05 octubre, 2013

Buen gusto del ensayo



Por Leo Castillo

El año 1571 Michel Eyquen, habiendo renunciado al cargo de Consejero del Parlamento, toma una de las más trascendentales decisiones en la historia del pensamiento: recluirse en el castillo de Montaigne con el propósito de entregarse ya para siempre a la lectura y la meditación, como un camino que lo conduce hacia sí mismo, a lo largo y hondo de una drástica clausura que se prolongará veintiún años. En 1572, caballero de la Orden de San Miguel, gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, inicia la composición sistemática en una prosa cuidadosamente descuidada* de una numerosa serie de textos en “un habla simple e ingenua, tal en el papel cual en la boca; un habla suculenta y nerviosa, corta y apretada; no tanto delicada como vehemente y brusca; más bien difícil que aburridora; alejada de la afectación, desarreglada, descosida y audaz; cada trozo forma un cuerpo; no pedantesco, no frailesco, no abogadesco” que llamará, para siempre, Ensayos. Que la palabra es nueva, pero vieja la cosa, ya Bacon lo apunta.

Edmund Gosse ha declarado que el ensayo es “un escrito de moderada extensión, generalmente en prosa, que de un modo subjetivo y fácil trata de un asunto cualquiera.” Este Proteo de los géneros literarios se caracteriza por la presencia explícita del autor, al punto que Michel, ya sin el apellido paterno Eyquen, sino de Montaigne, en nota del autor al lector advierte que se podrá encontrar con rasgos de su condición y humor, “porque es a mí mismo a quien pinto (…) yo mismo soy el asunto de mi libro”.

Tan personal es su ejercicio, que tiene de sus apetencias y rechazos, siendo trasunto fiel de su paladar, y sus ideas “sufren todos los síntomas de los fenómenos alérgicos”, donde no se descarta aun el recurso de voces obscenas. Su carácter es incidental, indiferente incluso a todo plan riguroso, así que Guez de Balzac denuncia que en Montaigne cada frase podía ser un principio o un final, sabiendo el autor lo que estaba diciendo, pero no lo que iba a decir, algo como apuntes para un desarrollo ulterior. Desenfado, llaneza, una conversación junto al fuego, su carácter informal exige una pluma madura.

Entonces el periódico se convierte en un medio ideal para la práctica del ensayo, lo que comporta ciertos mortales riesgos, dado que el autor “en el ardor de la invención prodigará sus pensamientos en un exuberante desorden y el apremio de la publicación no tolerará que el juicio los revise o los modere”, según se queja el doctor Johnson. Con The Tatler (1709) y The Spectator (publicación diaria entre 1711-12), Addison y Steele dan inicio a la gallarda tradición de los ensayistas en los periódicos. The Rambler, de Samuel Johnson (también mantiene el Idler), aparece dos veces por semana entre 1750-52.
Descartes, Pascal, el cáustico Voltaire, Rousseau… Pero tal vez Francia es almáciga, y la patria donde se aclimata el ensayo como si fuera indígena sea Inglaterra: Swift, Coleridge, Hazzlit, Lamb, De Quincy, Rushkin, Stevenson, Wilde, Woolf…, por no fatigar al lector, son una morosa lista que ilustra el aserto.

Habitualmente en Le Monde, The New York Times como en los más grandes diarios contemporáneos, se hallan ensayos que comprometen la crónica, la literatura, la ciencia o la historia. En Colombia, a falta de escritores, no hay más ensayistas en la prensa, que nuestros columnistas domésticos son los llamados de opinión igualmente doméstica, panfletistas, o bien literatos agotados en sus mezquinas y febles consideraciones de capilla, el chisme gremial, sin cosa honorable que proponer.



(*) Sigo a Esequiel Martínez Estrada en su estudio preliminar a Montaigne, Ensayos, Clásicos Jackson, Buenos Aires,Tercera edición, 1953.

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Leo Castillo, Barranquilla, Colombia. Tiene publicados, Convite (Cuentos, 1991); Historia de un hombrecito que vendía palabras (Fábula ilustrada); El otro huésped (Poesía, 1993); Al alimón Caribe (cuentos con Ricardo Vélez Pareja); De la acera y sus aceros (Poesía,2007); Labor de taracea (Novela, 2008.)


4 comentarios:

  1. Buen auguro cyber-espacial.

    No vengo a escribir un comentario sobre esta entrada, ni siquiera sé de que trata.
    Al parecer según esa pobre descripción usted ha publicado libros, siendo así supongo que debe saber mucho de lingüística y ortografía pero luego de leer su publicación en el blog el magazín del espectador, titulada con gran odio " La inteligencia ante las mujeres" dudo enormemente de eso.

    Usted ha caído en un grave y lastimero error, que un estudiante de tercer semestre (no me apetece comentarle más) ha notado visiblemente.

    Así es, vengo a corregirlo. viejito.

    ¿qué son la generalizaciones para usted?
    me pregunto, ¿usted conoce a todas las mujeres del mundo?
    ¿cómo sabe que todas son adeptas al maquillaje y cosas superfluas? (que déjeme decirle, muchas lo hacen por el machismo, para complacer a los cabezas erectas llamados machos viriles) Está incrustada en la cultura esa tendencia narcisista de alabancia hacia los hombres, claro, todo empieza desde la idea de que Dios es hombre. ¿y si Dios es mujer?
    ¿y si usted fuese nacido mujer, habría escrito acaso eso?

    Es denigrante ver como alguien que se considera iletrado tiene ese pensamiento tan retrogrado. usted no debería escribir cosas así. y ni siquiera me importa si las vuelve a escribir.
    sólo quería corregir eso. cuando se apela con sentimientos hostiles, este tipo de falacias son sumamente asquerosas, ni siquiera dignas de un profesional, más bien dignas de un politiquero que quiere incrementar el feminicidio.

    Todo nace en la cultura. y si miles de mujeres son lastimadas,golpeadas, violadas (no es porque ellas se lo busquen -porque también han violado a hombre y niños y no es por ir vestido de cierta forma considerado moralmente obscena ni mostrar los senos) son por este tipo de discursos que mantenidos hasta el día de hoy andan rondando en miles de cabezas. ese tipo de clichés de que todas las mujeres son iguales y gustan del maquillaje, ropa y miles de parafernalias son sumamente erróneos.
    y sobre la literatura. investigue y de seguro se encontrará con millones de escritoras que incluso han sido de inspiración para millones de "genios", que ni siquiera son desconocidas como usted, son riqueza masiva y han tenido una gran venta ampliamente aceptada a pesar de este mundo machista; virginia woolf, es sólo un pequeño ejemplo de los miles que le podría mencionar, pero ya que es tan sabiondo, debería usted investigar.


    me hizo reír de verdad con su artículo (si es que se le puede llamar así, me parece más bien un pensamiento deprimente por algún rompimiento doloroso, a menos de que sea homosexual -por sus claros elogios y adulaciones hacia el género masculino- allí si no podría suponer nada)

    para terminar quisiera que por lo menos reflexione que es feminidad y que es masculinidad. porque de hecho, ambas denotaciones han surgido de la cultura, del mismo invento humano. un bebe no nace sabiendo como vestirse, como sentarse, como hablar, si usar o no maquillaje, eso es implantado en su pobre cabeza animal por sus padres.


    que tenga un buen año. pobre hombre, usted si que no necesita maquillaje para humillarse y causar grandes momentos de hilaridad. ¡payaso!


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  2. Cordial saludo:
    ¿Cómo se sigue su blog?
    Gracias

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    1. Usted puede enviarme su correo. También suelo subir cada entrada, igual, a Twitter y Facebook (en ésta red aparezco como Leo Castillo (la foto de perfil es la misma que usted halla aquí arriba en el gadget "Labor de taracea"; en ambas con este mismo nombre. )

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    2. La última entrega (07- 07- 2015) es "Cartas a Annaïs Nin." Con gusto, Stanislas.

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