07 julio, 2015

Leo Castillo:

Rendir cuentas

Pues qué
que pues me habrás de explicar por qué te encaramas en tus zapatos
y con qué fin te metes en esa ropa
por qué despegas los párpados cuando se va la noche
pretendes que te borre de la acera ante mi vista el autobús
sin rendirme cuentas
como si yo estuviera pintado en la pared
y deba resignarme a ignorar tus intenciones
¿acaso debo dejarte estar
y apenas contentarme especulando por qué manducas aire
sentado ante el volante de la tierra tan orondo?
¿y qué de la duda que me muerde cuando caigo en la cuenta
que te has echado a andar una vez sin rumbo fijo para siempre?





























































05 octubre, 2013

Buen gusto del ensayo



Por Leo Castillo

El año 1571 Michel Eyquen, habiendo renunciado al cargo de Consejero del Parlamento, toma una de las más trascendentales decisiones en la historia del pensamiento: recluirse en el castillo de Montaigne con el propósito de entregarse ya para siempre a la lectura y la meditación, como un camino que lo conduce hacia sí mismo, a lo largo y hondo de una drástica clausura que se prolongará veintiún años. En 1572, caballero de la Orden de San Miguel, gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, inicia la composición sistemática en una prosa cuidadosamente descuidada* de una numerosa serie de textos en “un habla simple e ingenua, tal en el papel cual en la boca; un habla suculenta y nerviosa, corta y apretada; no tanto delicada como vehemente y brusca; más bien difícil que aburridora; alejada de la afectación, desarreglada, descosida y audaz; cada trozo forma un cuerpo; no pedantesco, no frailesco, no abogadesco” que llamará, para siempre, Ensayos. Que la palabra es nueva, pero vieja la cosa, ya Bacon lo apunta.

Edmund Gosse ha declarado que el ensayo es “un escrito de moderada extensión, generalmente en prosa, que de un modo subjetivo y fácil trata de un asunto cualquiera.” Este Proteo de los géneros literarios se caracteriza por la presencia explícita del autor, al punto que Michel, ya sin el apellido paterno Eyquen, sino de Montaigne, en nota del autor al lector advierte que se podrá encontrar con rasgos de su condición y humor, “porque es a mí mismo a quien pinto (…) yo mismo soy el asunto de mi libro”.

Tan personal es su ejercicio, que tiene de sus apetencias y rechazos, siendo trasunto fiel de su paladar, y sus ideas “sufren todos los síntomas de los fenómenos alérgicos”, donde no se descarta aun el recurso de voces obscenas. Su carácter es incidental, indiferente incluso a todo plan riguroso, así que Guez de Balzac denuncia que en Montaigne cada frase podía ser un principio o un final, sabiendo el autor lo que estaba diciendo, pero no lo que iba a decir, algo como apuntes para un desarrollo ulterior. Desenfado, llaneza, una conversación junto al fuego, su carácter informal exige una pluma madura.

Entonces el periódico se convierte en un medio ideal para la práctica del ensayo, lo que comporta ciertos mortales riesgos, dado que el autor “en el ardor de la invención prodigará sus pensamientos en un exuberante desorden y el apremio de la publicación no tolerará que el juicio los revise o los modere”, según se queja el doctor Johnson. Con The Tatler (1709) y The Spectator (publicación diaria entre 1711-12), Addison y Steele dan inicio a la gallarda tradición de los ensayistas en los periódicos. The Rambler, de Samuel Johnson (también mantiene el Idler), aparece dos veces por semana entre 1750-52.
Descartes, Pascal, el cáustico Voltaire, Rousseau… Pero tal vez Francia es almáciga, y la patria donde se aclimata el ensayo como si fuera indígena sea Inglaterra: Swift, Coleridge, Hazzlit, Lamb, De Quincy, Rushkin, Stevenson, Wilde, Woolf…, por no fatigar al lector, son una morosa lista que ilustra el aserto.

Habitualmente en Le Monde, The New York Times como en los más grandes diarios contemporáneos, se hallan ensayos que comprometen la crónica, la literatura, la ciencia o la historia. En Colombia, a falta de escritores, no hay más ensayistas en la prensa, que nuestros columnistas domésticos son los llamados de opinión igualmente doméstica, panfletistas, o bien literatos agotados en sus mezquinas y febles consideraciones de capilla, el chisme gremial, sin cosa honorable que proponer.



(*) Sigo a Esequiel Martínez Estrada en su estudio preliminar a Montaigne, Ensayos, Clásicos Jackson, Buenos Aires,Tercera edición, 1953.

————
Leo Castillo, Barranquilla, Colombia. Tiene publicados, Convite (Cuentos, 1991); Historia de un hombrecito que vendía palabras (Fábula ilustrada); El otro huésped (Poesía, 1993); Al alimón Caribe (cuentos con Ricardo Vélez Pareja); De la acera y sus aceros (Poesía,2007); Labor de taracea (Novela, 2008.)


12 enero, 2012

Joyce. Mi Joyce

  
James Joyce
Por Leo Castillo

Una mujer es tantas mujeres según cuantos hombres haya tenido: no será jamás la misma para dos hombres. Así hay un Joyce para mí, uno para Borges; otro para José María Valverde, otro para Gilbert... ¿No se dice acaso que el Corán tiene siete, setenta o setecientos sentidos, según la penetración de quien lo lee; y no estima acaso Proust, a propósito de la imagen que de Swann se forma la tía -En busca del tiempo perdido, I- que "ni siquiera desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, idéntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento", y también que "nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás. Y hasta ese acto tan sencillo que llamamos 'ver a una persona conocida' es, en parte, un acto intelectual'"? De modo pues, que al margen de la polémica acerca de mi autor, queda claro que no pretendo imponer a nadie mi Joyce, tanto cuanto sería vano empeño intentar ser yo mismo para mi esposa y para Leticia, mi madre. El valor de su obra, el linaje de su espíritu y sus cochinos hábitos sexuales pueden sumarse en un todo (que no lo agotan), llamado James Joyce; también puede cada quién reservarse para sí una de estas tres facetas y prescindir de aquellas con la que se avenga mal; denigrar de una, vindicar la otra. Para mí, Joyce es un agregado de brillantez, oficio y honesta sordidez manifiestos. Sindicado y rechazado como pornógrafo (las porquerías epistolares que cruza con su mujer sólo entrañan el pecado de haberse hecho públicas; todos las habremos pensado y acaso dicho en la intimidad a nuestras mujeres y aun a las ajenas), igual se ha dicho de él que "verbalmente es quizá el primero de nuestro tiempo. En Ulises hay sentencias, hay párrafos que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne (...) La delicada música de su prosa es incomparable."(1) Mantiene Borges que sus primeros libros no son importantes pero, se apresura a esclarecer, "mejor dicho, únicamente lo son como anticipaciones de Ulises."(2)
 Su Portrait of the artist as a young man en el Clongowes Wood College de jesuitas representa casi una sombra, una vida interior por excelencia. Retraído según algunos; frágil, de manos finas, cegatón, a los nueve años escribió un  poema sobre Charles Stewart Parnell, adalid de la autonomía irlandesa, el cual, impreso por su padre, fue enviado a la biblioteca de El Vaticano. Como se le exigiera (en 1900, contando a la sazón 18 años) morigerar expresiones en un ensayo premiado, declaró que de ninguna manera haría la lectura pública del mismo sino tal cual lo había presentado, así que la sociedad que convocaba debió ceder. Recuerdo haber leído que una secretaria, contratada para la transcripción de Ulises, ante la lectura de pasajes sicalípticos, le arrojó contra el pecho el atado de los originales, y se negó a transcribir la escandalosa obra. 
Con Dublineses, en 1909, Joyce encontró una tenaz renuencia del editor debido al homosexualismo de un personaje de este volumen de cuentos. En cuanto a la infidelidad en otros apartes de su obra, su mujer Nora Barnacle, acongojada, dijo a un amigo: "Jim (James Joyce) quiere que vaya con otros hombres para poder escribir al respecto." Ellman ha dicho que el escritor "se sorprendía siempre al comprobar la indiferencia, e incluso aversión, de Nora por sus libros." Por otro lado, corrió hasta oídos de Joyce una conseja según la cual Nora le había montado los cuernos y que Giorgio no era hijo suyo.
Se trata de una vida al límite más que consagrada, inmolada al arte: "Si me permitiera alguna limitación en este asunto, para mí sería la muerte espiritual." Juró (consagró ocho años a ese juramento) dejar para siempre un libro  (Ulises)"con las tres armas que me quedan: el silencio, el destierro y la sutileza."
"en aquel destierro que fue
tu aborrecido y elegido instrumento,
el arma de tu arte."(4)
Joyce fue alcohólico y bebedor del ajenjo de los poetas malditos decimonónicos. Su hermano Stanislaus expresó alguna vez su perplejidad ante la iluminación de un hombre nacido en una casa en una generación de consumidos por el alcohol. Encuentra misteriosa esta destilación alquímica de una vida disoluta y pervertida en el arte. Es fama que ante su madre en su lecho de muerte Joyce, contra los ruegos de su abuelo materno, se negó a rezar y arrodillarse. 
James Joyce conoció a Yeats, uno de sus mejores amigos en 1902. Fue a París invitado por Ezra Pound a pasar una semana y definir traducciones al francés de dos de sus libros; se quedó 20. Su hija Lucía (la misma que se enamoró de Beckett, otro de sus amigos, quien hizo destruir cartas y algún telegrama dirigido a ella), padeció una perpetua esquizofrenia, y fue tratada por Carl Gustav Jung durante el período más crítico de su demencia. Joyce sostenía que su hija heredó su genio, y que era una clarividente. La copiosa correspondencia entre padre e hija fue incinerada por el actual heredero de Joyce. Parece que no se quiso con Proust quien, preguntado acerca de la obra de Joyce dijo desconocerla plenamente, a lo que Joyce le contestó que él tampoco lo había leído a él: "Proust, bodegón analítico. El lector termina la frase antes que él." Joyce, en fin, mantuvo comercio con los escritores de su tiempo: Virgina Woolf, Katherine Mansfield, Valéry Larbaud, Hemigway y artistas como Picasso y Stravinsky. Demostró una gélida indiferencia ante la guerra, y no terció en favor ni en contra de Hitler ni Mussolini. Respecto a la persecución contra los judíos decía que era un antiguo prejuicio pero que a él personalmente no le desagradaban.
Parece que no carecía de talento para la música, y se ayudó a sobrevir en su juventud mediante el canto: ganó un  premio en  Feis Ceoli, festival de música irlandés:


“Después de leer a Ulises no cabe duda de que su olfato es poco agudo; tiene, en cambio, un oído de poeta y de músico. Yo sé que cuando Joyce escribe una página cree que está trazando una paralela a la página musical que más prefiere. Este sentimiento –que ignoro si acompaña a la inspiración, solo sé que la sigue– muestra su deseo. En cuestión de música es extrañamente ecléctico. Entiende a los clásicos alemanes, la música italiana antigua, la música popular, y también nuestros compositores de ópera, desde Spontini hacia atrás, y los franceses hasta Debussy. Posee una espléndida voz de tenor y aquel que lo aprecia siempre espera verlo caminar triunfalmente sobre un escenario lírico caracterizando un Fausto o a Manrico (personaje de El trovador de Verdi). Todavía hoy la señora Joyce lamenta que su marido haya preferido el arte que lo convirtió en uno de los hombres más conocidos pero también más odiados del mundo anglosajón, al cual de mala gana pertenece… Su eclecticismo musical lo hace abrir generosamente los brazos al futuro…”(5)

Se discute hoy el catolicismo de Joyce. Valverde, célebre traductor de Ulises al Castellano ha incurrido en esta necedad: "No sería arbitrario decir que la obra joyceana es la gran contribución (...) de la Compañía de Jesús a la literatura universal." Los ataques de Joyce al catolicismo harían chorrear la baba a Fernando Vallejo, un escritor menor colombiano emperrado en destruir al Vaticano con inanes pataletas. "Si existe un espíritu Santo en Ulises es Shakespeare", escribe Harold Bloom. Y Joyce a Nora: "Hice en secreto la guerra contra ella (la Iglesia) cuando era estudiante y me negué a aceptar las posiciones que me ofrecía. Ahora le hago la guerra a las claras con lo que escribo, digo y hago."
El 5 de febrero de 1937 Borges manifieta: "ahora vive en un departamento en París, con su mujer y sus dos hijos. Siempre va con los tres a la ópera, es muy alegre y muy conversador. Está ciego."
James Augustine Aloysius Joyce murió en Zurich el 13 de enero de 1941. El gobierno irlandés no admitió que sus restos reposaran en su patria.
                                                 
***
En esta entrega ofrezco una selección de fragmentos que pretenden dar una imagen de mi Joyce en Retrato del artista adolescente, traducción de don Dámaso Alonso;(9) otro Joyce de otro lector se hallará en la seleción que ese otro elige. He tenido en cuenta (¡qué pena, qué delito intelectual!), el artículo sobre mi autor en Wikipedia.

Mi Joyce de Retrato del artista adolescente         (fragmentos)

-Su destino era eludir todo orden, lo mismo el social que el religioso.
                                        ~       
-Lo que él necesitaba era encontrar en el mundo real la imagen irreal que su alma contemplaba constantemente. No sabía dónde encontrala ni cómo, pero una voz interior le decía que aquella imagen le había de salir al encuentro sin ningún acto positivo por parte suya. 
                                        ~ 
-(...) al oír de vez en cuando la respiración  profunda y los súbitos movimientos que su padre hacía al dormir, el terror del sueño fascinaba su espíritu. 
                                        ~  

-No había cosa del mundo real que le dijera nada, que le conmoviera, a no ser que despertara un eco de aquellos alaridos furiosos que él sentía brotar de su interior.
                                         ~-
-Su alma parecía más vieja que la de ellos (...) No había conocido ni el placer de la camaradería, ni la ruda salud viril, ni la piedad filial. Nada se agitaba en su alma, excepción hecha de una sensualidad fría, cruel y sin amor.
-(...) el abismo de vergüenza y de rencor que le separaba de su madre y de sus hermanos (...) Apenas sí sentía la comunidad de sangre con ellos, apenas sí se imaginaba ligado a ellos más que por una especie de misterioso parentesco adoptivo: hijo adoptivo, hermano adoptivo.
-(...) que su vida se hubiera convertido en un tejido de subterfugios y falsedades. Nada había de sagrado para el salvaje deseo de realizar las enormidades que le preocupaban. Soportaba cínicamente los pormenores de sus orgías secretas en las cuales se complacía en profanar pacientemente cualquier imagen que hubiera atraído sus ojos (...) Tal figura que durante el día había parecido inexpresiva e inocente, se le acercaba luego por la noche entre las espirales sombrías del sueño con una malicia lasciva.
-...las devoradoras llamas de la lujuria brotaban de nuevo. Los versos se borraban de sus labios y los gritos inarticulados y las palabras bestiales, nunca pronunciadas, brotaban ahora de su cerebro tratando de buscar salida. Su sangre estaba alborotada. Erraba arriba y abajo por calles obscuras y fangosas, escudriñando en las sombras de las callejuelas y de las puertas, escuchando ávidamente cualquier sonido. Gemía como una bestia fracasada en su rapiña. Necesitaba pecar con otro ser de su misma naturaleza.
                                        ~
-Las letras del nombre de Dublín las tenía grabadas en su cerebro,  y allí se entrechocaban furiosamente de un lado a otro con una insistencia ruda y monótona.
                                         ~ 
-No ha habido ni un hombre honrado y sincero que os haya sacrificado su vida, su juventud y sus afecciones, desde  los días de Tone a los de Parnell, sin que le hayáis vendido al enemigo o abandonado en la necesidad o traicionado y dejado por otro. Y ahora me invitas a que sea uno de los vuestros. Antes que eso, que os lleve el diablo a todos vosotros.
                                          ~ 
-Y sintió como una punzada de desánimo al descubrir que aquel hombre con el que estaba hablando, era un compatriota de Ben Johnson. Pensaba:
"El lenguaje en que estamos hablando ha sido suyo antes que mío. ¡Qué diferentes resultan las palabras hogar, Cristo, cerveza, maestro en mis labios y en los suyos! Yo no puedo pronunciar o escribir esas palabras sin sentir una sensación de desasosiego. Su idioma, tan familiar y tan extraño, será siempre para mí un lenguaje adquirido. Yo no he creado esas palabras, ni las he puesto en uso. Mi voz se revuelve para defenderse de ellas. Mi alma se angustia  entre las tinieblas del idioma de este hombre."
                                         ~   
-Me estás hablando de nacionalidad, de lengua, de religión. Estas son las redes de las que yo he de procurar escaparme.
-(..) Irlanda es la cerda vieja que devora su propia lechigada.    
-Él -él mismo-, aquel cuerpo al cual se había entregado en vida, era quien moría. ¡Que lo arrojen fuera de la vista de los hombres en un hoyo largo, a pudrirse, a servir de pasto a una masa bullidora de gusanos, a ser devorado por las ratas de remos ágiles y fofo bandullo!
-El infierno es una angosta, obscura y mefítica mazmorra, mansión de los demonios y las almas condenadas (...) los condenados, los prisioneros están hacinados unos contra otros en su horrendo calabozo las paredes del cual se dice tienen cuatro mil millas de espesor. Y los condenados están de tal modo imposibilitados y sujetos, que un Santo Padre, San Anselmo, escribe en El libro de las semejanzas que no son capaces ni aun de quitarse del ojo el gusano que se lo está royendo.
-De todas las plagas que azotaron la tierra de los faraones, hubo una tan sólo, la de la obscuridad, a la cual se le diera el dictado de horrible.
-(...) lo horrible que los demonios son. Santa Catalina de Siena vio una vez uno, y ha dejado escrito que mejor que volver a ver, aunque fuera por un solo instante un mosntruo tan espantoso, preferiría estar marchando toda su vida sobre un rastro de carbones encendidos.
-La última tortura, la que sirve de remate a todas las otras del infierno, es su eternidad. ¡Eternidad!¡Oh, tremenda y espantosa palabr! Sufrir aunque fuera sólo la picadura de un insecto por toda la eternidad, sería un tormento espantoso.
-Un bienaventurado santo (y me parece que era uno de nuestros padres)(1),  fue favorecido una vez con una visión del infierno. Le pareció encontrarse en un grande y obscuro vestíbulo, sumido en un profundo silencio, turbado sólo por el tic-tac de un reloj. El tic-tac seguía incesantemente. Y le pareció al santo aquel que el sonido del tic-tac era la incesante repetición de las palabras siempre, jamás, siempre, jamás. Siempre estar en el infierno; jamás estar en el cielo. Siempre ser comido por las llamas, roído por la gusanera, pinchado con púas (...) Siempre tener la conciencia atormentada, la memoria exasperada (...) Siempre maldecir y denostar a los horribles demonios que se gozan en contemplar la miseria de las víctimas de sus engaños. Una etrenidad de inacabable agonía, de inacabable tormento espiritual y corporal, sin un rayo de esperanza, sin un mometo de descanso. Una eternidad ilimitada en intensidad (...) una etrenidad, cada instante de la cual es ya de por sí una eternidad de dolor. Tal es el tormento decretado para aquellos que mueren en pecado mortal.
-La sangre le comenzó a murmurar en las venas como una ciudad pecadora.
-Cada día de los siete de la semana rezaba para que uno de los siete dones del Espíritu Santo descendiera sobre su alma (...) aunque le resultaba extraño algunas veces que tres dones como sabiduría, entendimiento y ciencia fuesen tan distintos que necesitaran cada uno por su lado un día diferente.
-(...) la divina obscuridad y silencio donde mora el invisible Paráclito cuyos símbolos son una paloma y un viento poderoso; Él es, en fin, aquel eterno, secreto y misterioso ser.
-(...) los nombres de las pasiones del amor y del odio (...) y se preguntaba por qué su alma era incapaz de albergar ni el uno ni el otro, ni aun siquiera de forzar los labios a pronunciar sus nombres con convicción. A menudo había sentido un breve acceso de cólera, pero unca había sido capaz de conservar su sentimiento largo rato.
-(pecado) Le humillaba y le avergonzaba el pensar que no se vería libre eternamente de él jamás, por muy santamente que viviese, por muchas virtudes y perfecciones que llegase a alcanzar. Siempre existiría en su alma un inquieto sentimiento de culpa; se arrepentiría, se confesaría, sería absuelto, se volvería a arrepentir, a confesar, le volverían a absolver; todo inútil.
-Solo. Libre, feliz al lado del corazón salvaje de la vida.
-El no caer era demasiado duro.
-(...) una máscara triste estaba revelando el día ido.
-(...) le sobrevenía una sensación de olor a humedad triste de cueva, a vejez.
       ~    
-El fin del artista es la creación de lo bello.
-Aquino -contestó Stephen- dice Pulcra sunt quae visa placent.
-La belleza que el artista expresa (...) Despierta o debería despertar, induce, o debería inducir una stasis estética.
-El deseo y la repulsión excitados por medios no puramente estéticos no son emociones estéticas, no sólo por su carácter cinético, sino también por su naturaleza simplemente física.
-La emoción estética es por consiguiente estática. El espíritu queda paralizado por encima de todo deseo, de toda repulsión.
-Me parece que Platón dijo que la belleza es el resplandor de la verdad.
                                        ~ 
-¿Algo mío? (...) Tropiezo con una idea una vez cada quince días y eso si estoy de buenas.
-Esas cuestiones son muy profundas, míster Dédalus (...) Algunos penetran en lo profundo para no volver a salir. Sólo buzos bien adiestrados pueden sumergirse en esas profundidades, explorarlas y volver a salir a la superficie de nuevo.
                                        ~
-Epicteto tenía también una lámpara (...) que fue vendida por un precio exorbitante después de su muerte. Era la lámpara a cuya luz había escrito sus disertaciones filosóficas. ¿Conoce usted a Epicteto?
-Un señor antiguo -contestó rudamente Stephen- que dijo que el alma era muy parecida a un cubo de agua.(8) 
                                          ~

- (...) distinguir entre la belleza material y la belleza moral.                                         ~
-La burda broma de su compañero atravesó como una ráfaga el claustro del espíritu de Stephen, agitando los fláccidos vestidos sacerdotales que colgaban de sus paredes, dándoles vida, obligándolos a ondear y a hacer cabriolas como un sábado salido de quicio.
                                         ~
-Aquino dice: Ad pulchritudinem tria requiruntur integritas, consonantia, claritas.
-Una silla primorosamente trabajada, ¿es trágica o cómica? ¿Es bueno el retrato de Mona Lisa si siento deseo de verlo?
-(...) literatura, que es la más elevada y espiritual de las artes.
-La personalidad del artista (...) llega por fin como a evaporarse fuera de la existencia, a impersonalizarse, por decirlo así.
-... aquella antigua balada inglesa, Turpin Hero, que comienza en primera y acaba en tercera persona.
-La forma narrativa ya no es puramente personal. La personalidad del artista se diluye en la narración misma.
-El artista, como el Dios de la creación, permanece dentro, o detrás, o más allá, o por encima de su obra, trasfundido, evaporado de la existencia... indiferente... entretenido en arreglarse las uñas.
- Sacerdote de la eterna imaginación, capaz de transmutar el pan cotidiano de la experiencia en materia radiante de vida imeperecedera.
-(...) pensamientos borrosos de Swedenborg acerca de la semejanza de los pájaros y de las cosas de la inteligencia (...) porque, a diferencia del hombre, permanecen dentro del orden de su vida sin haberlo pervertido por la razón.
-Thoth, el dios de los escritores, que escribe con su caña sobre una tablilla y lleva sobre su fino cráneo de ibis los cuernos de la luna nueva.
-Sus ojos eran melancólicos como los de un mono.
-(...) se soltó un pedito breve.
-La reproducción es el principio de la muerte.
-Y recordó una frase curiosa de Cornelio a Lápide, según la cual los piojos procedían del sudor del hombre y no habían sido criados por Dios en el día sexto al mismo tiempo que los otros animales.
-He tratado de amar a Dios. Y parece que por lo  visto he fracasado.
-Stephen se puso a enumerar pródigamente las diferentes ocupaciones de su padre:
-Estudiante de medicina, remero, tenor, actor aficionado, político de estruendo, pequeño terrateniente, pequeño rentista, bebedor, buena persona, especialista en chistes y anécdotas, secretario de no sé quién, no sé qué cosa en una destilería, colector de impuestos, quebrado, y al presente ensalzador de todo su propio pasado.
-¡Que no haya Dios para Irlanda!¡Es ya mucho Dios el que hemos tenido en Irlanda!¡Afuera con él! 
-Pascal (...) no podía tolerar que su madre le besara de miedo al contacto del sexo de ella.
-Pascal era un cerdo -dijo Cranly.
-Creo que San Luis Gonzaga era de la misma opinión.
-Pues era otro cerdo -afirmó Cranly.
- La Iglesia le llama Santo.
-Me importa un piñonero comino de lo que le llamen -dijo lisa y llanamente Cranly-. Para mí es un cerdo.
Stephen, preparando cuidadosamente cada palabra antes de ser proferida, dijo:
-También parece que Jesús trató a su madre en público con escasa cortesía (...)
-¿No se te ha ocurrido pensar que Jesús no era lo que pretendía ser? -preguntó Cranly (...)
-Quiero decir -dijo con tono más decidido Cranly-, si se te ha ocurrido alguna vez pensar que fuese conscientemente hipócrita, que fuese lo que los judíos de aquel tiempo llamaban un sepulcro blanqueado. O, más claramente aún: que fuese un sinvergüenza.
                                         ~
-Y que los muertos se casen con los muertos.
                                         ***
Golden hair, de James Joyce, interpretado por Syd Barret, gui
tarrista y cantante de Pink Floyd, demente:
     
http://www.google.com.co/url?sa=t&rct=j&q=syd%20barret%20gplden%20hair&source=web&cd=4&ved=0CEAQtwIwAw&url=http%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3De9NQg9Lhygo&ei=T3wQT7n3FYnZtwfLwoiBBA&usg=AFQjCNHV7g6DUvxz8IjrdB0SjDjNRC0XVA&sig2=gk6tHYlwzaCGajrtMGccOg&cad=rja

NOTAS:

(1) Borges; Obras Completas, vol IV, pág. 305, Emecé, Buenos Aires, 2007.
(2) Ib; p. 535.
(3) Ib.
(4) Borges, Invocación a Joyce.
(5) Ítalo Svevo, citado por Mariluz Martínez, revista El malpensante, 125.
(6) Borges, O.C.
(7) Padres de la de la Compañía de Jesús: "Grandes hombres de la Orden que le estaban mirando silenciosamente al pasar: San Ignacio de Loyola, con un libro abierto y señalando hacia el lema escrito en él: 'Ad majorem Dei Gloriam'; San Francisco Javier, señalándose el pecho; Lorenzo Ricci, con un bonete en la cabeza como los prefectos de las divisiones; los tres patronos de la santa juventud: San Estanislao de Kostka, San Luis Gozaga y el beato Juan Berchmans." (Retrato del artista adolescente, La Oveja Negra, Bogotá, sine die): Nota de Leo Castillo.
(8) "El alma es un estanque lleno de agua: sus opiniones son la luz que ilumina este estanque. Cuando el agua está agitada diríase que la luz lo está también, y, sin embargo, no es así. Lo mismo sucede con el hombre: cuando está agitado, no por ello las virtudes se trastornan y confunden, sino tan sólo su espíritu. Basta que se calme para que todo vuelva a su reposo normal." (In Epicteto, Séneca, Marco Aurelio, pág. 41, www.editorial-na.com): N. de L. C.
(9) Retrato del artista adolscente, traducción de Dámaso Alonso; Oveja Negra y RBA, Bogotá, 1982. 
   

















07 febrero, 2011

Schopenhauer

  
  Extractos del atormentado 
                  
    La elegante eficacia de su pensamiento, rotulado de “pesimismo profundo”, halla trágica ejempificación, al menos, en los campos de concentración nazi como en el accionar del paramilitarismo de Estado en los conflictos latinamericanos: “Más de un hombre sería capaz de matar a un semejante, simplemente para lustrase las botas con la grasa del muerto.” He dicho elegancia, solvencia de estilo, toda vez que por sus virtudes literarias Die Welt als Wille und Vorstellung  (El mundo como voluntad y representación, según él mismo su Haupwerk, “gran obra”─ la que, entre otras cosas, resultó un rotundo fracaso editorial, al punto que, de una tirada de apenas ochocientos ejemplares muchos fueron reciclados, y nueve años después quedaban ciento cincuenta en los depósitos de la editorial Brockhaus) ha sido considerada una de las cumbres de la lengua alemana de todos los tiempos, mientras para Safranski Schopenhauer es “el mejor estilista entre los filósofos del siglo XIX”. Susana Aguiar, habiendo dicho “curiosamente parece haber tenido más influencia sobre la literatura que sobre la filosofía”, apunta también, con una "agudeza" poco menos que frívola y bastarda: “es machista a grado tal, que parece increíble en un ser intelectualmente brillante. Sus frases contra la mujer no pueden tomarse más que con humor, perdonarse y dejarlas pasar.” Esta mujer responde como mujer, no como consciencia universal, tal como cabría esperarse de un juicio acerca de semejante pensador.
   La vida de Schopenhauer estuvo particularmente signada por el desencanto. Todo parece apuntar a que su padre se suicidó cuando Arthur (Danzig, Gdansk, 22 de febrero de 1788) contaba siete años de edad. A los veinte abandona carrera de Comercio por estudios literarios. En 1809 se matricula como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga, donde conoce a Gottlob Schulze, quien lo encamina hacia el estudio de Platón y Kant. En 1811 se traslada a Berlín -dos años-, donde sigue los cursos de Fichte y Schleiermacher, tan considerados entonces, y que no consiguen más que decepcionarlo. Matriculado en Filosofía, siguió cursos de Filología clásica, de Historia además de varios cursos de Ciencias Naturales. Su tesis, que le valió el título  de Doctor por la Universidad de Jana, se titula Über die vierfache Wurzul des Satze vom zureichenden Grunde (Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente.) Poco después lo tenemos de regreso con su madre en Weimar. Johanna Henriette (extrovertida, jovial, debe lidiar con la hosquedad y la misantropía precoz de Arthur) organiza notables soirées literarias, y es aquí donde Schopenhauer conoce a Goethe, que siempre admiraría, tanto como a Homero, Shakespeare y escritores de nuestro Siglo de Oro, especialmente Gracián, a quien tradujo al alemán. También a Wieland, y  Friedrich Majer, orientalista, así que entra en contacto con la filosofía hindú (doctrinas brahamánicas y budistas.)
  La relación con su madre atravesó por dramáticos rápidos y se precipitó en acantilados que podemos seguir gracias a cartas conservadas que ésta y su hermana Louise Adelaide Lavinia le dirigieron. Me detendré un poco en el derrotero de estas agitadas corrientes*: " 





    El mundo como voluntad y representación, escrita durante los cuatro años que vivió en Dresde, concluido el manuscrito en 1818, apareció en diciembre de este año, pero con fecha de 1819.
Entonces viaja por Italia y, de regreso en el verano de este año, admitido como profesor en la Universidad de Berlín (su examen de habilitación estuvo marcado por su confrontación con Hegel,“filosofastro”, le llama; también “un osado emborronador de cuartillas sin sentido como fue Hegel”, quien se hallaba en el tribunal); inicia como Privatdozent en marzo de 1820. Su labor en los claustros no duró sino seis meses, habiendo intentado infructuosamente volver a la docencia.
   En 1831 huye de la  epidemia de cólera, la misma que cobró la vida de Hegel, a Francfort, donde, recluido los veintiocho restantes años de su vida, permanece quince sin publicar. Respecto de la presentación de su memoria Sobre el fundamento de la moral, cabe destacar que, indignada por sus invectivas contra Hegel y Fichte, la Sociedad Danesa de Ciencias declara desierto el premio. Sólo hasta 1851 Parerga und Paralipomena. Kleine philosophische Schriften (en griego parerga, obras accesorias; paralipomena, suplementos o apéndices; para su biógrafo Rüdiger Safranski “escritos secundarios” y “cosas pendientes” o, según Schopenhauer mismo “pensamientos dispersos, aunque sistemáticamente ordenados, sobre diversos temas”), se constituye en su primer libro de rápida y amplia repercusión, propició al fin su consagración y gloria definitivas.
    En tiempos de realismo (bien que Abate Prévost ya había dado a conocer -1731- la precursora Manon Lescaut) Schopenhauer creyó en la novela sicológica. Su obra, de una insobornable franqueza conceptual, cree en la vigencia de la pesadumbre. Suele, como tengo dicho, rotularse su obra bajo el marbete de “pesimismo profundo.”
    “Schopenhauer (cito artículo en la Red) sostuvo que mediante la introspección era posible acceder al conocimiento esencial del yo. Identificó a este con un principio metafísico al que denominó ‘voluntad’ o ‘voluntad de vivir’ (Wille zum Leben): Denn da der ganze Mensch nur die Erscheinung seines Willens ist; so kann nichos verkehrter sein, als, von der Reflexion ausghend, etwas Anderes sein zu wollen, as man ist (Puesto que el hombre en su totalidad es sólo el fenómeno de su voluntad, nada puede resultar más absurdo que, partiendo de la reflexión, querer ser algo distinto de lo que se es: Die Welt als Wille und Vorstellung, IV, § 55.) El concepto de voluntad, en el estricto sentido schopenhaueriano, no alude a la mera facultad psíquica de querer sino que, antes bien, se refiere a un ser o esencia (Wesen) de carácter metafísico cuyo correlato sensible es el mundo fenoménico. En efecto: el mundo de los fenómenos —que a diferencia de la Voluntad está sujeto indefectiblemente a las coordenadas espacio-temporales determinadas por el principio de individuación (principium individuationis) y a la ley de causalidad—, no es más que la Voluntad misma "objetivada" que, en cuanto tal, debe ser entendida en términos de lo que Schopenhauer llama "representación" (Vorstellung). Según Schopenhauer, la voluntad —en su modo de ser objetivado— se manifiesta en todos los estratos del mundo natural, desde la simple piedra hasta el hombre, en quien alcanza su grado máximo al adquirir la forma del deseo consciente —en cuyo único caso pasa a identificarse con la noción corriente de voluntad—. En sí misma, sin embargo, la Voluntad no es otra cosa que "un ciego afán (Drang), un impulso (Trieb) carente por completo de fundamento y motivos", en otras palabras: “Bajo tales aspectos, entonces, resulta evidente que yo, con razón, haya puesto a la Voluntad de vivir como lo ulteriormente inexplicable, o más bien, como fundamento y base de toda explicación y que esta —muy lejos de ser un palabrerío vacío como 'lo absoluto', 'lo infinito', 'la idea' y demás expresiones similares— sea lo más real (das Allerrealste) que conocemos; más aún: el núcleo de la realidad misma (der Kern der Realität selbst.) En cuanto continuo deseo siempre insatisfecho, "toda vida es esencialmente sufrimiento (Leiden)" (Op. cit., IV, § 56). Cuando el hombre consigue mitigar o escapar momentáneamente del sufrimiento, termina por caer, da en el insoportable vacío del aburrimiento, y sólo oscila entre la Escila del dolor (Schmerz) y la Caribdis del tedio (Langeweile); dado que sólo es superable alcanzando una negación consciente de la Voluntad de vivir, Schopenhauer propone una huida del mundo. Mas el suicida no renuncia a la vida en sí misma, sino a la que le ha tocado vivir en condiciones desfavorables.”
   Arthur Schopenhauer murió el 21 de septiembre de 1860 en Francfort del Meno. Me atrevo a llamarle padre natural del spleen.
Leo Castillo

(Empleo esta locución -extracto- en el sentido de substancia, esencia; por tal me restrinjo a ofrecer semejante sabiduría en bien dosificados adarmes.)
Stanislas Valois Aragon


                    Extractos

Tengo derecho a mentir toda vez que se me pregunte algo sin mi autorización, en lo que atañe a mi persona o a los míos.

Se me hace placentero vivir con  mi perro. Si no hubiera perros no me interesaría vivir.

Cristo dijo “ama a tu prójimo como a ti mismo”, jamás hubiera dicho “ámate como a tu prójimo”, porque sabemos que eso sería pedir muy poco.

La Naturaleza concedió al hombre el poder de determinar su vida según su deseo, para no tener que ser como las bestias. De este modo, no necesita vivir todo el tiempo que pueda, sino todo el que quiera.

La zoofilia degrada  a la naturaleza humana, es un pecado abstracto contra la especie. De ninguna manera es un pecado contra tal o cual hombre. 

Ni el mundo es una chapuza para nuestro uso ni los animales son un producto de fábrica para nuestra utilidad.

El hombre no debe compasión a los animales, sino justicia.

El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales.

El culpable, en el momento de su ejecución, debe sentirse tratado razonablemente y con justicia, como un simple medio y no un fin. Este es el único medio de conservar la ley, de poner en funcionamiento su fuerza para aterrorizar, lo cual es su único fin.

La honradez que emplean los hombres para relacionarse y la firmeza que informa su vida, en realidad está causada por una doble violencia: las leyes establecidas que aseguran la protección del Estado y la necesidad expresa de tener buena reputación.

En el hombre, el eje principal de su acción, de sus deseos, es la propiedad.

La fe en una recompensa futura equivale al cuadrado o al cubo del sacrificio, por no mencionar otros actos egoístas.

Existen hombres honrados, tal como existen tréboles de cuatro hojas.

Debemos ver entre la cantidad de hombres que nos rodean obligados a respetar la paz entre las relaciones mutuas, a tigres y lobos con mandíbulas retenidas por un bozal poderoso.

Si se concibe la fuerza pública sin el bozal, un poco de inteligencia nos haría horrorizar ante el espectáculo que se ofrece.

El hombre, como todos los animales, tiene como motivo fundamental el egoísmo, es decir, el deseo de estar bien.

Domesticar no es otra cosa que implantar un temor que actúa por medio de la costumbre.
  

El egoísmo en el hombre y en las bestias está tan arraigado en el centro de su ser que constituye su propia esencia.

La urbanidad es negar convencional y sistemáticamente el egoísmo en los pequeños detalles de los actos cotidianos, es una hipocresía admitida, pero no por ello menos impuesta o alquilada.

Más de un hombre sería capaz de matar a un semejante, simplemente para lustrarse las botas con la grasa del muerto.

No sentimos simpatía directa por el bienestar del prójimo, en cambio sí lo hacemos por sus dolores.

Con frecuencia, los envidiosos que detestaron nuestra prosperidad se vuelven amigos tiernos y nos brindan consuelo al saber que nos arruinamos.

Cubre a tu prójimo como con un escudo contra las agresiones que intentará tu propia maldad y tu egoísmo.

El egoísmo se arraiga tan profundamente en el hombre que son los motivos egoístas los únicos con los que se puede contar seguramente para motivar la actividad del individuo.

Cuando es necesario que el hombre se sacrifique por el mantenimiento y desarrollo de la especie, se le hace difícil a su inteligencia dirigir hacia ella todas las aspiraciones individuales, comprender la necesidad del  sacrificio y comenzar a realizarlo.

La noción que tenemos de nuestro propio yo no agota al sujeto ni lo alumbra hasta el fondo.

Lo que conocemos de nosotros mismos es incompleto y desigual en profundidad, comparado con el sujeto. La mayor parte es superficial; en cuanto a lo esencial, nos es desconocido y se nos presenta como  un problema.

Los animales carecen de nociones abstractas de razón, no son capaces de tomar resoluciones por imperio sobre sí mismos. Por ello están a merced de sus impresiones y apetitos.

Los animales, aun los más pequeños, son egoístas; eso es suficiente para darnos cuenta de que tienen conciencia de su yo y la oponen al mundo del no yo.

El estado no es otra cosa que un bozal destinado a volver inofensivo al animal carnicero que es el hombre y hacerlo parecer herbívoro.
 

Que cada uno se quede con su oración, pero yo no conozco una más bella que la de los antiguos indios: “¡Que se libre de sufrimiento a todo lo que tenga vida!”

La vida aspira a un fin  moral y metafísico, esto es tan así que si la religión no lo explicara exactamente en este sentido, no conseguiría arraigo alguno.

Cuantos vivimos en este mundo al mismo tiempo, por infinita que sea la cantidad, no somos más que el mismo ser, presente en cada uno, idéntico en todas partes, verdaderamente existente y que se manifiesta en todo.

La libertad moral no es otra cosa que el libre albedrío.

Hasta en las acciones más insignificantes, sus movimientos y pasos, el hombre imprime la intencionalidad y la premeditación.

La embriaguez predispone a las pasiones al aumentar la fuerza de las representaciones sensibles, en cambio, debilita el pensamiento abstracto y acrecienta la energía de la voluntad.

La esencia del arte representa un  caso aplicado a mil, ya que lo que se propone con las representaciones cuidadosas llevadas a lo más íntimo del individuo, es revelar la idea de su especie.

Toda obra orientada a un fin humano, todo utensilio o edificio, debería tener algún parecido con la naturaleza para ser bella. Eso se reconoció desde la antigüedad. El error fue creer que la semejanza debía ser inmediata, directa y existir en todas  las formas: las columnas no tiene por qué parecer árboles, ni las vasijas cálices de flores.

Los utensilios y edificios no deben imitar a la naturaleza, deben estar hechos según el espíritu de ella.

La arquitectura gótica debe su aspecto misterioso y apocalíptico a los adornos inútiles y a que les atribuimos un fin desconocido para nosotros.

Los dones poéticos son para los días festivos y no para los destinados al trabajo.

El filósofo no puede ejercer otra profesión que la filosofía, puesto que ganar dinero con ella tiene desventajas posteriores. Por eso, los antiguos consideraron sofistas a los quienes se ganaban la vida como filósofos.

Tenemos clásicos desde la antigüedad, genios cuyas obras escritas atravesaron los milenios sin disminuir su brillo. Ello se debe a que entre esa gente, escribir libros no era un modo de ganar dinero. También deducimos de esto que no existen clásicos malos, porque cuando el genio se desvanecía, estos autores no seguían llevando obras al mercado con el fin de lucrar, como hacen hoy hasta los mejores hombres.

La obra del filósofo no proporciona entretenimiento sino instrucción. Al mismo tiempo exige conocimientos anteriores y esfuerzos por parte del lector, por eso no tiene tanto público y su gloria es más larga que ancha.

La ópera no es un acto artístico puro, sino una idea bárbara de elevar el placer estético acumulando medios, sensaciones diversas, reforzando el efecto mediante el aumento de masas y fuerzas actuantes.

Podría decirse de la ópera que es un intento antimusical en beneficio de espíritus antimusicales para quienes la música tiene que oscurecerse por un medio extraño: la superposición de una historia amorosa insulsa como una sopa sin sustancia.

Cuando escucho música mi  imaginación juega con la idea de que mi vida y la de los demás, son sólo sueños de un espíritu  eterno, buenos o malos, y cada muerte es un despertar.

Los bailes están más dirigidos a la lujuria que al placer estético.

El vodevil se parece a un hombre que se jacta de usar atuendos que compró a un ropavejero.

La novela es noble y elevada cuando tiene más vida interior que representaciones del exterior.

Cuando un hombre se da cuenta de sus imperfecciones morales, cuando las detesta, cuando se obliga a corregirlas, se da cuenta de que jamás lo logra por completo.

Si se intenta corregir defectos de carácter de un hombre, con sermones y discursos morales, se incurre en una quimera similar a la de querer convertir el plomo en oro.

(…) Pero el origen de todas esas guerras es uno solo: el afán de robar.

Clío, la musa de la historia, está tan llena de mentira como una prostituta de la calle puede estar infectada de sífilis.

Los diarios son el segundero de la historia y como todos los segunderos, no sólo están hechos de un material peor, sino que casi siempre marchan mal.

El mérito espiritual  tiene dos desgracias: esperar que lo alabe gente que produce lo malo y recibir dinero de manos del juicio humano, que los hombres poseen en la misma proporción que un castrado tiene posibilidades de procrear.

Un cuadro al óleo es distinto si se lo ve en un rincón oscuro o cuando el sol lo ilumina; también es diferente la impresión de la misma obra según el valor del cerebro que la examina.

Sólo los cerebros privilegiados disfrutan verdaderamente la obra de un genio, pero para que las reconozcan cuando aún no tiene autoridad será necesario que esos cerebros cuenten, además, con un espíritu superior.

Cuando los mediocres notan en cualquier aspecto del conocimiento a alguien sobresaliente, hacen el esfuerzo de ocultarlo, de impedirle trascender oponerse de manifiesto.

En general, la cantidad y calidad del público de una obra son inversamente proporcionales.

Para defenderse de la envidia se inventó la modestia

Con frecuencia, la envidia desacredita lo bueno por medio de la alabanza deshonesta.

Los hombres sienten una gran atracción por unos pechos redondos y bien formados porque los hallan en directa relación con la función reproductora femenina, y prometen buen alimento al recién nacido (…) eso no lo sabe la inteligencia, sino el instinto.

Las cualidades intelectuales del varón  no atraen a la mujer, porque no son transmitidas al hijo.

Las madres instruidas perciben por medio de su experiencia el valor de lo intelectual y hacen aprender a su hijas bellas artes, idiomas, etc., para volverlas atractivas a sus maridos. Su intención es ayudar a la inteligencia por medios artificiales, de modo similar a los que se usan para desarrollar caderas y pechos.

Los hombres son indiferentes entre sí. Las mujeres son enemigas por naturaleza. El hombre rivaliza tan sólo en su oficio. Las mujeres, como tiene un mismo oficio, cada vez que se cruzan en la calle se miran como güelfos y gibelinos.

El gran negocio de la vida femenina son las relaciones sexuales.

Las ventajas concedidas por la monogamia, o las leyes que derivan de esta, proclaman a la mujer igual al hombre; como consecuencia, los más sensatos y cautos suelen vacilar antes de dejarse llevar a un sacrificio tan desmesurado, a un pacto tan desigual.

La muerte es (…) la destrucción violenta del error fundamental de nuestro ser, el gran desengaño.

Si la existencia no tiene como fin inmediato el dolor, se puede decir que no tiene razón de ser.

Así como las ovejas se alimentan en la pradera mientras el matarife selecciona en medio del rebaño, nosotros ignoramos, durante los días felices, el desastre que se prepara, la enfermedad, la ruina, la mutilación, la ceguera, etcétera.

La vida del hombre es una permanente lucha contra males abstractos como la miseria o el hastío, y contra los demás hombres. En cualquier sitio hay un adversario. La vida es una guerra sin tregua y morimos con las armas en la mano.

“(…) los niños son inocentes condenados, no a muerte sino a vida, que no conocen todavía el contenido de su existencia. Eso no evita que cada uno desee para sí llegar a una edad avanzada, lo cual es un estado factible de describirse de este modo: ‘el día de hoy es malo, y cada día será más malo, hasta que llegue el peor.’”

Si una persona sobrevivió a dos o tres generaciones, estará con el mismo ánimo de aquel que mira en una feria la repetición de farsas de títeres. Esto se debe a que las cosas estaban calculadas para una sola representación, porque una vez que se desvanecen la ilusión y la novedad, ya no producen efecto.

El mundo es el infierno y los hombres se dividen en almas atormentadas y demonios atormentadores.

Tal vez digan que mi filosofía no tiene consuelo, y es porque digo la verdad, mientras que a la gente le gusta oír que “Dios nuestro Señor ha hecho bien todo lo que hizo.” Entonces digo, ¡vayan a la iglesia y dejen en paz a los filósofos!

Un Dios como Jehová produce alegremente y por capricho un mundo miserable de lamentaciones, y todavía se felicita por ello. ¡Es demasiado!

Brahma produjo el mundo por una especie de pecado o extravío y se queda en él para expiar ese pecado hasta redimirse.

Si al mundo lo hizo Dios, no quiero ser Dios. La miseria del mundo me lastimaría el corazón.

Si al mundo lo hizo un demonio, tenemos derecho a increparle mientras le mostramos su creación: “¿Cómo te atreviste a interrumpir el sagrado reposo de la nada tan solo para hacer brotar semejante cantidad de penas y angustias?”
  
La religión judía es inferior a las doctrinas de pueblos civilizados, también es la única que no tiene huella alguna de inmortalidad.

Los judíos se dicen elegidos de Dios. Tal vez, pero los gustos difieren, porque no son mi pueblo elegido.

La vida es una continua mentira, tanto en las cosas grandes como en las pequeñas. Si prometió no cumple, a menos que desee demostrarnos  lo poco agradable que era lo apetecido.

Al final es necesario que la muerte gane la partida. Le pertenecemos por haber nacido y no hace otra cosa que jugar con su presa antes de devorarla.

Sin embargo el hastío es un  mal despreciable. Hace que los hombres que se aman poco entre sí, se busquen unos a  otros; es la fuente del instinto social.

En la vida cotidiana, el domingo es seudónimo de aburrimiento, y los seis días de la semana, de miseria.

La vida del hombre va y viene como un péndulo, del dolor al hastío. Esos son sus dos extremos últimos. Los hombres lo expresan de modo extraño. Primero hicieron que el infierno fuera la morada de los tormentos y sufrimientos, y ¿qué le dejaron al cielo?, exactamente el aburrimiento.

Aburridos, tenemos la noción del tiempo, distraídos no. Tal es la prueba de que nuestra existencia es más feliz cuanto menos la sentimos, de esto se deduce que más valdría librarnos de ella.

Me piden que abra los ojos y vea la belleza del mundo, la luz del sol, las montañas, sus valles, los arroyos, las plantas, los animales y muchas cosas más. Pero ¿acaso el mundo no es más que una linterna mágica? El espectáculo resulta bello de ver, pero eso de tener algún papel allí, es una cosa muy distinta.

El verdadero sentido de la tragedia está en que las faltas que debe expiar el héroe no son suyas, sino hereditarias; es decir, se incluyen en el delito de existir.

Los médicos ven a los hombres en toda su debilidad, el juez en toda su perversión y el teólogo en toda su necedad.

Antes de morir deseo hacer una confesión: desprecio a Alemania por su infinita necedad y me da vergüenza ser parte de ella.