la cercanía, el presentimiento de una
belleza todavía frágil pero que nos deslumbraría
cuando las escamas hubiesen por fin caído de su piel
y de nuestros ojos. Había que aceptar la evidencia:
se habían liberado políticamente para aparecer como
debían ser vistos, muy guapos. Del mismo modo,
escapados de un campamento de refugiados, escapados
de la moral y del orden de los campamentos,
escapados a una moral impuesta por la necesidad de
sobrevivir, escapados a la vez de la vergüenza, los
fedayines eran muy guapos; y esta belleza era nueva,
ingenua, inocente, fresca, tan viva que descubría inmediatamente
lo que la ponía de acuerdo con todas
las bellezas del mundo arrancándose la vergüenza.
Muchos de los macarras argelinos que cruzaban
Pigalle por la noche, utilizaban su situación en provecho
de la revolución argelina. La virtud estaba ahí
también. Es, creo, Hannah Arendt10 quien distingue
las revoluciones según que persigan la libertad o la
virtud —es decir, el trabajo. Haría falta tal vez reconocer
que las revoluciones y liberaciones se dan (en
el fondo) con el fin de encontrar o reencontrar la
belleza, es decir, lo impalpable, lo que sólo se
revolución lo es cuando ha hecho caer de los rostros
y los cuerpos la piel muerta que los reblandecía. No
hablo de una belleza académica, sino de la impalpable
—inefable— alegría de los cuerpos, de las caras,
de los gritos, de las palabras que dejan de ser mortecinas,
quiero decir una alegría sensual y tan fuerteque quiere desterrar todo erotismo ...)
pasaban bajo las narices su manga de terciopelo con
flecos que, al cabo de un mes, estaba cubierta de un
ligero nácar. Igual los fedayines. Se sonaban como
aspiraban el rapé los marqueses, como los prelados:
un poco encorvados. Hice lo mismo que ellos, que
me lo enseñaron sin pensarlo.
¿Y las mujeres? Bordar noche y día los siete vestidos
(uno por cada día de la semana) del ajuar de
bodas ofrecido por un marido generalmente viejo y
elegido por la familia, deprimente despertar. Las
jóvenes palestinas se volvieron muy bellas cuando se
rebelaron contra el padre y rompieron las agujas y
las tijeras de coser. En las montañas de Ashlun, de
As-Salt y de Irbid, en los bosques mismos se había
depositado toda la sensualidad liberada por la revuelta
y los fusiles, no olvidemos los fusiles: eso bastaba,
todos estaban hartos. Los fedayines, sin darse
cuenta —¿de verdad?— encarnaban una belleza
nueva: la viveza de los gestos y el cansancio visible,
la velocidad del ojo y su brillo, el timbre de la voz
más clara se aliaban a la prontitud de la réplica y a
su brevedad. Y a su precisión también. Las frases largas,
la retórica sabia y voluble, las habían desechado.
En Chatila, muchos han muerto, y mi afecto y
amistad por sus cadáveres pudriéndose era grande
también porque los conocía. Ennegrecidos, infla-
dos, podridos por el sol y la muerte, seguían siendo
fedayines.
Hacia las dos de la tarde, domingo, tres soldados
del ejército libanés, apuntándome con el fusil, me
condujeron a un jeep donde dormitaba un oficial.
Le pregunté:
—¿Habla francés?
—Inglés.
La voz era seca, tal vez porque acababa de despertarlo
con un sobresalto. Miró mi pasaporte. Dijo
en francés:
—¿Viene de allá? (su dedo apuntaba a Chatila).
—Sí.
—¿Ha visto?
—Sí.
—¿Va a escribirlo?
—Sí.
Me devolvió el pasaporte. Me hizo una señal para
que me fuese. Los tres fusiles se bajaron. Había pasado
cuatro horas en Chatila. En mi memoria quedaban
alrededor de cuarenta cadáveres. Todos —digo
todos— habían sido torturados, pro b a b l e m e n t e
bajo la embriaguez, entre cantos, risas, el olor de la
pólvora y de la carroña.
Sin duda estaba solo, quiero decir que era el
único europeo (con algunas ancianas palestinas aferradas
todavía a un pañuelo blanco desgarrado; con
algunos jóvenes fedayines desarmados) pero, si estas
cuatro o cinco personas no hubieran estado allí al
descubrir yo esta ciudad abatida, los palestinos
horizontales, negros e hinchados, me hubieran vuelto
loco. ¿Dónde estaba? Esta ciudad hecha migas y
derribada que he visto o creído ver, recorrida, zarandeada
y arrasada por el olor de la muerte, todo eso,
¿había tenido lugar?
Sólo había explorado, y mal, una veinteava parte
de Chatila y Sabra, nada de Bir Hassan, y nada deBurj el Barajne22. Todo este desatino debería haber llevado
como subtítulo El sueño de una noche de verano,
a pesar del mal gesto de los cuarentones. Todo esto
era posible gracias a la juventud, al placer de estar
bajo los árboles, de jugar con las armas, de estar
lejos de las mujeres, es decir, de escamotear un problema
difícil, de ser el punto más luminoso por ser
el más agudo de la revolución, de tener el asentimiento
de la población de los campamentos de
refugiados, de ser fotogénicos en todo lo que se
haga, y quizá de presentir que este cuento de hadas
de contenido revolucionario sería dentro de poco
devastado: los fedayines no querían el poder, ya
tenían la libertad.
A la vuelta de Beirut, en el aeropuerto de
Damasco, encontré jóvenes fedayines escapados del
infierno israelí. Tenían dieciséis o diecisiete años:
reían, eran parecidos a los de Ashlun. Morirán igual
que ellos. El combate por un país puede llenar una
vida muy rica, pero corta. Es la elección, recuérdese,
2.Me enteré por los periódicos de que, tras cuarenta años de abnegación, esta madre roció de gasolina ─ o de petróleo ─ a su hija dormida, y luego toda la casa y le prendió fuego. El monstruo (la hija) sucumbió. Sacaron de entre las llamas a la vieja (75 años) y se salvó, es decir, compareció ante el tribunal.(N. del A.)
NOTAS A CUATRO HORAS EN SABRA Y CHATILA
1.El comandante Saad Haddad dirigía la milicia llamada ejército del
Sur de Líbano (ESL), aliada de Israel y que controlaba el sur libanés
ocupado por Israel desde 1978. En 1982, el ESL siguió al ejército
israelí en su avance hacia Beirut. Haddad murió en 1984, sucediéndole
al frente del ESL el general Antoine Lahad.
2 En árabe, falangistas. El Partido Kataeb o Falange, formación de la
extrema derecha cristina maronita aliada de Israel, fue creado por
Pierre Gemayel en 1936 tras un viaje por la Europa fascista. El nombre
deriva, de hecho, de la Falange española. Fueron las milicias falangistas
(hegemónicas dentro de la estructura militar unificada de las
organizaciones políticas de la derecha cristiana libanesa, las denominadas
Fuerzas Libanesas, FL) las que perpetraron las matanzas de
Sabra y Chatila. Las FL estaban dirigidas por el menor de los hijos de
Gemayel, Bechir, elegido presidente de Líbano el 23 de agosto de
1982 con el apoyo de Israel y EEUU. Bechir Gemayel fue asesinado
el 14 de septiembre, excusa de las matanzas de Sabra y Chatila, perpetradas
durante los días 16 y 18 de septiembre, tras la entrada del
ejército israelí en Beirut Oeste esa misma madrugada.
3.El 17 de mayo de 1977 el Likud gana las elecciones en Israel y
Menahem Begin se convierte en primer ministro. Ariel Sharon es
designado ministro de Defensa.
4. Tras dos meses de combates y asedio, el mediador norteamericano
del presidente Reagan, Philip Habib, logra el compromiso de la OLP
de abandonar Beirut Oeste a cambio de garantizar la protección internacional
para la población palestina de los campamentos de refugiados
situados en la periferia sur de la ciudad, los de Sabra y Chatila,
por medio del despliegue de una fuerza multinacional de soldados italianos,
franceses y norteamericanos. Los combatientes palestinos
abandonan la capital libanesa el 1 de septiembre, y el 10 de septiembre
lo hace la fuerza multinacional desplegada. Tras el asesinato —
nunca esclarecido—, ese mismo 14 de septiembre, del recién elegido
nuevo presidente libanés, Bechir Gemayel, el ejército israelí ocupa
Beirut Oeste en contra de lo pactado con EEUU.
5. En árabe, “nuestra casa”.
6. Referencia al éxodo palestino de la guerra de 1967.
7. En árabe, monte.
L o rd Arthur James Ba l f o u r, ministro británico de Asuntos
Exteriores, escribió el 2 de noviembre de 1917 una carta al representante
de los judíos británicos en la que expresaba que el gobierno se
mostraba favorable a la creación de un “hogar nacional para el pueblo
judío en Palestina”, compromiso que se considera clave del inicio del
problema palestino. Genet señala más abajo que Gran Bretaña aún no
era entonces potencia mandataria sobre Palestina.
8. Jefes de gobierno o presidentes de los países comprometidos en la
fuerza de interposición desplegada en Beirut (véase la nota 8).
9. Genet recoge aquí la hipótesis de que Gemayel fuera asesinado
por sus propios aliados israelíes a fin de justificar un control definitivo
de Israel sobre Líbano o, al menos, la entrada de su ejército en
Beirut Oeste a fin de aniquilar definitivamente a la resistencia palestina
que aún pudiera permanecer allí y a sus aliados libaneses. En
cualquier caso, su asesinato no ha sido nunca esclarecido.
10. Filósofa alemana (1906-1975).
27 abril 2009
Villon, poesía y delito
Poeta entre delincuentes, por excelencia el delincuente de los poetas, asesino de un clérigo, ladrón, presidiario, condenado a la horca, desterrado, patriarca de los Malditos, de los surrealistas, adalid de la revuelta en la Universidad de París (último siglo de la Edad Media), de este célebre desconocido sabemos menos que de Pitágoras; que su apellido no es Villon, sin noticia alguna de su muerte, no se conoce de él vindicación distinta de su calidad e inmortalidad literaria: “Poeta truhán, pedigüeño sin suerte en diversas cortes, asesino y místico, amigo de las prostitutas” llega a decir de él algún escueto desvergonzado.
Algunas pistas en los anales judicales han sido rastreadas por el historiador Auguste Longnon y Marcel Shwob.
La tradición consiente que, huérfano de padre, de incierto nombre, a François de Montcorbier o de Loges su madre lo dio en adopción a Guillame de Villon, capellán de Saint Bénoît-le-Bétourné, de quien el poeta expósito tomará el patronímico; en marzo de 1449, el mentado François de Montcorbier se graduó de bachelier por la faculté des Arts (Lettres) de la Universidad de París; en 1452, licencié y maître ès Arts; que participó activamente en las primeras jornadas históricas del movimiento estudiantil contra el Estado; que el 5 de junio de 1455, disputando los favores de una dama de dudosa reputación dio muerte al clérigo Philippe Sermoise ; que robó el tesoro del collège de Navarre ( por monto de la nada despreciable suma de quinientos escudos de oro) ; que fue condenado a la horca y luego indultado:
Yo soy François- ¡cuánto me pesa!
de París, cerca de Pontuesa.
pendiendo de la cuerda de una toesa
sabrá mi cuello lo que mi culo pesa. (Cuarteta);*
también se admite que nació en incierta fecha (entre el 1 de abril de 1431 y 19 de abril de 1432); que desapareció hacia 1463.
Quiero imaginar a este joven con una "rabiosa" cicatriz en el rostro (tardaría aún algunos siglos en conocerse la cirugía plástica) al que las señoritas francesas de la alta Edad Media evitaban. Debía ser casi un monstruo de una irritada sensibilidad estética. Quiero imaginarlo enamorado, avocado al sexo mercenario. Lo presiento solo, huraño, desconfiado, explosivo, prófugo de la luz y los resplandores sociales, de un extraordinario talento…
Suelo creer que la banda Les Coquillards le adoptaron como jefe debido a estas “cualidades”, no que el poeta se alistó en sus filas. Asumo que su destino, de alguna manera, le fue impuesto.
Villon no es con mucho un poeta atípico en su escenario. Alguien ha dicho que no efectuó renovación alguna en la poesía francesa. Basta leer Les Fabliaux y otras manifestaciones de juglaría literaria medievales para ubicarle en su elemento. No obstante habrá que distinguirle del pícaro de tradición española. Lázaro de Tormes no será jamás un Villon, bien que Villon es, entre otras cosas, un buscón: nuestro poeta delincuente rebasa la dimensión de delito en nuestros personajes del Siglo de Oro. Villon es ilustre ancestro de Genet. Las bufonescas parodias, la burla de la muerte, las bromas ante la inminencia de la horca, las referencias sexuales “joycianas”, a la sodomía, no son extrañas en el imaginario medieval.
De lo que es trata acá es de compartir una velada con un poeta en muchos sentidos medieval. Dado que es poco lo que de él sabemos, sería un abuso extendernos más en esta presentación. Bienvenidos a este convite con el papa medieval de los poetas malditos.
Stanislas Valois Aragon
La poesía de Villon
Balada de agradecimiento
A Devotas y Mendicantes,
a elegantes de chapa en suelas,
a Cartujos y otros tunantes,
a clientes y a mujerzuelas
de esas que usan abiertas cotas,
a galanes que por las modas
hieren sus pies con prietas botas:
agradezco a todos y a todas.
A las que muestran pezoncillos
porque saben que eso da oro,
a traviesos y a ladroncillos,
a saltimbanquis con su loro,
a juglaresas y fantoches
que silban, beodos y beodas,
y así alegrando van las noches:
agradezco a todos y a todas.
Salvo a jauría azotadora
que me hizo masticar grilletes
pero que ya no temo ahora
mas que se teme a tres soretes.
Les dejaría eructos, pedos
a modo de estridentes odas,
pero quiero evitar enredos:
agradezco a todos y a todas.
Que con durísimos mazazos
les rompan las costillas todas
y las piquen a martillazos:
agradezco a todos y a todas.
El testamento
XV
El Noble Roman de la Rose
hace esta sabia exhortación:
al joven corazón que yerra
no ha de negársele el perdón
pues de viejo será juicioso.
Ha de ser esa la razón
por la cual los que me persiguen
quieren que acabe joven yo.
XVI
Que si mi muerte resultara
de algún provecho al bien común
yo mismo a la horca desposara
con mansedumbre y prontitud.
Más si de pie a nadie hago daño
¿qué bien haré en el ataúd?
No se echarán a andar los montes
si un pobre tiene o no salud.
XVII
En tiempos de Alejandro el Grande,
un hombre, Diómedes llamado,
ante ese rey fue conducido
como un ladrón aherrojado
porque era de esos malhechores
que van las naves despojando;
y así se estaba entre grilletes
la palabra "muerte" aguardando.
XVIII
"¿Por qué, responde, eres pirata?"
Alejandro lo interpeló.
"¿Por qué me haces llamar pirata?"
Diómedes le respondió."
¿Porque a veces pillo una nave
y vivo pobre y con temor?
Si como tú estuviese armado
también sería emperador".
XIX
"Adversa ha sido mi fortuna
y en contra de ella nada puedo.
De sus traiciones y sus golpes
me viene mi comportamiento.
Deberías tener piedad.
Recuerda siempre este proverbio:
No se pida mucha lealtad
al corazón del pordiosero."
XX
Consideró el emperador
lo que Diómedes le decía
y así habló: "Mudaré tu suerte
a partir de ahora en propicia".
A nadie más maldijo ese hombre
y fue bueno desde ese día.
Valerio Máximo lo cuenta
que por sabio en Roma tenían.
XXI
Sí Dios un piadoso Alejandro
hubiera puesto en mi camino
que me trajera mejor suerte,
por pecar, entonces, yo mismo
a la hoguera me condenara.
La miseria a los extravíos
nos empuja, y el hambre al lobo
saca del bosque a los caminos.
XXII
Mi juventud perdida añoro
en la cual más que otros gocé
de la vejez hasta las puertas.
¡Yo no la vi cuando se fue!
No lo hizo ni caminando
ni a caballo ¡ay! ¿Cómo fue?
Alzó el vuelo muy de repente
y ningún don de ella heredé.
XXIV
Y nadie puede reprocharme
que en manjares despilfarré
ni tampoco que vendí nada
—nada valioso, entiéndase—
por pagar goces amorosos,
que nunca caros los pagué.
Si es por esto que se me acusa
de esto me puedo defender.
XXV
Es verdad que no poco amé
¡y amaría con cuántas ganasa
un hoy que viejo me sé!
—más cuerpo hambriento y triste alma
me alejan de amorosas sendas.
Que las cabalgue con su lanza
el que se harta en ricas bodegas:
la danza brota de la panza.
XXVIII
Se fueron rápido mis días,
como los hilos —dice Job
que sobresalen de una tela
cuando en la mano un tejedor
una paja encendida tiene
con que los toca y los quemó.
¿Qué he de temer, qué llantos hubo
que la muerte al fin no apagó?
XXXI
Dios buenos vuelva a los señores;
ya llevan vida regalada,
no les es menester remiendos:
no pediré por ellos nada.
Para los pobres como yo
pido al cielo paciencia... ¡y larga!
Para el monje no, que le sobra
pan, y que vino no le falta.
XXXII
¡Los vinos que entre monjes corren!
¡Sus salsas, sopas y pescados!
¡Sus tartas, flanes, huevos fritos
y de mil formas preparados!
Y no se andan con protocolos:
ni escanciador para sus vasos
ni trinchador de carnes gastan:
solos se arrojan a los platos.
XXXIV
Olvidemos el monasterio y
hablemos de algo más alegre.
Ese tema no gusta a todos,
desagradable es y entristece.
La pobreza, además, dolida
siempre, tiene una frase hiriente
contra el glotón, y la murmura
cuando a gritarla no se atreve.
XXXV
Pobre soy desde que nací.
No sé lo que es tener riquezas
ni las tuvo jamás mi padre
ni ninguno de su ascendencia.
No se ven coronas ni cetros
en lo que de sus tumbas queda.
La pobreza desde hace siglos
nos persigue como a su presa.
XXXVI
Cuando me quejo por ser pobre
suele decirme el corazón:
"¡No andes, hombre, tan apenado
ni tamaño sufras dolor
por no tener lo que los grandes;
bajo sayo basto es mejor
vivir hoy que pudrirse en tumba
aunque se haya sido señor!"
Y así sea Paris o Helena,
el que muere, muere sufriendo:
sobre su corazón estalla
su propia hiel, pierde el aliento;
después suda ¡Dios, qué sudores!
y nadie puede socorrerlo,
que entonces no hay hijo ni hermano
que le quiera canjear el cuerpo.
XLI
La muerte lo hace temblar, lívido,
le hincha las venas, le hincha el cuello,
le afloja la carne, le agranda
los tendones que unen los huesos...
¡Oh, tierno cuerpo femenino!
¿Deberás sufrir tal tormento?
¿Tú, pulido, dulce y precioso?
Si, o subir vivo a los cielos.
Balada de las damas de antaño
Decidme en qué comarca, decidme en dónde
encontrar a Flora, la beldad romana;
dónde Archipiada de la luz se esconde
y Thaís que fuera la su prima hermana;
Eco condenada a repetir, lejana,
el cantar del agua, del monte el ruido,
que tan bella fue cuando lo quiso el hado;
mas las mismas nieves del año pasado
¿adonde se han ido?
Decid dónde Heloísa está, la tan juiciosa,
por quien fue castrado y enclaustrado luego
Abelardo el Sabio en Saint-Denis famosa:
pagó con tal pena su imprudente fuego.
¿Dónde aquella reina está, asimismo agrego,
quien a Buridán, que la hubo poseído,
quiso que arrojaran al Sena embolsado?
Mas las mismas nieves del año pasado
¿adonde se han ido?
La reina Blanca como flor de lis
que con falsa voz de sirena cantaba,
Berta la del gran pie, Beatriz, Alís,
Haremburgis que en todo el Maine reinaba,
y la lorenesa Juana, buena y brava,
que en Rouen quemara el Inglés forajido,
Virgen soberana ¿dónde se han guardado?
Mas las mismas nieves del año pasado
¿adonde se han ido?
No buscaréis, Príncipe, año ni semana
un oculto sitio al que hayan escapado
sin que mi estribillo cante en vuestro oído:
"Mas las mismas nieves del año pasado
¿adonde se han ido?”
Balada de los señores de antaño
¿Dónde está Calixto Tercero,
que papa fue por cuatro años,
último muerto de ese nombre?
¿Y el muy gracioso Borbón Carlos,
Arturo, el duque de Bretaña,
Alfonso en Aragón reinando
y Carlos Séptimo triunfante?
Mas ¿dónde el bravo Carlomagno?
¿Y el rey de Escocia, que tenía
una mejilla —se ha contado—
color sangre desde la frente
hasta debajo de los labios?
¿Y el valeroso rey de España
cuyo nombre se me ha olvidado?
¿Y el muy famoso rey de Chipre?
Mas ¿dónde el bravo Carlomagno?
Renuncio a hablar de glorias idas:
el mundo es sólo un sueño vano.
Nadie triunfa sobre la muerte,
no la detienen los palacios.
Una pregunta aún formulo:
aquel rey de Bohemia, Lazlo
¿dónde está, dónde está su abuelo?
Mas ¿dónde el bravo Carlomagno?
¿Dónde el conde delfín de Auvernia?
¿Dónde el astuto y buen Bernaldo?
¿Dónde el difunto Juan Primero?
Mas ¿dónde el bravo Carlomagno?
Balada en vieja lengua francesa
Porque también el Santo Padre,
con amito y alba cubierto,
ceñido con estolas santas
con las que coge por el cuello
al diablo que maldad rezuma,
muere igual que se muere un lego:
una brisa suave lo arranca:
seres son que se lleva el viento.
Y también de Constantinopla
el señor de dorado yelmo,
o de Francia el rey generoso
que sembró iglesias y conventos
en honor a Dios, y que ha sido
el más glorioso de los nuestros,
si en su tiempo los adoraron
seres son que se lleva el viento.
Y asimismo el delfín de Vienne
y Grenoble, el prudente, el fiero,
o de Dijon, Salins y Dole
el señor y su hijo heredero,
o su gente misma, sus cortes,
pese a todo lo que engulleron,
sus escuderos, sus heraldos,
seres son que se lleva el viento.
Van los príncipes a la muerte
como el clérigo y como el siervo,
y así se enfaden o entristezcan
seres son que se lleva el viento.
XLVI
Esas también viejas putuelas
que al ver, hambrientas ya y temblando,
cómo requieren a las mozas,
van por lo bajo preguntando
al Señor qué razones tuvo
de hacerlas nacer hace tanto.
El señor calla, que bien sabe
que en tal debate es derrotado.
Los lamentos de la bella armera
Creo estar las quejas oyendo
de la que fue la Bella Armera;
ella querría aún ser joven...
Parece hablar de esta manera:
‘¿Por qué tan pronto me venciste,
vejez cruel y traicionera?
¿Qué me ata que no me hundo el hierro
que esfumaría mis miserias?’
LI
Hace treinta años que está muerto
y yo, vieja, canosa, sigo.
Cuando me acuerdo de otros tiempos
y desnuda cuando me miro
y me veo tan diferente
(¡qué horrenda soy! ¡qué bella he sido!)
encogida, marchita, flaca,
me tengo rabia porque vivo.
LII
¿Qué se hicieron mi lisa frente,
mis cejas y cabellos rubios,
mis ojos de mirar travieso
con que atrapaba a los más duros,
esa nariz recta y mi rostro,
mi rostro que ahora en vano busco,
mis orejas blancas y firmes
y mis labios de un rojo puro?
LIII
¿Mis hermosos pequeños hombros,
largos brazos y manos finas,
pezones chicos y caderas
altas y sólidas, propicias
para batallas de amor largas
y, sobre todo, eso que hacía
dichoso al hombre entre mis muslos
bajo el jardín que lo escondía?
LIV
La frente ajada, blanco el pelo,
apagados los ojos que ayer
lanzaban rientes miradas
al pecho del noble y del burgués,
la nariz corva y las orejas
colgando velludas y también
del rostro huidos los colores
—si labios tiene, no se ven—
LV
¡En eso para la belleza humana!
Manos contraídas,brazos cortos, varias jorobas
entre los hombros distribuidas,
resecas están ya las tetas,
asco da eso que daba dicha
y los muslos amoratados
antes que muslos son salchichas.
Balada de las jóvenes cortesanas
Pensad pues, tú, bella Guantera
que mi alumna solías ser
y tú, Blanca la Zapatera,
que a vivir debéis aprender.
Tomad a izquierda y a derecha
—hombre que pase, Dios lo puso—
que a la vieja se la desecha
como moneda fuera de uso.
Y tú, bellísima Fiambrera
que danzando quitas el sueño,
y Guillerma la Tapicera:
¡los caprichos haced del dueño!
Pronto este tiempo se irá lejos,
feas seréis como un lechuzo,
no serviréis ni a curas viejos,
como moneda fuera de uso.
Tú, Juanita la Sombrerera:
que ningún amor te detenga;
tú, Catalina la Bolsera:
no desprecies a aquel que venga;
pues aunque yo, por recordarme,
les sonrío a veces y azuzo
sé que nadie vendrá a tomarme,
como moneda fuera de uso.
Sabed, muchachas, que si estallo
en tan triste llanto y profuso
es que quien me requiera no hallo,
como moneda fuera de uso.
LVII
Esta lección dio la que fuera
muy requerida y bella un tiempo;
sea cual fuere su valía,
ha registrado sus consejos
Frémin, Etourdi, mi amanuense,
que es igual que su dueño atento.
Si se durmió maldito sea,
que el empleado hace a su dueño.
EPITAFIO
Yace y duerme en este desván
—con sus flechas lo mató Amor—
un estudiante simple y pobre
que llamaban Françoise Villon.
Nunca tuvo un palmo de tierra.
Sabido es que todo lo dio:
su mesa, su pan, su panera.
Rezad así, cual él pidió:
Versículo o rondel
Dad reposo eterno a este hombre
y eterna claridad, Señor.
Ni un perejil jamás fue suyo
ni saciado se relamió.
Lo afeitaron hasta las cejas
como un nabo que en la olla dio.
Dadle reposo eterno, Dios.
El Rigor lo mandó al exilio
y en el culo lo pateó
mientras él sollozaba:
“¡Apelo!”que no es muy ingeniosa voz.
Dadle reposo eterno, Dios.
CLXXIX
Se haga sonar a todo vuelo
la campana gorda de vidrio
aunque todo corazón tiemble
cuando está prestando servicio.
Salvó en un tiempo muchos feudos
y ello es de todos bien sabido,
fuesen ejércitos o trueno
al sonar vencía al peligro.
CLXXX
Los campaneros cuatro hogazas
tendrán... o más: media docena.
Nunca les dan tanto los ricos,
mas serán las de San Esteban.
Volant es hombre infatigable:
se las merece y feliz sea.
Le durarán una semana
con que sólo aplique su ciencia.
CLXXXI
Para acabar con este asunto
designo como ejecutores
a gentes de agradable trato
que contentan a sus deudores.
Con qué vivir tienen ¡Dios gracias!
y no son unos fanfarrones.
Escribe, Frémin, dictaré seis
a quienes nombro directores.
Balada de los ahorcados
Hermanos humanos que después de nosotros vivís,
no tengáis contra nosotros los corazones endurecidos
pues, si piedad tenéis de nosotros, pobres,
Dios tendrá antes de vosotros misericordia.
Vosotros nos veis aquí atados, cinco, seis:
en cuanto a la carne, que excesivamente hemos nutrido,
ha tiempo que está devorada y podrida,
y nosotros, los huesos, nos tornamos ceniza y polvo.
de nuestro mal nadie se ría:
¡pero rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!
Si hermanos os llamamos, no debéis
tener desdén, por más que fuimos muertos
por Justicia. Sin embargo, sabed
que todos los hombres no tienen sentada la sensatez,
perdonadnos, puesto que hemos partido
hacia el hijo de la Virgen María,
que su gracia no esté para nosotros agotada,
preservándonos del infernal rayo.
Estamos muertos, que nadie nos atormente;
¡pero rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!
La lluvia nos ha bañado y lavado,
y el sol, desecado y ennegrecido:
urracas y cuervos nos han socavado los ojos
y arrancado la barba y las cejas.
Jamás, en ningún instante, estamos quietos;
hacia aquí, hacia allá, según varía el viento,
a su antojo, sin cesar nos mueve,
más picoteados de pájaros que dedales de coser.
No seáis, pues, de nuestra cofradía;
¡pero rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!
Príncipe Jesús, que sobre todos tienes poder,
cuida que el Infierno tenga señorío en nosotros:
que no tengamos que hacer con él, ni pagarle.
hombres, aquí no hay broma;
¡Pero rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!
--------------------------
* Aquí como en la selección que ofrezco seguidamente, sigo la traducción de Rubén Abel Reches. Me abstengo de advertir las referencias a personalidades y hechos históricos, así como las alusiones sexuales, sodomía y otras obscenidades que el lector deberá discernir.
25 marzo 2009
La Palabra satanizada
La Palabra satanizada
Aquel profundo hijo del desierto andaba arropado, y parecía un poseso, un vaticinador y un brujo y se ha llegado a ver en ello los síntomas de un ataque de epilepsia; tuvo que disfrazarse, vivir errante, oculto entre peñas, cavernas, expuesto a ser asesinado como lo fue su primo Alí en la mezquita de Bagdad(1). Es este el año de la Huída, conocido como de la Hégira: juzgando imposible continuar en “la madre de las ciudades”, La Meca, debió huir a Yatrib (llamada hoy Medinat al Nabí: la Ciudad del Profeta, Medina). Son éstos los tiempos en que el arcángel Gabriel se le aparece y, sucesivamente, le dicta fragmentos del infinito Libro reluciente, de la madre del Libro: el Corán , revelación que con este hombre de vigoroso intelecto inculto, de quien se afirma que no sabía escribir, fuerte e indómito, fueron como chispa caída en un mundo de arenas menospreciables que estallaron como pólvora en la vastedad huérfana de Arabia. Acosado, decidió vender caro su vida, moriría si habría de morir peleando.
Había casado con Jadicha, una mujer rica que le doblaba la edad y, salvo Fátima, sus hijos conocieron una muerte prematura. Como más adelante Ayesha su favorita lo cuestionara, alegando que era más joven y bella que Jadicha, respondió que sólo tuvo un amigo en el mundo, y que creyó él cuando nadie lo escuchaba, Jadicha.
Abrumado por graves eternos interrogantes que no satisfacían ni el paganismo griego ni las congregaciones judeocristianas, se retiró durante un mes (Ramadán), a orar. Deviene por excelencia verdugo de toda idolatría. Acusaba a los judíos de suprimir fragmentos de la Escritura, añadir y alterar la dicción de muchos otros, de modo que los definió para siempre “asnos cargados de libros”.
Su relación con la gente del Libro es por entonces fluctuante. Algunos judíos son sus adeptos. Mahoma (“el alabado”), no lleva la mejor parte en la disputa religiosa. Pero tarde o temprano llega su momento. Los coraxíes seguidores del primer muslim (musulmán, piadoso), debieron emigrar. Mahoma, con su monoteísmo decantado, era la ficha ideal para terciar en el conflicto de tribus. Estableció la alquibla con dirección a Jerusalén; por ello, junto con Abú Bakr y Alí, son los últimos en dejar La Meca. Hacia esta ciudad (fundada por Abraham, el gran hanif, y su hijo Ismael), dirige más tarde la alquibla. En 625 ( Ramadán del año 2 de la Hégira), comanda una algazúa, contra fuerzas tres veces superiores. Mahoma incita, según la voluntad de Dios, a sus hombres al combate, y hace suya la victoria en la batalla de Bakr, con lo que queda sentada la supremacía del Dios del “Alabado”.
Habiendo nacido entre los hachemíes, familia notable de la tribu de Kora el año 570 después de Cristo, aunque más bien pobre él, quedó pronto huérfano de padre, y su madre murió cuando el profeta contaba con sólo seis años de edad. Es adoptado por su abuelo, que le cobra inmenso afecto al niño retraído y discreto, pues que cree ver en él a Abdallah, su hijo desaparecido. Muerto el abuelo, su custodia queda a cargo de un tío, Abu Talib, responsable de la buena educación del huerfanito, que por su carácter meditativo recibe el apelativo de al Amín (el Fiel). Hablaba poco y con franqueza, se lo define como cariñoso y amable, buen amigo, cordial. También se afirma que era hermoso, de fino rostro y tez morena, ojos negros y brillantes con una pequeña vena en la frente que, cuando montaba en cólera, se hinchaba y oscurecía.
Se sabe que viajó en carabanas de comerciantes a Siria, donde se supone recibió su iniciación religiosa. No es seguro que él mismo haya comerciado, pero conozco una tradición según la cual, al aparecérsele, Gabriel lo conmina: “¡Karim Abdul ibn Abdallah, tú eres el Profeta, no un vil vendedor de camellos!” Se ha dudado, icluso bromeado, en cuanto a la inspiración del Corán. Grocio, que al parecer sigue una leyenda, habla de un pichón adietrado que picoteaba semillas en la oreja del profeta, y al que éste hacía pasar por el arcángel. No sabemos qué cosas se habrán dicho del dictado de las tablas de la Ley a Moisés, pero el Corán reiteradamente confronta la burla actual, de la que fueron objeto los anteriores enviados y la que cabe esperar de todo infiel.
Occidente, ligero según una ya centenaria tradición, sin previo conocimiento ha satanizado a Mahoma y al Corán. Por las circunstancias en que este libro vio la luz, la incitación a la guerra no parece justamente un despropósito. Pero no es una guerra indiscriminada la que promueve Mahoma, sino contra los infieles, sus enemigos. El cristianismo, para no ir muy lejos, ha exterminado casi la población nativa de un inmenso continente. En India, Arjuna, el satriya (guerrero sagrado), es inducido por Krishna al combate ("sin temer derrota ni codiciar victoria") contra sus mismos parientes: “Lucha por luchar”, le insta. No intento una apología de la guerra, ofrezco la fábula, y de lector es la moraleja.
El Corán es así un texto de varia lectura. Contra nuestros enemigos podemos luchar, o poner la otra mejilla. Esto último, positivamente, no disuade a nuestros tiranos, salvo el caso reciente del Mahatma Ghandi(distinta suerte corrió Martin Luther King). Mahoma fustiga la cobardía a la hora de la guerra santa, de pelear para Dios. Aquí no discutiré la validez de esta postura. Léase los fragmentos que ofrezco al lector sin partidismo, como quien lee a un poeta, que pues de ello es reiteradamente acusado el profeta, señalamiento del que siempre se apresura a defenderse.
En cuanto a la posición a veces incómoda que se le hace ocupar a la mujer, comparto el rechazo siempre que se detecte su sometimiento, maltrato o discriminación. Pero si durante la boda católica, la mujer jura someterse voluntariamente al hombre, tampoco debe escandalizarnos que ciertas aleyas hablen fuerte y acaso injustamente a este respecto: se cuestionará lícitamente la sociedad en que vieron la luz las azoras del Corán, pero Mahoma no es, con mucho, campeón en la negación de los derechos de la mujer. Lo cierto es que el Libro parece haber sido inspirado por una Musa interesada en dirigirse especialmente a los hombres, lo que no es una peculiaridad exclusiva del Corán, ciertamente.
Las amenazantes y temibles descripciones del infierno, tanto como las incomparables delicias del paraíso, son dos caras de una misma moneda. Se trata de persuadir por todos los medios al hombre a que siga el Islam, la voluntad de Dios. En este sentido Mahoma coincide con Jesús, Agustín, Dante, Pascal o Kierkegaard.
Stanislas Valois Aragon
Antología del Corán
Azora LIII, aleyas 1-18:
¡Por el astro cuando se oculta!
¡Vuestro contríbulo no anda descarriado ni equivocado!
No habla por vicio.
Es una inspiración que le inspira,
que le ha enseñado un Ángel, forzudo,
poderoso e inamovible.
Estaba en el horizonte más elevado:
luego se acercó y quedó suspendido,
habiéndose colocado a dos arcos o menos.
Inspiró a su siervo Mahoma, lo que inspiró.
El corazón de Mahoma no engaña acerca de lo que vio.
¿Dudaréis de él por lo que ve?
Cierto, le ha visto descender otra vez
junto al azufaifo de al-Muntaha;
a su lado está el jardín de al-Mawa,
cuando cubría el azufaifo lo que le cubría.
La mirada de Mahoma no se desvió ni se desbordó:
vio la mayor de las aleyas de su Señor.
XXVII, 1-3:
Ta, sin. Éstas son las aleyas del Corán, de un Libro Explícito,
dirección y albricia para los creyentes
que cumplen la plegaria, dan la limosna y creen en la última vida.
II, 98:
No digáis ra’i-na, sino unzurna.(2) (considéranos y préstanos atención, respectivamente).
VIII, 66:
¡Profeta! ¡Incita a los creyentes al combate!
XLVIII, 16:
“Sois llamados a combatir a gentes dueñas de gran valor.¡Combatidlas o islamícense!”
212
Se os prescribe el combate, aunque os sea odioso.
XLVII, 4:
Cuando encontréis a quienes no creen, golpead sus cuellos hasta que los dejéis inermes, luego, concluid los pactos.
187:
¡Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron! La idolatría es peor que el homicidio: no los combatáis junto a la Mezquita Sagrada hasta que os hayan combatido en ella. Si os combaten, matadlos: ésa es la recompensa de los infieles.
189:
Matadlos hasta que la idolatría no exista y esté en su lugar la religión de Dios. Si ellos ponen fin a la idolatría, no más hostilidad sino es contra los injustos.
214
Te preguntan por el mes sagrado, por la guerra el él. Responde: Un combate en él es pecado grave, pero apartarse de la senda de Dios, ser infiel con Él y la Mezquita Sagrada, expulsar a sus devotos de ella, es más grave para Dios; la impiedad es más grave que la lucha.
246:
Quien presta espontáneamente dinero para la guerra santa a Dios, Éste se lo duplicará muchas veces.
CXI:
¡Perezcan las dos manos de Abu Lahab! ¡Perezca él mismo!
De nada le ha servido su riqueza y lo que ha adquirido:
Será tostado en un fuego llameante,
Y su mujer acarreará la leña
Teniendo en el cuello una cuerda de fibras.
247:
¿No viste a la congregación de los Hijos de Israel después de la muerte de Moisés, cuando dijo a un profeta suyo: “Envíanos un rey que combata en la senda de Dios”? Preguntó: “¿Os sería posible, cuando se os prescribe el combate, no combatir?” Respondieron: “¿Qué nos importa el no combatir en la senda de Dios, cuando se nos ha expulsado de nuestras casas con nuestros hijos?” Pero cuando se les prescribió el combate, emprendieron la fuga, excepto un pequeño número. Dios conoce a los injustos.
IV, 91:
Los hipócritas querrían que apostataseis como ellos han apostatado, y que fueseis sus iguales. No toméis jefes de entre ellos hasta que se alejen por la senda de Dios que conduce al combate: si vuelven la espalda, cogedlos y matadlos dondequiera que los encontréis.
93:
Si no se apartan de vosotros, ni os ofrecen la sumisión, ni dejan en reposo sus manos, entonces, cogedlos, matadlos donde los encontréis.
94:
No es propio de un creyente matar a otro creyente, si no es por error.
95:
Quien mata voluntariamente a un creyente, tendrá por recompensa el Infierno: eternamente permanecerá en él. ¡Enfádese Dios contra él y maldígale! ¡Prepárele un enorme tormento!
XLIX, 12:
(…) ¡No murmuréis los unos de los otros! ¿Alguno de vosotros querría comer la carne de su hermano muerto?
* * *
288:
(…)Las mujeres tienen sobre los esposos idénticos derechos que ellos tienen sobre ellas, según es conocido; pero los hombres tienen sobre ellas preeminencia.
XXIV, 33:
Si desean ser mujeres honradas, no obliguéis a vuestras esclavas a prostituirse para conseguir lo que ofrece la vida mundanal. Quien las obligue será el único culpable, pues Dios será indulgente y misericordioso con ellas, después de su violación.
IV, 38:
A aquellas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, mantenedlas separadas en sus habitaciones, golpeadlas.
XXIV, 23:
Los que calumnian a las mujeres honradas, que no se cuidan de las apariencias pero son creyentes, malditos serán en este mundo y en la última vida. Tendrán un terrible castigo.
4:
A los que calumnian a las mujeres honradas y no pueden luego presentar cuatro testigos, dadles ochenta azotes y no volváis jamás a aceptar su testimonio: ésos son los perversos.
2:
A la adúltera y al adúltero, a cada uno de ellos, dadle cien azotes (…) no os entre compasión de ellos.
26:
Las torpes, para los torpes, y los torpes, para las torpes.
3:
El adúltero no se casará si no es con una adúltera o una asociadota, la adúltera no se casará si no es con un adúltero o un asociador. Esto se prohíbe a los creyentes.
XVI, 59-61:
Dan hijas a Dios ─ ¡Gloriado sea!─, y no las quieren para sí,
pues cuando se albricia a alguno de ellos el nacimiento de una hembra, su rostro se oscurece y se sofoca,
se oculta de las gentes a causa de la desgracia que le fue albriciada. ¿Cogerá la criatura a pesar del deshonor, o la ocultará en el polvo? ¡Cuán malo es lo que juzgan!
* * *
XXXI, 26:
Si todos los árboles que hay en la tierra fueran cálamos, y el mar, incrementado con otros siete mares, fuera tinta, no bastarían para escribir los Decretos de Dios.
L, 28, 29:
La Palabra no se altera junto a Mí, no seré injusto con los servidores
El día en que preguntemos al Infierno: “¿Estás lleno?”, y responda “¿Hay más?”
XXXVII, 81; 83-95:
(…) Abraham,
cuando dijo a su padre y a sus gentes: “¿Qué es esto que adoráis?
¿prescindiendo de Dios buscáis dioses falsos?
¿Cuál es vuestra opinión del Señor de los mundos?”
Echó una mirada a los astros
y exclamó: “¡Estoy enfermo!”
Ellos le volvieron la espalda,
y él se deslizó hacia sus dioses. Preguntó: “¿No coméis?
¿Qué os ocurre que no habláis?”
Se inclinó hacia ellos y les dio un golpe con la derecha.
Sus contríbulos se acercaron a él corriendo.
Les preguntó: “¿Adoráis lo que esculpís,
mientras que Dios os ha creado a vosotros y a lo que hacéis?”
Dijeron: “¡Construidle un edificio, llenadlo de leña y arrojadle al fuego!”
Quisieron idear una treta contra él, pero Nos los dejamos vencidos.
XXXII, 23
Hemos dado el Libro a Moisés.
No tengas duda de encontradle, pues lo hemos colocado como una buena dirección para los Hijos de Israel.
Cierto, dimos a Moisés el Libro, tal vez ellos fuesen por la buena senda.
Del Hijo de María y de su Madre hicimos una aleya.
LVII, 26, 27:
Hemos enviado a Noé y Abraham: a la descendencia de ambos legamos la Profecía y la Escritura. Entre ellos hay bien dirigidos, pero muchos son perversos.
Luego hicimos seguir sus huellas a nuestros enviados: hicimos seguir a Jesús, hijo de María, al que dimos el Evangelio. En el corazón de aquellos que le siguen hemos puesto compasión, misericordia y monaquismo, que ellos han ideado ─ no lo hemos prescrito más que en la búsqueda de la satisfacción de Dios ─ , pero no lo han observado como se debía.
XLVI, 11:
El Libro de Moisés fue promulgado antes que éste como guía y misericordia. Este es un Libro que confirma, en lengua árabe, a los anteriores para advertir a quienes son injustos y albriciar a los benefactores.
XLIII, 59:
Jesús es un servidor al que hemos favorecido y hemos puesto por ejemplo a los Hijos de Israel.
61-64:
Jesús dijo: “Esto es señal de la Hora.¡No dudéis de ella! ¡Seguidme! Éste es el camino recto:
No os aparte el Demonio. Él es un enemigo manifiesto.”
Cuando Jesús vino con las pruebas, dijo: “He venido a vosotros con la sabiduría para explicaros aquello en que discrepáis. ¡Temed a Dios! ¡Obedecedme!
Dios es mi Señor y vuestro Señor. ¡Adoradle! Éste es el camino recto.”
II, 254
(…) Dimos a Jesús, hijo de María, las pruebas y les auxiliamos con el Espíritu Santo.
IV, 155-156
Ellos no han creído, y han dicho, contra María, una calumnia enorme.
Ellos dicen: “Ciertamente, nosotros hemos matado al Mesías, Jesús, hijo de María, enviado de Dios”, pero no le mataron ni le crucificaron, pero a ellos se lo apreció. Quienes discuten y están en duda acerca de Jesús, no tienen conocimiento directo de él: siguen una opinión, pues con certitud, no le mataron, al contrario, Dios le elevó hacia Él, pues Dios es poderoso y sabio.
169:
¡Gente del Libro! No exageréis en vuestra religión, ni digáis, sobre Dios, más que la verdad. Realmente el Mesías, Jesús, hijo de María, es el Enviado de Dios, su Verbo, que echó a María un espíritu procedente de Él. Creed en Dios y en sus enviados, pero no digáis “Tres” (…) Realmente, el Dios es un dios único.¡Loado sea!¿Tendría un hijo cuando tiene lo que está en los cielos y en la tierra?
V, 19:
Realmente no creen quienes dicen: “Dios es el Mesías, hijo de María.” Responde:
“¿Quién podría oponerse a Dios si desease hacer morir al Mesías, hijo de María, a su madre y a quienes están en toda la tierra?”
79:
El Mesías, hijo de María, no es más que un Enviado; antes que él han existido enviados; su madre era verídica, ambos comían alimentos. Observa cómo aclaramos las aleyas a los cristianos.
XXXVII, 149-155:
¡Consulta! ¿Acaso tu Señor tiene hijas y ellos tienen hijos?
¿O hemos creado ángeles hembras, pues ellos lo atestiguan?
¿Ellos, en su blasfemia, dirán:
“Dios ha engendrado”? Ellos son embusteros.
“Él ha preferido las hijas a los hijos.”
¿Qué os ocurre?¿Cómo juzgáis?
¿No meditaréis?
76:
Son infieles quienes dicen: “Dios es el Mesías, hijo de María”, pues el Mesías dijo: “Hijos de Israel: Adorad a Dios, mi Señor y vuestro Señor”. Ciertamente, a quien asocia a Dios, Dios le prohibirá entrar en el Paraíso.
85:
En los judíos y en quienes asocian encontrarás la más violenta enemistad para quienes creen. En quienes dicen: “Nosotros somos cristianos”, encontrarás a los más próximos, en amor, para quienes creen, y eso porque entre ellos hay sacerdotes y monjes, y no se enorgullecen.
IX, 31:
Han tomado a sus doctores, a sus monjes y al Mesías hijo de María, por señores, prescindiendo de Dios: No se les había mandado más que adorar un Dios único. No hay Dios sino Él.
XLIII, 81:
Di: “Si el Clemente tuviera un hijo, yo sería el primero de los adoradores.”
IX, 5:
Cuando terminen los meses sagrados, matad a los asociadores donde los encontréis.
77:
Son infieles quienes dicen: “Dios es el tercero de una tríada.” No hay Dios, sino un Dios único.
V, 116:
Acordaos de cuando Dios dijo:“Jesús, hijo de María, ¿has dicho acaso a los hombres ‘Tomadme, junto a mi madre, como a dos dioses, prescindiendo de Dios’”? Respondió:“ ¡Loor a Ti! No me incumbe decir lo que no es verdad; si lo hubiese dicho, lo sabrías; tú sabes lo que hay en mi alma, pero yo no sé lo que hay en tu alma.
20:
Dios tiene el señorío de los cielos, de la tierra y de lo que está entre ambos. Crea lo que quiere. Dios es poderoso sobre todas las cosas.
21:
Judíos y cristianos dicen:”Nosotros somos los hijos, los amigos amados de Dios.” Responde: “¿Por qué os castiga por vuestros pecados? No, vosotros sois seres humanos de los que Él creó.”
69:
Hemos lanzado contra ellos la hostilidad y el odio hasta el día de la Resurrección.
56:
¡Oh, los que creéis! No toméis a cristianos y judíos por amigos: los unos son amigos de los otros. Quien de entre vosotros los tome por amigos, será uno de ellos. Dios no conduce a la gente de los injustos.
* * *
XXXI, 15:
Dios es Sutil; está bien informado.
18:
¡Modera tu paso! ¡Baja tu voz! La más desagradable de las voces es la voz del asno.
234:
(…) Dios está bien informado de lo que hacéis.
256:
(…) Ni la somnolencia ni el sueño se apoderan de Él.
VI, 59:
(…) y no cae una hoja sin que lo sepa; no hay un grano en las tinieblas de la tierra ni una brizna, sea verde o seca que no estén registradas en un Libro explícito.
VI, 90:
Di: “No os pido por ello un salario. El Corán no es más que una exhortación para los mundos.”
XXXVI, 29:
No os llega un Enviado sin que se burlen de él.
LXXIII, 10:
¡Ten paciencia con lo que dicen! ¡Apártate de ellos con el bello desapego!
XVII, 92-97:
Dicen: “No te creemos hasta que no hagas brotar una fuente de la tierra,
o que tengas un jardín de palmeras y vides a cuyo través discurran abundantemente los arroyos,
o hagas caer, sobre nosotros, el cielo a pedazos, o traigas manifiestamente a Dios y a los ángeles,
o tengas una casa llena de ornamentos, o asciendas al cielo(…)Responde:“¡Mi Señor sea loado!¿Soy algo más que un mortal, que un enviado?
¿Qué ha impedido a los hombres creer cuando les ha llegado la dirección, sino es el haber dicho:‘¿Dios ha mandado como enviado a un mortal?’”
Responde: “Si en la tierra hubiese ángeles que anduviesen seguros, les hubiésemos hecho descender, como enviado, desde el cielo, a otro ángel.”
XXXVII, 34:
(…) cuando se les decía: “No hay Dios sino el Dios”, se enorgullecían
y exclamaban: “¿Abandonaremos a nuestros dioses por un poeta poseso?”
LXI, 6:
Recuerda cuando Jesús, hijo de María, dijo: “¡Hijos de Israel! Yo soy el Enviado que Dios os ha mandado para confirmar el Pentateuco, que me precedió y albriciar un Enviado que vendrá después de mí. Su nombre será Ahmad.” Cuando Jesús les trajo pruebas manifiestas, exclamaron: “Esto es magia evidente.”
XXVI, 221-24
¿Acaso he de decirte sobre quién descienden los demonios?
Descienden sobre todos los embusteros pecaminosos
que explican lo oído, pero, en su mayoría, son embusteros;
descienden sobre los poetas.
LXIX:
Esto son las palabras de un noble Enviado
y no las palabras de un poeta.
XXXVIII, 3, 4:
(…)Los infieles dicen: “Este es un brujo embustero.
¿Ha hecho de los dioses un Dios único? ¡Esto es algo admirable!”
XXI, 4,5:
Mahoma dijo: “Mi Señor conoce la Palabra en el cielo y en la tierra. Él es el Oyente, el omnisciente.”
“¡No!─ responden los infieles ─. ¡Son sueños turbios! ¡Él lo forjó! ¡Él es un poeta!...”
XI, 16:
O dirán: “Lo ha inventado.” Responde: “Traed una docena de suras semejantes inventadas”.
XXI, 37-38:
Cuando te ven los incrédulos, Mahoma, no te toman más que en burla. Dicen: “¿Es éste quien cita a vuestros dioses con menosprecio?”
(…) Os haré ver mis aleyas. ¡No me hagáis correr!
VII, 188:
Di: “Personalmente no poseo provecho ni daño sino en la medida que Dios quiere. Si conociese lo oculto, tendría grandes bienes y no me tocaría el mal. Yo no soy más que un advertidor y un albriciador para las gentes que creen.”
XXXIX, 14:
Di: “Se me ha mandado que sea el primero de los musulmanes.
Si desobedezco a mi Señor, temo el tormento de un día solemne.”
XLVI, 8:
(…) no sé ni lo que se hará de mí ni de vosotros. Sólo sigo lo que se me ha inspirado. Sólo soy un amonestador manifiesto.
VI, 92:
Éste es un Libro bendito que hicimos descender confirmando los que teníais y a fin de que advirtieses, Mahoma, a la madre de las ciudades, La Meca, y a quienes están en sus alrededores. Quienes creen en la última vida, creen en el Corán y observan la plegaria.
LII, 29-30:
¡Instruye! Tú, por favor de tu Señor, no eres ni un adivino ni un poseso.
Dicen: “¡Un poeta! Esperémosle en el momento de duda de la muerte.”
LIV, 2:
Si ven una aleya, se apartan y dicen: “Brujería ininterrumpida.”
33-34; 41:
“Él lo ha inventado.”
Si son verídicos, que traigan un texto parecido a éste.
¿Tiene, junto a sí, lo desconocido para que ellos lo escriban?
LXX, 5:
¡Ten la bella paciencia!
XCIV, 5:
¡Junto a la estrechez está el desahogo!
III, 181:
Libro luminoso. (Normalmente se refiere al Pentateuco, aunque a veces se incluyen los Salmos y el Evangelio: N. del T.)
LIX, 22, 23, 24:
Él es Dios. No hay dios sino Él. Él conoce lo desconocido y el testimonio. Él es el Clemente, el Misericordioso.
(…) Él es el Rey, el Santísimo, el Pacificador, el Creyente, el Presente, el Poderoso, el Terrible, el Soberbio.
(…) el Creador, el Innovador, el Formador. Posee los nombres más hermosos.
LXVII, 14:
¿No conocerá a quien ha creado, si Él es el Sutil, el Bien informado?
III, 47:
¡Dios es el mejor de los intrigantes!
VIII, 30:
Maquinaban mientras Dios maquinaba, pero Dios es el mejor de los maquinadores.
II, 24:
Dios no se avergüenza de poner por parábola un mosquito o lo que es superior.
IV, 40:
Dios no ama a quien es soberbio, vanidoso.
44:
Dios no es injusto ni en el peso de una hormiga.
* * *
IV, 32:
(…) el hombre fue creado débil.
XC, 4:
Hemos creado al hombre en la miseria.
XVII:
El hombre es muy atolondrado.
XXI, 38:
El hombre fue creado de impaciencia.
XXXIX, 22:
¿No has visto que Dios ha hecho descender agua desde el cielo y que la conduce a fuentes ocultas entre las entrañas de la tierra? Luego, con ella, hace brotar cereales de distintas especies; en seguida se agostan, los ves palidecer y pasan a ser briznas secas. En esto hay una Instrucción para los dotados de entendimiento.
XLIII, 14:
(…) Cierto, el hombre es ingrato declarado.
* * *
IV, 134:
(…) sed testimonios de Dios, aunque sea en detrimento de vosotros mismos, de vuestros padres, o de vuestros parientes, sean ricos o pobres, pues Dios está antes que ellos.
* * *
V, 102:
Dios no ha instituido ni bahira, ni saiba, ni wasila ni ham. (1) (bahira: Animales que se dejaban ir sueltos en honor de los ídolos. Su madre se llamaba saiba.─wasila: Cabrito que no se sacrificaba por haber nacido junto a una hembra.─ham: Camello al que no se cargaba ni se le cabalgaba).
* * *
XX, 71-72:
Dijimos: “¡No temas! Tú eres el más poderoso:
¡Echa lo que tienes en tu diestra! Engullirá lo que han fabricado. Lo que han fabricado es artificio de brujo y, dondequiera que va, el brujo no es afortunado.”
XXVI, 37:
En el momento preciso del día designado, se reunieron los magos.
42-48:
Moisés les dijo: “¡Echad lo que vosotros echáis!”
Echaron sus cuerdas y bastones, y dijeron: “¡Por el poder del Faraón! ¡Nosotros seremos los vencedores!”
Echó Moisés su bastón, y he aquí que engulló lo que habían metamorfoseado.
Los magos cayeron postrados,
Diciendo: “Creemos en el Señor de los mundos,
En el Señor de Moisés y Aarón”
El Faraón preguntó: “¿Creéis en él antes de que yo os haya dado permiso?”
* * *
XXXVII, 39; 44-47:
(…) los servidores devotos de Dios.
Entre ellos circulará en ruedo la copa llena de agua corriente,
blanca, dulce al paladar de los bebedores;
no contendrá embriaguez ni se embriagarán de ella.
Tendrán vírgenes de mirada recatada, con ojos como huevos de avestruz semiocultos.
XLIII, 51, 52, 53, 54:
Los piadosos estarán en un lugar
entre jardines y fuentes;
vestirán raso y brocado; estarán sentados frente a frente.
LII, 19:
Se les dirá: “Comed y bebed, en recompensa de lo que hacíais,
Reclinaos en estrados alineados.” Los casaremos con mujeres de ojos rasgados, huríes.
XLVII, 16-17:
Imagen del Paraíso que se ha prometido a los piadosos: En él habrá ríos de agua incorrupta, ríos de leche de composición inalterable, ríos de vino que serán delicia de los bebedores
y ríos de miel límpida. Los creyentes tendrán toda clase de frutos y perdón procedente de su Señor. ¿Quién esté en este jardín de sueño será comparable a quien permanezca eternamente en el fuego? Beberán agua hirviente que les destruirá las entrañas.
LV, 46, 56, 58,70, 72,78:
Quien haya temido el emplazamiento de su Señor, tendrá dos jardines.
En ambos habrá mujeres de mirada recatada: antes de ellos no las habrá tocado ni hombre ni demonio.
Ellas serán como rubíes y coral.
En ambos habrá vírgenes excelentes, hermosas.
Huríes enclaustradas en pabellones.
LVI, 15-19; 26-37:
En estrados incrustados de oro y pedrerías
se reclinarán enfrentados.
Entre ellos circularán garzones inmortales
con cráteras, aguamaniles y vasos con bebidas refrescantes
que no les amodorrarán ni les embriagarán.
Los compañeros de la derecha, que son los compañeros de la felicidad,
estarán entre azufaifos sin espinas,
entre acacias alineadas,
sombras extendidas,
agua corriente
y abundantes frutos
que no estarán cortados ni prohibidos.
Estarán echados sobre tapices elevados.
Las huríes, a las que hemos formado,
a las que mantenemos vírgenes,
coquetas, de la misma edad,
pertenecen a los compañeros de la derecha.
LXXXIII, 18-28:
¡No! El libro de los puros estará en el Illiyyon.
¿Qué te hará entender lo que es el Illiyyon?
Es un escrito marcado
al que contemplarán los allegados a Dios
los puros estarán en un Paraíso de ensueño,
reclinados en divanes, contemplando
─ en sus rostros verás una frescura de ensueño ─;
Se les escanciará vino generoso, sellado
─ su sello será almizcle, ¡aspiren a él los que aspiran!─,
Al que se le habrá mezclado agua de Tasnim
─ fuente de la que beberán los allegados a Dios.
* * *
XXXVIII, 71-79; 85
(…) tu Señor dijo a los ángeles: “Yo voy a crear un ser humano de barro.
Cuando le haya modelado y haya insuflado en él parte de mi Espíritu, ¡caed, ante él, postrados!”
Todos los ángeles se postraron,
excepto Iblis. Éste se enorgulleció y estuvo entre los infieles.
Dios preguntó:¡Iblis!¿Qué te ha impedido postrarte ante lo que he creado
con mis dos manos?
¿Te has enorgullecido, o estás entre los soberbios?”
Respondió: “Yo soy mejor que él. A mí me creaste del fuego y a él le has creado de barro.”
Dios exclamó: “¡Sal del cielo! ¡Tú eres lapidable!
¡Caiga sobre ti mi maldición, incesante hasta el día del Juicio!”
“(…)¡Digo que llenaré el Infierno contigo y con los que te sigan!”
VII, 10-17:
Os hemos creado, a continuación os hemos formado, en seguida dijimos a los ángeles:
“Postraos ante Adán.”Todos se postraron, con excepción de Iblis, que no estuvo entre los que se postraban.
Dios preguntó: “¿Qué impide que te postres, cuando te lo mando?” Respondió:“Yo soy mejor que él. Me creaste de la luz, y a él le has creado de barro.”
Dios dijo: “Baja del Paraíso, pues no es propio que te enorgullezcas en él”.
LXXXVII, 11, 12, 13:
pero el malvado se alejará,
se asará en el gran fuego:
en él ni morirá ni vivirá.
LXXII, 8,9:
Hemos rozado el cielo, pero hemos encontrado que se ha llenado de guardianes enérgicos y centellas.
Nos habíamos sentado en él en lugares apropiados para escuchar, pero cualquiera de entre nosotros que escuchaba, en el acto encontraba una centella enfilada.
XIV, 43-44:
No consideres que Dios descuida lo que hacen los injustos. Únicamente los remite a un día en que tendrán los ojos desorbitados,
fijos; la cabeza levantada, sin poder recuperar el parpadeo, y su corazón vacío. ¡Advierte
a los hombres que les llegará el día del tormento!
XL, 3:
(…) “¡El odio de Dios es mayor que el odio que sentisteis hacia vosotros mismos cuando fuisteis llamados a la fe y rehusasteis!”
XLI, 18-21:
El día en que los enemigos de Dios sean reunidos en el fuego y conducidos
hasta que lleguen a su centro, ese día darán testimonio contra ellos sus oídos, su vista y su piel como consecuencia de lo que hacían.
Preguntarán a su piel: “¿Por qué das testimonio contra nosotros?” Responderá: “Dios, Quien da el habla a toda cosa, nos ha concedido la palabra.”
(…) En la tierra no os ocultabais de tal manera que ni vuestro oído ni vuestra vista ni vuestra piel no fuesen testimonios en contra vuestro. Creíais que Dios no sabría la mayor parte de lo que hacíais.
LVIII, 8:
¿No han visto que Dios conoce lo que hay en los cielos y en la tierra? No hay secreto entre tres sin que Él sea el cuarto, ni entre cinco sin que É sea el sexto, ni de mayor o menor número que ésos sin que Él esté con ellos dondequiera que se hallen. Luego, el día de la Resurrección, les informará de lo que hayan hecho. Dios es, sobre toda cosa, omnisciente.
IV, 59:
Realmente, a quienes no creen en nuestras aleyas, los quemaremos en un fuego, y cada vez que su piel se queme, les cambiaremos la piel por otra nueva, para que paladeen el castigo. Dios es poderoso, sabio.
LII, 1-7:
¡Por el monte Sinaí!
¡Por el libro escrito!
¡Por el pergamino desarrollado!
¡Por el templo frecuentado!
¡Por el techo elevado!
¡Por el mar encrespado!
Ciertamente, el castigo de tu Señor tendrá lugar.
13-16:
Ese día serán invitados, agriamente, a dirigirse al fuego del Infierno.
Se les dirá: “Este es el fuego en el que no creíais!
¿Es esto brujería o vosotros no veis?
¡Tostaos en él!
LXXXVIII, 2-7:
En ese día verás unos rostros humildes,
absortos, agotados,
soportando un fuego ardiendo;
no tendrán más comida que euforbio,
que no engorda ni aplaca el hambre.
60-66:
¿Es éste mejor hospedaje o el árbol Zaqum?
Le hemos puesto como prueba para los injustos.
Es un árbol que arranca del fondo del Infierno,
Cuyos frutos son como cabezas de demonios.
Los condenados comerán de él y se llenarán el vientre;
tendrán por bebida una mezcla de agua hirviente,
y luego volverán a reunirse en el Infierno.
XLIII, 43-48:
Cierto, el árbol de Zaqum
será el alimento del pecador
como el bronce fundido hervirá en sus vientres,
como hervor de líquido en ebullición.
“¡Cogedlo!¡Llevadlo al nivel del fuego!
Luego ¡arrojad sobre su cabeza el tormento del agua hirviente!
¡Prueba esto! Tú, Tú eres el Poderoso, el Generoso.
Esto es aquello de lo que dudabais.”
XLVIII, 6:
Atormentará a los hipócritas y a las hipócritas; a los asociadores y a las asociadoras que mediten acerca de Dios con mal pensar: el círculo del mal cerrará sobre ellos, los maldecirá y les preparará el Infierno. ¡Qué pésimo Porvenir!
LVI, 40-43:
Los compañeros de la izquierda, que son los compañeros de la desgracia,
estarán en un viento ardiente, en agua hirviendo,
a la sombra de un humo espeso
ni fresco, ni bienhechor.
LXVII, 10:
(…) los huéspedes del fuego.
7, 8:
(…) oirán crepitar el fuego, mientras arde
De tal modo que casi estallará de cólera.
XXXVIII, 55, 56, 57:
(…) Pero los rebeldes tendrán el peor lugar de retorno:
en el Infierno se asarán. ¡Qué pésimo lecho!
“Gustad esto: agua hirviendo y exudado”.
XLIV, 10:
(…) Quienes no creen en las aleyas de su Señor, tendrán un tormento rabiosamente doloroso.
* * *
LIII, 28:
Ciertamente, quienes no creen en la última vida, dan a los ángeles un nombre de mujer.
NOTAS:
(1) Sigo a Carlyle y, naturalmente, el prólogo de J. Vernet a su traducción del Corán, de donde he tomado los fragmentos, en: El Corán, Editorial Óptima, texto cedido por Plaza & Janés Editores, 5ª edición, Barcelona, 2002.
(2) Ra’i-na: considéranos; unzurna: préstanos atención(N. del T.)
27 febrero 2009
Los poetas Malditos

El Maldito
Por Stanislas Valois Aragon
La primavera del año 1885, durante un violento altercado, Elisa Julie Josèphe Stéphanie Dehée fue víctima de un intento de estrangulamiento a manos de su hijo Paul Marie, quien debió ser recluido tres meses en la prisión de Vouziers, acusado de haberle ocasionado heridas de cierta consideración. Madame Dehée, que había dado a luz al Maldito en Metz, 10, rue Haute-Pierre, el 30 de marzo de 1844, tenía entonces 76 años, y su criatura ya se había constituido en el mayor escándalo de la poesía francesa desde los tiempos de François Villon. No es ésta ciertamente su primera visita a la cárcel: en enero de 1872, luego de un fuerte altercado, Paul Verlaine abandona a su esposa Mathilde Mauté de Fleurville para convivir con el “époux infernal”, Jean Arthur Rimbaud. El adolescente infernal del momento (la tradición registra ya a Lautréamont) regresa a su Charleville; Mathilde perdona a su Paul, pero cuatro meses después tenemos a Rimbaud de vuelta en París, y el Maldito parte con él a Arrás, de donde es expulsado por la policía; luego las Ardenas y Bélgica: estancia en Bruselas y Charleroi, embarcan rumbo a Londres; entonces Rimbaud regresa a París, incluso a Charleville, para reencontrarse luego en Londres. Verlaine abandona a Rimbaud allí sin recursos y llama a Bruselas a su esposa y a su madre…luego a Rimbaud: discuten, el adolescente infernal le advierte que le abandonará, y aquél le dispara en dos ocasiones, logrando herirle levemente; Rimbaud declara en su contra y Verlaine es recluido en la penitenciaría de Petits-Carmes, condenado a dos años de prisión, de aquí es trasladado a Mons, de donde no saldrá hasta el 16 de enero de 1875.
En 1862 ingresa a la École de Droit. Hace sus primeras letras (Hugo, Gautier, Saint-Beuve, Mestre, Bertrand) y son también los días de su primer poema conservado, Chanson d’Atomne. Cede poemas a L. X. Ricard, hijo de una marquesa que regenta un salón literario en el boulevard des Batignolles, donde se ve con Villiers de L’Isle-Adam (uno de los futuros poetas malditos), Banville, Catulle Mendès y otros. Ricard publica algunos de sus poemas y un estudio sobre Baudelaire que el mismo Baudelaire repudia. Informa el Parnasse contemporain, recueils de vers nouveaux, institido por Mendès, al lado de Mallarmé, Villiers de L’Isle-Adam y otros. Hugo se cuenta entre los primerísimos que acogen favorablemente al Maldito. Elisa Dehée, prima suya, financia la publicación de Poèmes saturniens en Alphonse Lemerre, editor de los Parnasianos, con que se granjea el elogio (cartas) de Anatole France y Saint-Beuve. Aparece en Bruselas, bajo el sello del mismo editor de Les fleurs du Mal en un tiraje de cincuenta ejemplares Les Amis, scènes d’Amour saphique. El 11 de agosto de 1870, un día después de la declaración de guerra, Verlaine casa con la desdichada Mathilde; es movilizado en la guardia nacional; instalado en casa de sus suegros, Verlaine recibe del époux infernal su primer mensaje, y algunos poemas; el 10 de septiembre de 1871, aparecerá como un cometa trágico de oscuros presagios en el horizonte del matrimonio Jean Arthur Rimbaud.
En la cárcel (1874), con ocasión de la sentencia de divorcio, el capellán de la prisión le hace leer el catecismo, consigue que comulgue, que abjure de sus errores. Alternativamente poemas místicos y profanos que figurarán en Sagesse, Jadis et naguère y Parallelement. Cumplida la condena, retiro en la Trappe de Chimay. El comité del Parnasse contemporain presidido por Anatole France desdeña fragmentos de Sagesse:”mauvais vers” debidos a un “autor indigne” (Vid. In Dictionnaire biographique des Auteurs, IV, Qa-Zv; pp.597-601, Laffont-Bompiani,1952, artículo Verlaine, por Yves-Gérard Le Dantec). Se junta nuevamente con Rimbaud, “para convertirle” en Stuttgart; trabaja un año escolar completo (1875-76) en Stickney, Lincolnshire. Habiendo partido para Italia, trabajado luego como estibador en Marseille, Rimbaud recibe la última comunicación de Verlaine denegándole solicitud de dinero.
Mientras se desempeña como profesor ( St. Aloysius College de Bournemouth, con los jesuitas de Rethel hasta 1879), se enamora perdidamente de uno de sus alumnos, Lucien Létinois. Lo lleva consigo a Lymington, donde ha encontrado otra plaza de profesor, luego en Coulomnes, de donde es originario el nuevo amante, consigue de su madre finaciación para la compra de una granja que explotará. Desastroso negocio. De regreso con su madre de Coulomnes, Verlaine consigue de nuevo colocación (siempre como profesor) en la Institution Esnault de Boulogne-sur-Seine. Lucien se coloca como obrero en cierta industria. Vanier publica en la reciente Paris moderne su Art poetique, que escribiera recluso en Mons. Atacado de fiebre tifoidea, Lucien muere en brazos de su amante: serie de sentidas elegías, recogidas en Amour.
Tres estudios en prosa, dedicados a sendos poetas (Tristan Corbière, Mallarmé et Rimbaud) son publicados por Vanier: se trata de Les Poètes Maudits, hito que caracterizaría la tendencia más avanzada de la poesía francesa probablemente de todos los tiempos. En la subsecuente reedición, figuran Marceline Desbordes-Valmore, Villiers de L’Isle –Adam y él mismo, figurando bajo el anagrama Pauvre Lelian. Pero no son menos los trastornos. Mahtilde, divorciada (ahora Madame Delporte), consigue que se le obligue a consignar una pensión alimentaria. Vive en un triste zaquizamí de la Cour Saint-François, en la rue Moreu. Pasa temporadas en los hospitales tratándose la artritis y los síntomas de una enfermedad venérea. No para de beber nunca. Muere su madre, que en algo le ayudaba. Vive del socorro de algunos amigos. De él, no obstante su deterioro integral, viven Eugénie Krantz y Philomène Bodin, a quienes escribe composiciones indecentes: De garni en garni, d’hôpital en hôpital, de café en café, il traîne la jambe et, en somme, s’accomode assez bien, non sans humour gentil, de cette vie de bohème,en proie à des alternances de mysticisme et de lubricité égalment sincères (…) cette déconcertant dualité de nature. (op.cit.). Es hallado muerto en su miserable cuartucho el 8 de enero de 1896. Nos ha dejado une autobiographie , restée inachevée mais pleine de precieux souvenirs et de charmante bonhomie, paraît sous le titre de Confessions.(op.cit.)
Verlaine ha cosechado encontradas valoraciones de sus obras entre los hombres de su tiempo, tales:"L'effroyable Verlaine: un Socrate moderne et un Diogène sali; de chien et de l'hiène" (Jules Renard); "Un Baudelaire puritain, combinaison funebrèment drolatique, sans le talent net de M. Baudelaire, avec des reflets de M. Hugo et de Alfred de Musset ici et là" (Barbey d'Aurevilly); "...Il fut le publicain dans le coin le plus sale de l'Église et le pécheur en larmes qui avoue. Dans ses meilleurs poèmes qui, il faut le reconnaître, ne sont pas nombreux, on a l'impression rare, non pas d'un auteur qui parle, mais d'une âme que l'auteur ne réussit pas à empêcher de parler" (Paul Claudel); "Ce naïf est un primitif organisé, un primitif comme il n'y avait jamais eu de primitif et qui procède d'un artiste fort habile et fort conscient" (Paul Valéry; op.cit).
De alguna manera, Verlaine es algo así como un corruptor de mayores. Es el efecto que me temo ha causado en Rimbaud. Antes de su contacto con Verlaine, Rimabaud parecía destinado a convertirse en un monstruo de la literatura universal, un Hugo, un Balzac (incluso respecto a la amplitud de la obra). Pero luego de este encuentro, el adolescente infernal ya parece irse quedando con poco que hacer. Se entregan mutuamente a la caótica pasión, y al cabo Rimbaud, quien había dicho "no tengo tiempo para ganar dinero"-"No está permitida la caza mientras estáis consagrados", advierte el Corán (Azora V, aleya 3), se libra a un proceso algo inescrupuloso de captación de ingresos. Verlaine, la mente más peligrosa de esta generación, desarregló el proyecto de vida del autor de Le bateau ivre. De hecho, la poesía en prosa ya había sido explotada a fondo por el endemoniado Lautréamont, en líneas de una sevicia casi sobrehumana. Verlaine es más sutil, pero no menos peligroso.
La poesía maldita se caracteriza por la expresión de ideas y sentimientos que controvierten la moral burguesa y libera instintos que atentan contra lo establecido. Es una revolución. Verlaine inventa a los poetas malditos casi como una concesión o a la menera de quien funda una escuela. Él mismo es el maldito por excelencia.
Veamos a vuelo de pájaro algunas de las emblemáticas figuras de tan sugestivo memento de la poesía universal:
Tristan Corbière
Édouard-Joackim Corbière nació y murió en Morlaix (18 de julio de 1845- 1º de marzo de 1875). A la edad de 14 años, aquejado de rhumatisme articulaire debió viajar a Nantes, en busca de asistencia adonde su abuelo médico, y por este mismo mal, deja a los diecisiete los estudios. De modo que es otro célebre autodidacta. Lleva una vida marginal, lee a Baudelaire, Hugo, Musset y se residencia en casa de unos parientes en Roscoff. Aquí, debido a su enteco aspecto, recibe de los lugareños el nada envidiable remoquete de Ankou (el espectro de la muerte). Excéntrico, suele disfrazarse de mujer, mendigo, galeote; se depila las cejas o tira de un cordel a un cerdo disfrazado de obispo. En algún momento da con “Marcelle”, modestísima actriz parisiense, su musa. Habiendo publicado a su costa Les Amours Jeunes, muere en la marginalidad en que ha vivido. Verlaine lo redime del olvido eterno al incluirlo, ocho años después de su muerte, en Les Poètes Maudits: “N’a connu qu’une vie de solitude, brève et misérable”, ha dicho alguien. Me complace presentar a ustedes un botón de muestra, Féminin singulier: que lo degusten.
Bizarro femenino
¡Perenne femenino del eterno Jocrisse!
¡haznos saltar, marionetas que costeamos el decorado!
encendemos candilejas…mientras tú, tras bastidores
entregas al asistente el neto obsequio de tu cuerpo.
¡Haz restallar en nuestras espaldas el látigo de tu capricho
pela tus rodillas…y nuestras cabezas de ciervos viejos;
¡ríe!, ¡enseña tus dientes!...que tenemos de la policía
y algo en nosotros de castrados y alguaciles.
¡Ah!, ¿no comprendes?...Yo tampoco. Adultéranos la bebida:
¡estamos borrachos! ¡somos mentecatos! ¡Sé despiadada
azota a tu pachá, tu sirviente!
¡Sepas después caer!... caer con gracia.
No dejes rastro sobre nuestra fina arena
es asunto de mujeres y gladiadores.
(Traducción Leo Castillo).
Marceline Desbordes-Valmore
De la tercera edición de Poésies de Madame Desbordes-Valmore, revisada, corregida y aumentada, impresa por Théophile Grandin , Libraire-Editeur (París,1822) les ofrezco
Idilios
Su sombra se acercó a mi alborotado seno;
era una sombra, sin embargo tuve miedo:
mas el sueño sometía mis párpados.
Suave, muy suavemente me llamó dos veces;
temblando, quise gritar;
sentí en mi boca una rosa ardiente
y el susto me dejaba sin voz.
Desde ese momento, ¡madre, no me reprenda!
Dafnis, paseándose cada tarde con su padre,
intrigado y pensativo, Dafnis me ronda por doquier;
¡madre mía! El ha sorprendido la ilusión en mis ojos.
(Traducción Leo Castillo)
Villiers de L’Isle-Adam
(1838-1889)
De este aristócrata (Jean Marie Mathias Philippe Auguste de Villiers de L'Isle -Adam) echado a la bartola, cuya biografía parece a nuestros contemporáneos más meritoria que su interesante e ignorada obra, y que ha dicho "Mes mots sont pesès dans le balances en toile dáraigné",
Despertar
Oh, tú, de quien quedo prohibido
¡yo sé la clave de tu abismo!
Da lo mismo el beso que te reanima:
un transeúnte, el dinero; todo ha sido hablado.
Amas como quien se venga
mientes con quejidos de placer
y te gustan, burlándote del Cielo
esos juegos pesados de ángel malvado.
Si en tus besos falsos y perversos
he apurado tus filtros, hierba venenosa,
encantadora entre las mujeres,
seas olvidada en tus glaciares.
(Traducción Leo Castillo)
Veamos ahora algunos de los incomparables poemas del inventor de los Malditos.
Resignación
Ya desde niño
yo iba soñando con Ko-Hinor
suntuosidad persa y papal
Heliogábalo y Sardanápalo.
Mi deseo creaba
bajo techos de oro
al son de melodías
harenes sin fin
paraísos físicos.
Hoy, más sereno
aunque no menos ardiente
he debido refrenar mi bella locura
sin resignarme del todo sin embargo.
Pero quita lo gentil
y resérvate tu exquisiteces
que yo odié siempre la mujer preciosa
la rima asonante y al amigo prudente.
(Traducción Leo Castillo)
De Poemas saturnianos
1
Los viejos sabios, tan valiosos como los nuestros
consideraron (y es asunto aún sin esclarecer)
leer en las estrellas la ventura y las desgracias
y que cada alma estaba asignada a un astro.
(Se ha abusado del ludibrio
sin considerar que a menudo la burla es ridícula
e ineficaz respecto de este obscuro misterio).
Pues que los nacidos bajo el influjo de Saturno
feral planeta caro a los nigromantes
se caracterizan,según los libros de sortilegios
por el mal agüero y la mala sangre.
La agitada y débil imaginación
invalida en ellos los empeños de la razón.
En sus venas la sangre delgada como un veneno,
de lava rara y ardiente circula
supurando contra un pobre ideal que se va a pique.
De este modo a los Saturnianos les toca padecer
y así morir-suponiendo que fuésemos mortales-
el destino planificado punto por punto
po causa de una influencia depravada.
(Traducción Leo Castillo).
20 enero 2009
Marvel Moreno, reina del carnaval confiscado
Marvelous Marvel Luz
Ser ignorado en Barranquilla, negligente puerto del Caribe colombiano, es ya un buen síntoma para la honra de un intelectual. De su burguesía (si existe un matiz digno debe ser despojada de tal esta palabra al aplicársele a meros adinerados advenedizos,que no en otro sentido cabe aquí emplearla), de su "burguesía" inculta y su aparatosa clase media no procede esperar más. A su ambiente cultural depesivo debemos el suicidio de Luis Eduardo Nieto Arteta y la distancia rayana en desdén de Gabriel García Márquez. Presento aquí el caso de la figura tan poco promovida en el país, pero no exenta, con mucho, de reconocimiento en Europa y resto de América Latina: señoras y señores, con nosotros Marvel Moreno, la más conspicua narradora colombiana.
Hija de Benjamín, un abogado chanchullero (al decir de Roberto Polifroni, que lo conoció, y a cuyo padre dice haberle prestado aquél deshonestos servicios profesionales), y de una remilgada dama de la sociedad, más bien acomodada, Marvel Luz Moreno Abello nació el 28 de septiembre de 1939, año de ingrata memoria en los anales del siglo, como que estalló entonces la segunda refriega mundial. Mal auspicio, que pues si bien nuestra escritora conoció una infancia y adolescencia de virtual privilegio, el desencanto subsecuente y las pruebas a que la sometieran, entre otros, su veleidosa salud, poco tienen de envidiables. En efecto, en 1972 es admitida gravemente enferma como indigente en el Hospital Saint-Louis: se le diagnostica el mortal lupus y no le dan más de dos años de vida ("lupus, del latín lupus, lobo, por la índole corrosiva de la enfermedad", precisa el Drae). Acaso ante el furor creativo desplegado en este lapso de tiempo, el mal cede. Sometida luego a sicoanálisis, quiere la casualidad que un médico amigo que justo en el momento se hallaba de visita en el manicomio de Saint-Anne impida que la recluyan.
Marvel había casado en 1962 con el tránsfuga Plinio Apuleyo Mendoza. Separada, volvería con él en el 75. Pero el hombre providencial en su vida es Jacques Fourrier, con quien casa en 1982. (Este Fourrier cuidará de ella hasta el final de sus días). En el 83 aparece Cette tache dans la vie d'une femme comme il faut, traducida por Jacques Gilard. La novela, habiendo merecido el premio del jurado en el concurso Plaza & Janés en el 85, es descalificada debido a criterio mercantilista del editor, que la publica mutilada en 1987.
Desde 1977 hasta el 84 Marvel trabaja en En diciembre llegaban las brisas. Traducido por Monica Molteni para la colección Astrea, de Giunti, In dicembre tornavano le brezze se agencia el premio Grinzane-Cavour al mejor libro en idioma extranjero (Doris Lessing se cuenta entre los otros finalistas).
A partir de 1986 Marvel Moreno escribe una serie de cuentos que aparecen indistintamente en Colombia, Venezuela, México e Italia y que, en edición colombiana, se compendian en 1992. Entonces es un alma entregada, en el retiro, a la escritura. Sus grandes amigos, los pintores colombianos Darío Morales y Luis Caballero se consumen de sida; a Marvel, en 1990, le han diagnosticado un enfisema pulmonar. Se la recluye en el hospital de Necker.
De sus actividades en Colombia, adonde no volerá jamás desde su viaje a París en 1969, cabe mencionar su colaboración en actividades clandestinas de la guerrilla. Se conoce con Camilo Torres el "cura guerrillero", y de su unión con el a la sazón izquierdista Apuleyo Mendoza nace Camila, su segunda hija (1966). En Barranquilla fue contertulia, muy amiga, del grupo conformado por Álvaro Cepeda (leyó los originales de la novela de éste La casa grande), Alejandro Obregón, García Márquez, Germán Vargas, en fin, del llamado Grupo de Barranquilla. Había sido expulsada del colegio La Enseñanza, de la Compañía de María, por promover a Darwin contra el dogma judeo-cristiano. A los 16 años abandona los estudios. Los vuelve luego a retomar, y es la primera mujer admitida en la Facultad de Economía (abre una oficina de mercadeo y hasta una agencia publicitaria, la que dirigirá hasta 1969). En octubre de este año su primer cuento El muñeco, es publicado en la prestigiosa revista nacional Eco, y en seguida en el Magazín Cultural de El Espectador.
Ya en Europa, trasladada a Mallorca, entra en contacto con Robert Graves. Como redactora de Libre trata con los autores del boom Vargas Llosa, Octavio Paz, Cortázar, de los que después se distanciará, entablando amistad con Goytisolo. Jacques Gilard, su albacea desde 1975, año en que la conoce, publica La sala del Niño Jesús en Caravelle.
Fina Torres llevó al cine Oriana, merecedora en 1985 de la Cámara de Oro en Cannes.Trabaja y concluye más adelante su novela parisina El tiempo de las amazonas. Escribe siempre a mano.
El día 5 de junio de 1995, una semana después de autorizar la edición de Quelcosa di bruto nella vita di una signora perbenne, adolescente que fue en 1959 reina del carnaval de Barranquilla, al alba, mientras escribe el primer párrafo para un cuento que habría de titularse Un amor de mi madre, muere Marvel Moreno. Tenía 55 años.
Stanislas Valois Aragón
La reina del Carnaval de Barranquilla
(1959)
Por
Jacques Gilard
A Teresa de Cepeda
El carnaval de 1959 coincide con los pinitos del poder revolucionario de Fidel Castro. Habida cuenta de la proximidad geográfica, el acontecimiento cubano no era irrelevante para Barranquilla, sin embargo los que festejaban su carnaval no parecen haberse mosqueado por ello. Una fotografía el 11 de febrero en el diario local La Prensa muestra a los rebeldes* (barba, melena, ametralladoras de juguete) que habían desfilado en uno de los camiones particulares que cerraban el cortejo de la batalla de flores-única comparsa alusiva a Cuba, destacada por un solo diario.
El carnaval de Barranquilla 1959 era antes que nada el primero ralizado bajo el Frente Nacional: el liberal Carlos Lleras Camargo había asumido la presidencia el 7 de agosto de 1958 en el marco del sistema bipartidista y Colombia parecía entrar en una era de paz: el carnaval podía representar la reconciliación. Preterida por la Violencia, la ciudad se holgaba de ser una excepción al plan nacional. Habiendo siempre encausado las festividades y conservado el control de la sociedad local, sus élites no podían dejar de explotar la coyuntura, expandiendo el viejo esquema económico basado en el "triple puerto"(1). Conforme a su pasado y a su porvenir, el carnaval de 1959 también ostenta el sello de las circunstancias nacionales. Afianzando las alianzas perdurables, los retoques que la Junta Permanente del Carnaval imprimieron a las fiestas tienen evidentemente un sentido.
Otra particularidad de este carnaval: la joven de 19 años que fue su reina, Marvel Luz Moreno Abello, "Marvel Luz 1ª" devino luego la novelista Marvel Moreno. Es nuestro interés por la obra literaria lo que nos incita a observar estas fiestas barranquilleras. La ocasión de apreciar una fiesta reputada considerada popular y folclórica a trvés de la adolescente elegida por algunos notables, se nos ofrece en el material compilado por Berta Abello, madre de la reina: centenares de fragmentos, minutas, cartas, invitaciones, discursos, y el "Diario de Marvel" escrito por ella desde el nacimiento de su hija (1939).Una lectura cautelosa se impone: por un lado, lo que la prensa dice del carnaval trasunta el control oligárquico, y los cinceles de de Berta Abello han acentuado a veces el trazo; efectivamente, por demás, ella era un modelo de mentalidad colonial criolla en el corazón de una cultura costeña marcadamente afoamericana. Pero la información es copiosa y los criterios fácilmente discernibles. Esta visión tan singular es tanto más significativa cuanto no es fortuita la presencia del capital: revela frustraciones que la niña debía sublimar revelándose contra la tiranía del diario, la grafomanía apabullante de la madre explicita la excepción que fuera Marvel Moreno en su medio.
Con frecuencia vista entre las niñas bien asiduas al Coutry Club, Marvel Moreno no era de familia ni muy rica ni muy mundana, desventaja que su belleza no habría de compensar hasta el punto de ameritar este rango. Pero deseaba ser escritora y, en su edad primaveral, ya se revelaba como una intelectual. A los 17 años había fundado con sus amigas una publicación bimensual femenina (Nosotras) sin haber publicado más que cuatro números cada tres meses. Habiendo sus dos amigas abandonado la ciudad, fue ella el "cerebro" visible de esta juventud. Su físico era otro triunfo. Indispensable, no podía bastar para el rol que las "fuerzas vivas" confiaban a la reina de 1959. Si los fondos invertidos no son casuales, tampoco lo es la entronización. Este año la reina debía no sólo saber sonreír y bailar sino también hablar: en el ambiente del Frente Nacional en cierne ella estaría al frente de una estrategia "nacional". Para el plan local, la estrategia no cambiaba, pero 1959 presentaba significativas variantes. El reinado se inscribía en una trma compleja movida por intereses, presiones y expectativas; más compleja aún por el proyecto coyuntural que inspiraba la situación del país.
Poder de la reina, reina del poder
En principio alma de la fiesta,encarnación del poder de la alegría, la reina era ante todo el regocijo de un poder del que los detentadores no cedían nada en una ocasión que se consideraba como de toda licencia. Aunque lúdicos, los signos de esta monarquía fugaz expresan también el continuismo del orden. Rodeada de súbditos, la reina nombra princesas, príncipes y edecanes, promulga sus decretos bufos(2), es abordada con fórmulas como "Distinguida Majestad" y se le suplica ..."su Real Asistencia" a tal o cual evento "social", permaneciendo empero bajo el control de la Junta Permanente la cual cierne requerimientos y participaciones: una parada es "autorizada por el doctor Julio Tovar Quintana, Presidente de la Junta Central del Carnaval", una visita a "Marbi Lux 1ª" anunciada "de acuerdo a la cooperación de la Honorable Junta Central de Carnaval", una demanda se cumple "de acuerdo con don Alfredo de la Espriella, secretario de la Junta Permanente del Carnaval de Barranquilla".
Si a la clase alta no le falta gente frívola a la que apasione el reinado -su participación confirma la preeminencia de la élite(3)- es en los barrios populares donde se toma más en serio a la linda soberana. Su legitimación se da de suyo; es ella quien, al coronarlas, concede la unción a las "reinas populares" elegidas, títulos subalternos por los que compiten los vecinos de las cuadras*, los comités de apoyo y las candidatas, soñando con el triunfo de sus vidas (cada una tendrá su cargo en el desfile de la Batalla de Flores, el sábado de carnaval). Así, de una candidata de Cevillar: "Yo, tu humilde súbdita, (...) te espero Marvel Luz, con toda tu corte real, para que honres mis dominios con tu bella presencia"(carta del 23 de enero). De otra, de Chiquinquirá: "...se ha organizado una fiesta como modesta contribución a la alegría que según sus Reales deseos debe presidir en estos carnavales de 1959"(23 de enero). De La Junta Seccional de San Roque: "No descartamos la posibilidad que la luz de vuestro nombre se encarne en clara luminosidad de las sugerencias que en momento dado podamos recibir de ud., oh bella majestad"(23 de enero). "Si bien la elección de estas reinas no es con mucho la fiesta de los estratos populares, el apasionamiento monárquico inhibe la irreverencia carnavalesca: resultado de la creación (1943)"(4) de estos reinados, reposición de la jerarquía social en el seno de la fiesta subversiva. La reina es el reflejo sustituto del poder de siempre.
Ella asume sus responsabilidades, contraparte de su poder efímero. Más de una vez debe bailar la cumbia improvisadamente. El 9 de enero en el night-club del Hotel del Prado; el 12 en la estación "La voz de Barranquilla"; el 17, en el Hotel del Prado con el director de "La cumbia Soledeña"(fotogrfías en la prensa); el 18 con ocasión de un crucero fluvial ofrecido por una agencia de viajes (su madre apunta: "¡La reina no puede negarse a bailar!"); el 19 con la cumbiamba "Los Patulecos" que venían a festejar; el 20, en "Radio Kalamarí", luego en su casa, habiendo rehusado una invitación ("Para colmo, llegó una cumbiamba y Marvel salió en medio de grandes aclamaciones a la calle, y prendiendo su vela bailó con la cumbiamba" dice su madre) y finalmente en la sede de "Los Patulecos"; el 22 y 27 de enero, en casa, con otras cumbiambas. El 2 de febrero, en Montecristo, corona a Mañe Copa 1º, rey del barrio: "¡gran bailada de cumbia allí, etc.etc.!", señala su madre.
Visita los barrios*, los bailes de cuadra*, los comités de apoyo de las candidatas populares y sus "palacios reales". Berta Abello consigna estos recorridos el 15 ("Tuvo que ir a verbenas que le tenían preparadas, bailar con el que se lo pidiera, tomar los potinges** que le brindadran etc.etc. y regresó a su casa, a las 111/2 de la noche, ¡ronca,aterida de frío y medio muerta de cansancio!") y el 17, 20, 21 de enero. En el domocilio "real" se suceden las candidatas populares con sus comités (el 14, 15, 16, 19, 21 y 29 de enero) y las reinas de los pueblos aledaños. Cada partida, las candidatas se aglomeran en torno a la reina (al tiempo visitas a las emisoras o a los periódicos, que ofrecen informes y fotografías). También es preciso coronar a los reyes de barrio allí donde la tradición perdure.
No todo transcurre cordialmente, a pesar de la leyenda de la ciudad. Hay más de dos reyes en un mismo barrio, como en Montecristo; en su balance del carnaval, anota Berta Abello: "El día que fue a coronar al Rey Puerco, los habitantes de este barrio, que no lo querían, cortaron la luz. En seguida la Policía rodeó a Marvel gritando: '¡Cu¡dado con la Reina!'". El incidente es del 5 de febrero, pero el del 22 fue mucho más serio: relatando la visita a los barrios, la madre señala que "en uno de ellos le tiraron una piedra a Marvel (porque la candidata que iva a visitar, no la querían en el barrio) y le hicieron una heridita en la mejilla". La mensajera de la alegría concitaba también tensiones, convirtiéndose en chivo expiatorio. El 23 El Heraldo apunta simplemente: "No obstante haber estado ayer un poco agripada, visitó candidatas, habiendo sido objeto de caudalosos recibimientos en cada ocasión. Estuvo en San José y visitó a la señorita Virginia Bula Palacio, quien la invitó de manera especial. También estuvo la reina en el sector de Las Delicias".
El incidente del 22 de enero preludiaba la intromisión de la élite en los reinados barriales, bien que aún no es la época en que, complementado con la habitual compra de votos, los políticos harían coronar a sus hijas(5). Después del 9 de febrero, un funcionario departamental, proveniente de una de las mejores familias, se puso al servicio de la reina, presidiéndola a todas partes en una moto provista de sirena. Su colaboración no carecía de segundas iuntenciones. El 31 de enero, Diario del Caribe titulaba "La candidata Alfa recibió comunicación de Marvel Luz para seguir en el certamen" y publicaba un cruce de cartas. A esta candidata que renunciaba a concurrir, la reina escribía: "Para mí sería especialmente placentero que volvieras a ocupar el lugar a que te llevaron tus muchos admiradores y amigos." Alfa respondía: "...he llegado a la conclusión de que es inútil luchar contra la incomprensión de una Junta Seccional visiblemente decidida a obstaculizar mi candidatura." El problema se aclara en el manuscrito de Berta Abello quien consigna, el 2 de febrero, que la reina había ido a coronar "reina de la simpatía" a la hija de su batidor. Era señal de empate para éste, pero él era influyente en otros ámbitos: la foto de esta coronación ("Reina de la simpatía de Olaya y Delicias") apareció en Diario del Caribe el 4, al mismo tiempo que las de las ceremonia oficiales celebradas el 3 (coronación por Marvel Luz 1ª de dieciocho reinas barriales). La configuración de página favorecía a la reina apócrifa: a pesar del voto popular, Alfa ganaba la batalla mediática. La reina se había hallado atrapada en un conflicto que revelaba hasta qué punto el carnaval de los barrios estaba expueto a los manejos de esta élite que la delegaba entre las antorchas de las cumbiambas.
El carnaval de los mercaderes
Barranquilla ha sido vista durante mucho tiempo como una ciudad de tenderos. El Magdalena y la proximidad del mar hicieron de ella en otra época un sitio de contrabando y de comercio, y si bien su crecimiento debe mucho a su industria, sigue siendo una ciudad de mercaderes. El carnaval era vitrina y la reina, soporte publicitario. Los regalos que recibe aparecen a menudo en la prensa, ilustrados con fotografías. El industrial José Lapeira, miembro de la Junta, y un sastre anónimo fueron la excepción: el uno ofrecía pantalones (slacks) salidos de su fábrica, mencionados en el diario de Berta Abello e ignorados por la prensa; el otro tomaba medidas de un vestido de cóctel entregado algunos días después sin que la madre revele su nombre o la prensa lo cite. Sin embargo de los "objetos de arte" ofrecidos desde el 10 de enero por un importador de artículos para el hogar, un juego de maletas obsequiado por un gran almacén ("Gangas de la reina", escribe Berta Abello), zapatos donados por un zapatero, tienen espacio en la prensa, sin que falten las fotografías.
Las instituciones públicas invisten de importancia a la reina en misa, extendiendo la acción de la asosiación de comerciantes de la que depende la municipalidad y la gobernación*. La compañía telefónica instalaba gratis un teléfono adicional en casa de los Moreno. La compañia eléctrica proveía a la cuadra de un alumbrado a giorno, cuyo interruptor se hallaba en el interior del"palacio". La reina disponía del carro del alcalde (el diario de Berta Abello nada dice de la crisis municipal del momento).
No hay fiesta costeña* sin ron: el 29 de enero, Fábrica de Licores del Atántico envía a la reina 75 litros "para que aquellos súbditos que alegren la puerta de su residencia con danzas y cumbias sean obsequiados", luego el 5 de febrero "como obsequio y propaganda de la Fábrica y para contribuir a las festividades carnestoléndicas, una caja de ron Carnaval, 30 litros de ron viejo 1917 y 20 litros de ron blanco". Nada más normal: se trata de la destilería departamental.Más preocupados por la publicidad, una importante destilería del interior remite una cantidad no especificada, "obsequio que le hace Caldas Limitada para que dé a conocer a sus súbditos el famoso Ron Viejo de Caldas y Aguardiente Cristal". Estas contribuciones traslucen la trama de las ataduras del carnaval. Los grupos de danza populares (las cumbiambas) y las danzas folclóricas (las Danzas*), típicas de la cultura barranquillera* debían ser remuneradas cuando rendían homenaje a la reina. Con sus máscaras zoomorfas y la presentación rutilante de sus congos*, las Danzas representaban la imagen de Barranquilla, lo que bien justificaba este mínimo reconocimiento. Proveniente de un sub-proletariado(6) acusadamente pigmentado, veían suspenderse provisionalmente su marginalidad, confirmada por la retibución que evidencia una dependencia en torno a la élite heredera de los viejos criollos. Nacida en el seno de la élite retratada por ella, la reina debía recompensar a los que la festejaban: las destilerías aquí cuentan. El domingo 11 de enero, Berta Abello escribe, distante: "A las 10 de la mañana vino una murga (del músico Vásquez) a tocarle a Marvel. Se les dio ron y dinero." Y el 8 de febrero, en el mismo tono: "Vinieron a su casa danzas, cumbias, comedias y disfraces. A todos se les regaló botellas de ron. Todos querían ver y bailar ante la reina, pero Su Majestad dormía". Las marcas de bebidas alcohólicas ejercían su dominio sobre los aspectos más modernos y masivos. El 3 de febrero, una marca de ron festeja en un grill de moda a las reinas populares que Marvel Luz 1ª acababa de coronar. La cervecería de un consorcio devenida hoy primer grupo financiero del país, comenzaba a tomar en sus manos las actividades rentables ligadas al carnaval.
Esperanza de la ciudad, el turismo constituía la clave de la estrategia de las "fuerzas vivas" que, en el nuevo contexto nacional, apostaban al incentivo del carácter conferido al carnaval de 1959. Otro motivo de atenciones para con la reina y nuevas celebraciones. El 18 de enero, una agencia de viajes regala el recorrido por el Magdalena considerado como promoción del potencial turístico del río. El 5 de febrero, el Yatch Club ofrece otro crucero a Marvel Moreno y a las distintas reinas nacionales y extranjeras, invitadas por la Junta. Es el "carnaval acuático", innovación tendiente a tornar más pretigiosas las fiestas (se pregunta cómo podían ser observadas por la población y constituir un espectáculo en el futuro, que sobradamente lo es con el paisaje de ciénagas* y las aguas turbias del Magdalena)(7).
El prestigioso Hotel del Prado procuraba integrarse y multiplicaba los anuncios-comunicados mal perfilados en artículos de prensa. Aloja gratis a las reinas de belleza y sus "cortes", abre para conferencias de prensa, cócteles, presentaciones y bailes...y lo hacía saber. La Prensa (16 de enero) y El Heraldo (17 de enero) anunciaban que acogería el carnaval y sería su "cuartel general". El Nacional (24 de enero) titulaba "El Hotel del Prado sede del carnaval del 59" y aseguraba que recibiría el 31 el baile de coronación de la reina "el cual por primera vez en los últimos veinte años se celebrará en sitio distinto al Club Barranquilla o Country, sedes de la sociedad Barranquillera". La táctica encontraba sus obstáculos: el baile del 31 tuvo lugar como siempre en el Country y sólo el del 6 de febrero (dicientemente el de coronación de la "reina nacional") se dio en el hotel que, acorde con la Junta en el propósito de prolongar las fiestas, a medias alcanzó su objetivo. Sus salones y la calidad de sus esrvicios convenían a la estrategia de la Junta y el poder brindaba su apoyo (el gobernador ofreció allí un cóctel a su homólogo y la reina de Cartagena). Pero las celebraciones de la élite, centradas en la reina del carnaval y que cubrían la primera mitad del calendario y una parte de la segunda, no salían de los clubes, dejando el hotel a los emergentes y a los turistas. La élite no trocaba sus rituales por la buena causa económica. El hotel figuraba ampliamente, sobre todo al final (el carnaval "nacional") hacía su publicidad, pero permanecía como subalterno: lugar de reunión para la comitiva de las reinas el 7 de febrero, para la "Danza del Garabato" el 8, para la "Noche de Cumbia" el 9, no era más que un punto de partida de un recorrido de los clubes,siempre concluido en el Country, donde se desarrollaba lo primordial de las veladas.
La reina se hallaba atrapada en esta comercialización, que con mucho la sobrepasa (no era consciente de ello en principio y no apreciaba más que lo que la afectaba directamente). Esta evolución no contribuyó a vender mejor el carnaval a los turistas (8) pero terminó por liberar la fiesta del ánimo de lucro que la corroía. 1959 marca una aceleración. Los bailes de familia, de cuadra* o de barrio conocían ya la competencia de las toldas (casetas*) instaladas en la arteria principal por grandes cervecerías. El vocablo caseta no figuraba más que en el programa oficial de la Junta, publicado el 21 de enero (" 6:30 p.m. Gran baile popular en las casetas del Paseo de Bolívar", se anunciaba para el 7 de febrero, después de la batalla de flores). El correspondiente de El Tiempo lo ignoraba: "En el paseo de Bolívar hay dos pistas de baile. Una de la cervecería Aguila y otra de las Cervecerías Bavaria. Allí se baila y se toma cerveza. Lástima de los precios que eran prohibitivos, especialmente en el tinglado de Bavaria" (10 de febrero). Si faltaba el término, la realidad lo expresaba, tanto que se adivina bajo el comentario superficial (y bajo la alusión a uno de los intentos ) de la financiación del carnaval(9), inversión que las grandes cerveceras se disputaban a finales de los años 50(10), cortando el consorcio local la mejor tajada embolsillándose la fiesta.
La élite y los barrios
Ciudad tardía, surgida del comercio y del trabajo, preciada de haberse forjado ella misma, Barranquillla opone este venir a ser bastardo a los pergaminos de Santa Marta y Cartagena. Su élite la quiere ciudad democrática; el carnaval será la demostración. En la entrega de 1959 de su revista Carnaval de Barranquilla, el periodista Simón Martínez Fuenmayor escribía:
El Carnaval es una fiesta democrática, es la fiesta de la convivencia y en ella habrá que ver uno de los elementos que con mayor eficacia ha disciplinado a Barranquilla dentro de la norma de fraternización que se distingue a través de las clases sociales. Disfrazado el aristócrata más susceptible de su rango, no es distinto del bracero que tiene encima su vestido de "torito". Pueden alternar de igual a igual porque las llamadas clases sociales se han desvanecido. Así, en un salón, el señor de la casa puede bailar una cumbia con quien le lava la ropa(11).
Se vuelve a hallar a menudo este tópico, como en Alfredo de la Espriella para quien el carnaval "es el evento tradicional de regocijos públicos en el cual participa toda la comunidad sin diferencia de clases, desde hace más de siglo y medio"(12), y elogia el "buen comportamiento del pueblo barranquillero, digno exponente de sus propias virtudes cívicas", no sin admitir que, durante la fiesta, el pueblo sabía conservar la distancia respecto de la élite ("La gente del pueblo respetaba su posición"(13) -confirmación de prácticas segregacionistas. Disimuladas o no, el aristócrata de Martínez Fuenmayor bailaba al aire libre (en un salón burrero) con su lavandera, pero ésta no tenía cabida en sus clubes.
En la misma entrega, un autor que firmaba "Dr. Argos" decía algo completamente opuesto: "Lástima grande que esta fiesta tradicional, típica y folclórica, con el tiempo vaya perdiendo su encanto por culapa de (...) la ologarquía barranquillera". Verificaba, probable alusión a las casetas comerciales: "Lo que ayer se hacía a pleno sol o a la luz de la romántica luna, hoy se hace en salones exclusivos donde el pueblo paga los platos rotos" y deploraba "Se ha fraccionado por falta de imaginación de sus dirigentes y organizadores, que poco les importa la vida de nuestro pueblo todo el año sudoroso y en espera de esta su grande fecha o efemérides que le hace la existencia menos sórdida"(14). De hecho, el carnaval sin barreras no existe, es una fiesta con creces confiscada la que se veía en Barranquilla en 1959.
La Junta Permanente controlaba el carnaval popular mediante la Junta Popular, presidida por uno de los suyos (Rafael Ariza Pernett en 1959, asesorado por el intelectual Adalberto del Castillo) y las Juntas Seccionales: relación vertical, autoritaria.La Prensa del 23 de enero parecía creer en una concertación, al anunciar para la tarde una reunión de la Junta Popular con candidatas y comités "con el objeto de acordar todo lo concerniente a la coronación de las reinas de barrios". Por lo demás, esto no es sino cuestión de los deberes de la base. El Nacional del 8 de enero había hablado de "La manera como deben actuar las sub-juntas en las distintas secciones que les corresponde dentro de la organización general". El 23, El Heraldo expresaba respecto de la reunión de la tarde: "...allí se impartían las últimas órdenes sobre la culminación del certamen". Marvel Moreno fue invitada a través de una carta (del 22) de Rafael Ariza Pernett "para efectos de organizar debidamente la forma como ha de realizarse el Carnaval en los Barrios de la Ciudad". Más explícito fue El Nacional del 24; hablaba de "las masas populares encargadas de hacer el carnaval en los Barrios".
El diario de Berta Abello muestra lo que la élite pensaba del populacho y de sus festividades. Las visitas de la reina a los barrios no son el hecho reciente del que hablaba Nina S. de Friedemann en 1985(15). Eran una costumbre ya en 1959, aun cuando Marvel Moreno parece haberles dado un vigoroso impulso (Carolina Manotas, reina de 1953, había abierto el camino). Berta Abello detestaba esta promiscuidad. De Margarita Angulo Carbonel (cuya hija era princesa), dice en su diario, el 20 de febrero de 1952 "¡Margarita ha echo su Carnaval en los Barrios! No se cansa de soportar tanta plebe", y el 1º de marzo, de la coronación de las reinas populares, dice "coronación chachana "(16). En 1959, como su hija era reina, Berta Abello tendía a hallar todo perfecto, pero sus prejuicios criollos dejan rastros en el relato que hizo de la ceremonia del 3 de febrero de 1959. Se adivina la irritación frente a la rimbombancia de los discursos, pero se aprecia sobre todo que, si la madre estaba encantada de la irreverencia, la prevención contra la plebe no cedía:
Hubo discursos. Besuqueos (todas las reinas, al ser coronadas, estampaban el "dulce ósculo" en las pobres mejillas de Marvel, la cual quedó convertida en un muestario de lápiz labial). Fotos,etc. Marvel tuvo que hablar por los micrófonos, y para distraerse un poco (ya que el acto era cansón y aburrido) se dedicó a tomar el pelo como vulgarmente se dice, corrigiendo lo que los locutores decían, con gran regocijo de éstos y haciendo el gran desorden. Hubo aplausos y vivas.(...) Cuando Marvel terminó de enganchar coronas, regresó a su casa.
Los clubes se protegían contra la promiscuidad y los recuadros en la prensa manifiestan sus precauciones. No serán admitidos en los grandes bailes más que los socios al día con sus cuotas. El Club Alemán verificaba todos los carnés de identidad y controlaba de cerca la invitación a los no residentes. El Club Barranquilla exigía: "Traje: Etiqueta o disfraz de fantasía" y prohibía "caretas, capuchones o, en general, disfraces que no sean de fantasía". En el Country,"las personas que vengan con máscaras deberán identificarse en las oficinas de la Gerencia antes de entrar a los salones"; "para los bailes del Sábado y Domingo no se permitirá la entrada de capuchones". El Country no era menos estricto que el Club Alemán en cuanto a la presenatación ("Disfraces de fantasía, Smoking o cóctel"), limitaba el acceso ("Favor abstenerse de solicitar invitaciones para personas no socias residentes en el Departamento del Atlántico") y no admitía más que comparsas exclusivamente integradas por socios. Por todos los medios se aseguraba de no recibir residentes dudosos, y la autorización del solo disfraz de fantasía velaba la entrada a actos folclóricos, asimilidados a la plebe demasiado morena y únicamente admisibles en los bailes de las calles. Como compensación, la publicidad del Hotel del Prado con las orquestas que amenizaban sus veladas comenzaba: "Todo Barranquilla puede divertirse (...)": los emergentes tenían allí su lugar.
Pero es preciso tolerar las inquietas celebraciones populares. La otra cara del mito democrático era la del pueblo alegre pero trabajador; la demagogia hacía extenso uso de él a propósito del carnaval. Adalberto del Castillo, por ejemplo, escribía;
Es justo que el pueblo de Barranquilla, nuestro pueblo laborioso y sano, se divierta sin reatos en la época en que impera Momo. Tiene a ello derecho un conglomerado humano que trabaja durante todo el año, de sol a sol, en el taller, en la fábrica o en la oficina, a base de innegable consagración y con un sentido perfecto de colaboración y de eficiencia. Esa actitud lo ha colocado en una posición de superioridad, respecto a sus congéneres del país.(17)
El tópico figura en el discurso del presidente del Club Árabe a la reina (1º de febrero): "Te deseamos (...) que tengas en tus Reales decretos el espíritu de esta pujante ciudad, el instintivo de la cultura de un pueblo que además de trabajar sabe divertirse (...) y que así pongan (estos carnavales) en lo más alto el nombre de esta amada ciudad."(18) Imagen incansablemente retomada en el decurso de los años de una ciudad prendada del progreso, sin conflictos de clase ni división de razas. Pero la élite, menos criolla y más burguesa que Berta Abello, no celaba menos su carnaval: una delegación del Lion's Club efectuó una visita de cortesía al domicilio de la reina (16 de enero).
Si el apasionamineto por los reinados es señal de un control eficaz, lo más plausible es que el actor popular adopte el rol de la élite. La cuartilla editada para el Año Nuevo por la "Danza del Torito" retoma el cliché del pueblo civilizado y se pliega al proyecto turístico de la Junta: "El carnaval de Barranquilla, es no solamente una tradición de cultura y civismo que conoce y valora el país, sino que es también una atracción turística y económica que los gobiernos deben estimular". El baile "El mundo hablando...y yo gozando" trata (recorte sin referencia) de una velada caracterizada por "un buen sentido de la diversión dentro de las normas de la educación y la cultura." Una candidata del barrio Montes se dirige a la reina (carta sin fecha) a nombre de "todo un barrio sencillo,trabajador y honrado". El Heraldo (10 de enero) publica la invitación de una candidata a su "verbena bailable y tomable (...) en la que podrán divertirse sanamente y con gran derroche de alegría". Otro recorte (sin referencia) informa que "la indiscutible Ligia Primera ofrecerá un bello certamen de cultura, símbolo característico del espíritu barranquillero."
El ejemplo más claro proviene de la "Danza del Congo Grande" (la más antigua de todas,originaria de los tiempos del esclavismo).El Heraldo difundía esta convocatoria:
Hoy 20 de enero, día de San Sebastían, se llevará a efecto en el palacio de costumbre, situado en la calle 28 entre las carreras 27 y 29, los primeros ensayos de instrucciones debidas, todo de acuerdo con el reciente Decreto de la Alcaldía Municipal. Se hace pública manifestación que se hará todo lo posible para que los componentes de esta Danza guarden todo el respeto y disciplina que el caso requiere para que estos carnavales gocen de la simpatía del pueblo y de los turistas, que sea pues un certamen de civismo y en esta forma se exhorta a las demás danzas y diversiones del caso, como buenos barranquilleros.
Dirigiéndose a la reina a nombre de todas las Danzas tradicionales (salvo el "Torito"), el mismo "Congo Grande" echaba mano del lugar común de la civilidad:
...estas danzas unidas, en sesión de la fecha 11 de los corrientes, en casa del Sr, presidente Sr, Alberto Ramon Benedetti, con el fin de conseguir el mayor orden y respeto debido al carnaval de Barranquilla, para evitar el no se presenten casos que ballan contra la moral y las buenas costumbres durante las temporadas carnestolendicas. Estas Danzas, antes nombradas, para que reine la union en nuetros tradicionales festividades Carnestolendicas, aprobo una proposición de saludo a S,M,Marbi Lux 1ª.
Todo no era, por supuesto, sometimiento a la ley de la Junta. Si la irreverencia no alcanza más que a la reina en forma escrita, se ha visto que los conflictos podían afectarla emocionalmente: el carnaval de los barrios no era meramente el certamen de cultura propuesto por la élite. El pueblo no se dejaba espoliar del todo. Había verdadera dignidad en el jefe del "Torito" quien, por cierto, editaba una carpeta respetuosa de los estereotipos oficiales (su Danza no podía subsistir sin subvención) pero estaba celoso de lo que valía este "Torito" fundado en 1878. A contracorriente del cartapacio ya citado, escribía a la reina: "Campo Elías Fontalvo, Director de la Danza del Torito al congratularse con la acertada elección de ud. como Reina del Carnaval, la felicita cordialmente, mientras le presenta sus respetos, y felicita a nuestra querida Barranquilla". La resistencia es palamaria en las cartas provenientes de los barrios reacios al amaneramiento de los reinados. No sin concesiones a los estereotipos localistas y a la jerga monárquica, estos comités ignoraban a la Junta y la trataban de tú a tú. El 20 de enero, el de Montecristo solitaba a la reina que coronara a Mañe Copa I: "...consideramos nada más justo nos depare tan señalado favor, lo que le sabremos agradecer infinitamente. Dignísima Majesta, la reina más popular de cuan tas hasta hoy ha tenido nustra cara ciudad, la Puerta, de Oro de Colombia", luego, el 39, enviaba "un recordatorio a su Majestad, sobre la coronación del Rey del Barrio Montecristo, Mañe Copa I, que como ya hemos convenido tendrá lugar el día lunes 2 de febrero, en la calle 52 K 57". La más explícita fue la Junta Directiva Pro Reinado Puerco I; acuerda con la reina "para el acto de coronación que fué fijado por los moradores de este barrio el día jueves cinco (5) de febrero alas 8 p.m. en la calle 45, carrera 53 esquina (...)dandoles las gracia por anticipadas de este gran favor en veneficio de las festividades Carnestolendicas que ud. dignamente reina en este Año de 1959"(19 de enero).
Reorganizaciones, rescates
El crecimiento urbano llevaba a la élite a rediseñar sus representaciones. Elementos largo tiempo proscritos se integraban a sus actividades festivas. Si el filtro socio-racial cerraba siempre las puertas de los clubes, una ósmosis selectiva jugaba con el plan cultural, las danzas costeñas suplantaban danzas europeas y danzas del interior. Lo que fue una revolución en 1937 (la entrada del porro en el repertorio represenatdo en el Club Barranquilla, "destape de todas las expresiones tocadas por nuestras bandas de pueblo que fueron recogidas por las orquestas de la época")(19) se banalizaba. Después del carnaval 1959, las dos grandes orquestas costeñas de Lucho Bermudes (20) y Pacho Galán animaban las veladas de gala en los clubes, especialmente del Country suplantando la orquesta cubana más atractiva del momento.
En adelante, la cumbia en la que no se deseaba más percibir el ingrediente africano, fue el emblema de la región y el ritmo cuasi oficial del carnaval, ritmo común a la alta sociedad y a los estratos populares, olvidando éstos últimos ritmos adaptados las distintas ocasiones de la fiesta tradicional(21). La estandarización producía. La reina, se la ha visto, debía bailar la cumbia en diversidad de ocasiones. La danza estaba institucinalizada en el carnaval de la élite: el 9 de febrero de 1959, los clubes celebraban la "Noche de cumbia". En los desplazamientos de la reina, se destaca el rol asignado a los "Patulecos", cumbiamba destacada desde los carnavales de 1958. También se destaca la presencia de la agrupación musical "La cumbia soledeña" en varias veladas del Hotel del Prado, y en la fiesta oficial del carnaval de Puerto Colombia. Este grupo no actuaba en el Country, pero se exhibía a los visitantes. La cumbia era objeto de una apropiación, como las otras danzas regionales, no sin que se conservaran ciertos filtros. La "sociedad" dosificaba la popularización de sus fiestas. Más imbuida de cultura regional, exhibía su costeñidad, eludiendo los distintivos de una molesta negritud. Se permitía evocar pero sin consentir inaceptables confusiones...
Lo mismo con la "Danza del Garabato", danza folcórica retomada por la élite. Había dos "Garabatos", uno popular que desfilaba en la batalla de flores, otro mundano que no abandonaba virtualmente los clubes. Uno de los artículos de prensa publicados en 1959 por Emiliano Vengoechea, presidente del "Garabato" mundano, está datado "Año XXIII "(la asignación se remontaba pues por lo menos a 1937, coincidiendo en términos generales con la admisión de ritmos costeños). La élite popularizaba tímidamente su práctica carnavalesca: el garbato (bastón curvo) representaba al campesino, el pretendido criollista esquivaba la sospecha de negritud (la vestimenta masculina evocaba ante todo un mosquetero). Otro artículo de 1959 anunciaba: "Se avisa a todos los GARABATOS viejos, nuevos, casados y solteros, que la Danza saldrá el Domingo de Carnaval". El grupo elegía su día (el domingo,sin desfile popular) preservándose de toda confusión, y casi no "salía": el 8 de febrero, conducidos por Emiliano Vengoechea y Marvel, recorrió dos cuadras de los barrios oligárquicos y luego amenizó la velada en los clubes o el "Baile del Garabato" instuitucionalizado, que acogía a la reina y a la alta sociedad -mientras, en otro lugar de la ciudad, se desarrollaba el concurso folclórico y en la noche empezaban los bailes populares.
La segregación operaba según el momento. La noche del 30 de enero, agrupaciones populares escoltaron a la reina hasta el estadio municipal donde tendría lugar la coronación (Berta Abello habla de cuatro Danzas; un recorte de prensa menciona las Danzas de "El Torito", "El Congo Grande" y las cumbiambas "Los Patulecos" y "Agua pa'mí"; Diario del Caribe del 31 proporciona una lista más larga). En el estadio, los grupos llevan el palanquín real hasta el tinglado. Allí acaba su rol. Después de la ceremonia, un cortejo precedido por motos arriba al Country para la copa de champaña bailable*. Las Danzas y cumbiambas son olvidadas. Justificadas e ilustrativas para un preludio que recuerda la esclavitud, la gracia popular es de nuevo enviada a la nada de la marginalidad mientras la élite celebra su propio ritual.(22)
El encuentro de los carnavales se llevó a cabo en la calle, debido a la batalla de flores del sábado, que desfolclorizaba la fiesta tradicional. Ese día (7 de febrero de 1959) Danzas y cumbiambas escoltaron bailando el desfile de carrozas que abría la reina. Esta aparente fusión, en relidad reflejo de la jerarquía socio-racial, reducía la autonomía de las agrupaciones, desvirtuando su creatividad, acorralándolas en una acción planificada, en un terreno controlado: las prácticas tradicionales se hallaban dislocadas en una fiesta hecha espectáculo. Se trataba de otra popularización, impuesta desde arriba. Para el 10 de febrero figuraba en el programa oficial otro desfile de carrozas, llamado conquista* en memoria del enfretamiento de otros días entre danzas rivales(23) despojadas de su violencia: otro espectáculo y otra adulteración. El espacio reservado a las Danzas y cumbiambas era el del concurso folclórico, otra manera de acorralar y falsear estas formas de expresión. Requerida por el "Baile del Garabato" en los clubes, la reina no asistía y la prensa publicaba una lista sucinta de los grupos premiados.
Frente Nacional,carnaval nacional
Calificado como "nacional", el carnaval 1959 evocaba la denominación del nuevo régimen. En la paz aparente que prometía el pacto bipartita, la fiesta reputada ejemplar justificaba una promoción cuyos resultados interesaban a la burguesía barranquillera. Desde su nombramiento, Marvel Moreno defendía el carácter ejemplar, con mayor franqueza que cualquiera, al responder a la prensa local. Infinitamente más reflexiva y cultivada de lo que podían barruntar los reporteros, declaraba, para su asombro: "lo primordial es la paz de Colombia", y hablaba del espíritu barranquillero, "aspiraciones ciudadanas que son las de continuar nuestro ambiente de alegría que en el panorama de la patria ciertamente es una propiedad de nuestra amable y acogedora Barranquilla", "fervoroso deseo porque la ciudad continúe dando el ejemplo cívico y patriótico de su alegría"(El Heraldo, 10 de enero). Para el semanrio local El Momento (16 de enero), evocaba el turismo, deseando que "el nombre de la ciudad recorra todos los caminos de la patria y el exterior como sinónimo de alegría y de gentes acogedoras y bondadosas; así haremos patria y recibiremos beneficios todos".
En el ánimo de la Junta, esta alusión al proyecto planificador del Frente Nacional no era sino una herramienta. Aunque pariente pobre (asesor intelectual) en la esfera del poder, Adalberto del Castillo tendría al cabo derecho de elogiar la acción de la Junta, "fecunda tarea encaminada a hacer de los carnavales algo excepcional y atrayente" para "densas corrientes turísticas, tanto colombianas como foráneas ".La fiesta debía ser la del país. "Todo cuanto se haga en ese sentido redunda en beneficio directo de la ciudad"(24). La prensa poco mencionaba el punto de vista político. En El Nacional del 21 de enero, Arturo Rodríguez hablaba del ejemplo brindado por "la capacidad de nuestras gentes para divertirse aun en las peores épocas de la hisatoria" y de su valor para con "los hermanos del interior, cuya tragedia como consecuencia de la violencia política hemos tenido que sufrir cuando menos por medio del espíritu". Un mes después, el 21 de febrero, titulaba "Hay que barranquillizar el país". Estampa, de Bogotá, exaltaba el modelo "para que en colombia se depongan los odios, impere la alegría y reine la felicidad".
La idea de un carnaval "nacional" se proyectaba mejor en la prensa: la insistencia de la Junta resultaba eficaz en este punto. Era cuestión de "Carnaval de Colombia", y de "fiesta de la nación" (El Heraldo, 16 de enero) "carácter nacional" (El Tiempo del 22 y 23), "de un especialísimo carácter de celebración nacional" (Graficarte del 24, El Heraldo del 24). Antes de la fiesta, se hablaba de "definitivos rumbos nacionales"(El Heraldo del 11 de febrero), de "categoría nacional ante el resto de Amárica"(El Espectador del 12), de "carácter esencialmente nacional" de "visos internacionales" (Estampa del 21). Arturo Rodrígez había develado la tan enorme ambición en El Nacional del 21 de enero: "Que este carnaval nacional de Barranquilla sea la demostración de que se puede hacer en nuestro medio un carnaval al estilo del de Río de Janeiro o el de La Habana, para no referirnos a otro continente".
El martes de carnaval, mientras la calle enterraba a "Joselito Carnaval", la burguesía reiteraba su informe de siempre. Ante el Rotary reunido como cada martes en el Hotel del Prado, el gerente de una compañía naviera* disertaba sobre "Turismo en el Magdalena": se trataba, dice el informe, de dar a conocer la belleza del río y de multiplicar el número de los que navegan por placer. El redactor ampliaba la perspectiva: se trataba de hacer navegable la desembocadura, incluidas las aguas bajas, conseguir para Barranquilla dos dragas que el Estado acababa de adquirir, terminar de acondicionar la boca, lograr la autonomía del Terminal Marítimo, crear una zona franca: eternas demandas de una ciudad que, guiada por los navieros, había apostado por el río y padecía por haber negligido el transporte terrestre. Se contaba con la paz civil para reactivar el "triple puerto" y abrir el campo del turismo. El carnaval "nacional" promovido por la Junta se articulaba al tenaz proyecto estructural de este plan. Con ocasión del premio hípico "Carnaval de Barranquilla" disputado en Bogotá, se la había enviado a la capital para promover la ciudad y el carnaval; presidió los recorridos, visitando los grandes diarios, participado en las veladas mundanas, hablado en la televisión. Para expresar cuán cómodo resultaba ir a la ciudad, no dejaba de recordar que la aviación en Colombia había nacido en Barranquilla (Graficarte, 29 de enero).
¿Qué era este carnaval "nacional" y cómo se desarrolló? Sin reformar, se violentaba un acuerdo publicado en 1957 en que se invitaba a las reinas de belleza de Colombia, que debían acrecentar el atractivo de las fiestas. Otra deformación elitista: Colombia vibraba con el título de Miss Universo conquistado por Luz Marina Zuluaga (25) quien honraría el carnaval con su presencia. La Junta veía lejos pues lanzó un concurso (artículo de prensa) para la elaboración de dieciseis carrozas destinadas a las reinas de dieciseis departamentos de los cuales una sería elegida "Reina Nacional del Carnaval". No obstante gestiones y promesas, Barranquilla no contó más que con ocho de estas reinas, pero también estuvieron extranjeras. Todas venían de la Feria de Manizales, o concurrieron por los reinados nacional y continental del café. Feliz coincidencia, una baranquillera obtuvo el título nacional, y había suplido la iniciativa improvisada de invitar al carnaval las reinas que asistieron a Manizales. Fue un fracaso: la reina continental, una brasileña, no vino, una reina brasileña del algodón, tampoco; de una docena de extranjeras que se esperaba (y que un reportero creyó haber visto en el aeropuerto de Barranquilla), solamente tres fueron a la fiesta. En vano se esperó una "señorita Américas", de las anteriores reinas del carnaval de Maracaibo. La élite local, que no creía en las fuerzas locales y desconfiaba de una población acusadamente pigmentada buscaba en otros lugares encantos que no debían sino ser autóctonos: la Junta enganchaba a los invitados al proyecto nacional y el sueño continental: "de la presencia de tantas bellas aquí depende el éxito de nuestras festividades tradicionales" (El Nacional, 22 de enero). El carnaval "nacional" se realizaba a medias y la apertura al exterior era un fiasco, todo en medio de una confusión que se medía por el delirio (anuncios, rectificaciones, ilusiones ópticas) desplegado en la prensa hasta el 7 de febrero.
Y el calendario no favorecía. El miércoles de ceniza (estipulado el 11 de febrero), la Junta disponía de tres semanas (del día de San Sebastián, día tradicional del bando, al martes de carnaval) para dos festejos distintos: un carnaval local, desde la coronación de la reina (23 de enero) a la de las reinas populares (3 de febrero) y un carnaval "nacional" iniciado con la llegada de los invitados (4, 5, 6 de febrero) seguido de la designación y coronación de una reina "nacional" (el 6) en seguida incorporado a los actos habituales (de la batalla de flores al entierro de "Joselito"). Demasiado en muy poco tiempo. Los barranquilleros, que no comprendían (los lapsus de los gacetilleros lo traslucen) veían su fiesta perturbada por las componendas de la Junta. La única innovación propiamente dicha -la elección de una reina "nacional" (confiada al voto de tres diplomáticos) y su coronación (calcada de acuerdo a la coronación de la reina local)- enturbiaba la imagen del carnaval.
La reina se rebela
Todo interrogante respecto de la popularidad de una reina del carnaval por fuerza resulta fuera de lugar. Tal vez lo sea menos al convertirse la reina en la escritora que pretendía ser. Su reinado no se cuenta entre los temas evocados en nustras conversaciones con Marvel Moreno, pero la hemos escuchado decir: "Mi reinado fue el más popular" y revivir su enfado "la impresión de haber formado parte de una estafa" -ante la ovación que la recibía en el estadio donde se la iba a coronar. Con una alusión expresada ante su segundo marido(26), son nuestros únicos elementos de primerea mano. Su madre, recordémoslo, anotaba que la reina volvió afónica de un recorrido por los barrios. Informes obtenidos de testigos de la época -entre ellos una antigua reina del carnaval, de su generación- dejan ver una Marvel Luz 1ª metida en los barios, trepada en las tarimas arengando a la multitud, atentísima con las candidatas de los reinados; un comité de barrio la califica de "reina más popular", cumplido que puede ser testimonio fidedigno. Ha sido sobradamente una reina muy popular. Será preciso descartar la que parece una explicación plausible (cada carnaval es más popular que el precedente dado que la élite lo adapta al desarrollo urbano y así, ignorando a las sucesoras, cada reina se sentiría más popular que las precedentes). La personalidad de la reina 1959 habría signado su reinado, si se piensa en todo lo que precedió en su juventud. Ligada un tiempo a los dispensarios de la Acción Católica (de una manera tal que ha dejado un sedimento en su obra), sabía de la dureza en la Barranquilla de los pobres. Adolescente enamorada de las fiestas, era también una autodidacta lectora de Sartre que chocaba a sus interlocutores -con gran desesperación de su madre. Y perdió la fe en una lógica racional que ponía en quia a un predicador español, limitado a aconsejarla que leyera a San Agustín. Bien podía celebrar la fiesta las primeras semanas y desmitificarlas luego de su entronización. Todo esto resulta muy incierto y ambiguo en parte.
Ambigua también es su actitud de entonces -en tanto se puede juzgar de ello en el diario de su madre-, pues si vuelve la espalda al carnaval público, demora en desdeñar el de los clubes. Pero es seguro que Marvel Moreno experimentó en un momento un desencanto que vino a parar en rebelión, después en indiferencia. Se sentía halagada con su nominación. Desde su más tierna infancia la entusiamaba el carnaval, y el diario de su madre permite saber que ya quería entonces ser reina. Fue princesa y es claro que, privada de la calusura del carnaval 1958 debido a un duelo, había sufrido una gran frustración.1959 había satisfecho una expectativa. "Cerró con broche de oro su vida social de muchacha, ya que ser reina del Carnaval es en Barranquilla lo más alto a que puede llegar una muchacha y a lo que aspiran todas aunque no lo confiesen muchas", consigna Berta Abello en su balance el 11 de febrero. Marvel Moreno fue en principio muy cooperadodora con la Junta, cabalmente a la altura de lo que se esperaba de ella: sus propias convicciones de barranquillera, su solvencia de ideas, su facilidad de expresión hacían una buena propagandista -como con ocasión de su viaje a Bogotá .También fue bastante tolerante por su buena formación: cuestionada por la decoración que exigía para su coronación, decía preferir un motivo oriental (El Momento,1 6 de enero); todos sabían que la Junta había elegido una japonaiserie (El Nacional 8 de enero). Y se tomó a pecho su papel en los barrios. Su entronización fue causa de la ruptura de que hablaría mucho tiempo después, y queda claro que vivió la coronación de las reinas populares como una engañifa.
La venida de las reinas de belleza, por primera vez numerosa, desquilibraba un poco más el carnaval, y dejaba aun más al desnudo, para el que lo sabía discernir, la manipulación elitista de las fiestas. Habiendo admitido la manera como durante años los notables administraban el carnaval, Marvel Moreno observaba las fallas puesto que, al cabo, estaba en el centro de la maquinaria. Se ha visto que en 1959 la élite vivía sus propios rituales sin preocuparse de las disposiciones de la Junta.Una niña podía por igual plegarse a sus rituales y los lugares comunes de su legitimidad y de su rol de reina. El "carnaval nacional" sucita la rebelión, pasada inadvertida (la prensa nada dice de ello) pero relacionada por Berta Abello:
La noche de la coronación de la Reina Nacional el Dct Julio Tovar Quitana quiso que fuera Marvel a saludar a la Reina , Gloria Crespo Manzur, pero Marvel le dijo: "No, es ella quien tiene que venir donde mí". ¡Y así tuvo que ser! Ya las Princesas estaban dispuestas a abandonar el escenario, con Marvel, en solidaridad con ésta.
Las exigencias del carnaval nacional, formuladas sobre la marcha, reñían con las conviccones locales. Para la reina y sus princesas, la legitimidad se deriva de una "tradicion" por cierto falsa y oligárquica,pero validada a sus ojos por la costumbre, refractaria a las miras oportunistas del grupo social de ellos. El carnaval consagrado a veleidosos turistas desfiguraba el de los barranquilleros. Colocada delante en la promoción del carnaval "nacional", la reina local debía ser dejada de lado luego que entrase en su fase activa. Ella reaccionaba burlada personalmente y como representante de la ciudad y del círculo de la juventud pudiente.
Marvel Moreno no hizo más el juego, abandonando su puesto a mitad del recorrido de la batalla de flores, el sábado. El martes de carnaval una fiebre inventada la excusaba de la conquista y del baile de clausura del Country. Entre tanto, a pesar de la deserción del sábado, participaba en los clubes de los bailes de disfraz en el "Baile del Garabato", en la"Noche de Cumbia": su carnaval, el de los muchachos y niñas de su medio. Pero había rechazado el carnaval "nacional" y su tendencia mercantil. En marzo boicoteó el torneo de tenis (27) organizado por el Country y que quería exhibir la reina "nacional" y dejaba en segundo plano a la reina local.
Berta Abello no había pillado las sutilezas de la conducta de su hija pero, sabiendo puntualizar lo esencial, ella acusaba al presidente de la Junta y a los dos directores del torneo. Algunos hechos mencionados están fuera de contexto, pero el sentido es calaro. El 7 de marzo escribía:
Le enmochilaron el viaje a Bogotá, para la carrera en honor de la Reina del Café (Olguita Pumarejo) y otra del Tenis y los premios de éste pusieron a recibirlos a Gloria Crespo Manzur "Reina Nacional del Carnaval"). A dicha fiesta del Hipotecho, entre ellos Lucho Luzán, invitaron a Marvel desde que ella estuvo en Bogotá (Carrera Carnaval de Barranquilla). Después volvieron a invitarla en los Carnavales y Don Lucio Luzán, al llamar a su papá por teléfono, para despedirse de él, volvió a decírselo. Sin embargo, la Invitación Oficial no llegó, ni el pasaje en avión tampoco. ¿Por qué? Porque los de aquí y ya nombrados quisieron los honores para Gloria Crespo Manzur, porque les interesaba para su "Carnaval Nacional" inventado por ellos, el turismo, etc.etc. que redunda en favor de sus bolsillos...
No debió ser fácil para la reina de 19 años desmitificar el rol que le hacía jugar el sistema. El carnaval "nacional" había permitido a Marvel Moreno penetrar oportunamente la élite local. Había comprendido que el carnaval era una fiesta confiscada y desnaturalizada. Habiendo observado el funcionamiento de un poder, negaba la legitimidad de todo poder. Reina manipulada, adolescente impregnada de ese ambiente portuario donde creció, iría a reivindicar infatigablemente las víctimas de todo poder: si fue embaucada, todos lo fueron. Esas intensas semanas no explican la obra literaria, pero la cristalizan y presentan correspondencias arcanas con el universo de ficción de la esctitora. De este universo, como testigo del carnaval 1959, el abigarrado mundo de los barrios emerge asombrosamente puro, inocente. Es esto lo que, año tras año, canta contra lo evidente:
Este año el carnaval
lo quiero gozá con ganas
porque el pueblo ya eligió
a su linda soberana.
Traducción: Leo Castillo
leosemata@yahoo.es
NOTAS:
* rebeldes, en español en el original. Palabras como Junta y otras expresiones en este idioma, sólo se resaltan en negrita la primera vez. Las citas del diario de Berta Abello, y en general los entrecomillados ,en español. (N. del T.)
1. "Puerto fluvial, puerto marítimo (que no eran sino uno) y aeropuerto. " Véase Theodor E.Nichols, Tres puertos de Colombia. Estudio sobre el desarrollo de Cartagena, Santa Marta y Barranquilla, Bogotá, Biblioteca Banco Popular,1973,301 p.; Eduardo Posada Carbó, Una invitación a la historia de Barranquilla, Barranquilla, CEREC/Cámara de Comercio, 1978, 124 p.; Adolfo Meisel Roca & Eduardo Posada Carbó, ¿Por qué se disipó el dinamismo industrial de Barranquilla?, Barranquilla, Gobernación del Atlántico, 1993, 151p.
2. Estos decretos emanan del carnaval de la élite. "Hay que meter en ello a toda la sociedad. Darles nombramientos", apunta Berta Abello, el 13 de enero.
3. Dejaremos de lado este aspecto; nuestros documentos ofrecen un impresionante florilegio de presiones, intrigas y conflictos, fútiles, pero muy reales, que muestran desde un ángulo inesperado que la fiesta es siempre una tramoya y que el poder está siempre en el corazón del festejo.
4. Nina S. De Friedemann, Carnaval en Barranquilla, Bogotá, Ediciones La Rosa,1985, p.59.
**Potinges, por "potingue (De pote) m.fam. y fest. Cualquier bebida de botica o de aspecto y sabor desagradable", Drae, 1992. (N.del T.)
5. Nina S. de Friedemann, op.cit., p.50.
6. Margarita Abello, Mirta Buelvas, Antonio Caballero Villa, Gajos de corozo, flor de La Habana. Suplemento del Caribe, Barranquilla, Nº 269, 18 de febrero de 1979, p.4 y 6.
7. En 1959, Puerto Colombia daba a sus festividades el nombre de Carnaval Turístico, pero esta denominación es poco significativa. Mucho más importante era la creación en Santa Marta de una fiesta y de un reinado del Mar, inicio de un de un desarrollo turístico propiciado por el entorno natural.
8. Teinta años después, la queja era la misma: el carnaval carece de promoción turística. Cf. 3. El carnaval y el turismo, in Adolfo González Henríquez & Deyana Acosta-Madiedo H., Memoria de los foros del carnaval, Barranquilla, Cámara de Comercio, 1989,p.36-38.
9. Manuel Torres Polo, El fenómeno urbano y la descentralización del carnaval, in Adolfo González Henríquez & Deyana Acosta-Madiedo H., op.cit., p.20-25.
10. En 1975 el grupo Bavaria se asociaba a la fiesta en honor de las reinas populares (Diario del Caribe, 28 de febrero de 1957).
11. Simón Martínez Fuenmayor, "El Carnaval,la fiesta de Barranquilla", Carnaval de Barranquilla, s.n., 1959, s.p.
12. Alfredo de la Espriella, Imagen temporal de Barranquilla, Barranquilla, Berna Impresores, s.d., (1987), p.88.
13. Alfredo de la Espriella, Julia Pochet, primera presidenta del Carnaval de 1899, El Heraldo Dominical, Barranquilla, 14 de febrero de 1999 (consultado en Internet).
14. Dr Argos, "Vuelve el carnaval de Barranquilla", Carnaval de Barranquilla, s.n., 1959, s.p.
15. Nina S. de Friedemann, Op.cit., p.66.
16. Ningún barranquillero consultado ha reconocido este término, frecuente en el diario de Berta Abello. Marvel Moreno le responde en su novela La noche feliz de Madame Yvonne. Peyorativo, el término define todo lo plebe y que soporta el estigma africano.
17. Alberto del Castillo,"Bajo el imperio de Momo", Carnaval de Barranquilla, s.n.,1959, s.p.
18. Texto dactilografiado conservado por Berta Abello.
19. Antonio María Peñaloza, "La música del carnaval de Barranquilla", in Adolfo González Henríquez & Deyana Acosta-Madiedo H., op.cit., p.5.
20. Mapalé-macumba de Bermudes en honor de la reina: "Marvel Luz, eres tú mi inspiración, /Marvel Luz, es tu risa una canción".
21. Cf. Antonio María Peñaloza, op.cit., p.4.
22. Todavía es preciso señalar que se trata de una "popularización reciente". Un reportaje en Estampa del 21 de febrero afirma que sólo fue desde 1958 (de hecho, desde 1957,por lo menos) que la coronación se efectuaba en lugar distinto del espacio reservado para la "sociedad". Puntualicemos que la entrada era paga (5 pesos preferencial y 3 las tribunas).
23. Margarita Abello, Mirta Buelvas, Antonio Caballero Villa, op.cit., p.5.
24. Adalberto del Castillo, op.cit., s.p.
25. Una barranquillera acababa de ser elegida "reina del café" en Manizales, capital de Caldas; la caldense fue coronada en Barranquila. Otra feliz casualidad...
26. El episodio, resaltado por Berta Abello, tuvo lugar el 8 de noviembre de 1958.
27. Este torneo recibía a los mejores jugadores del mundo. El 5 de marzo, El Tiempo titulaba: "El Wimbledon suramericano".
16 diciembre 2008
Arte sagrado o charlatanería
Durante siglos,sufriendo persecusiones,padeciendo tortura,incontables hombres y mujeres(entre los que se cuentan eminentes figuras del pensamiento y del arte de todos los tiempos,y desde reyes hasta lacayos) han sacrificado riqueza,familia,salud,llegando a morir de hambre en prisión,subir a la horca o ser quemados,siguiendo un arduo estudio,efectuando enigmáticas manipulaniones de la materia,sometiendo el espíritu a una agobiante disciplina tras la cristalización de la gran obra,llave que abriría el libro de las layes secretas de la naturaleza y los pondría en posesión del supremo conocimiento,del aqua vitae o el elíxir de la vida,una revelación trascendente,inefable,por encima de toda experiencia.Hostigados en Roma como matemáticos,astrólogos,magos y fanáticos de una ciencia oculta,por esta causa fue condenado Plinio durante el reinado de Tiberio.Así,tanto Claudio como Vitelio promulgaron senatus-consultos sentenciando a castigos atroces a quienes se entregaban a estos ejercicios y se penalizó este conocimiento a tal extremo que la sola posesión de libros del género (que eran quemados públicamente,a veces en presencia de obispos,por orden de Teodosio,por ejemplo) significó para muchos la muerte.Diocleciano ordenó la destrucción de tratados,sin contar las bárbaras matanzas de los adeptos en Egipto.Dichas persecusiones atraviesan toda la Edad Media hasta el Renacimiento.Ya en el siglo XV,el arzobispo de Praga fue perseguido debido a esto por el mismo concilio que condenó a Juan Hus y en el XVI,un decreto dado en Venecia (1530) citado por el patriarca de Aquilea,prohibe bajo pena de muerte el ejercicio de este arte; por esta causa fueron ahorcados Bragachino y tostada en una caja de hierro María Zigrerin.El número de los quemados vivos nunca podrá determinarse.Que hombres de la talla de Demócrito,padre de la teoría atómica,Cleopatra,Santo Tomás de Aquino,el Doctor iluminado Ramón Lull,Paracelso,Pico de la Mirándola,Newton o Goethe (la lista es interminable) se hallan entregado a estas prácticas pareciera avalar la especie que hace de éste el arte sagrado por excelencia:estoy hablando de la alquimia.
En el origen de la alquimia se hiergue Hermes Trimegisto,según la tradición,autor de unos 20.000 volúmenes que disertan sobre medicina,astrología judiciaria,ciencia oculta y otros.Si bien no se conservaría de él sino su Tabula smaragdina (ver más abajo),la suma de su legado pudo bien pervivir transmitida de generación en generación entre los sacerdotes del Egipto,pasar a Grecia,de aquí a Roma y luego a Europa (desde luego,no cabe discusión respecto de la introducción de la ciencia de la llave en Europa por los árabes,siendo España la puerta de entrada).También se menciona al Keops del Egipto metalúrgico y místico como el más antiguo alquimista.
Ciencia de la letra M (por misam,balanza,como éstos también le llaman,pues mediante la alquimia se establece la pérdida o ganacia de los cuerpos sometidos a proceso),y también astrología del mundo interior,la alquimia,desde una época imposible de precisar,fue cultivada por los sabios musulmanes,entre los que se cuenta a Geber y a Avicena.Este Geber la sublimó al nivel de doctrina científica con el descubrimiento del aqua fortis y el aqua regalis;sentó la importancia que los gases (que llamó espíritus)desempeñarían en la composición de los cuerpos.El indeterminado autor de la Clave de la sabiduría habría poseído el elixir vitae (el oro potable o bien la quinta esencia de los elementos que conforman los tres reinos de la naturaleza).Cabría agregar los nombres de Mahommet ben Zakaria,Khalid,la escuela de Saadia o la Academia cordobesa,entre tantos otros.
Al alquimista griego nacido en el Alto Egipto (entre los siglos III y IV) ,Zósimo de Panópolis,cabe la distinción de ser el primer autor documentalmente reconocido,a quien se deben los libros de alquimia más antiguos de que se tenga noticia,conocidos por citas en griego original y traducciones en sirio o árabe (una traducción debida a Tugra'i (Ibn Al-Hassa Ibn Ali Al-Tughra'i,alquimista persa del siglo XI) fue encontrada en 1995.Del papiro de Zósimo de Panóplis encontrado en Egipto se ha escrito:"La importancia de este papiro se encuentra en que es la más antigua receta de cerveza de la que se tenga constancia escrita".
De los alrededores del siglo III d.C (mencionada por Zósimo)tenemos noticia de la matrona de los alquimista,María la Judía,a quien se debe el Balneum Mariae (Baño María.Se trata del llamado calentamiento indirecto por convección térmica del medio,y por conducción térmica de la substancia).El cronista bizanino del siglo VIII Gorges de Syncelles la hace iniciadora de Demócrito,y es citada por el enciclopedista árabe Al-Nadim en su Catálogo del año 897,como uno de los cincuenta y dos alquimistas famosos.No cabe duda de su importancia en lo que respecta a la práctica operativa,sabedora de la preparación del caput mortum.Los filósofos,reunidos ante ella,habrían declarado:"Bienaventurada seáis,María,porque el Divino secreto escondido,os ha sido revelado".Es conocida entre los árabes por Hija de Platón,bien que esta denominación,en nuestros textos alquímicos,designa el azufre blanco,primer estado de la tintura al blanco salida directamente de la flor cuyos cinco pétalos se ven en cierto grabado.María pasa así (se ha dicho que en alquimia la metalurgia es simbólica;así mercurio,azufre y sal son respectivamente espíritu,alma y cuerpo.Las tres partes dichas deben someterse a la máxima alquímica solve et coagula,esto es,separarlas,purificar luego individualmente con régimen de fuego propicio,lo que conlleva mucho tiempo y vigilancia de los aspectos planetarios;las tres partes deben unirse otra vez para formar la substancia inicial entonces cargada de ciertos poderes) a ser identificada con la materia que trabaja.De hecho,algunos ven las substancias químicas,estados físicos y procesos materiales como meras metáforas de entidades,estados y transformaciones espirituales.Símbolos de la evolución desde un estado imperfecto,enfermo,corruptible y efímero hacia en estado perfecto,sano,incorruptible y eterno.La piedra filosofal,una clave mística que posibilitaría esta evolución.
En China hay una respetable tradición alquímica,relacionada con el taoísmo.Está estrechamente relacionada con la medicina y las prácticas espirituales anejas a las artes marciales,acupuntura,el Tai chi chuan y el dominio del Qi.En américa,el Horóscopo maya habla de una percepción no convencional ni evidente entre fuerzas primordiales de la naturaleza,los astros,los animales , las plantas y los hombres relacionados en un plano que va más allá de lo físico.Basta leer los libros de Carlos Castaneda (las enseñanzas del brujo yaqui Don Juan) para entender que en estas latitudes las culturas precolombinas resultan nada inocentes en esta materia.
La alquimia emplea indistintamente términos de la mitología bíblica y pagana,la astrología,la cábala y de otros campos místicos y esotéricos.Está relacionada y entrelazada con astrología y la teurgia desarrolladas para complementarse en la búsqueda del conocimiento oculto.Para alcanzar la iluminación,amén de un maestro iniciático,laboratorio,paciencia y destreza y otros muchos atributos,se precisa de una milagrosa capacidad versátil de decodificación,o de intuición.Esto debido al carácter secreto,la terminología cifrada,como se ha dicho, queesquiva la denominación literal;de modo que no se llega a ninguna parte con la aplicación al pie de la letra de las recetas.También es imposible la elaboración sin un buen conocimiento de compuestos inestables.Las carencias deben a menudo suplirse con la experimentación,las tradiciones y muchas especulaciones hasta profundizar en el arte.Cuidarse de reactivos impuros,ebservar escrupulosas medidas cuantitativas y nomenclatura hermética.Si a esto agregamos precarias condiciones de seguridad,no resulta insólito encontrarnos con discípulos arruinados,sin resultados,maldiciendo de mil formas a la alquimia.Titus Burkhardt declara que Goethe fracasó al intentar la alquimia.Otro tanto podría afirmarse del desencantado Borges,a pesar de la asesoría del enigmático Xul Solar.Un viejo amigo de García Márquez,Pepe S., me dijo una tarde en un restaurante en Cartagena de Indias que Ramón Vinyes habría iniciado a éste en los rudimentos de la alquimia,que pues el llamado Sabio Catalán de Cien años de soledad tenía su laboratorio.En tal caso,no sería accidental que el presunto autor del libro,Melquíades,sea presentado por García Márquez como alquimista,iniciador del coronel Aureliano Buendía,personaje protagónico de este bello libro.
La alquimia aparece de improviso como un elaboradísimo cuerpo de doctrina a la caída del Imperio romano,y durante la Edad Media se enriquece de términos y misterio como doctrina oculta.Arrebata el interés tanto de sabios y filósofos como de charlatanes.Tiene que ver con especulaciones de filósofos griegos,visiones de gnósticos y alejandrinos.Pero su raíz práctica viene ya de los procemientos metalúrgicos e industriales del antiguo Egipto.
El origen místico de la alquimia suele llevarse a algunos pasajes del Génesis.Incluso,no falta quien afirme que la Biblia sólo puede ser cabalmente entendida mediante la aplicación de las claves secretas de la alquimia,y que a los legos se les cuenta una historia,otra a los iniciados.Sin esta lectura,se dice,nunca es posible alcanzar el profundo sentido,los planos cifrados definitivos de la Escritura.Respecto del arte gótico y en general de las catedrales medievales,otro tanto afirma Fulcanelli:la catedral como un secreto libro de piedra que sólo pueden leer los adeptos.
La palabra alquimia (sigo a Burkhardt) deriva del árabe al-quimiyya.Quimiyya,a su vez, del vocablo del Egipto antiguo Khemes,que vendría a significar la tierra negra.Esta "tierra negra",como todo en la alquimia,aludiría a una noción esotérica trascendente.Algo como la parakriti de India,substancia más sutil que el éter,de la dimanarían tanto el universo físico como las almas.
"Las disoluciones de esta clase por ácidos o agua fuerte ,no pueden considerarse como verdaderos fundamentos del arte transmutador de metales,sino únicamente como imposturas de alquimistas sofistas que creen poseer el secreto del arte sagrado",ha escrito Bernardo de Trevisa,y Nabi Effendi en Consejos a mi hijo Abul Khadir,para disuadir a su hijo que desea darse al estudio de la alquimia,dice que todos los alquimistas son charlatanes,el firmamento es un libro que sólo Dios sabe leer,y que serán malditos los que se atrevan a imitar sus obras.
Stanislas Valois Aragón
Preceptos de Hermes Trismegisto
(La Tabula smaragdina o Tabla esmeralda)
I. Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto.
II. Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.
III. Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno.
IV. Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.
V. Es el padre de la Perfección en el mundo entero.
VI. Su poder es fuerte si se transforma en Tierra.
VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.
VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.
IX. Esto tiene más virtud que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas.
X. Éste es el modo en que el mundo fue creado.
XI. Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí [¿o, que se han llevado a cabo?].
XII. Esto es por lo que soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía cósmica.
XIII. Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido.
Fausto
PRIMERA PARTE
LA NOCHE
Una estancia gótica,estrecha y de elevada bóveda.
FAUSTO,inquieto,sentado en un sillón delante de un pupitre.
FAUSTO
Con ardiente afán,¡ay! estudié a fondo la filosofía,jurisprudencia,medicina y también,por mi mal,la teología;y héme aquí ahora,pobre loco,tan sabio como antes.Me titulan maestro,me titulan hasta doctor y cerca de diez años ha llevo de los cabezones a mis discípulos de acá para allá,a disetro y siniestro....y veo que nada podemos saber.Esto llega casi a consumirme el corazón.Verdad es que soy más entendido que todos esos estultos,doctores,maestros, escritorzuelos y clérigos de misa y olla,no me atormentan escrúpulos ni dudas,no temo al infierno ni al diablo...pero,a trueque de eso,me ha sido arrebatada toda clase de goces.No me figuro saber cosa alguna razonable,ni tampoco imagino poder enseñar algo capaz de mejorar y convertir a los hombres.Por otra parte,carezco de bienes y caudal,lo mismo que de honores y grandezas mundanas,de suerte que ni un perro quisiera por más tiempo soportar semejante vida.Por esta razón me di a la magia,para poder ver si mediante la fuerza y la boca del Espíritu,me sería revelado más de un arcano,merced a lo cual no tenga en lo sucesivo necesidad alguna de explicar con fatigas y sudores lo que ignoro yo mismo,y pueda con ello conocer lo que en lo más íntimo mantiene unido el universo,contemplar toda fuerza activa y todo germen(1),no viéndome así precisado a hacer más tráfico de huecas palabras.(...)cercado por todas partes de redomas y botes;atestado de aparatos e instrumentos;atiborrado de cachivaches,herencia de mis abuelos...¡He aquí tu mundo!¡Y a eso se llama un mundo!
(...)En lugar de la naturaleza viviente en cuyo seno creó Dios a los hombres,sólo ves en torno tuyo esqueletos de animales y osamentas de muertos,todo confundido entre el humo y la podredumbre.
¡Ea!¡Fuera de aquí!¡Huye al dilatado campo!¿Acaso no es para ti suficente salvaguardia este misterioso libro de la propia mano de Nostradamus?Entonces conocerás el curso de los astros,y si la Naturaleza te alecciona,entonces se te abrirá la potencia del alma,y te hablará como habla un espíritu a otro espíritu.En vano es que la árida meditación te descifre aquí los sagrados signos.¡Vosotros,espíritus que flotáis junto a mí,respondedme,si oís mi acento!(Abre el libro y ve el signo del Macrocosmo)(2).
¡Ah!¡Qué deleite invade súbitamente todos mis sentidos a la vista de este signo!Siento circular por mis nervios y venas,otra vez enardecida,una nueva y santa dicha de vivir.¿Fue un dios quien trazó estos signos que calman el hervor de mi pecho,llenan de gozo mi pobre corazón,y mediante un misterioso impulso descubren en torno mío las fuerzas de la Naturaleza?
¿Soy un dios?¡Todo se hace para mí tan claro!En estos simples rasgos veo expuesta ante mi alma la Naturaleza en plena actividad.Ahora,por vez primera,comprendo lo que dice el Sabio:"El mundo de los espíritus no está cerrado;tu sentido está obtuso,tu corazón está muerto.¡Ánimo,discípulo,baña sin descanso tu pecho terrenal en los rayos de la aurora!"(Contempla el signo)
(...)¡Qué espectáculo!Mas ¡ay! ¡un espectáculo tan solo!¿Por donde asirte,Naturaleza infinita?¿Cómo coger tus pechos,manantiales de toda vida,de quienes están suspendidos el cielo y la tierra,y contra los cuales se oprime el lánguido seno?Os mastráis túrgidos,ofrecéis el sustento que mana de vosotros,¿y yo me consumiré así en vano?
EL ESPÍRITU
(...)Nacimiento y muerte,un océano sin fin,una actividad cambiante,una vida febril:así trabajo yo en el zumbador telar del Tiempo tejiendo el viviente ropaje de la Divinidad.
FAUSTO
Tú,que vagas por toda la redondez de la vasta tierra,Espíritu afanoso,¡cuán cerca me siento de ti!
EL ESPÍRITU
Te igualas al Espíritu que tú concibes,no a mí.(Desaparece.)
FAUSTO
(Anonadado).-¿No soy igual a ti?¿A quién,pues?Yo,imagen de la Divinidad,¿ni tan siquiera me igualo a ti?
(Llaman a la puerta)
WAGNER
(...)¡Ay,Dios!El arte es largo,y breve es nuestra vida.(3)En mis esfuerzos de crítica llego a temer no pocas veces por mi cabeza y mi pecho.¡Cuán arduos de conseguir no son los medios por los cuales se remonta uno a las fuentes!Y sin duda ha de morir el pobre diablo antes de haber andado sólo la mitad del camino.
FAUSTO
¿Crees tú que un árido pergamino es la fuente sagrada que,con sólo beber un trago de ella ,apague la sed para siempre?No hallarás refrigerio alguno si no brota de tu propia alma.
...(Solo) Yo,imagen de la Divinidad,yo que me figuraba estar ya muy cerca del espejo de la verdad eterna,que gozaba de mí mismo,bañado en la luz y el esplendor celeste,y había despojado al hijo de la tierra(4);yo ,superior al querubín,yo,cuya libre fuerza,llena de presentimientos,ya pretendía osadamenrte correr por las venas de la Naturaleza,y,creando,aspiraba a gozar de la vida de los dioses,¡cómo debo expiar mi vana presunción!Una sola palabra,potente como el rayo,ha bastado para anonadarme.
No puedo pretender igualarme a ti.Si tuve poder para atraerte,no lo tuve para conservarte junto a mí.En aquellos felices instantes ¡sentíame a la vez tan pequeño y tan grande!Me rechazaste depiadado,sumiéndome de nuevo en la incierta suerte humana.¿Quién me instruirá?¿Qué debo evitar?¿Tengo que ceder a aquel impulso?¡Ay!Nuestras mismas acciones,lo propio que nuestros sufrimientos,entorpecen la marcha de nustra existencia.
(...)Vosotros,instrumentos,sin duda hacéis mofa de mí con esas ruedas y esos dientes,cilindros y arcos.Yo estaba frente a la puerta;vosotros debíais ser las llaves,y con todo y tener vuestras guardas bien rizadas,no movéis el pestillo.Misteriosa en pleno día,la Naturaleza no se deja despojar de su velo,y lo que ella se niega a revelar a tu espíritú,no se lo arrancarás a fuerza de palancas y tornillos.Tú,vetusto ajuar que nunca utilicá,ahí estás sólo porque mi padre se sirvió de ti.Y tú,vieja polea,¡cómo te has ennegrcido desde que la triste lámpara ha humeado sobre este pupitre!Mucho mejor hubiera obrado yo disipando lo poco que poseo,que estarme aquí agobiado por el peso de tal escasez.Lo que tú heredaste de tus padres,adquiérelo para gozar de ello.Lo que no se utiliza es una carga pesada;sólo puede ser de provecho aquello que crea el momento.
Mas,¿por qué se fija mi vista en aquel sitio?¿Es aquel pequeño frasco un imán para mis ojos?¿Por qué de improviso todo todo se vuelve para mí suavemente claro,como cuando de noche,en medio de la selva tenebrosa,nos baña el resplandor de la luna?
Yo te saludo,redomita singular,que con recogimiento bajo ahora de tu sitio.En ti venero el ingenio y el arte del hombre.Tú,agregado de benéficos jugos soporíferos;tú,extracto de todas las sutiles fuerzas mortales,da a tu dueño una muestra de tu favor.Te miro,y el dolor se mitiga;te tomo en mis manos,y mengua el afán,baja poco a poco la marea creciente del espíritu.
CORO DE ÁNGELES
¡Cristo ha resucitado!¡Feliz aquel que ama,aquel que ha resistido la dolorosa,saludable y aleccionadora prueba!
EN LA CAMPIÑA
FAUSTO
(...)Era mi padre un obscuro hombre honrado,que de buena fe,pero a su manera,se metió a discurrir con afán quimérico sobre la Naturaleza y sus sagrados círculos.Acompañado de algunos adeptos,encerrábase en la negra cocina(5),y allí,con arreglo a recetas sin fin,operaba la transfusión de los contrarios.Un León rojo,audaz pretendiente,era allí casado con la Azucena en el baño tibio,y después,con flamante fuego descubierto,ambos eran torturados de una a otra cámara nupcial.Tras esto,aparecía en el vaso la joven Reina con variados colores,y quedaba hecho el remedio(6).
(...)¿Ves aquel perro que anda vagando por entre los trigos y rastrojos?
WAGNER
Mucho rato ha que le veía,y no me ha parecido que tenga importancia alguna.
FAUSTO
Obsérvalo bien.¿Por quién tomas ese perro?
WAGNER
Por un perro de aguas,que,a su manera,se empeña con porfía en seguir las huellas de su amo.
FAUSTO
¿Adviertes cómo,describiendo anchas espirales,corre en derredor nuestro y cada vez más cerca?Y si no me engaño,deja a su paso,a modo te torbellino,un rastro de fuego.
WAGNER
No veo sino un perro de aguas negro.Eso bien podía ser una ilusión de vuestros ojos.
FAUSTO
Paréceme que tiende sutiles lazos mágicos alrededor de nuestros pies,para formar luego una atadura.
WAGNER
Véole inseguro y temeroso saltar en torno nuestro porque,en lugar de su amo,ve dos desconocidos.
FAUSTO
El círculo se va estrechando;ya está cerca.
WAGNER
Bien ves que aquello es un perro y no un fantasma.Gruñe y vacila,se echa sobre el vientre,menea la cola...,en fin,todas las costumbres del perro.
FAUSTO
(Al perro).-¡Júntate con nosotros!¡Ven acá!
WAGNER
Es un animal divertido como todos los perros de aguas.Si te detienes,se pone derecho esperando tu mandato;si le hablas,quiere subírsete encima;pierdes alguna cosa,te la traerá,y tras tu bastón se tirará al agua.
GABINETE DE ESTUDIO
Entra FAUSTO acompañado del perro
FAUSTO
Abandoné el campo y los prados,cubiertos por una densa noche,que con santo temor lleno de presentimientos despierta en nosotos el alma superior.Adormecidos están ahora los ímpetus desordenados,a la vez que toda actividad turbulenta;ahora se hace sentir el amor a la humanidad,se hace sentir el amor a Dios.
Estáte quieto,perro;no corras de acá para allá.¿Qué estás olfateando ahí en el umbral?Échate detrás de la estufa.Te cedo mi mejor almohadón.Ya que allá fuera,en el montañoso camino,nos divertiste con tus carreras y brincos,acepta ahora también mis agasajos,como huésped apacible y bienvenido.
¡Ah!Cuando en nuestra angosta celda de nuevo arde risueña la lámpara,entonces luce la claridad en nuestro pecho,en el corazón,que se conoce a sí mismo.Empieza la razón a hablar una vez más y la esperanza a reflorecer;el hombre suspira por los arroyos de la vida,¡ah! por la Fuente misma de la vida.
No gruñas,perro.Esa voz animal no puede armonizar con los sagrados acentos que al presente embargan mi alma emtera.Estamos habituados a que los hombres hagan burla de lo que no entienden,y murmuren a la vista de lo bueno y lo bello,que a menudo les causa enojo;y a ejemplo de ellos,¿quiere el perro gruñir a eso?
Mas ¡ay! pese a la mejor voluntad,no siento ya el contento brotar de mi pecho.Pero ¿por qué ha de agotarse tan presto el manantial dejándonos sedientos otra vez?¡De ello tengo yo tanta experiencia...!Esta falta,empero,permite ser compensada,pues,aprendemos a apreciar lo que está más alto que la tierra,suspiramos por una Revelación,que en ninguna parte brilla más augusta que en el Nuevo Testamento.Siéntome impulsado a consultar el texto primitivo,a verter con fiel sentido el original sagrado a mi amada lengua alemana.
(Abre un libro y se pone a trabajar.)
Escrito está:"En el principio era la Palabra"...Aquí me detengo ya perplejo.¿Quién me ayuda a proseguir?No puedo en manera alguna dar un valor tan elevado a la palabra;debo tarducir esto de otro modo si estoy bien ilumuinado por el Espíritu.-Escrito está:"En el pricipio era el Pensamiento"...Medita bien la primera línea,que tu pluma no se precipite.¿Es el pensamiento lo que todo lo obra y crea?...Debiera estar así:"En el pricipio era la Fuerza"...Pero también esta vez,en tanto que esto consigno por escrito,algo me advierte ya que no me atenga a ello.El Espíritu acude en mi auxilio.De improviso veo la solución,y escribo confiado:"En el principio era la Acción".
Si he de compartir la estancia contigo,perro,cesa de aullar,cesa de ladrar.No puedo sufrir a mi lado un compañero tan importuno;es menester que uno de los dos abandone al celda.Con pesar mío quebranto el derecho de hospitalidad.Franca está la puerta,libre tienes la salida...Mas,¿qué veo?¿Puede eso acontecer de un modo natural?¿Es ficción vana?¿Es realidad?¡Cómo se agranda en todos sentidos mi perro de aguas!Empínase con violencia.Esa no es la figura de un perro.¿Qué fantasma he traído a mi casa?Ya se parece a un hipopótamo,de ojos encendidos como fuego y dientes formidables.¡Oh,con seguridad eres mío!Para semejante ralea medio infernal es buena la clave de Salomón(7).
(...)En primer lugar,para ir al encuentro del animal,me valgo de la fórmula de los Cuatro:
Que se abrase la Salamandra,
retuérzase la Ondina,
desvanézcase el Silfo,
afánes el Gnomo.
Quien no conozca estos elementos ,su poder y propiedad,nunca será dueño de los espíritus.
Desaparece en llamas,Salamandra;
derrítete murmurante,Ondina,
luce co belleza de meteoro,Silfo,
aporta ayuda doméstica,Íncubo,Íncubo,
aparece y haz el remate.
Ninguno de los Cuatro se halla metido en el animal.Está echado con el mayor sosiego y me mira riendo con sorna.Ningún daño le he causado todavía.Has de oirme conjurar con mayor fuerza.
Si tú,compañero,eres un fugitivo del infierno,contempla este signo,ante el cual se humillan las negras falanges.
Ya se abulta con el pelo erizado.-¡Réprobo!¿Puedes tú leerlo,el Increado,el Inefable,extendido por todos los cielos,el Traspasado por mano impía?-Fascinado detrás de la estufa,se hincha como un elefante,llena todo el espacio,va a disiparse en bniebla.-No subas hasta la bóveda.¡Échate a los pies de tu amo!-Ya ves que no amenazo en vano.Con una llama sagrada te chamusco.No esperes la luz tres veces ardiente.No aguardes el más poderoso de mis artificios.
(Mientras cae la niebla,sale de detrás de la estufa MEFISTÓFELES,vestido con traje de estudiante vagabundo.)
MEFISTÓFELES
¿A qué viene ese alboroto?¿En qué puedo servir al señor
FAUSTO
¿Conque era esa la entrña del perro de aguas?¡Un estudiante andariego!¡El lance me mueve a risa!
MEFISTÓFELES
Saludo al docto señor.Me habéis hecho sudar de lo lindo.
FAUSTO
¿cómo te llamas?
MEFISTÓFELES
Baladí me parece la pregunta para uno que tanto desdeña la palabra,y que huyendo de toda apariencia,sólo busca el fondo de los seres.
FAUSTO
Entre vosotros,señores,se puede de ordinario adivinar el ser por el nombre,en donde se revela harto explícito,cuando se apellida Dios de las moscas(8),Corruptor,Mentiroso.Veamos,pues: ¿quién eres tú?
MEFISTÓFELES
Una parte de aquel poder que siempre quiere el mal y siempre obra el bien.
FAUSTO
¿Qué viene a significar ese lenguaje enigmático?
MEFISTÓFELES
Soy el espíritu que siempre niega,y con razón,pues todo cuanto tiene principio merece ser aniquilado,y por lo mismo,mejor fuera que nada viniese a la existencia.Así,pues,todo aquello que vosotros denomináis pecado,destrucción,en una palabra,el Males mi propio elemento.
FAUSTO
Te llamas una parte,y sin embargo,entero estás ante mí.
MEFISTÓFELES
Dígote modestamente la verdad.Si el hombre,ese pequeño mundo extravagante,se tiene de ordinario por un todo,yo soy una parte de aquella parte que al principio era todo;una parte de las Tinieblas,de las cuales nació la Luz,la orgullosa Luz que ahora disputa su antiguo lugar,el espacio a su madre la Noche.Y a pesar de todo,no lo ha conseguido,pues,por mucho que se afane,se halla fuertemente adherida a los cuerpos;emana de los cuerpos,embellece los cuerpos,y un simple cuerpo la detiene en su camino.Así,espero que no durará mucho tiempo,y que con los cuerpos desaparecerá.
FAUSTO
Ahora conozco tus dignos oficios.Nada puedes aniquilar en grande,y al presente lo intentas en pequeño.
MEFISTÓFELES
Y a decir verdad,no se ha adelantado gran cosa co esto.Lo que se opone a la nada, ese algo,ese mundo grosero,por más que ya lo haya intentado yo,no he podido hacerle mella alguna con oleadas,tormentas,terremotos ni incendios:tranquilos quedan al fin mar y tierra.Y tocante a la maldita materia,semillero de animales y hombres,no hay medio absolutamente de cominarla.¡Cuántos y cuántos no he enterrado ya.Y a pesar de todo,siempre circula una sangre fresca y nueva.De continuar ello así,habría que desesperarse.Del aire,del agua,lo mismo que de la tierra,se desprenden mil gérmenes,en lo seco,lo húmedo,lo cálido,lo frío.A no haberme yo reservado la llama,nada quedaría para mí.
FAUSTO
Así,pues¿a la potencia eternamente activa ,a la fuerza saludable y creadora,opones tú la helada mano del diablo,que en vano se crispa aleve?Trata de emprender otra cosa,extraño hijo del Caos.
MEFISTÓFELES
Ciertamente ya nos detendremos más en ello las próximas veces.¿Puedo ahora retirarme?
FAUSTO
No sé por qué lo preguntas.Esta vez he aprendido a conocerte;ven ahora a visitarme según te plazca.Ahí está la ventana,ahí está la puerta;tienes también disponible seguramente el cañón de la chimenea.
MEFISTÓFELES
Lo confieso con ingenuidad.Un pequeño obstáculo me impide salir:ese pie de bruja que está en vuestro umbral.
FAUSTO
¿El pentágrama te desazona?Ea,dime,hijo del infierno,si eso te detiene,¿cómo entraste,pues?¿Cómo se dejó engañar un espíritu como tú?
MEFISTÓFELES
Míralo bien;no está trzado de la menera debida.Uno de los ángulos,el que mira hacia fuera,está,como ves,un poco abierto.
FAUSTO
En ello anduvo muy acertada la casualidada.Según eso,¿tu serías prisionero mío?La cosa ha salido bien por azar.
MEFISTÓFELES
El perro de aguas nada advirtió cuando entrba de un salto.Ahora la cosa cambia de aspecto:el diablo no puede salir de la casa.
FAUSTO
Pero ¿cómo no sales pr la ventana?
MEFISTÓFELES
Es ley para diablos y espectros,que por donde se colaron,por allí han de salir.Lo primero es libre para nosotros;de lo segundo somos esclavos.
FAUSTO
¿Conque el mismo infierno tiene sus leyes?Me gusta eso¿Luego se podría cerrar un pacto con vosotros,señores?
MEFISTÓFELES
De lo que se te prometa gozarás plenamente;nada se te descalabrará.Pero eso no es para decierlo en tan breves palabras,y de ello mhablaremos más tarde.Ahora te ruego con empeño ,con el mayor empeño,que por esta vez me permitas salir.
FAUSTO
Quédate siquiera un instante más,sólo para contarme alguna bella historia.
MEFISTÓFELES
Ahora dame suelta.Pronto vuelvo,y entonces podrás preguntarme a discreción.
FAUSTO
Yo no te armé lazo alguno,antes tú mismo te metiste en la red.Quien coja al diablo,téngalo sujeto;pues no le será tan fácil atraparlo por segunda vez.
MEFISTÓFELES
Si ello te place,dispuesto también estoy a quedarme aquí para darte compañía,pero a condición de hacerte pasar el tiempo de una manera digna con mis artificios.
FAUSTO
Bien me parece.A tu albedrío lo dejo,con tal que el artificio sea gustoso.
MEFISTÓFELES
En esta hora,amigo mío,sacarás mayor provecho para tus sentidos que en la monotonía del año.Lo que te canten los sutiles espíritus,las bellas imágenes que produzcan,no son vano juego de prestigio.También se recreará tu olfato y deleitarás tu paladar,y entonces tu alma quedará embelesada.No es menester preparación alguna de antemano.Nos hallamos reunidos ya.Empezad.
Notas:
1.Con este nombre designan los alquimistas la materia primordial.
2.El gran mundo,o Universo,en contraposición al hombre o pequeño mundo (Microcosmo).
3.Es el ars longa,vita brevis,de Hipócrates.
4.Esto es:"me había despojado de todo lo terrestre".
5.El laboratorio.
6.En los tratados de alquimia se leen pasajes por el estilo.He aquí una muestra sacada de Las doce puertas:"Hay que comerciar a la puesta del sol,cuando el marido Rojo y la esposa Blanca se unen en el espíritu de vida para vivir en el seno del amor y de la tranquilidad en la proporción axacta de agua y tierra."En este lenguaje simbólico,el León rojo representa el cinabrio;la Azucena,un preparado de antimonio denominado lilium minerate;el baño tibio es el baño de María;las cámaras nupciales son retortas,crisoles o alambiques;la joven Reina es el noble producto de la combinación(casamiento) de ambos elementos(masculino y femenino),etc.En su juventud,Goethe se había entregado con ardor al estudio y a la práctrica de la alquimia,según confiesa él mismo en sus Memorias,libro VIII.
7.Fausto,creyendo al principio que su extraño huésped era un espíritu elemental,recurre a la famosa Clavicula Salomonis para subyugar a dichos seres,que la fantasía popular consideraba como semidiabólicos.
8.Los cuatro elementos de blos antiguos filósofos:fuego,agua,aire y tierra,cuyos espíritus elementales son respectivamente:la Salamandra,la Ondina,el Silfo y el Gnomo.
9.Beelzebth o belcebú,por otro nombre.
Johan Wolfgang von Goethe , Fausto;traducción J.Rivolta;Editorial Herrero Hnos.,Sucs.S.A.México,1960.
El alquimista
Lento en el alba un joven que han gastado
la larga reflexión y las avaras
vigilias considera ensimismado
los insomnes braseros y alquitaras.
Sabe que el oro,ese Proteo,acecha
bajo cualquier azar ,como el destino;
sabe que está en el polvo del camino,
en el arco,en el brazo y en la flecha.
En su oscura visión de un ser secreto
que se oculta en el astro y en el lodo,
late aquel otro sueño de que todo
es agua,que vio Tales de Mileto.
Otra visión habrá;la de un eterno
Dios cuya ubicua faz es cada cosa,
que explicará el geométrico Spinoza
en un libro más arduo que el Averno...
En los vastos confines orientales
del azul palidecen los planetas,
el alquimista piensa en las secretas
leyes que unen planetas y metales.
Y mientras cree tocar enardecido
el oro aquel que matará la Muerte,
Dios,que sabe de alquimia,lo convierte
en polvo,en nadie,en nada y en olvido.
Jorge Luis Borges ;El otro,el mismo;in
Obra poética,Emecé,Buenos Aires,1967.
Del Sueño del infierno
(...)-¿Cómo es posible que por ningún camino se halle virtud en gente que anda siempre soplando?
-Alto-dijo un demonio-;que me he enojado;vayan al cuartel de los porquerones,que viven de lo mismo.
Fueron,aunque a su pesar;y yo bajé otra grada para ver los que Judas me dijo que eran peores que él,y topé en una alcoba muy grande una gente desatinada,que los diablos confesaban que ni los entendían ni se podían averiguar con ellos.Eran astrólogos y alquimistas.
Estos andan llenos de hornos y crisoles,de lodos,de minerales,de escorias,de cuernos,de estiércol,de sangre humana,de polvos y de alambiques.Aquí calcinaban,allí lavaban,allá apartaban,y acullá purificaban.
Cuál estaba fijando el mercurio al martillo;y habiendo resuelto la materia viscosa y ahuyentando la parte sutil,lo corruptivo del fuego,en llegándose a la copela,se le iba en humo.Otros disputaban si se había de dar fuego de mecha,o si el fuego de Raimundo había de entenderse del de la cal o si de luz efectiva de calor,y no de calor efectiva de fuego.
Cuáles con el signo de Hermete daban principio a la obra magna,y en otra parte miraban
ya el negro y blanco,y le aguardaban colorado;y juntando a esto la proporción de naturaleza,con naturaleza se contenta la naturaleza,y con ella misma se ayuda,y los demás oráculos ciegos suyos,esperaban la reducción de la primera materia,y al cabo reducían su sangre a la postrera podre;y en lugar de hacer del estiércol,cabellos,sangre humana,cuernos y escoria oro,hacían del oro estiércol,gastándolo neciamente.¡Oh,qué de voces que oí sobre "el padre muerto ha resucitado",y tornarlo a matar!¡Y qué bravas las daban sobre entender aquellas palabras tan referidas de todos los autores químicos:"¡Oh!¡Gracias sean dadas a Dios,que de la cosa más vil del mundo permite hacer una cosa tan rica!"Sobre cuál era la cosa más vil se ardían.Uno decía que ya la había hallado;y si la piedra filosofal se había de hacer de la cosa más vil,era fuerza hacerse de corchetes.
Y lo cocieran y destilaran,si no dijera otro que tenían mucha parte de aire para poder hacer la piedra,que no había de tener materiales tan vaporosos.Y así,se resolvieron que la cosa más vil del mundo eran los sastres,pues cada punto se condenaban,y que eran gente más enjuta.
Quevedo ,El sueño del infierno,in Obras Escogidas,Clásicos Grolier,Grolier Internacional,Editorial Cumbre S.A.,México,1978.
24 noviembre 2008
Cuando hayas concluido la lectura de esta entrega, los colaboradores de Imaginería habrán logrado un extraordinario desplazamiento en tu manera de percibir el ciertamente inagotable mundo de la representación escénica con muñecos. Entonces una función de títeres será una ocasión de maravilla mucho más allá de lo que hasta hoy ha sido para ti. Las marionetas invadirán tu experiencia vital, y habrán de constituirse en motivo de reflexión, asombro, miedo y reconsideración de la capacidad del hombre para potencializar el papel del arte hasta unos límites difíciles de concebirir. Bienvenido, lector privilegiado, a este universo de significaciones antropológicas, síquicas, éticas, estéticas y políticas donde la hechicería no es uno de sus menos temibles ingredientes.
Stanislas Valois Aragón
El sexo de las marionetas
Funciones del cuerpo, secretos del arte
No se trata de una moda comparable a la de las muñecas modernas provistas, entre sus piernas, de un abultamiento o de una pequeña cavidad, cubierta de largos rizos o de una brocha llamada viril. Las marionetas, en la mayoría de las culturas pertenecen al gremio de las mujeres, al gremio de los hombres, al gremio de los demonios o al gremio de los espíritus. Si estos dos últimos gremios pueden ser diferenciales sexualmente, su condición continúa siendo sin embargo la de ser bisexuados, o incluso de cambiar de sexo conforme al carácter de la metamorfosis o de la funcion a desempeñar.
Si el sexo de las marionetas tradicionales es todavía fácil de estudiar, gracias a la morfología del objeto antropomorfo, gracias a sus atributos mágicos y al repertorio así como a la técnica de manipulacion, no sucede igual con ciertas marionetas contemporáneas que han perdido su carga espiritual o simbólica y que , por ello, se ven reducidas a portadoras de palabras, verdaderos pequeños dictáfonos con apariencia de caricaturas humanas. Dicho esto, no procede en modo alguno incoar el proceso de las experiencias contemporáneas , que son reflejo de las preocupaciones de los hombres de hoy, y de las cuales algunas alcanzan resultados sorprendentes en el plano de la eficacia también como en el de la estética.
Revelándose imposible un estudio sistemático, algunos ejemplos entre sacados de diferentes culturas han arrojado luces sobre la importancia de la morfología de las marionetas, asi como algunas veces sobre la historia de su evolución, de su convalencia, su declinación y su muerte.
Sexo y grafismos mágicos en Birmania
En Birmania, el cuerpo de madera de las marionetas de hilos llamadas Yoke Tai Tabin posee un sexo esculpido en forma precisa y detallada. El falo se presenta colocado sobre la doble masa de los testículos. Forma una protuberancia que supera, en espesor, el cuerpo de la marioneta. Como el busto debe ser tallado en un solo bloque, la ejecución de esta protuberancia a realizar obliga al elaborador de marionetas a elegir su pieza en función de la realización, pero también de la solidez del elemento sexual.
Las marionetas femeninas poseen también una escultura colocada en el busto. Se trata de una suerte de medallón oval en relieve, de un grosor aproximado de un centímetro representando los labios mayores, los labios menores y el clítoris. Este medallón nunca es tallado. En compensación, los personajes femeninos tanto como los masculinos poseen un orificio anal. Siempre es posible determinar que este orificio está ubicado allí porque el busto de las marionetas es hueco, y porque los hilos de brazos y piernas pueden atravesarla, salir a la altura de la doble argolla del cuello y venirse a enganchar a la cruz de control. El orificio anal desempeñará pues así la función de un mecanismo cómodo en la construcción y la ligereza de la marioneta. Esto resulta válido cuando el orificio es suficientemente grande para que el ejecutor pueda sostener el busto al pasar un dedo o una herramienta a trvés del agujero. Sin embargo, la mayoría de las veces, se trata de un orificio que mide menos de medio centímetro de diámetro. Es preciso pues ver la clara representación de un ano.
En ningún otro caso como en este de las marionetas, la iconografía birmana representa el sexo. El fenómeno se da por consiguiente para indicar cómo corresponde no tanto al dominio de la representación como al de la transgresión. El hecho de que represente un ano que no tendrá valor alguno en el carácter de la marioneta vuelve a evocar los actos humanos y a intentar reproducirlos fielmente gracias a sus virtudes catárquicas.
El propósito es no sólo conferir rasgos mórfologicos humanos a la marioneta, sino también sus funciones simbólicas. El elaborador de marionetas se libra a un verdadero acto de transmisión de fuerzas vitales. Su funcion tan particular no está limitada sólo a esculpir el sexo. La determinación está orientada a esculpir sentidos a las entidades femeninas y caracteres inscritos en el pecho, las nalgas, las caderas y los muslos a cada grupo de marionetas.Estas inscripciones hechas al pincel(con tinta vegetal roja o negra) sobre la base blanca o rosa salmón que cubre la escultura, contribuyen tanto como el aparato genital a sexualizar la marioneta.
Las mismas expresan su nombre y el de su parentela , la fecha y el lugar de su nacimiento, las circunstancias de su creación( por ejemplo, para reemplazar, en el teatro de tal exhibidor en tal ciudad, una marioneta destruida, quemada o perdida). El nombre del elaborador de la marioneta, igual que el del director del teatro a que está destinada. Además las fórmulas mágicas protegen su cuerpo, su vestimenta y sus poderes.
Las marionetas de Yoke Tai Tabin, antes de constituirse en el siglo XVII como difusoras de la enseñanza religiosa mediante cuentos de las vidas de Buda, tenían la virtud de sanar. Las fórmulas a menudo incomprensibles para los operadores contemporáneos que continúan la tradición, son sin embargo reproducidas y veneradas.
Antes de ser vestidas, las marionetas son objeto de una ceremonia que puede considerarse como un verdadero acto sexual entre el director del teatro y su herramienta. En efecto, el pudor extremo de los birmanos hace que en el teatro no se establezca ningún tipo de contacto entre actores como entre marionetas.
Las escenas de amor de las marionetas no se llevan a cabo más que entre dos con algún distanciamiento entre sus cuerpos.
La vida cotidiana de los birmanos es un modelo de continencia. Incluso en el hogar, se toma el baño con el biombo en torno al cuerpo. La prenda de vestir consistiendo en un largo cilindro tejido, él o la que hace las abluciones lo hace deslizar de la espalda a las rodillas sin desatarlo del todo jamás. Así, para el marionetista, el hecho de descubrir la desnudez de la marioneta que será su criatura y vestirla de seda o mirar a alguien vestirla, representa a la vez una suerte de tabú social y un privilegio tan singular, que no se hará de nuevo nunca a la misma marioneta.
Mientras que la vestimenta es deslustrada o en jirones, una nueva capa de vestido es superpuesta a la anterior, pero en ningún caso, los primeros hábitos son levantados del cuerpo. Esto, ya que siendo hombres los marionetistas, las ceremonias de apropiación que atañen a las marionetas femeninas siguen siendo muy delicadas. Actualmente el tabú pierde su fuerza, ya que en ocasiones en una troupe de Yoke Tai Tabin se involucran mujeres que ejercen el oficio de marionetistas o cantoras. El vestuario de una nueva marioneta les es confiado en presencia del director de teatro, pero éste no tocará mas el cuerpo de la muñeca.
En este mismo teatro de Yoke Tai Tabin existe un personaje asaz misterioso, llamado él (o la ) Nahgado.
Este personaje,escultura de cruz manual,es en cierto modo el timón y la herramienta de maniobra de la marioneta Zau-Yiu el mago.El (o la)Nahgado,jefe de los Nats (espíritus animistas incorporados en el culto budista), está representado bajo la forma de un travesti seductor y malévolo.
Antes de cada fiesta, antes de cada espectáculo, antes incluso de cada acto de la vida cotidiana, conviene atraerse la gracia y favor de los Nats, que pueden mostrarse muy susceptibles. Así,ninguna representación de teatro de marionetas dará comienzo sin una ofrenda de incienso, de flores, de poemas, de música y de danza al Nahgado. Mide una docena de centímetros de estatura, mientras que el de las otras marionetas oscila entre treinta y cuarenta y cinco centímetros.Está desnudo,y el operador principal (frecuentemente el director del teatro) se ve obligado a sujetarlo directamente con la mano para impulsar el movimiento del personaje del mago hacia arriba. El cuerpo de la minúscula escultura consta de un par de pequeños senos, un hueco funcional en los riñones y un pene. Casi siempre es el primer objeto a accionar, dado que su función es la de "amamantar" a las otras marionetas. Al tiempo madre nutricia e instigador del saber mágico, representa una fuerza temible que el exhibidor se apropia mientras crea los efectos.
En el repertorio casi sagrado del Yoke Tai Tabin, es él quien interviene antes de la destrucción del mundo(que es creado en seguida nuevamente elemento por elemento).
Es debido a esto que las fórmulas de protección apropiadas unidas a los cantos especiales, son tambien pronunciadas antes del estreno de una obra representada.
Hoy da la sensación de que el personaje no fuera a reaparecer y que las piezas de Yoke Tai Tabin le hicieran intervenir cada vez menos.
Otro signo de los tiempos: Las marionetas femeninas que antes eran colocadas(fuera de los momentos de presentación) en cajas distintas de las que albergan a las marionetas masculinas, son frecuentemente mezcladas con las otras.
En Tailandia ni sexo ni piernas
En Tailandia, las marionetas Hun Krabok conformadas por una cabeza de madera admirablemente esculpida y pintada, provistas de un busto independiente y brazos articulados, están,en la mayoría de los casos, desprovistas de piernas.
Son animadas por una varita de bambú con un segmento de dos centímetros que prolonga el cuello y sale al extremo inferior de la pelvis. Esta varita es sostenida por la mano izquierda del marionetista. Dos varitas de bambú mucho más delgadas,fijadas a la base de las manos esculpidas, con un movimiento de vaivén de olas, son mantenidas por la mano derecha del marionetista. Mientras la mano izquierda imprime los desplazamientos, los giros de la cabeza de derecha a izquierda así como los saltos, la mano derecha hace girar el o los brazos y gracias a la línea en escultura de los dedos, impulsa a la marioneta, que habla alcompás de la danza.
La mano del marionetista que toca la parte inferior del busto, en el lugar del sexo de las muñecas machos y hembras, está siempre cubierto bajo un trozo de tela o de fibra de palma. Este gesto de protección y de pudor que el marionetista efectúa muy discretamente y no revela sino en muy raras ocasiones, como si fuera sorprendido en falta, no es generalmente advertido por el público. Las marionetas de Hun Krabok no exhiben sin embargo ninguna representación gráfica o en relieve del sexo, pero es posible que en un tiempo ya remoto, estas figurillas votivas ligadas a la vida de los templos budistas haya poseído un sexo.
Coitos violentos de las marionetas africanas
Louis-Vincent Thomas explora en sus obras las funciones de las marionetas sexuadas en varias regiones de Africa y ubica a menudo la marioneta en el origen del tetro de ciertas culturas africanas.
"El extraño pariente de la muerte y el sexo es un hecho bien conocido..."
El rito funerario africano se parece a un espectáculo y particularmente al de las marionetas.
Así, en Mali, entre los bozos, Faro, una divinad al desplazarse siguiendo una línea quebrada símbolo del agua que fluye, sinónimo de la fertilidad,hace llamar a la muerte. Al igual que ella, Muso Korini, provista de un generoso pecho en madera, belleza sideral, encadena a sus amantes en el fondo del agua para los coitos soberbios pero mortíferos..."
Las marionetas femeninas bambaras de la región de Segu(Mali) presentan dos o tres pares de senos superpuestos. Raramente poseen un elemento corporal debajo de la cintura. En efecto, están destinadas a ser transportadas y paseadas por los caminos y ante a cada habitación.Forman parte de un teatro procesional.Sin embargo las más grandes entre ellas están provistas de piernas articuladas, de caderas y de un platillo. Estas presentan una abertura vaginal profunda, pero el sexo se disimula la mayoría de las veces bajo largas faldas de batik de algodón que vuelan al menor movimiento.
Implicadas en el juego litúrgico-simbólico de la misa de muerto seguida de la resurrección,conceden la fecundidad a la tierra y a los hombres. Ante su vista, la la revelación de sus poderes llega a ser tan fuerte que las marionetas no permiten más de un día de operación al año. El resto del tiempo, permanecen en una caja de arcilla herméticamente cerrada quebrada a golpes de azadón al momento de la ceremonia.
En Gabón, entre los mitsogos y entre los bakotas, las estatuas-marionetas de Byeiri( culto iniciático) superan a los relicarios conservando los huesos y sobre todo los casquetes craneanos de los ancestros. Las entidades masculinas presentan un vientre prolongado en un pene; las entidades femeninas exhiben a veces un espejo en el sitio del sexo. Un segundo que puede cubrir el ombligo y un tercero ubicado en medio de la frente. Estas marionetas dedicadas a la iniciación o al culto de los ancestros son tenidas por los neófitos,ebrios del brebaje alucinógeno llamado iboga , por criaturas temibles.
En Nigeria, entre los Tiv, las marionetas Kwag-Hir con un curioso manejo sobre una caja(al interior de la cual se oculta el manipulador)son sexuadas pero vestidas.
Únicamente las marionetas machos, en ocasión de los funerales, muestran ostensiblemente un sexo articulado que el marionetista disimulado acciona con ayuda de una delgada varilla metálica.Estos personajes pueden representar fetiches,gendarmes y policías de la capital centralista y represiva ,0 soldados ingleses. En el transcurso de una pantomima erótica y sacrílega, precisa representar el sexo de la muerte. El falo de la marioneta salta sobre todo orificio que se ofrezca en la danza:vagina, ano, jeta de animal de madera y rafia o mandíbulas abiertas de una máscara.
Un sexo para reír y combatir
En los teatros de sombras de Turquía, de Grecia, de Siria, de Egipto y de Túnez, la pieza de cuero que representa el sexo sobrepasa todo el busto en tamaño.
Karakoz,Karaguiosis,Karayoz se propulsa mientras danza en la pantalla blanca, precedido de un pene cuya forma tiene tanto de minarete como de espada. Su falo moreno y rojo traspasa al invasor del sultán, o bien se pone al servicio de los bandidos de caminos principales siempre que se trate de tomar los bienes robados y de redistribuirlos entre la gente del pueblo desfavorecido.
Dibuja grafismos de puntos y molinetes, y en ocasiones se desplaza en la pantalla en amplios círculos que arrastran lo mismo a su propietario que a sus pillos camaradas o a soldados del honor perdido.
El sexo del personaje se convierte dado el caso en su pareja:los dos se ponen a conversar como bromistas compadres para dar el mejor medio de entrar en un haman el día de las mujeres, o cómo deslizarse en la alcoba de una princesa que se despertará , inflada de importancia por un seductor, sin que pare de contarle a su institutor.
Esto da lugar a los chistes más zumbones, no faltando el tema escatológico, social o político. Es a causa de las opiniones proferidas por su sexo que Karakoz ha hecho prohibir a la ciudad a todos los personajes de su teatro, muchas reposiciones en Siria. En Túnez, al momento de la colonización francesa, el sexo del pequeño personaje de cartón ha reivindicado de tal manera la libertad de costumbres, libertad de expresión y de acción, que el teatro ha buenamente desaparecido, prohibido por los franceses.
Criticón, pornográfico y subersivo el sexo de Karakoz o Karayoz firma su sentencia de muerte.¿Fueron entonces los ancestros de los sirios, de los turcos, de los egipcios, de los griegos y de los tunesinos menos pudibundos que los sensores de principios de este siglo? Es efectivamente en esta época que el brazo-falo de la pequeña sombra burlona ha sido considerada como un objeto enemigo,indeseable y peligroso.
En India, en Andara Pradesh, se encuentra un teatro de sombras gigantes:el Tholu Bomalata, conformado por un centenar de figurillas de cuero de vaca o de cabra delicadamente cortados,coloreados y articulados, de dimensión casi humana, exhibe entre sus personajes caracteres particulares marcadamente sexuados. Estas sombras pertenecen al gremio de bufones y al gremio de clowns: los que llenan los intermedios intercalando los cantos de las grandes epopeyas del Ramayana y del Mahabarata. Su papel es hacer reír y dar noticia de la vida de los pueblos y de las actividades cotidianas de la región. Las figurillas de bufones, de clownes, clownesas y de prostitutas cómicas ofrecen a la vez una imagen figurativa y detallada del sexo masculino y del sexo femenino. Lo que los caracteriza además como personas "vulgares" y cómicos, es un grifo de pelos de vaca o de cabra pegados encima de la cabeza.
Los exhibidores hindúes buscan con esto señalar la diferencia entre las categorías de personajes. Mas aún en los fardos de los artistas trashumantes , siempre son colocados ,envueltos y transportados por separado. Estos caracteres no comprometen jamás el rol sagrado y propiciatorio de las figuras del Ramayana y Mahabarata. Intercambiables , cumplen en todas las piezas las funciones de esparcimiento y de información. Si en nuestros días, el teatro de sombras de Tholu Bomalata se hace cada vez más escaso , con mucha mayor razón las figurillas eróticas que soportando una sensura debida sobre todo a la influencia del cine y los folletines moralistas de la televisión, tienden a desaparecer totalmente.
La pérdida de lo sagrado
A comienzos de siglo, Georges Bataille, André Breton, Tristan Tzara se reunían casi semanalmente en un cabaret de las afueras de París, para asistir a sesiones de teatro de sombras,efectuadas merced a figurillas de papel recortado o incluso siluetas metálicas colocadas sobre rieles.Los personajes de reyes, de tiranos, de harpías ninfómanas o de princesas violadas se asemejan mucho a las creaciones de Jarry. Estaban no sólo provistas de sexo, sino que se entregaban en público a escenas sadomasoquistas de perforaciones, mutilaciones, desmembramiento de las partes genitales y otras, sobre textos satíricos y burlescos, todo en una visión en blanco y negro. La violencia y crueldad contenidas en este teatro se convertía en alimento de los intelectuales, clientes del cabaret, pero también de un público más simple. Constituía una suerte de válvula de escape a todas las desviaciones de los muchachos incorregibles y de la burguesía de la época.
No es seguro que este teatro de sombras no haya influenciado a Bataille en obras como Les larmes d'Eros. Una vez representadas por las figurillas monocromas, las torturas sexuales perdían de golpe su carga obsesiva.
Robert Anton, ese mago americano desaparecido tan pronto, desnudaba lentamente una minúscula muñeca plantada en la punta de su índice. Renovaba así la escena inolvidable de la película de Vidor,King Kong. La carga erótica no era sino más fuerte.
Michael Meschke, en sus tres curiosos Ubú suecos, pieza constituída por una mezcla de actores, figurillas silueteadas en madera, y marionetas de cinta, pone en escena un actor que ensarta una varilla del tamaño de una aguja de tricot en el ano de la marioneta Madre Ubú para matarla. Aqui sin embargo, burla, brutalidad y crueldad se juntan , caracterizando con una agudeza que nunca atenta contra la obra de Jarry.
De este modo, en las diferentes culturas evocadas( y en muchas otras) el sexo de las marionetas posee funciones que rebasan la simple satisfacción del solaz de órden erótico.
Casi siempre, la representación de las partes genitales permanece ligada a la evocación más o menos explícita de la deconstrucción y de la muerte. El sexo de las marionetas es un sobreviviente de lo religioso, actúa en el dominio de la magia o en el del culto.
Constituye para la sociedad que asiste al teatro de marionetas o al teatro de sombras una verdadera catarsis, en un terreno sumamente definido.
Si la mayoría de las naciones industrializadas titubean hoy en representar el sexo de las marionetas, no es solamente porque se hayan hecho mucho más puritanas que las sociedades arcaicas basadas en el desarrollo agrario y el contacto con la naturaleza y sus fuerzas vitales; es también debido a que ellas pierden cada vez más el sentido de lo sagrado.
Françoise Gründ, El sexo de las marionetas
Traducción: Stanislas Valois Aragón
Quijote,Capítulo XXVI
DONDE SE PROSIGUE LA GACIOSA AVENTURA DEL TITIRITERO, CON OTRAS COSAS EN VERDAD HARTO BUENAS
Callaron todos, tirios y troyanos;quiero decir, pendientes estaban todos los que el retablo miraban de la boca del declarador de sus maravillas, cuando se oyeron sonar en el ratablo cantidad de atabales y trompetas, y dispararse mucha artillería, cuyo rumor pasó en tiempo breve,y luego alzó la voz el muchacho, y dijo: -Esta verdadera historia que aquí a vuesas mercedes se representa es sacada al pie de la letra de las crónicas francesas y de los romances españoles que andan en boca de las gentes, y de los muchachos, por esas calles. Trata de la libertad que dio el señor don Gaiferos a su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España, en poder de los moros,en la ciudad de Sansueña, que así se llamaba entonces la que hoy se llama Zaragoza; y vean vuesas mercedes allí cómo está jugando a las tablas don Gaiferos,según aquello que se canta: "Jugando está a las tablas don Gaiferos, que ya de Melisendra está olvidado." Y aquel personaje que allí asoma con corona en la cabeza y cetro en las manos es el emperador Carlomagno, padre putativo de la tal Melisendra, el cual, mohíno de ver el ocio y descuido de su yerno, le sale a reñir; y adviertan con la vehemencia y ahínco que le riñe, que no parece sino que le quiere dar con el cetro media docena de coscorrones, y aun hay autores que dicen que se los dio, y muy bien dados; y después de haberle dicho muchas cosas acerca del peligro que corría su honra en no procurar la libertad de su esposa,dicen que le dijo: "Harto os he dicho:miradlo." Miren vuesas mercedes también cómo el emperador vuelve las espaldas y deja despechado a don Gaiferos, el cual ya ven cómo arroja, impaciente de la cólera, lejos de sí el tablero y las tablas, y pide aprisa las armas, y a don Roldán, su primo, pide prestada su espada Durindana, y cómo don Roldán no se la quiere prestar, ofreciéndole su compañía en la difícil empresa en que se pone; pero el valeroso enojado no lo quiere aceptar; antes dice que él solo es bastante para sacar a su esposa, si bien estuviese metida en el más hondo centro de la tierra; y con esto, se entra a armar, para ponerse luego en camino. Vuelvan vuesas mercedes los ojos a aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería; y aquella dama que en aquel balcón parece, vestida a lo moro es la sin par Melisendra, que desde allí muchas veces se ponía a mirar el camino de Francia, y puesta la imaginacion en París y en su esposo, se consolaba en su cautiverio. Miren también un nuevo caso que ahora sucede, quizá no visto jamás. ¿No ven aquel moro que callandico y pasito a paso, puesto el dedo en la boca, se llega por las espaldas de Melisendra? Pues miren cómo la da un beso en mitad de los labios, y la prisa que ella se da a escupir, limpiárselos con la blanca manga de su camisa, y cómo se lamenta, y se arranca de pesar sus hermosos cabellos, como si ellos tuvieran la culpa del maleficio. Miren también cómo aquel grave moro que está en aquellos corredores es el rey Marsilio de Sansueña; el cual , por haber visto la insolencia del moro, puesto que era un pariente y gran privado suyo, le mandó luego prender, y que le den doscientos azotes, llevándole por las calles acostumbrada de la ciudad,
"Con chilladores delante
y envaramiento detrás";
y veis aquí donde salen a ejecutar la sentencia, aun bien apenas no habiendo sido puesta en ejecución la culpa;porque entre moros no hay "traslado a la parte", "a prueba y estése", como entre nosotros.
-Niño, niño- dijo con voz alta a esta sazón Don Quijote-, seguid vuestra historia línea recta, y no os metáis en las curvas o transversales; que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas.
Tambíén dijo maese Pedro desde dentro:
-Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que será lo más acertado; sigue tu canto llano, y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sutiles.
-Yo lo haré así- respondió el muchacho, y prosiguió, diciendo- :Esta figura que aquí parece a caballo, cubierta con una capa gascona, es la misma de don Gaiferos;aquí su esposa,ya vengada del atrevimiento del enamorado moro,con mejor y más sosegado semblante,se ha puesto a los miradores de la torre,y habla con su esposo,creyendo que es algún pasajero con quien pasó todas aquellas razones y coloquios de aquel romance que dicen:
"Cabellero,si a Francia ides,
por Gaiferos preguntad";
las cuales no digo yo ahora,porque de la prolijidad se suele engendrar el fastidio; basta con ver cómo don Gaiferos se descubre, y que por los ademanes alegres que Melisendra hace se nos da a entender que ella le ha conocido, y más ahora que vemos se descuelga del balcón, para ponerse en las ancas del caballo de su buen esposo. Mas, ¡ay, sin ventura!, que se le ha asido una punta del faldellín de uno de los hierros del balcón, y está pendiente en el aire, sin poder llegar al suelo. Pero veis cómo el piadoso cielo socorre en las mayores necesidades, pues llega don Gaiferos, y sin mirar si se rasga o no el rico faldellín, ase de ella, y mal de su grado la hace bajar al suelo, y luego, de un brinco, la pone sobre las ancas de su caballo, a horcajadas como hombre, y la manda que se tenga fuertemente y le eche los brazos por las espaldas, de modo que los cruce en el pecho, porque no se caiga, a causa que no estaba la señora Melisendra acostumbrada a semejantes caballerías. Veis también cómo los relinchos del caballo dan señales que va contento con la valiente y hermosa carga que lleva en su señor y en su señora. Veis cómo vuelven las espaldas y salen de la ciudad, y alegres y regocijados toman de París la vía.Vais en paz, ¡oh, sin par de verdaderos amantes! ¡Lleguéis a salvamento a vuestra deseada patria, sin que la fortuna ponga estorbo en vuestro feliz viaje! ¡Los ojos de vuestros amigos y parientes os vean gozar en paz tranquila los días- que los de Nestor sean- que os quedan de la vida!
Aquí alzó la voz otra vez maese Pedro, y dijo:
-Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala.
No respondió nada el intérprete;antes prosiguió, diciendo:
-No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo,q ue no viesen la bajada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, el cual mandó luego tocar al arma; y miren con qué prisa, que ya la ciudad se hunde con el son de las campanas, que en todas las torres de las mezquitas suenan.
-¡Eso,no!-dijo a esta sazón Don Quijote-. En esto de las campanas anda muy impropio maese Pedro, porque entre moros no se usan campanas, sino atabales, y un género de dulzainas que parecen nuestras chirimías;y esto de sonar campanas en Sensueña sin duda que es un gran disparate.
Lo cual oído por maese Pedro,cesó el tocar,y dijo:
-No mire vuesa merced en niñerías, señor Don Quijote,ni quiera llevar las cosas tan por el cabo, que no se le halle. ¿No se representan por ahí, casi de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso,c orren felicísimamente su carrera y se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración y todo? Prosigue, muchacho y deja decir; que como yo llene mi talego, siquiera represente más impropiedades que tiene átomos el sol.
-Así es la verdad- replicó Don Quijote.
Y el muchacho dijo:
-Miren cuánta y cuán lucida caballería sale de la ciudad en seguimiento de los dos católicos amantes;cuántas trompetas que suenan,cuántas dulzainas que tocan y cuántos atabales y tambores que retumban. Témome que los han de alcanzar, y los han de volver atados a la cola de su mismo caballo,que sería un horrendo espectáculo.
Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y tanto estruendo Don Quijote, parecióle bien dar ayuda a los que huían, y levantándose en pie, en voz alta dijo:
-No consentiré yo que en mis días y en mi presencia se le haga superchería a tan famoso caballero y a tan atrevido enamorado como don Gaiferos. ¡Deteneos,mal nacida canalla; no le sigáis ni persigáis; si no, conmigo sois en batalla!
Y diciendo y haciendo, desenvainó la espada, y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de mazapán. Daba voces maese Pedro, diciendo:
-Deténgase vuesa merced, señor Don Quijote; y advierta que éstos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de pasta. Mire, ¡pecador de mí!, que me destruye, y echa a perder toda mi hacienda.
Mas no por esto dejaba de menudear Don Quijote cuchilladas, mandobles, tajos y reveses como llovidos. Finalmente,en menos de dos credos dio con todo el retablo en el suelo, hechas pedazos y desmenuzadas las jarcias y figuras; el rey Marsilio, mal herido; y el emperador Carlomagno, partida la corona y la cabeza en dos partes. Alborotóse el senado de los oyentes, huyóse el mono por los tejados de la ventana, temió el primo, acobardóse el paje, y hasta el mismo Sancho Panza tuvo pavor grandísimo, porque,como él juró después de pasada la borrasca, jamás había visto a su señor con tan desatinada cólera.
Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Alba Libros, S.L., Madrid, 1996.
El titiritero
De aldea en aldea
el viento lo lleva
siguiendo el sendero,
su patria es el mundo,
como un vagabundo va el titiritero.
Viene de muy lejos,
cruzando los viejos caminos de piedra.
Es de aquella raza que de plaza en plaza,
nos canta su pena.
¡Allez hop!
¡Titiritero, allez hop!
de feria en feria.
Siempre risueño,
canta sus sueños y sus miserias.
Vacía su alforja
de sueños que forja
en su andar tan largo.
Nos baja una estrella
que borra la huella
de un recuerdo amargo.
Canta su romanza
al son de una danza
híbrida y extraña, para que el aldeano
le llene la mano con lo poco que haya.
¡Allez hop!
¡Titiritero, allez hop!
de feria en feria.
Siempre risueño,
canta sus sueños y sus miserias.
Y al caer la noche
en el viejo coche
guardará los chismes,
y tal como vino
sigue su camino solitario y triste.
Y quizá mañana,
por esa ventana
que muestra el sendero
nos llegue su queja
mientras que se aleja
el titiritero.
Joan Manuel Serrat
03 noviembre 2008
Con cierta frecuencia no menos embustero que un niño o novelista, micer Marco Polo, tan imaginativo como el Dante, preso en la cárcel de Génova "y no gustándole permanecer ocioso", dictó a un amanuense, Rustichello de Pisa, compañero suyo de prisión y tan aficionado como Alonso Quijano a los libros de caballería, el año de 1298 unas cuatrocientas cincuenta páginas en que daría cuenta "del viaje más maravilloso jamás contado". Había nacido en 1254 y embarcado con su padre Niccolo y su tio Maffeo en Venecia, su patria, a la sazón suprema potencia económica y militar de occidente, amén de "instigadora de la gran piratería de ese siglo que fue la cuarta Cruzada", el año 1271.
Salvo lo que podamos entre sacar de la relación dicha, contada por demás en calidad de testigo, exenta de alusiones personales, casi nada más sabemos del viajero, bien que no es extraño hallar su nombre en las crónicas chinas de la época; pero la investigacón poliana actualmente surte la referencia a más de quince Polo distintos, al punto que su nombre sigue figurando con distintos cargos como, entre otros, presidente del Consejo de Guerra, presidente del departamento de agricultura, virrey de una de las doce provincias chinas todavía después de su regreso a Venecia. Se sabe, sí, que en 1307 ofreció una copia de su libro a un agente de Carlos de Valois, hermano del rey de Francia, y que, acabado el viaje y establecido en Venecia, casó con una tal Donata, de quien tuvo tres hijas, a saber, Bellela, Marietta y Fantina.
En cuanto al panorama cultural, La Chanson de Roland, el Cantar de Mío Cid y los picantísimos fabliaux se habían consagrado como monumentos de las llamadas lenguas romances, con que se estaba abandonando al latín como lengua escrita. Así, Le divisament du monde (este Libro de de las maravillas) fue escrito en occitano. La Edad Media ya da sus frutos resurgiendo Europa con renovados bríos entre las ruinas del imperio romano, con acentos característicos, novedades formales y de contenidos, otras preocupaciones. En España, se entronizan la lengua de Castilla como el idioma español, el toscano como italiano en la patria de Ariosto, la lengua de oil como francés.
Y con esto dejamos, lector, en tus manos esta muestra de uno de los más célebres monumentos de la cultura universal, herencia de la alta Edad Media, revelación a una Europa estupefacta de la riqueza y complejidad de Asia y Lejano Oriente; extrañamiento, maravilla o bien horror de sociedades que aún hoy resultan tan exóticas o terribles como estancias asimilables al otro mundo, ese de la Comedia del Dante.
Stanislas Valois Aragon
Y os digo que reina tan gran calor en esta comarca y que el sol es tan caluroso, que apenas se puede soportar. Porque os aseguro que el agua es tan caliente que, si ponéis un huevo en un río cuando el sol irradia a pleno sobre él, se cocería antes de que os hayáis ido muy lejos.
CXX.-Donde todavía se habla de la gran provincia de Caragián
Y os digo además otra cosa, muy vergonzosa y horrible, que hacían antes de que los conquistara el Gran Can. Si sucedía que un hombre de buena ley y buen aspecto, o algún otro que tenía buena sombra, iba a alojarse en casa de alguien de esta provincia, lo mataban por la noche, bien mediante veneno, bien mediante otra cosa hasta que moría. Más no supongáis que era para cogerle su dinero, o por algún odio que tuviesen contra él; lo hacían para que el alma de aquel noble extranjero no abandonase nunca la casa, porque decían que su buena suerte y el buen augurio que llevaba se quedarían en la casa después de su muerte, con lo que tendrían mucha suerte. Y todos se consideraban benditos si podían atrapar de este modo el alma de alguna persona; y cuanto más noble era y mejor apariencia tenía, más envidiables y felices se estimaban en todos sus asuntos. Por este motivo mataban bastante antes de que el Gran Can los conquistase. Pero una vez que los hubo conquistado, hace unos treinta y cinco años, les arrancó esta maldita costumbre: gracias a los terribles castigos que les ha infligido, no hacen ya esa cosa infame porque tienen miedo del Gran Señor, que no la permite hacer.
CXXI.-Donde se habla de la gran provincia de Çardandán
(...) En esta provincia existe la costumbre de que, cuando las mujeres han dado a luz y han tenido un niño, lo lavan y lo envuelven en telas; y el varón de la dama se mete en la cama cuarenta días sin levantarse, salvo para sus necesidades. Y todos los amigos y parientes van a verlo; y se quedan con él y le festejan y hablan mucho. Y esto lo hacen porque dicen que la mujer ha soportado grandes fatigas llevando al niño en su vientre durante nueve meses y dándole a luz, tanto que el marido también debe tener su parte en los esfuerzos, y pr eso, según dicen, ella no debe sufrir más en todo ese término de cuarenta días, excepto para darle de beber. Y la mujer, tan pronto como ha dado a luz, se levanta de la cama y hace las tareas de la casa, y sirve a su barón de comer y de beber en la cama, igual que si fuera él quien hubiera traído el niño al mundo.
CLVI.-Donde se habla del reino de Fugiú
Hay todavía otra cosa: sabed que comen de todas las cosas brutas y de toda especie de carne, porque comen también la carne humana muy gustosamente, con tal que no haya muerto de muerte natural. Pero a los que han muerto por el hierro o de otra manera los comen enteros y la consideran carne muy buena. Los hombres que van a los ejércitos (...) llevan lanzas y espadas, y son los hombres más crueles del mundo. Porque os aseguro que van siempre matando hombres,y cuando los matan, primero les beben la sangre, luego los comen enteros; durante todo el día no piensan más que en salir a matar hombres para beberles la sangre y comer su carne.
XCVI.-Donde se habla de la ciudad de Cambaluc, de cómo tiene gran comercio y está llena de gentes
Y también os digo otra cosa. Dentro de la ciudad no se atrevería a vivir ninguna pecadora, es decir, las mujeres públicas que prestan sus servicios a los hombres por dinero, todas ellas viven en los arrabales. Y sabed que hay tan gran multitud de ellas que nadie podría creerlo, y os digo que son por lo menos veinte mil, que todas sirven a los hombres por dinero, y que todas sacan su subsistencia de ello. Y os digo también que hay tantas debido al gran número de extranjeros y de mercaderes que a la ciudad van y llegan cada día. Tienen un capitán general, y hay un jefe por cada centena y por cada millar, que son responsables ante el general. Y la razón por la que estas mujeres tienen un capitán es la siguiente: cuando los embajadores van en busca del Gran Can para sus asuntos, y se alojan a su costa -lo que se les asegura de la menera más satisfactoria-, ese capitán está para proporcionar a los citados embajadores y a todos los de su séquito una ramera cada noche, que cambia todas las noches, y a la que no se paga porque ése es el impuesto que pagan ellas al Gran Can. Ya podéis ver si hay gran abundancia de gentes en Cambaluc, pues las mujeres mundanas son tan numerosas como es he dicho.
CXVI.-Donde se habla de la provincia de Tebet
(...) Tened por cierto que, en este país, por nada del mundo tomaría un hombre por mujer a una doncella, diciendo que no vale nada si no está acostumbrada a acostarse con muchos hombres. Y de una mujer o muchacha que aún no ha sido conocida por ningún hombre, dicen que está mal vista por los dioses; por eso los hombres no se preocupan de ella y la evitan, mientras que las que están bien vistas por sus ídolos, los hombres las desean y las aman. Y vais a ver cómo se casan. Cuando gentes que llegan de alguna otra región del país pasan por esta comarca, y han plantado su tienda junto a un caserío o una aldea, o algún otro lugar habitado, porque no se atreverían a alojarse entre sus habitantes, pues les desagrada, entonces las ancianas de la población o del caserío que tienen hijas por casar las llevan, y a veces son veinte, o treinta o cuarenta; las proponen a los hombres a cuál mejor, suplicándoles que tomen a su hija y se la queden durante el tiempo que permanezcan allí. Y se las dan a esos hombres para que hagan con ellas lo que quieran y se acuesten con ellas. Y son las mujeres jóvenes las que más éxito tienen; los extranjeros las elijen y se divierten con ellas y las conservan todo el tiempo que quieren; y las demás, se vuelven a casa muy apesadumbradas. Pero no podrían llevarse ninguna a su país, ni hacia adelante ni hacia atrás. Y cuando los hombres han hecho lo que les ha dado la gana con ellas, y quieren proseguir camino, suelen dar alguna cosa, una joya, o un anillo, una medalla, a las muchachas con quienes se han divertido; porque así, cuando se casen, podrán presesntar la prueba de que han sido amadas y han tenido amantes. Por eso, es costumbre que cada doncella lleve al cuello más de veinte baratijas o medallas,para mostrar que muchos amantes y hombres han tenido que ver con ella. Cuando una niña ha conseguido una medalla, se la cuelga al cuello y va toda contenta con su regalo; sus padres la reciben con alegría y honor, y es muy feliz la que ha recibido más presentes del mayor número de extranjeros. A ésta la tiene en gran estima y la desposan de buen grado, diciendoque es más que las demás en el amor de los dioses. No podrían ofrecer a su esposo dote más rica que todos estos presentes recibidos de los viajeros. A la celebración de las nupcias, presentan a cada uno sus medallas y regalos. Por lo que se refiere a la que queda encinta, el hijo es educado por el que se casa con ella, y hereda en la casa lo mismo que todos los demás nacidos luego. Pero, atención, una vez que han tomado una mujer de esta forma, la estiman mucho y les parecería abominable que uno de ellos se permitiera tocar a la mujer de otro, y todos se abstienen con muchísimo cuidado de ello.
LXX.-Donde se habla de dios de los tártaros y de su ley
Y también os diré otra costumbre maravillosa que tienen y que he olvidado describiros. Tened por cierto que, cuando hay dos hombres, uno de los cuales tuvo un hijo que está muerto -y puede estar muerto hace cuatro años- y otro que tuvo una hija,muerta también antes de la edad núbil, casan a los dos difuntos, cuando llega la edad en que el muchacho habría de tomar mujer. Dan por mujer al muchacho muerto la muchacha muerta, y hacen levantar acta. Luego un necromántico arroja el acta al fuego y la quema, y, viendo subir el humo, dicen que va hasta sus hijos en el otro mundo y les anuncia su matrimonio, y que desde entonces el muchacho muerto y la muchacha muerta en el otro mundo lo saben y se consideran marido y mujer. Entonces hacen una gran boda, y derraman un poco de comida acá y allá,diciendo que va a parar a sus hijos en el otro mundo y que la joven esposa y el joven marido han recibido su parte del festín. Y tras hacer dos imágenes,una en forma de muchacha, otra en forma de muchacho, las ponen en un carromato lo más bellamente adornado que pueden. Tirado por caballos, el vehículo pasea estas dos imágenes con gran regocijo y alborozo, por todos los alrededores, luego lo llevan hasta el fuego y mandan quemar las dos imágenes, con grandes plegarias suplican a sus dioses hacer que ese matrimonio sea tenido por feliz en el otro mundo. Pero también hacen otra cosa: hacen pinturas y retratos sobre papel, a semejanza de ciervos y caballos, otros animales, vestidos de toda clase, besantes, muebles y utensilios, y todo lo que los padres acuerdan dar en dote, sin hacerlo en efecto; luego hacen quemar esas imágenes y dicen que sus hijos tendrán todas esas cosas en el otro mundo. Hecho esto, los padres de cada uno de los dos muertos se consideran aliados y mantienen su alianza toda su vida, igual que si vivieran sus hijos muertos.
CV.-De cómo el Gran Can hace gran caridad con sus súbditos pobres
(...) Y debe saberse que los tártaros, según su primera costumbre, antes de que conociesen la ley de los ídolos, no hacían limosna. Porque si algún pobre venía a ellos, le expulsaban con insultos diciéndole:
CLXX.-Donde se habla del reino de Lambri
(...) Y también os contaré una cosa que os maravillará. Porque os digo como verdad que en este reino hay hombres que tienen una cola de más de un palmo de longitud,y no son peludos. Los que son así son los más numerosos, y viven lejos, en las montañas, y no en las ciudades. Su cola es gruesa como la de un perro.
LXXXVI.-De como el Gran Can se hace guardar por doce mil hombres a caballo
(...) También hay ciertos barones que tienen a su cargo colocar correctamente a los extranjeros que están de paso y no conocen las costumbres de la corte; y estos barones van sin cesar de aquí para allá por la sala,